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COMBONIANOS
Sacado del n. 12 - 2003

Una carta inédita de Daniel Comboni





Can. Johannes Chrysostomus Mitterrutzner

Jartum, 13 de enero de 1875

Dulcissime Rev.dum


Ante todo le pido perdón por mi largo silencio. Aunque hay cien motivos que me han impedido escribirle a usted, primer amigo y padre del África central, a muchos insignes benefactores, y a mi padre, no hay disculpa alguna por haber guardado silencio con usted, le pido por tanto perdón; peccavi tibi y estoy seguro de que su corazón de apóstol me perdonará.
Después de haber dejado arregladas las cosas de la misión de Cordofan, salí con el padre Stanislao hacia Jartum el 17 de noviembre de 1873. El día 25, en medio de una selva llena de árboles y piedras, fui arrojado al suelo y me rompí literalmente el brazo y los huesos de la mano. Me detuve, sufría indeciblemente; luego con dolores atroces monté en el camello, que a cada paso que daba me hacía sufrir. Al llegar al Nilo vino a buscarme el vapor de Ismail Bajá, gobernador general, y me llevó a la misión. Entre guardar cama y el brazo colgado del cuello estuve 82 días. Como me había encomendado a san José, mi ecónomo, con una novena, para tener un feliz viaje, y como no lo he tenido por haberme roto el brazo, condené a mi ecónomo san José (verdadero padre de la Nigricia) a pagarme mil francos en el plazo de un año, por cada día que hubiera tenido que llevar el brazo en cabestrillo sin poder decir misa. Como los días fueron 82 envié una letra de 82.000 francos al banco de mi ecónomo en el cielo, y le intimé al pago. El pobrecillo pagó el primer plazo, y me convencí de que también en el cielo san José es el Rey de los cumplidores. La moral es que he podido construir la casa de las monjas (es idéntica a nuestro gran establecimiento masculino construido por Gostner […] las monjas se han instalado bien con las escuelas, asilos para los esclavos, etc); y después de haber mantenido bien las dos casas de Cordofan y las dos de Jartum con todo el personal de los moros católicos, no tengo ni en el vicariato, ni en Jartum, ni un céntimo de deuda con nadie. Además he pagado los gastos de dos caravanas de El Cairo a Jartum que se dirigen hacia Cordofan.
Qué buenas son las gracias de nuestro querido san José. Además he mantenido las dos casas de El Cairo, y sostenido a mis expensas los dos Institutos de Verona, porque, como bien sabe, la Obra del Buen Pastor produce poco.
Después de que el padre Stanislao se fuera, aunque a menudo enfermo, especialmente por el Karif [viento del desierto, n. de la r.] he sostenido yo solo el peso de la administración, de las obras, de las relaciones con el Gobierno. El 8 de diciembre el óptimo don Pasquale Fiore, superior de la misión de Jartum y párroco, tras la lectura solemne del evangelio en árabe y el Credo, vomitó sangre, bajó del altar y lo acompañé a su habitación. En tres días vomitó más de 8 litros de sangre; el día 11 le di la comunión por viático y los Santos Oleos. Durante 20 días estuvo entre la vida y la muerte, pero luego las Novenas, la Reina de la Nigricia, san José y la asistencia continua de las monjas de Marsella, le llevaron a la convalecencia, y espero que en tres o cuatro meses esté mejor que antes: camina a grandes pasos hacia la curación. Tiene 35 años. Fue párroco en Corato y canónigo, y curaba 32.000 almas. Como párroco vale un tesoro. Puede imaginarse mi desolación ante esta desgracia. […]
He tenido cruces inmensas, pero Jesucristo, María, José y Pío IX son mi consuelo. Y para mayor consuelo de mi debilidad ha llegado la carta de Propaganda, en la que el Emmo. Prefecto cardenal Franchi después de haberme ordenado en nombre de la Sagrada Congregación que abra la misión de Nuba, de haberme dado instrucciones sobre la esclavitud y otras cosas, termina su carta con estas palabras, que fueron maná para mi debilidad: «Por lo demás, tengo el gusto de comunicarle que mis eminentísimos colegas han tributado elogios a la laboriosidad con la que usted ha comenzado la difícil empresa de evangelizar a estas bárbaras gentes; y le animan a continuarla sin espantarse por los obstáculos que pueda encontrar, contando con las debidas ayudas que desde luego no faltarán…». En secreto le digo que la Sagrada Congregación de Propaganda ha admitido en líneas generales la idea de nombrarme Vicario Apostólico con carácter obispal; pero lo referirá al Santo Padre sólo después de que se establezca la nueva misión en Gebel Nuba. No soy digno, pero estoy dispuesto a aceptar, cuando la susodicha misión esté bien encaminada y bien sólida la de Jartum y Cordofan. […] Desde la cama donde me encuentro enfermo, le envío este trozo de carta. Si estoy bien, espero escribirle con el próximo correo.
Suissimu
Daniele Combomi
Provi.o Apost.



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