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CARDENALES
Sacado del n. 09 - 2008

Un ejército de amigos... en el Paraíso


Entrevista al cardenal José Saraiva Martins, desde 1998 hasta el pasado mes de julio prefecto de la Congregación para las Causas de los santos. Diez años en los que han sido proclamados 1108 beatos y 217 santos


Entrevista al cardenal José Saraiva Martins por Gianni Cardinale


El pasado 9 de julio el purpurado portugués José Saraiva Martins dejó el cargo de prefecto de la Congregación para las Causas de los santos y en su lugar fue nombrado el salesiano Angelo Amato, que hasta entonces era secretario de la Congregación para la Doctrina de la fe. El cardenal Saraiva, que cumplió 76 años en enero, ha desempeñado el cargo durante algo más de diez años y ha aceptado con gusto hacer para 30Días un balance de su “prefectura” en uno de los dicasterios más importantes y delicados de la Curia romana.

El cardenal José Saraiva Martins

El cardenal José Saraiva Martins

El 30 de mayo de 1998 usted fue el primer no cardenal en ser nombrado enseguida prefecto, y no pro-prefecto, de una Congregación romana.
JosÉ Saraiva Martins: Efectivamente, así fue. Me acuerdo que alguien me llamó ese día diciéndome que L’Osservatore Romano se había equivocado al publicar la noticia de mi nombramiento, cometiendo una sonora gaffe… Porque, en efecto, hasta entonces si un no cardenal era nombrado para dirigir un dicasterio romano asumía el cargo de pro-prefecto y el “pro” desaparecía sólo después de que el interesado era creado cardenal. En cambio no se trataba de ningún error, evidentemente la Santa Sede había decidido que era hora de simplificar el método de los nombramientos. Porque de hecho los poderes de un pro-prefecto eran los mismos que los de un prefecto.
¿Cuántos beatos y santos ha “ayudado” a subir al honor de los altares en estos diez años a la cabeza del dicasterio?
Saraiva Martins: Puedo responder porque mis ex colaboradores se han tomado la molestia de hacer este tipo de cálculos. Ante todo, he de decir que mi nombramiento lo hizo Juan Pablo II, que, durante su pontificado, ha reconocido más santos y beatos que todos sus predecesores juntos, por lo menos desde que la Sede apostólica avocó a sí este tipo de decisiones. Antes del papa Wojtyla en efecto –desde 1588, año de nacimiento de la Congregación, hasta 1978– habían sido elevados a los honores de los altares en total 808 beatos y 296 santos. Con Juan Pablo II, desde 1978 a 2005, han sido proclamados 1.353 beatos y 482 santos; y, de estos, durante mi “prefectura”, han sido elevados 553 beatos en 39 ceremonias y 203 santos en 17 ceremonias. A estos se han de añadir los santos (14) y los beatos (555) reconocidos durante el pontificado de Benedicto XVI hasta el pasado julio. En total, por tanto, en diez años he tenido el privilegio de “ayudar” a subir a los honores de los altares a 1.108 beatos y 217 santos. Un ejército más que regular, no cabe duda… Esperemos que por lo menos alguno de ellos se acuerde de mí en el Cielo.
Usted además, en virtud del procedimiento adoptado al comienzo del nuevo pontificado, ha presidido también las ceremonias de beatificación…
Saraiva Martins: En efecto, según el nuevo procedimiento, estas ceremonias, que antes estaban presididas por el Papa, ahora en cambio las preside un cardenal, que normalmente es el prefecto de la Congregación. Así que he tenido el privilegio de presidir 41 ceremonias de beatificación de las 49 que se han celebrado durante la fase, por así decir, “ratzingeriana” de mi prefectura.
¿Cuál ha sido la ceremonia de estas 41 que más le ha llamado la atención?
Saraiva Martins: Todas han sido muy hermosas, pero me conmovió especialmente la que se celebró en México para la beatificación de los mártires de la persecución del siglo pasado. Tuvo lugar en el estadio de Guadalajara ante ochenta mil fieles. Allí comprendí aún mejor la sensatez del nuevo procedimiento que prevé que las ceremonias de beatificación se hagan en las Iglesias locales y no en Roma. Si esta ceremonia se hubiera hecho en Roma muy pocas de esas personas habrían podido pagarse el viaje… Además, en el estadio de Guadalajara se colocó una lápida para recordar la ceremonia. Algo impensable aquí en la vieja Europa.
Y del ejército de santos y beatos que usted ha ayudado aquí en la tierra … ¿hay alguno que le haya tocado especialmente el corazón?
Saraiva Martins: Aunque obviamente los santos y los beatos son todos iguales ante el Señor, no puedo negar que algunos de ellos me han tocado más de cerca. Empezando por la beatificación del papa Juan XXIII felizmente unida a la del papa Pío IX, que había tenido algunos problemas. Luego la de los pastorcillos de Fátima: desde niño mi madre había comenzado a hablarme de ellos, invitándome a invocarlos, rezarles, imagínese mi alegría al acompañarlos al honor de los altares. Y después la beata Madre Teresa y san Pío de Pietrelcina: dos figuras espléndidas, muy queridas e invocadas por los fieles más sencillos. Estos son, por decir así, mis preferidos. Espero que los demás santos y beatos comprendan esta debilidad mía.
¿No existe el peligro de que la proclamación de un número elevado de santos y beatos, como ha ocurrido durante los últimos treinta años, provoque cierta “inflación”?
Saraiva Martins: Juan Pablo II, que conocía muy bien este tipo de objeción, no opinaba lo mismo. Y respondía, muy bien, dando toda una serie de razones: los santos los hace Dios y si hay santos la Iglesia debe reconocerlos y proponerlos; el Concilio Vaticano II habló de la vocación universal a la santidad; la multiplicación de las Iglesias locales comporta la multiplicación de los modelos de santidad; la santidad es el camino más fácil para la unidad de la Iglesia y, por tanto, tiene grandes repercusiones ecuménicas. Creemos, nos recuerda el Símbolo apostólico que rezamos en la misa, en la “Ecclesiam unam, sanctam…”. Razones que comparto plenamente y que han inspirado los trabajos de la Congregación.
