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CRISTIANISMO
Sacado del n. 08 - 2007

PAÍSES DEL GOLFO. Testimonios desde la cuna del islam

La fe en Jesús florece también en el desierto


«Aquí la Iglesia católica vive de lo esencial, de sacramentos y devoción… Lo que cada vez hace que mis interlocutores, incluso los más altos dirigentes de estos países, abran los ojos de par en par es cuando digo: “Los cristianos, antes de nada, rezamos por ustedes”». Entrevista a monseñor Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia


Entrevista a Paul Hinder por Giovanni Cubeddu


La última novedad, a nivel diplomático, fue el establecimiento de relaciones oficiales, el pasado 31 de mayo, entre la Santa Sede y los Emiratos Árabes Unidos. Como en otras zonas de la península arábiga, también en los Emiratos la Iglesia había podido experimentar, antes de las formalidades, la benevolencia de gobernantes ilustrados: en este caso la donación, en noviembre de 2006, de un amplio terreno para la construcción de iglesias cristianas en Ras al Jaima (uno de los siete emiratos que componen la federación). La gratuidad es el modelo más bello de relación con el poder que la Iglesia experimenta en el Vicariato apostólico de Arabia. Allí donde el islam tiene su cuna y el profeta Mahoma vivió su historia y encontró a judíos y cristianos en episodios de justicia y convivencia, que hoy merecerían mucha más atención dentro y fuera de la Ummah.
Además de los Emiratos, la Santa Sede mantiene en este área crucial relaciones diplomáticas con Bahrein, Kuwait, Yemen y Qatar, y se espera que dentro de poco la lista incluya el sultanado de Omán. El Vicariato apostólico de Arabia –el más extenso del mundo con más de tres millones de quilómetros cuadrados– comprende todos los Estados de la península arábiga (a excepción de Kuwait, donde el ordinario es el obispo Camillo Ballin, misionero comboniano). Hoy a la cabeza del Vicariato está el obispo Paul Hinder, un fraile menor capuchino, que sigue la silenciosa y ardiente tradición de su orden de ofrecer religiosos a estas tierras, hoy zona delicada en las relaciones entre creencias y civilizaciones, y entre política y economía globales por los enormes intereses en las fuentes energéticas. Capuchino fue también el primer vicario apostólico de Arabia, el obispo Louis Lasserre. En los tiempos heroicos (formalmente el Vicariato fue erigido en 1889) la azarosa base logística para el cuidado de las almas era la insalubre Adén, en Yemen, en esa parte meridional de la península conocida por los romanos como “Arabia felix”; desde 1973, en cambio, la residencia del vicario apostólico es la futurista Abu Dabi.
Con Bernardo Gremoli, su hermano de hábito y predecesor desde 1976 a 2005 como vicario apostólico, monseñor Hinder habla y le pide consejos a menudo y, cuando puede, le va a visitar. Es la misma y bella historia que continúa.

Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia

Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia

Excelencia, ¿cuál es la situación de la Iglesia en la península árabe, heredada de su predecesor monseñor Gremoli?
PAUL HINDER: He visto una Iglesia muy viva, numerosa. Una realidad que uno no se espera cuando llega a esta parte del mundo por primera vez. Allí donde los gobiernos han concedido el terreno para construir las iglesias, hay comunidades de verdad impresionantes, que me dan alegría y ánimos.
El problema que tenemos en casi todos los países del Golfo es el del espacio. Porque aunque hemos recibido terrenos para erigir las iglesias, ya no son suficientes. Es una cuestión concreta que a veces causa discusiones entre los grupos de distintos idiomas y ritos pertenecientes a una misma parroquia, y crea algún que otro problema al obispo, que debe comportarse siempre de manera justa. Lo que no siempre es posible, materialmente…
¿Es decir?
HINDER: Tomemos como ejemplo Qatar, donde hay más de 50.000 filipinos y el 85% son católicos. Estamos construyendo para ellos una gran iglesia, pero por ahora no tienen ninguna. En Qatar viven muchísimos indios y la cifra total de católicos está entre 140.000 y 150.000. Hasta ahora hemos encontrado espacio para la liturgia en los locales de la escuela americana y de la escuela filipina y en otros locales que hemos ido alquilando para las ocasiones litúrgicas. Esta dispersión no nos ayuda a llevar a cabo el cuidado pastoral de una realidad de fieles tan heterogénea, a mantenerla unida. Esta carencia se nota, y lo sentimos.
En algunos países del Golfo los problemas relativos a los permisos para la construcción de iglesias han sido benignamente resueltos por los líderes islámicos. ¿Le consta, en cambio, que luego surjan dificultades?
HINDER: Por lo que yo sé, no nos llegan nunca reproches de los máximos niveles gubernamentales. No nos crean problemas y las relaciones son buenas. Pero el progreso se siente también aquí, a veces tenemos que adivinar el momento oportuno para acercarnos a las autoridades…
¿Qué quiere decir?
HINDER: Hace años, cuando monseñor Bernardo Gremoli comenzó a peregrinar por la península arábiga, en todas partes el estilo de vida era más cercano al pasado beduino, más informal y directo respecto a las actuales burocracias. Hoy los famosos retrasos se deben muchas veces no a la malevolencia, que no existe, sino a la vida compleja de las estructuras ministeriales, cada vez más complicada, también en el Golfo. No niego que a veces se tope uno con funcionarios gubernamentales menos modernos, que no se dan cuenta de los cambios sociales ocurridos en su país, o en otros que siguen una interpretación más radical y cerrada. Pero son fenómenos que existen en todas las administraciones. No es una prerrogativa del Golfo.
Paradójicamente, los beduinos de antes eran más tradicionalistas, pero también más abiertos respecto a sus sucesores, más seguros de sí. Lo que espero sobre todo es que todos, musulmanes y cristianos, nos demos cuenta de la realidad.
¿Hay episodios ejemplares en este sentido?
HINDER: Muchos. Recuerdo un encuentro con el sultán de Omán, cuando el obispo anglicano y yo pudimos hablar libremente durante más de una hora y el sultán comprendió y aceptó los que pensábamos y decíamos. Fue muy cordial. Igual que el ministro de Asuntos religiosos de Omán y el jefe de la sección del Waqf, la oficina de las propiedades religiosas. Como obispo católico hasta ahora he tenido en Omán libertad de desplazarme y un visado que me permite entrar en el país muchas veces. Nos escuchan y tratan también de ayudarnos, respetando la ley, puesto que para conseguir un visado pueden pasar dos o tres meses. Esto crea obstáculos, si debemos responder rápidamente a una urgencia que concierna a cristianos. Pero los funcionarios gubernamentales escuchan, y si de verdad es urgente, comprenden.
La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario que se está construyendo en Doha, Qatar. Los terrenos han sido donados por el jefe de Estado, el jeque Hammad bin Jalif al Thani

La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario que se está construyendo en Doha, Qatar. Los terrenos han sido donados por el jefe de Estado, el jeque Hammad bin Jalif al Thani

