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IGLESIA
Sacado del n. 09 - 2011

«La Iglesia en China no ha cambiado ni una sola coma de la Tradición apostólica que le fue confiada»


Entrevista a John Baptist Li Suguang, obispo coadjutor de Nanchang


Entrevista a John Baptist Li Suguang por Gianni Valente


En el vigésimo quinto encuentro internacional de oración por la paz organizado en Múnich por la Comunidad de San Egidio estaba también él: John Baptist Li Suguang, de 46 años, obispo católico en China Popular con la aprobación del Sucesor de Pedro y también de los funcionarios del gobierno de Pekín. Tan joven y tímido que parecía algo perdido, entre los muchos líderes religiosos que acudieron del 11 al 13 del pasado mes de septiembre a la capital bávara respondiendo al entramado de amistades y cercanías sin límites que la Comunidad fundada por Andrea Riccardi sigue tejiendo en todo el mundo.
Y sin embargo, cuando tomó la palabra en uno de los 35 paneles de la manifestación celebrada en la archidiócesis de Múnich, su voz sonó firme y sus ideas parecieron claras. Su intervención estuvo llena de alusiones y referencias al complejo e irresuelto entramado de relaciones trilaterales que desde hace siglos entrelazan Occidente, la Iglesia católica y el ex Imperio Celeste. Como dice el refrán chino utilizado por monseñor Li para recordarles a todos que en los tiempos fluidos de la globalización también «una larga distancia puede volverse cercana como la proximidad». O como la clara constancia del hecho –experimentado en su experiencia de pastor de almas– de que «la Iglesia no pierde su universalidad por respetar la cultura china y considerar las circunstancias reales en China».

 

John Baptist Li Suguang con motivo del vigésimo quinto Encuentro internacional de oración por la paz organizado en Múnich por la Comunidad de San Egidio el pasado septiembre [© Tino Veneziano]

John Baptist Li Suguang con motivo del vigésimo quinto Encuentro internacional de oración por la paz organizado en Múnich por la Comunidad de San Egidio el pasado septiembre [© Tino Veneziano]

Monseñor, es usted bastante joven para ser obispo.
JOHN BAPTIST LI SUGUANG: Nací en 1965, en un pueblo de la provincia de Shanxi donde la población, de unos dos mil habitantes, compartía una fe católica muy fuerte. Yo crecí así, en medio de todas estas personas que amaban a Jesús.
Y sin embargo eran años difíciles. En plena Revolución cultural.
En mi pueblo no hubo demasiados problemas. Había dos curas que siguieron administrando los sacramentos. Ahora, en el pueblo hay cuatro o cinco. En la zona circundante los sacerdotes son nada menos que treinta y ocho. Y también hay muchas monjas.
¿Qué le ayudó a reconocer la vocación al sacerdocio?
Fue muy importante lo que vi en mi familia. Yo tenía un tío sacerdote, y, cuando era muy pequeño, mi madre y mi padre me enseñaban a rezar las oraciones de la mañana y de la noche. Yo era el más pequeño de la familia, y mis padres me decían con frecuencia que de mayor podría ser sacerdote. Sobre todo mi madre tuvo gran influencia sobre mí, con su vida espiritual. Luego tuvo un papel importante también un sacerdote que tuve en el seminario diocesano de Pekín como director espiritual. Allí estuve desde 1987 a 1992. Nuestros profesores eran curas muy ancianos, y estudiamos teología usando sobre todo viejos manuales de antes del Concilio Vaticano II.
¿Cómo ha cambiado la situación de la Iglesia con respecto a los años de su infancia?
Cuando yo era un muchacho, el país no había vivido todavía el período de la apertura. En los pueblos era la devoción de los cristianos la que guardaba las prácticas de la vida de fe. Ahora hay más posibilidades de desarrollar la obra pastoral. El domingo las iglesias están llenas, mucho más de lo que lo están muchas parroquias de Europa. En los pueblos, cuando suena la campana, las personas salen de casa y las ves andando juntas por la calle, hacia la iglesia. Y también las misas diarias, por la mañana temprano, son muy concurridas.
¿Cómo describiría el perfil pastoral de su diócesis?
En nuestra provincia hay 120.000 católicos, los sacerdotes son menos de cincuenta en toda la provincia. Así que solo las parroquias más grandes tienen un sacerdote que está allí de manera estable como pastor de la comunidad. Los otros van por los pueblos, de una parroquia a otra, para administrar los sacramentos. Lo bueno es que muchos de ellos son jóvenes, a su lado yo soy “viejo”... La edad media de los sacerdotes en mi diócesis es de 36 años. A nivel económico, la diócesis posee algunos edificios en Shangai que con sus rentas contribuyen a financiar las actividades ordinarias.
¿Qué es lo que más facilita el anuncio cristiano?
Lo más importante es la presencia de laicos que anuncian y testimonian el Evangelio en los lugares y circunstancias en que todos viven. Y luego son muy importantes las obras de caridad. Por nuestras tierras cada comunidad religiosa está llamada a ayudar y apoyar a un grupo étnico minoritario. Lo hacemos también los católicos, asistiendo a algunas comunidades étnicamente minoritarias, que no son de fe cristiana
¿Hay muchos bautismos de personas que no proceden de familias cristianas?
Tenemos casi tres mil al año. Dos tercios de ellos son jóvenes, luego hay un tercio de adultos y ancianos. La mayoría procede de los pueblos. Piden el bautismo sobre todo porque se quedan asombrados del testimonio de sus compañeros y amigos cristianos, o porque ven el espectáculo de los cristianos cuidando a los pobres y a quienes están en dificultad.
¿Cuáles son las fuentes que alimentan la vida ordinaria y cotidiana de los fieles?
La misa es el centro de todo, junto a la oración y la participación en las actividades propuestas por la parroquia.
¿Hay figuras de santos que suscitan una devoción especial?
En nuestra región es muy fuerte la devoción a san Antonio de Padua y a santa Teresita del Niño Jesús. Y además, por supuesto, a la Virgen María. Todos tienen a María Santísima como patrona de su vida espiritual.
¿Cuáles son las realidades sociales y las condiciones existenciales que encuentra en su trabajo pastoral?
Por el rápido desarrollo de la economía china, muchas personas están presionadas en sus vidas. Necesitan realmente a alguien que los ayude. Alguien que les apoye y consuele. Muchos se dan cuenta de que no saldrán adelante solos, sin ayuda. Y esto amplía el campo en el que la Iglesia está llamada a actuar y a mostrar el amor de Cristo por cada uno. No podemos quedarnos indiferentes ante estas condiciones reales. Hay que favorecer una obra pastoral que ayude realmente a nuestros conciudadanos que están afrontando problemas y dificultades en sus vidas.
¿Ha leído la Carta que Benedicto XVI escribió a los católicos chinos en 2007? ¿Cuáles son para usted los contenidos más importantes de aquel documento?
Desde mi punto de vista, el hecho mismo de que el Papa escribiera una carta específica a los católicos chinos dio muchos ánimos a la Iglesia en China. Especialmente yo destacaría las cosas que el Papa sugirió a los sacerdotes.
Fue usted ordenado obispo en 2010 con el consentimiento de la Sede apostólica. ¿Cómo vive en concreto su comunión con el Obispo de Roma? ¿Y cómo la manifiesta en su trabajo pastoral ordinario?
Todos los demás obispos de China, no solo yo, leemos siempre y difundimos no solo la Carta del Papa a los católicos chinos de 2007, sino también todas sus intervenciones, las homilías, las encíclicas, los discursos. Se hacen fotocopias y se envían a todos los curas y a todas las parroquias. De este modo todos pueden leer y seguir al Papa en su magisterio ordinario, y pueden hallar inspiración para su vida en las situaciones que han de vivir. De este modo compartimos la fe del sucesor de Pedro, y este es realmente el modo más sencillo y concreto posible de vivir la comunión con el Papa, que todos pueden ver. Luego rezamos por él. Todos los obispos rezamos por él. Yo rezo por él, y rezo también por mí, que el Señor me ayude a ser un buen obispo.
Fieles chinos rezando en una iglesia de Pekín [© Getty Images]

