Home > Archivo > 12 - 2003 > Lo nuevo es simplemente descubrir un tesoro que ya existe
COMBONIANOS
Sacado del n. 12 - 2003

Lo nuevo es simplemente descubrir un tesoro que ya existe


«El tesoro son nuestras raíces, la pasión misionera de Comboni, la fe vivida y comunicada por él… una fuente inagotable y un camino ya trazado». Entrevista al padre Sebastiano Serra, superior general de los combonianos


por Stefania Falasca


Teresino Sebastiano Serra en Jartum con motivo de las celebraciones en honor de san Daniel Comboni

Teresino Sebastiano Serra en Jartum con motivo de las celebraciones en honor de san Daniel Comboni

El padre Teresino Sebastiano Serra es el 19 sucesor de Comboni. Su elección como superior general de los Misioneros combonianos, que tuvo lugar sólo unos días antes de la canonización del fundador de la Congregación, llega en un momento particular de la historia del Instituto. El padre Serra, de 56 años, de origen sardo, tras su formación en los Estados Unidos se dedicó a la pastoral y durante veinte años fue maestro de los novicios, primero en Kenia y luego en México. Una gran experiencia de misión unida a ese tipo sutil de sagacidad que separa enseguida lo esencial de lo secundario. Lo entrevistamos al regreso de su viaje a Jartum, corazón histórico de la misión comboniana. Nos habla de estos momentos con su sutil y buen humor…

Padre Serra, el XVI Capítulo general de los combonianos, que concluyó el pasado 2 de octubre, lo eligió por mayoría. Así que durante los próximos seis años será usted quien dirija la Congregación…

TERESINO S. SERRA: Qué le vamos a hacer… Después del resultado de las votaciones se le deja siempre al “elegido” un poco de tiempo para que piense si acepta o no. A mí me dejaron toda la noche… La pasé contando las baldosas del pasillo: eran setenta. A las once y media de la noche llamé a mi confesor para pedirle consejo, pero como le desperté, en el momento se enfadó… Luego le expliqué la situación, comprendió y me dijo: «Bueno, quiere decir que para los próximos seis años no te daré penitencias porque tendrás ya bastantes …». La mañana siguiente me “rendí”, pensando en las palabras que me había dicho: «Si los padres capitulares, los ochenta delegados de treinta naciones, han dicho que sí a ti, tú di sí a ellos y déjate ayudar…». Me fie. Di mi confianza. Y hasta ahora, he de decir que no he perdido todavía la serenidad.
ço la habrá perdido… pero las actas capitulares han trazado un programa intenso para el futuro del Instituto. Se discutió de formación, de metodología, se insistió en la exigencia de una nueva misión… ¿Qué quiere decir esto último?
SERRA: Es verdad que se insistió en este punto. Es difícil dar definiciones. Hay que considerar y tener presente situaciones, lugares, tiempos, contingencias… y antes hay que preguntarse ¿qué quiere decir misión?, ¿y además ese “nueva”?… ¿A ti qué se te ocurre? Se puede decir de todo. Lo nuevo, creo yo, es muy simple: descubrir el tesoro que ya existe.
¿Cuál?
SERRA: El tesoro de nuestras raíces, la pasión misionera de Comboni, la fe vivida y comunicada por Comboni… una fuente inagotable y un camino ya trazado. Para mí lo nuevo es volver al origen de ese camino y volver a descubrir ese patrimonio, esa riqueza, que a menudo creemos conocer y que quizá damos por descontado, o que no hemos usado.
Y esta ha sido su vocación…
SERRA: Esta es nuestra vocación. Lo nuevo son también los misioneros, las misioneras que han escrito páginas hermosas de fraternidad, de dedicación, de pasión por la misión y amor a Dios, que han compartido todo hasta el último respiro de su vida, que han dado y siguen dando un testimonio de entrega total, y seguir sin reservas sus huellas… las huellas de nuestros mártires. Y no son pocos.
Un misionero comboniano en una escuela de Pau da Lima, Brasil