¿Otros encuentros?
HINDER: Con el consejero para los Asuntos religiosos del presidente de los Emiratos Árabes Unidos, un buen amigo de monseñor Gremoli. Es un hombre cordial, así que es un placer encontrarnos en las citas oficiales; además viene a nuestra casa episcopal para las felicitaciones de Navidad. A mí, como vicario apostólico, me presentan a las autoridades como representante del Papa. Son señales de una cierta estima afectuosa, recíproca. En Yemen, donde voy a menudo, me he entrevistado con varias personas del gobierno, como el ministro de Asuntos exteriores, o el de Salud, para hablar de la posibilidad de abrir en una de nuestras casas de Adén una pequeña clínica para pobres. El rey de Bahrein o el emir de Qatar muestran la misma benevolencia. Luego está la vida administrativa diaria, el funcionario que no nos conoce y que aplica las reglas rígidamente, y el tiempo corre… Entonces hay que tener mucha paciencia.
¿Y cuando se acaba la paciencia?
HINDER: Bueno, todo se arregla con otro poco de paciencia [se ríe]… y si no la tienes, la aprendes.
El hecho de que en algunos países del Golfo exista una relación cordial con la Iglesia es en sí una solicitud discreta de mayor acercamiento a los saudíes.
HINDER: Cierto, aunque yo no tengo los medios para valorar cuánto ha sido comprendida hasta ahora. También en este caso nos ayuda la paciencia. Pero, además de este diálogo silencioso, hay a veces entre los mismos saudíes y los pequeños países del Golfo cierta preocupación: tanto por la falta de comunicación como por lo que puede suceder en Riad desde un punto de vista político. Hay incomprensión recíproca, debido también a las diferencias de mentalidad, de enfoque de los temas candentes… Frente a los grandes problemas que conciernen a todo el mundo árabe o al islam, evidentemente la unidad árabe y/o musulmana se realiza casi automáticamente. Pero en cuestiones de detalle, ya no sucede lo mismo. Exactamente igual que en Europa.
El cambio de atmósfera se remonta a la revolución en Irán de 1979 y luego sobre todo al 11 de septiembre de 2001 y a la posterior segunda guerra del Golfo. Desde entonces hay en el Golfo más radicalismo, escepticismo, desconfianza. Las minorías sienten mayor inseguridad, se habla menos, pero no es válido para todos. Hay excepciones…
¿Qué significa?
HINDER: Quienes tienen por lo menos algo de instrucción, o mejor dicho, quienes conocen personalmente a los cristianos, cambian su bagaje cultural, se vuelven más positivos… tienen menos “miedo” de nosotros. Y lo mismo sucede a los cristianos respecto a los musulmanes.
Según su experiencia, ¿en qué campos es más fácil encontrarse entre personas de distinta religión? ¿Qué gesto acerca más?
HINDER: El nudo principal de los países del Golfo, subrayado también por las autoridades de gobierno, es que los extranjeros llegan allí para trabajar y después de algunos años se van; por eso no son considerados como inmigrantes que han de integrarse, sino como simples “expatriados”. Esto cambia inevitablemente el enfoque de la relación. Por ejemplo, la gran mayoría de los que vienen no aprende el árabe. Pongamos por ejemplo Qatar: en general la Iglesia se limita al cuidado de los expatriados –entre los que hay también árabes cristianos de otros países, pero son una pequeña minoría dentro de la masa de asiáticos. Esto también influye en el tipo de coexistencia y nuestras relaciones con los habitantes del lugar se limitan a veces a actos burocráticos o a los recibimientos con las autoridades. Esperamos que se establezca por fin un diálogo continuo con los imames autóctonos, que a veces, y este es otros problema, sólo conocen su idioma. Con las autoridades académicas o políticas, en cambio, que tal vez han estudiado en el extranjero, es más fácil. Porque, por ejemplo, conocen Europa.
Respondiendo a su pregunta, diría que el campo donde mejor caminamos con los musulmanes es el respeto de la vida –también en las Conferencias internacionales la Iglesia y el islam han estado juntos, por ejemplo, para condenar el aborto– y el amor a la familia: aún teniendo en cuenta la diversidad de papeles entre hombre y mujer, el sentido de la familia es muy fuerte en el islam. También nos une el deseo de justicia y de paz…
¿Cómo reaccionan sus interlocutores ante las actuales vicisitudes internacionales?
HINDER: Todos sabemos, y lo sabemos bien, que cualquier encuentro entre nosotros estará debilitado y será menos auténtico mientras no se resuelvan la perenne cuestión palestina y la actual tragedia del pueblo iraquí. Son heridas abiertas en el mundo árabe-musulmán. Y siempre –lo veo en mis contactos oficiales con las autoridades– llega el momento en que me preguntan: «¿Y ustedes qué hacen? ¿Cuál es la postura del Papa sobre Palestina? ¿Y sobre Irak?». Afortunadamente nuestro Papa ha sido muy claro sobre la guerra, y también sobre Israel y Palestina la postura de la Santa Sede es creíble. Pero permanecen estos puntos críticos, y el diálogo, para nosotros que vivimos en el Golfo, se complica.
¿Cuál es la característica de la vida de las comunidades cristianas en el Golfo?
HINDER: Aquí la Iglesia católica vive de lo esencial, de sacramentos y devoción, Hay actividades caritativas, llevadas a cabo entre los miembros de las comunidades o por medio del párroco y del obispo local. Pero no hay estructuras, y sería difícil tenerlas. Son excepción cuatro escuelas de propiedad del Vicariato apostólico, y otras cuatro privadas, que administran religiosas: para nosotros son obras muy importantes. La mayor parte de los estudiantes es musulmana. Son la gran mayoría si consideramos los institutos en su conjunto, pero en la Rosary School de Abu Dabi los musulmanes representan el 95% de los alumnos. Y todos estos jóvenes que han estudiado en nuestros centros salen en general con una idea completa de quiénes son los cristianos. La fama de los centros de enseñanza es buena, y también los jeques mandan a sus hijos.
El vicario apostólico Paul Hinder en una conferencia interreligiosa sobre el tema de la tolerancia, Abu Dabi, 23 de enero de 2007

