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SÍNODO DE LOS OBISPOS
Sacado del n. 10 - 2005

ENTREVISTA AL CARDENAL CORMAC MURPHY-O’CONNOR

La Eucaristía, el signo más grande de la unidad de la Iglesia


Muchas intervenciones fueron de verdad conmovedoras. El Santo Padre en sus intervenciones expresó naturalmente su interés personal y su preocupación por la liturgia en la Iglesia. Esto es algo que siente de verdad en lo más hondo


Entrevista con el cardenal Cormac Murphy O'Connor por Giovanni Cubeddu


Décimo arzobispo de Westmisnter y presidente de la Conferencia episcopal de Inglaterra y Gales, el cardenal Cormac Murphy-O’Connor se interesa desde siempre por el diálogo con la Comunión anglicana. Desde 1982 a 2000 fue copresidente del ARCIC, la Comisión internacional anglicano-católica romana, que de este delicado e intenso acercamiento es el lugar privilegiado.
En 2002, invitado por la reina Isabel II, el cardenal O’Connor fue el primer prelado católico desde 1680 que ha podido pronunciar un sermón ante la familia real inglesa.

El cardenal Cormac Murphy-O’Connor

El cardenal Cormac Murphy-O’Connor

Eminencia, ¿Qué piensa del Sínodo recién clausurado?
CORMAC MURPHY-O’CONNOR: Ha sido un manantial de gran alegría pasar estas tres semanas no solamente sub Petro sino también cum Petro. El papa Benedicto ha estado con nosotros la mayor parte del tiempo, escuchando con atención y creando entre los padres sinodales una atmósfera de amistad. Creo que todo esto se ha visto favorecido por los cambios en la organización de este Sínodo. Estos cambios son pasos adelante hacia la reforma del Sínodo, que, sin duda, continuará. Pero lo principal es que el papa Benedicto se interesa por el Sínodo, se preocupa y se ha alegrado de estar con nosotros. El estilo del Papa es de verdad colegial en sus modos y está de verdad abierto a los obispos de la Iglesia.
Según usted, ¿cuáles han sido los puntos principales del Sínodo?
MURPHY-O’CONNOR: Naturalmente la labor principal de los obispos se ha centrado en la profundización del amor, de la comprensión y del respeto por la santa Eucaristía como acontecimiento central de la vida de los católicos. Este es el motivo por el que nos hemos reunido: ver cómo incrementar la devoción por la santa misa. Esto nos ha llevado a concentrarnos en cómo se celebra la misa y en cómo participa en ella el pueblo. Era el objeto del Sínodo: la necesidad en todo el mundo de una comprensión mayor del misterio de la Eucaristía. Naturalmente hemos hablado también de otras cuestiones: la falta de sacerdotes, los casos difíciles de personas que no pueden recibir la comunión. Y veremos cuál es la opinión de los obispos sobre estas cuestiones, que no son fáciles. Pero la atención principal del Sínodo se ha concentrado en el deseo de los padres sinodales de ayudar a los obispos en su gobierno para formar a su pueblo en el misterio y en el amor por la Eucaristía.
¿Qué aspectos de este Sínodo pueden haber interesado más al mundo anglicano?
MURPHY-O’CONNOR: Estaban presentes en el Sínodo tres obispos anglicanos, y han dado también su aportación. Creo que los anglicanos, en su conjunto, mirarán a las enseñanzas de la Iglesia católica sobre la Eucaristía como a algo a lo que pueden adherirse.
He sido miembro de la Comisión internacional anglicano-católica romana que ha elaborado documentos sobre la Eucaristía, más o menos aprobados por la Santa Sede y por la Comunión anglicana. Nuestra doctrina sobre la Eucaristía es esencialmente la misma. Naturalmente no podemos tener con los anglicanos una intercomunión por una serie de motivos: la falta de acuerdo sobre la autoridad, toda la cuestión de la validez de las ordenaciones anglicanas, que aún no podemos reconocer. Pero hemos dado un gran paso adelante en el camino de la comprensión recíproca de la Eucaristía y creo que el Sínodo favorecerá este proceso ayudando a los anglicanos en su modo de enseñar el misterio de la Eucaristía.
¿Hubo algún tema que podía haberse afrontado con mayor cuidado?
MURPHY-O’CONNOR: Creo que la mayor parte de los padres sinodales ha dejado el aula razonablemente satisfechos. En los últimos tiempos hemos tenido algunos excelentes documentos papales sobre la santa Eucaristía y creo que el Sínodo ha ayudado a su recepción. También ha sido una ayuda a nuestra comprensión de cómo la enseñanza de la Iglesia acerca de la Eucaristía puede ser comunicada y enseñada al pueblo en el catecismo. Este debería ser uno de los resultados principales.
¿Hubo testimonios que le llamaron especialmente la atención?
MURPHY-O’CONNOR: Muchas intervenciones fueron de verdad conmovedoras. El Santo Padre en sus intervenciones expresó naturalmente su interés personal y su preocupación por la liturgia en la Iglesia. Esto es algo que siente de verdad en lo más hondo, al igual que todos los obispos. Y, en cierto sentido, un Sínodo que tiene por tema la Eucaristía es un Sínodo sobre lo que es el centro de la unidad en la Iglesia. La Eucaristía es la expresión más grande de la unidad de la Iglesia.
¿Le ha brindado el Sínodo la ocasión de llevar adelante alguna forma de diálogo con los obispos anglicanos presentes?
MURPHY-O’CONNOR: No de manera formal, pero sí de manera informal. De hecho, durante el periodo del Sínodo no ha estado presente sólo un obispo anglicano, sino uno por cada semana. Me he entrevistado con todos y hemos mantenido conversaciones de verdad amistosas y útiles, y creo que ellos han estado muy contentos de haber venido a Roma.
¿Qué es, según usted, lo que los anglicanos han comprendido mayormente de esta experiencia?
MURPHY-O’CONNOR: Creo que han apreciado la diversidad y la unidad de la Iglesia católica, y también la fuerza de la autoridad de la Iglesia en sus enseñanzas. a


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