Con la elección de Benedicto XVI algunos pensaron que se podía volver a lo antiguo …
Saraiva Martins:Saraiva Martins: No, estoy contento porque han sido años muy fecundos para mí y para el dicasterio. Además de las causas, he tenido la satisfacción de ver aprobar, por ejemplo, el nuevo reglamento de la Congregación, o, últimamente, la instrucción Sanctorum Mater que me interesaba especialmente. Se trata de un instrumento importante para ayudar a los obispos a encauzar bien los procesos a nivel diocesano. Un instrumento del que se sentía la falta. Por no hablar de una serie de iniciativas, como por ejemplo el Simposio de 1999 sobre “Eucaristía, santidad y santificación”. Un acontecimiento gozoso fue la hermosa audiencia que Benedicto XVI concedió a los postuladores. Era la prima vez que sucedía.
Y, sin embargo, ha sucedido que una ceremonia de beatificación, la del padre Leone Dehon, cuya fecha estaba fijada, haya sido aplazada sine die
Saraiva Martins: Se tomó esta decisión para estudiar mejor la cuestión, debido a las polémicas que se habían desencadenado respeto al presunto antisemitismo del padre Leone. Personalmente, creo que se trata de acusaciones injustas y anacrónicas, y espero que cuanto antes Dehon llegue al honor de los altares.
Decía usted antes que también hubo problemas para la beatificación de Pío IX…
Saraiva Martins: En este caso fue una cuestión de oportunidad ligada a evaluaciones de tipo político. Había corrientes historiográficas singularmente contrarias al papa Mastai y por eso el decreto relativo al milagro permaneció bloqueado durante un cierto número de años. Pero luego, tras pedir un parecer a la Conferencia episcopal italiana, que resultó positivo, se decidió que estas reservas ya no tenían sentido. Porque además, y esto vale para Pío IX aunque no sólo para él, cuando se “beatifica” a un siervo de Dio no se beatifican sus ideas políticas, fueran justas o equivocadas.
Nuestro director se ha preguntado en el pasado si no sería el caso de esperar no cinco sino cincuenta años después de la muerte para comenzar las causas de beatificación relativas a los pontífices …
Saraiva Martins: La disciplina eclesiástica sobre este punto ha cambiado en el pasado varias veces. Así que nada impide que pueda cambiar de nuevo. Es verdad que las causas relativas a los pontífices son especialmente delicadas, entre otras cosas porque es sabido que sus archivos son accesibles por entero sólo después de decenios. De todos modos, lo que me parece importante es que en este tipo de causas no haya interferencias externas, positivas ni negativas, por parte de personas o instituciones ajenas al proceso. Hay que rechazar estas tentativas. No cabe duda de que si un proceso comienza después de diez o veinte años de la muerte es más fácil que este tipo de influencias sean menores o incluso inexistentes. Esto vale para los papas pero también para los demás.
Así que usted, en principio, no sería contrario a prolongar el límite actual de cinco años…
Saraiva Martins: Pienso que una decisión de este tipo, si se toma, podría ayudar a evitar formas indebidas de presión.
Juan XXIII ha sido beatificado a pesar de que sus archivos aún no son accesibles. ¿No es extraño?
Saraiva Martins: Espero que quien estudió la causa haya podido evaluar atentamente todos los documentos útiles, prescindiendo de que aún no fueran accesibles.
Si miramos la lista de los pontífices del último siglo tenemos un santo (Pío X), un beato (Juan XXIII), y cuatro siervos de Dios (Pío XII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II). Prácticamente solo dos pontífices del mismo periodo no están en la lista…
Saraiva Martins: Si existe la fama de santidad la Congregación no puede impedir que se comience el proceso. Esto no quiere decir que los papas para los cuales no se ha manifestado esta fama no puedan ser considerados como grandes pontífices. Benedicto XV y Pío XI han sido desde luego dignísimos sucesores de Pedro.
Durante una rueda de prensa el padre Lombardi aludió al hecho de que, por lo que concierne a la causa de beatificación de Pío XII, la Congregación ha hecho su trabajo y que ahora le corresponde al Papa decidir sobre la publicación del decreto sobre las virtudes heroicas…
Saraiva Martins: Efectivamente la Congregación ha llevado a cabo un trabajo excelente. El Papa por su parte ha mandado profundizar en algunos aspectos. Esperamos confiados en posteriores desarrollos. Las palabras del Papa a los participantes en un congreso y sobre todo las que pronunció con ocasión del quincuagésimo aniversario de la muerte del papa Pacelli, además de la prefación escrita por el cardenal secretario de Estado a un libro de sor Marchione nos dan motivos de esperanza.
Eminencia, la opinión teológica predominante es que el papa al canonizar un santo cumple un acto de magisterio infalible. Aunque hay prestigiosos teólogos que no piensan lo mismo. ¿Qué opina usted?
Saraiva Martins: Estoy firmemente convencido de que la canonización es un hecho dogmático en el que está implicado el magisterio infalible del papa. Una canonización, en efecto, concierne al culto universal y, por tanto, a la fe de la Iglesia. El papa, al reconocer a un nuevo santo, en efecto, no permite su culto sólo a nivel local, como sucede en el caso de los beatos, sino que lo prescribe a toda la Iglesia universal.
El cardenal Saraiva Martins mientras hace la peroración de las causas de canonización en el consistorio ordinario público celebrado en el Palacio Apostólico Vaticano 
el 1 de marzo de 2008 [© Osservatore Romano]