El vicario apostólico Paul Hinder en una conferencia interreligiosa sobre el tema de la tolerancia, Abu Dabi, 23 de enero de 2007

La península arábiga es por antonomasia un lugar problemático para la libertad de religión. Pero cuando un gobernante, un emir por ejemplo, amigo de los cristianos, escucha los debates occidentales sobre el tema de la reciprocidad, ¿cómo reacciona?
HINDER: Ante todo, yo no diría que la primera intención de quienes gobiernan en el Golfo es la de negar la libertad a los cristianos y la reciprocidad. No. Quizá no han tenido una información correcta sobre las necesidades reales de los cristianos en su país, las subestiman. Quisiera contarle un episodio que concierne al actual sultán de Omán. Contó una vez que en Gran Bretaña, cuando era estudiante, se alojó en una familia de cristianos. No sólo los dueños de casa le habían preparado su habitación, sino que le habían reservado otro cuarto para que hiciera de él su lugar de oración, como si fuera, dice él, su “pequeña mezquita”. Esta experiencia lo marcó para siempre, y cuando el sultán ha sido atacado por haber destinado unos terrenos a la construcción de iglesias en Omán, respondió a sus adversarios que si en un país extranjero le habían reconocido su derecho a rezar, a mayor razón los cristianos ahora podían rezar en su casa. ¿No es acaso un ejemplo de reciprocidad? Luego, como decía, se pueden dar aquí y allá en el Golfo una infravaloración de las necesidades de los cristianos: sobre esto se puede negociar.
Omán no es el único caso.
HINDER: Efectivamente. Con el príncipe heredero de Abu Dabi, que también estudió en Europa, hemos hablado exactamente en los mismos términos usados con el sultán de Omán.
En el Golfo, por supuesto, tenemos también a quien no considera que debe garantizar plena libertad de religión porque es un convencido seguidor de la única verdadera religión del islam, y en este cuadro los cristianos son tolerados, pero no poseen más derecho que el de convertirse en musulmanes…
Los cristianos de Omán deben la libertad de profesar públicamente su fe a la experiencia personal de su sultán…
HINDER: Es verdad… Es un episodio que el sultán repite siempre. Asimismo es interesante recordar que cuando el sultán ha oído a algunos imames predicar de manera basta y excesivamente radical y ha sabido que habían venido expresamente de Egipto, los ha expulsado, porque no quería que este falso islam arraigara en las mezquitas de su país.
En los Emiratos Árabes Unidos han dado un paso más, estableciendo que, donde sea necesario, haya un control sobre las predicaciones del viernes, para evitar infiltraciones. Si el imam no acepta someter a una lectura previa el texto de lo que va a decir a los fieles en la mezquita, se debe atener a los textos oficiales preparados por el Ministerio de Asuntos religiosos. Ve usted, yo como obispo cristianos soy incluso más libre que los imames. Porque nadie ha venido nunca a pedirme que corrija mis homilías…
La cuestión del radicalismo de exportación es delicada en el Golfo.
HINDER: Cuando, hace años, los Hermanos musulmanes se trasladaron de Egipto a otros países, fueron recibidos con los brazos abiertos. No había conciencia de lo que se gestaba en su interior. Pero el momento favorable duró poco, y algunos Estados árabes reaccionaron. Con un control constante y rígido, o con la expulsión.
Desde su punto de vista, ¿qué ayudará más a la comunidad católica en los países del Golfo para que sea comprendida mejor y disponga, por tanto, de mayores espacios de libertad, donde sean necesarios?
HINDER: Hace falta sólo que nos volvamos comprensibles para la mentalidad de estos pueblos. Haciendo tres cosas.
¿La primera?
HINDER: La más fácil, lo que cada vez hace que mis interlocutores, incluso los más altos dirigentes de estos países, abran los ojos de par en par es cuando digo: «Los cristianos, antes de nada, rezamos por ustedes». En nuestras misas, en todos los días de fiesta, hay una intercesión por quienes gobiernan el país, y por el bienestar del pueblo que nos acoge. Y esto vale siempre, aunque los cristianos hayan sufrido o estén sufriendo injusticias.
¿La segunda?
HINDER: Trato cada vez de recordarle a mi interlocutor que la riqueza de estos países del petróleo se realiza también gracias al pobre trabajo manual de los inmigrantes, de los expatriados, presentes en cada una de las innumerables obras que se están haciendo en el Golfo. Y que en parte son cristianos. La Iglesia que se preocupa de estas personas no hace más que ayudar al desarrollo del país y, si se quiere, asegura también un mayor orden civil. El bienestar del país y del pueblo que nos acoge le interesa a la Iglesia.
¿La tercera?
HINDER: Nosotros respetamos las leyes del país, y pedimos que los demás también lo hagan.
Emigrantes asiáticos en los Emiratos Árabes Unidos. Gran parte de ellos son cristianos