Fieles chinos rezando en una iglesia de Pekín [© Getty Images]

¿Como ve el planteamiento de la cuestión china por parte de la Santa Sede? Si pudiera hablar con el Papa, ¿qué le diría para explicarle mejor la situación real de la Iglesia en China?
Sería un gran regalo si el Papa pudiera comprender China, es decir, la cultura y la situación social concreta en que vive la Iglesia en China. Hay mucho que saber, mucho que comprender. A veces hay gente que pasa una semana en China y luego vuelve a casa y comienza a comportarse como si supiera todo sobre los católicos chinos. Pero las situaciones complejas hay que reconocerlas y respetarlas por lo que son. Yo espero realmente que las relaciones entre China y el Vaticano puedan retomar la justa dirección. Sería algo bueno para nosotros y para toda la Iglesia.
Si quisiera usted sugerirle también al Papa un indicio de cómo ha custodiado y de cómo sigue alimentando Dios la fe de los católicos chinos, para documentar que la Iglesia de China comparte la misma fe con la Iglesia de Roma, ¿qué le diría?
La pregunta fundamental es cómo también los obispos chinos viven y expresan su fe en unión con el Sucesor de Pedro y con toda la Iglesia universal. Bien, yo creo que desde el comienzo hasta ahora nuestra Iglesia de China nunca ha cambiado ni una coma de la Tradición apostólica que le fue entregada. No hemos tocado para nada la doctrina referida a la fe y a la gran disciplina de la Iglesia. Estamos unidos alrededor de los mismos sacramentos, rezamos las mismas plegarias, en la continuidad de la sucesión apostólica. Esta es la base de la auténtica comunión. Pese a nuestros límites y nuestras carencias y fragilidades, formamos parte de la Santa Iglesia universal, compartimos con todos nuestros hermanos en todos los rincones del mundo la fidelidad a la misma Tradición apostólica. No queremos cambiar nada.
Algunos observadores, en cambio, sostienen que todavía hay quien pretende construir una nueva Iglesia independiente y autosuficiente, diferente de la Iglesia católica apostólica romana.
Esto lo piensan otros. Son opiniones de otros, no nuestras. Ninguna Iglesia es autosuficiente, ninguna Iglesia puede vivir sin el don del Espíritu de Cristo. Lo repito, ahora en China ningún cura ni obispo tiene intención de cambiar la doctrina de la Iglesia. También en China el amor de Cristo se manifiesta como acogida y comprensión. En el mundo de hoy, pese a los procesos de la globalización, sigue habiendo muchas diferencias. Por ejemplo, entre China y Europa es difícil comprenderse. Hay que encontrar puntos de contacto, y el diálogo, día tras día, es la única vía para acercar mundos tan distintos. Así que espero que también la Iglesia universal reciba y reconozca a la Iglesia de China por lo que realmente es. Sin aislarla ni maltratarla, para que crezca la comunión como señal del amor de Cristo. Como obispo, espero solo que el espíritu del amor de Cristo se difunda y resplandezca también en toda China.



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