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SAGRADO COLEGIO
Sacado del n. 05 - 2008

En memoria del cardenal Bernardin Gantin



30Días


El cardenal Bernardin Gantin

El cardenal Bernardin Gantin

El 13 de mayo, aniversario de la primera aparición mariana en Fátima, terminó su vida terrena el cardenal Bernardin Gantin. Pocos días antes, el 8 de mayo, día de la Súplica a la Virgen de Pompeya, había cumplido 86 años. Con su muerte la Iglesia en África pierde una de sus figuras más significativas. Gantin fue en 1960 el primer arzobispo metropolitano negro de su continente. Sucesivamente fue el primer africano que desempeñó cargos de gran responsabilidad en la Curia romana. Primero, en 1971, como secretario adjunto de Propaganda Fide, luego como presidente de «Iustitia et Pax» y «Cor Unum», y, desde 1984, como prefecto de la Congregación para los Obispos. Procedente del África negra, se vio a la cabeza del dicasterio que más de cerca colabora con el papa en la elección de los obispos “blancos” (para los territorio de misión esta tarea le compete a Propaganda Fide).
La muerte del cardenal Gantin es una pérdida también para la Iglesia universal. El purpurado participó en el Concilio Vaticano II y en los dos cónclaves de 1978. Desde 1993 hasta finales de 2002 fue también el decano del Colegio cardenalicio. Luego, al cumplir los 80 años, solicitó regresar a su patria con el título de decano emérito.
Profundamente anclado en sus raíces, Gantin era también profundamente romano. Y no sólo porque pasara 31 años de su vida en la Ciudad eterna. Si hay un aspecto de la figura del cardenal Gantin que llamó siempre la atención de sus interlocutores era su amor por Roma y por el obispo de Roma, el papa. Es proverbial el hecho de que, mientras pudo, el cardenal no quiso faltar nunca a la misa que cada 6 de agosto se celebra en la Urbe para recordar la muerte de Pablo VI, de aquel papa Montini que lo había llamado a Roma a prestar servicio en la Curia romana. Se recuerda con cuánto afecto hablaba siempre de Juan Pablo I. Enorme la estima y el respeto que el cardenal tuvo siempre por Juan Pablo II. Con Benedicto XVI, en fin, el vínculo era especial: Ratzinger y Gantin fueron creados cardenales en el mismo consistorio, el de 1977, el último de Pablo VI. Y no sólo era esto. En una entrevista concedida a 30Días en 2002 el cardenal, hablando de su dolor por «las tantas críticas… a menudo injustificadas» que en el transcurso de los años había oído contra la Curia romana, indicaba como figura “ejemplar” precisamente al cardenal Ratzinger, «verdadero modelo para toda la Curia». «Quien ha tenido la suerte de conocerlo personalmente» añadía «ha podido apreciar la delicadez, la sensibilidad, la cortesía, la sencillez con que Ratzinger afronta los casos, a menudo difíciles, que se le plantean». El cardenal no pudo expresar materialmente su voto en el cónclave de 2005. Pero un periodista americano escribió que el cardenal Gantin, dejando el cargo de decano del Colegio, favoreció el nombramiento para este cargo del entonces vicedecano, que era Ratzinger, y así de alguna manera ayudó objetivamente la elección de Benedicto XVI. La historia no se hace con suposiciones, es obvio, pero no nos desagrada imaginar que sucediera así.
En fin, el cardenal Gantin siempre amó al papa, al obispo de Roma. Y siempre amó a Roma, tanto es así que quiso regresar a África, lo repetía siempre, como “misionero romano”. En la misa de despedida de Roma, que celebró el 3 de diciembre de 2002 por la mañana temprano, el cardenal exclamó: «Que mi lengua se me pegue al paladar, y mi diestra se paralice si me olvido de ti, oh Roma, la nueva Jerusalén, meta de tantos peregrinos del mundo entero...».
Por último, la muerte del cardenal Gantin es también una pérdida para nuestra revista, a la que no dejó nunca de manifestar su paterna benevolencia. El cardenal, en efecto, no concedía entrevistas, con la excepción de las concedidas a nuestro Gianni Cardinale. Y para recordarle hemos pensado publicar en las páginas siguientes dos de sus coloquios más significativos con nuestra revista.


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