Emigrantes asiáticos en los Emiratos Árabes Unidos. Gran parte de ellos son cristianos

Las comunidades cristianas son juzgadas por las sociedades que las acogen según su conducta en la vida de todos los días. Pero ¿cómo las juzga su obispo?
HINDER: En la misa in coena Domini que celebramos en Abu Dabi había por lo menos 15.000 fieles. Se celebró al aire libre, ¡si hubiera podido oír qué silencio y ver la atención de estas personas! Lo mismo pasó la noche de Pascua. Imágenes así pueden verse sólo en la plaza de San Pedro, quizás, pero con menos devoción… porque la plaza es más amplia y la gente se pierde. Y además, aquí veo mucha devoción, que no es sólo la expresión de la religiosidad de los inmigrantes indios o filipinos o de otros países asiáticos, sino que evidencia la buena batalla de la fe, el deseo vital de profundizar en ella. «Padre, aquí tengo más fe que en mi país», me ha dicho más de uno. Quizá es por la situación de exposición a la que como cristianos estamos sometidos aquí, en naciones no cristianas. Pero… miren qué resultados. Les cuento la anécdota del europeo que había perdido la fe…
Cuéntenosla.
HINDER: En su país de origen existe la posibilidad de renunciar oficialmente a la propia comunidad religiosa de pertenencia –en este caso la Iglesia católica– con validez también en lo que concierne a las relaciones entre Estado e Iglesia. Bueno, pues hace tiempo me llegó una carta de un señor que ya no era “oficialmente” católico y que trabajaba en un país de nuestro Vicariato donde no hay libertad de culto. Con todas las dificultades con las que se las tenía que ver en ese país, o quién sabe… precisamente por ello, me dijo: «Quiero volver a la Iglesia». Aquí en el Golfo, por muchos motivos, diariamente estamos ante la posibilidad de abandonar nuestra fe o de volverla a abrazar para no abandonarla nunca más.
Excelencia, está describiendo usted un lugar donde todo pastor quisiera hallarse.
HINDER: Iba a decir que, más que en otros países occidentales, aquí la gente quiere a su obispo… Y pensar que yo no pedí venir.


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