El cardenal Saraiva Martins mientras hace la peroración de las causas de canonización en el consistorio ordinario público celebrado en el Palacio Apostólico Vaticano el 1 de marzo de 2008 [© Osservatore Romano]

Perdóneme la irreverencia de la pregunta. ¿No se corre el peligro de que en el futuro haya sorpresas debido al gran número de santos que han sido proclamados durante los últimos decenios?
Saraiva Martins: Lo excluyo. La Congregación trabaja muy escrupulosamente y por tanto excluyo sorpresas en el futuro. Pero sobre todo creo firmemente que en este caso el Señor no dejará nunca incurrir en error a su Iglesia y a su Vicario en la tierra.
Eminencia, permítame una pregunta algo maliciosa. Hace unos años un postulador cuantificó en torno a los 750.000 euros el costo del proceso de beatificación de un candidato suyo. ¿No se corre el peligro de que alguien pueda caer en tentación ante cifras tan altas?
Saraiva Martins: Entiendo a lo que alude usted. Pero he de puntualizar que los gastos de cada beatificación son gastos, por así decir, vivos, que conciernen a los costes de impresión de las Positio, las justas, y por lo demás modestas, remuneraciones de los teólogos y de los médicos que intervienen, los gastos de las ceremonias. De modo que ni un céntimo va a parar a la caja de la Congregación. La Congregación se limita a informar a los postuladores, que tienen los cordones de la bolsa, sobre a quién y qué hay que pagar. Punto.
Eminencia, la última pregunta. ¿No se siente ahora un poco como un desempleado?
Saraiva Martins: ¿Desempleado? No mucho. Si Dios quiere hasta los 80 años seguiré siendo miembro de algunos dicasterios y oficinas de la Curia romana: la Congregación para el Culto y la de los Obispos, el Consejo Pontificio para los Agentes sanitarios, la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano. Y además, el Santo Padre me ha pedido, como prefecto emérito, que presida algunas ceremonias de beatificación.
¿Dónde?
Saraiva Martins: El 4 de octubre en Vigevano la del padre Francesco Pianzola, fundador de las Hermanas misioneras de la Inmaculada Reina de la Paz y de los Oblatos diocesanos de la Inmaculada. El 19 de octubre en Lisieux la del matrimonio Luis y Celia Martin, los padres de santa Teresita. El 24 de noviembre en Nagasaki, Japón, la de los 188 mártires del siglo XVII. El 29 de noviembre en Camagüey, Cuba, la de fray José Olallo Valdés, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Como ve no me falta el trabajo.


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