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VATICANO
Sacado del n. 12 - 2007

Recuerdos de la Plaza de San Pedro


El senador Andreotti asistió al Ángelus del 20 de enero para expresar su cercanía con el Papa tras la anulación de su visita a la Universidad La Sapienza de Roma. Un lector del periódico Il Tempo le preguntó por los recuerdos que le trae esta plaza. Esta es la respuesta de nuestro director


por Giulio Andreotti


Le vi por televisión en la plaza de San Pedro. ¿Le trae recuerdos especiales esta plaza?

Marcello Marucchi

Aunque hay dudas de que pueda llamarse felix la culpa del pequeño núcleo de profesores universitarios que, con su expresión de desacuerdo, han provocado la cancelación de la visita del papa Benedicto XVI a la Universidad romana de “La Sapienza”, la reacción popular –auténticamente plebiscitaria– ha dado lugar a una manifestación de cariño devoto, que ha abarrotado la plaza de San Pedro como en las ocasiones “históricas”, con un pueblo preponderantemente de jóvenes, entusiasta y conmovido.
Espontáneamente retornan a mi memoria los “precedentes”.
Con un grupo de universitarios de la Federación Católica fuimos a asistir, desde el exterior, a la Misa de la Coronación de Pío XII. Gracias a los altavoces se podía seguir bien el solemne ritual con el célebre y sugerente rito de llamada a la humildad propuesto al nuevo Pontífice. El azar quiso que la fotografía que nos retrataba a los chicos arrodillados en el primer escalón apareciera en el semanario La Domenica del Corriere (muchos años después no me haría ninguna impresión verme retratado en la prensa, pero entonces aquello estimuló mi vanidad y conservé el recorte).
Luego las audiencias no se hicieron en la plaza sino en el Palacio, como dirigentes de la Federación Universitaria Católica; antes en el pequeño grupo dirigente guiado por nuestro presidente Aldo Moro y luego, cuando sustituí a Moro en la presidencia, en visita personal, sentado con gran emoción ante el escritorio del Pontífice.
Mientras en las audiencias púbicas o de grupo se tenía la sensación de que se trataba más de una ceremonia que de un coloquio, en el encuentro “privado” se daban momentos de extraordinaria comunicación.
Por lo demás, el Papa estaba muy atento a que el interlocutor se encontrara a sus anchas. En una de las audiencias, yo estaba esperando en la antecámara cuando se abrió la puerta del estudio y salió Pío XII, diciéndome que tuviera paciencia porque había tenido que atender una visita no prevista.
Sobre los contenidos de las audiencias privadas, me acuerdo muy bien de que tenía muchos deseos de conocer especialmente el estado de ánimo de nuestros estudiantes que estaban en los frentes de guerra, sugiriendo incluso la idea de enviarles algunos apuntes universitarios para que no perdieran completamente el contacto con los estudios.
El monseñor de la Antecámara entreabría la puerta para hacer ver que el tiempo había terminado, pero el Papa no dejaba de hacer preguntas y observaciones.
El surgimiento de un grupo que se autoproclamaban Comunistas católicos en la Congregación mariana de los Jesuitas de la Scaletta (contigua al Colegio Romano) le preocupó mucho al Santo Padre, que hizo que se expulsara de la Compañía a su promotor, el padre Giuliano Prosperini.
El senador Giulio Andreotti en la  Plaza de San Pedro escuchando las palabras del papa Benedicto XVI, 
el domingo 20  de enero de 2008, al final de la plegaria mariana

El senador Giulio Andreotti en la Plaza de San Pedro escuchando las palabras del papa Benedicto XVI, el domingo 20 de enero de 2008, al final de la plegaria mariana

Franco Rodano y otros promotores fueron arrestados y encarcelados, mientras que la misma suerte corrieron un grupo de militantes de la FUCI calabresa.
El Papa, que como nuncio había vivido el asalto rojo primero en Múnich y luego en Berlín, era totalmente alérgico a cualquier forma de socialismo y comunismo. Estando programada una audiencia de obreros (promovida por monseñor Baldelli), supe que el Santo Padre iba a tocar el tema de las desviaciones políticas de católicos. Me permití escribirle una carta rogándole que no lo hiciera porque los amigos que estaban en la cárcel iban a recibir la impresión de haber sido abandonados en las manos de la OVRA [la policía política, n. de la r.].
El Papa no dijo palabra, pero al recibirnos algunos días después como Consejo Superior, me preguntó con tono severo: «¿Estaba bien?».
Para el envío del mensaje yo no había seguido el procedimiento, habiéndoselo dado personalmente a la comprensiva secretaria, la madre Pascalina. Monseñor Tardini me telefoneó regañándome por aquella transmisión directa. Puse como excusa lo urgente de la cosa y no me lo reprochó.
En otra ocasión tampoco respeté el procedimiento.
Al acercarse unas elecciones municipales romanas le habían hecho llegar al Papa la previsión de que tendría mayoría relativa la alianza social-comunista, que daría como consecuencia un alcalde comunista en el Capitolio. Para parar esto, se ideó una línea de despolitización, encarrilando todos los votos de los no comunistas a una lista aparentemente apolítica. Para la maniobra se pidió el patrocinio firmado de don Sturzo, confiando en su obediencia sacerdotal.
De Gasperi estaba muy preocupado por aquellos días. Me armé de valor y le escribí una carta al Santo Padre para denunciar las consecuencias políticamente catastróficas de la iniciativa: empezando por la crisis del gobierno de coalición.
Por teléfono monseñor Tardini me regañó por no haber seguido el protocolo, pero creo que en el fondo la cosa no le había molestado. Lo cierto es que la mal llamada “Operación Sturzo” fue bloqueada. Y los electores no se equivocaron, como habían previsto los pesimistas. Por lo demás, no por nada figuras notables del mundo laicista estaban de acuerdo en actuar con nosotros para hacer frente a la amenaza comunista.
Recuerdo la firmeza con que defendió esta convergencia el ministro de Justicia Giuseppe Grassi, figura muy relevante del liberalismo sureño.
Hay que citar también la disposición del Presidente Luigi Einaudi, cuando los periódicos se refirieron a la elección de Gronchi con titulares como: «Un católico en el Quirinal». Le interesaba subrayar que también él era católico; incluso yo le vi asistir a misa con el misal en la mano, cosa que no recuerdo de Gronchi ni de otros de los llamados “nuestros”.
Es justo volver aquí al tema de la relación entre Pío XII y De Gasperi, liberándonos de los lugares comunes. El papa Pacelli –lo he escrito muchas veces y lo testimonié también en el proceso– era instintivamente contrario a la mezcla política de católicos con otros grupos.
Sin embargo, no había reservas papales sobre la persona. Traigo aquí un recuerdo concreto. Cuando se organizó en el Vaticano una representación privada del Anuncio hecho a María de Claudel, entre los pocos invitados del Papa estaban De Gasperi y la señora Francesca, recibidos por el Pontífice con especial calidez. El mío es un testimonio directo.


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