Un misionero comboniano en una escuela de Pau da Lima, Brasil

Desde 1964 hasta hoy son 27 los misioneros combonianos asesinados, la mayor parte en África…
SERRA: Justo mientras estábamos en Roma celebrando el Capítulo llegó la noticia del homicidio en el norte de Uganda de dos combonianos, el padre Mario Mantovani, un anciano sacerdote que estaba en África desde hacía cincuenta años, y el hermano Kiryowa Gofdrey, joven profeso ugandés. Su muerte ha sido como si el del piso de arriba quisiera recordarnos que misión y martirio son vocaciones que a menudo caminan juntas, sobre todo cuando se toma la decisión de quedarse al lado de los hermanos más pobres y abandonados para hacer causa común con ellos.
“Hacer causa común con los pobres, los marginados”… Perdone, pero a menudo estas expresiones suenan como consignas…
SERRA: Es verdad cuando de ellas se hacen banderas, batallas de papel, protagonismo… También entre los misioneros a veces se corre este peligro.
Usted también con ganas de “zarandear”. ¿A qué se refiere concretamente?
SERRA: A los que no entienden bien los signos de los tiempos y quieren abarcarlo todo… se agitan demasiado. La pasión por una causa puede conducir a no dar marcha atrás, a querer salvar el mundo… olvidando a veces que es Cristo quien lo salva. Quisiera añadir otro punto.
¿Cuál?
SERRA: Es un deber sacrosanto informar, denunciar y dar voz a los que no tienen voz, pero lo que más vale para nosotros es nuestra disposición a vivir con ellos. Sin primeros planos ni medios poderosos. Con los hechos, físicamente, con opciones difíciles y valientes. Estar en la disposición de quien acepta hacerse piedra escondida, de quien trabaja como humilde obrero, sabiendo que no podrá ver los frutos. En el sur de Sudán, por ejemplo, habíamos construido iglesias, escuelas, las hicimos cuando las podíamos hacer, hoy está todo destruido, no queda nada, la gente se desplaza continuamente de un lugar a otro… ¿qué se puede hacer en estas situaciones? Algunos de nosotros se han quedado con ellos, no tienen nada más, y esa gente sabe que no ha sido abandonada… Cada uno de nosotros, allí donde se encuentra, es Iglesia.
Hace poco regresó usted de Sudán. ¿Sigue siendo África una opción prioritaria para ustedes?
SERRA: Comboni nos dejó una herencia. Les recomendó a sus misioneros que amasen con pasión esta tierra abandonada. Una tierra que sigue abandonada, olvidada, robada, esclavizada. Hay muchas situaciones dramáticas, extremas; en el mismo Sudán, por ejemplo. Nosotros debemos elegir y vivir en estas zonas más pobres y olvidadas. Pero la opción prioritaria por África no es ni exclusiva ni excluyente.
Algunos han escrito: «Los combonianos son una familia libre»…
SERRA: Podría añadir multiforme: unos viven en el pasado, otros en el presente y otros viven ya en el futuro… Desde el Concilio de Trento hasta el Concilio Vaticano IV, para entendernos… Pero, ¿existe alguna familia donde no haya diversidad?
Vuestro fundador logró juntar a misioneros de distinta formación…
SERRA: Exactamente. Al principio no pensó en fundar un Instituto suyo y quizá no lo habría hecho si el cardenal Barnabò no se lo hubiera pedido. Sus primeros misioneros en África venían de distintas realidades: religiosos, diocesanos, laicos de distintas culturas, de distinta espiritualidad, y algunos no eran desde luego “perfectos”; a unos los toleraba, a otros los soportaba, aunque le dieron bastantes quebraderos de cabeza y problemas. Daba valor a ese cachito de bueno que podían dar para la misión y los tuvo unidos haciendo amar lo que él amaba…
¿Qué quiere decir?
SERRA: Que si existe este epicentro esencial, existe también la unidad. En las cartas de san Pablo la autoridad es llamada «paráclito», hoy es una palabra que no gusta mucho, pero «paráclito» viene del griego «parakalein» que quiere decir animar, dar ánimos, dar confianza, orientar hacia el bien. Aunque no duda en manifestar sus reproches, cuando es necesario, san Pablo no dice nunca «Os mando», sino «Os exhorto».
¿Qué quiere recomendar a sus misioneros?
SERRA: Seguir adelante con valor. Conscientes de nuestros límites y de nuestras fragilidades, pero sin poner obstáculos a Dios. El valor viene de esa fe que nos dice que nuestra obra es suya. Luego les pido que recen más. Porque si no todo se queda en nada. La misión se hace con la oración; está estrechamente unida a la oración. No hay que olvidarla nunca. Comboni quería a sus misioneros «santos y capaces», no «santurrones llenos de egoísmo». Quien no reza, no piensa. Quien no piensa, no razona. Y quien no razona, no es útil para la misión.


Italiano English Français Deutsch Português