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Sacado de LECTURA ESPIRITUAL

Comentario a la frase de don Luigi Giussani



por don Giacomo Tantardini


Roma, 17 de junio de 2011

 

Sagrado Corazón de Jesús en ti confío y espero

 

Queridos:

 

Las palabras de Giussani en la portada de 30Días(«El peligro para la fe cristiana no es el agnosticismo, sino el gnosticismo», le dijo don Luigi Giussani a Juan Pablo II a principios de los años noventa) y las dos páginas de comentario de Lorenzo Cappelletti (30Días, n. 4/5, 2011, pp. 58-59) son interesantes. Deseo añadir solo un cosa muy breve, para ayudar a comprender las palabras de Giussani, una cosa que para mí ha sido un descubrimiento en estos días.

Había citado muchas veces las palabras de Giussani de la entrevista de abril de 1992 sobre la persecución contra «aquellos que se mueven en la sencillez de la Tradición»1.

Pero en estos días me han sorprendido (como un rayo de sol que lo ilumina todo) estas palabras de Giussani igualmente de la misma entrevista de abril de 1992: « El odio se desencadena –a duras penas reprimido, pero pronto se desbordará...»2.

Estas palabras de Giussani son las mismas palabras que escribe el apóstol Pablo en la segunda carta a los Tesalonicenses (2Ts 2, 7), cuando habla de quien retiene (Giussani dice reprime) el desbordarse del odio contra los que se mueven en la sencillez de la Tradición.

Ahora me resulta claro (entonces, en abril de 1992, no) qué y quién en abril de 1992 retenía o reprimía el desbordarse del odio (Giussani alude a ellos diría casi explícitamente durante la misma entrevista y precisamente cuando añade al término «persecución» el adjetivo «cruenta»).

Por esa inteligencia que la fe puede dar ante los trágicos ejemplos de esta persecución cruenta en estos decenios, es preciso recordar aún estas palabras de Giussani: «“Había maldad también en tiempos de Roma…” (eran malos también los primeros cristianos: basta leer las Cartas de san Pablo, los Hechos de los apóstoles; san Pablo fue traicionado por cristianos, recibió la muerte por la delación de cristianos)»3.

Según algunos, quien retenía el desbordamiento del odio cuando el apóstolo Pablo escribía la segunda carta a los Tesalonicenses podía haber sido el emperador romano (santo Tomás de Aquino dice explícitamente que quien retenía el desbodamiento del odio era el «imperium romanum / el imperio romano»). Evidentemente ni el emperador ni los funcionarios del Imperio eran conscientes de ser instrumentos de esta Providencia. Y evidentemente no eran cristianos. Y puede sucederle lo mismo a quien ha sido en estos decenios y puede seguir siendo hoy el instrumento de esta Providencia.

Pero, después de los emperadores Tiberio y Claudio, el odio desbordó en la gran presecución de Nerón.

 

Pidamos en la oración que también hoy haya algo o alguien que retenga o reprima «el misterio de la iniquidad» (2Ts 2, 7). Pidamos esto, como súplica de milagros, en la oración de la santa Misa, que es la oración de Jesús, y con el santo Rosario, que es la oración de la madre de Jesús con sus pequeños y pobres.

Pidamos esto en la oración releyendo las palabras del apóstol Pablo:

 

«Por lo que respecta a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestros ánimos, ni os alarméis por alguna manifestación profética, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.

¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.

La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad.

Nosotros, en cambio, debemos dar gracias en todo tiempo a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la verdad. Para esto os ha llamado por medio de nuestro Evangelio, para que consigáis la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta. Que el mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena.

Finalmente, hermanos, orad por nosotros para que la Palabra del Señor siga propagándose y adquiriendo gloria, como entre vosotros, y para que nos veamos libres de los hombres perversos y malignos; porque la fe no es de todos. Fiel es el Señor; él os afianzará y os guardará del Maligno. En cuanto a vosotros tenemos plena confianza en el Señor de que cumplís y cumpliréis cuanto os mandamos. Que el Señor guíe vuestros corazones hacia el amor de Dios y la paciente espera de Cristo».

(2Ts 2, 1 – 3, 5)

 

En mi pobre oración y en la santa misa, que es la oración de Jesús, agradezco conmovido vuestras oraciones por mí y la caridad que en etos tiempos me manifestáis.

don Giacomo

 

Post scriptum

Que esta carta sea sencillamente ocasión de petición de oración. Petición de oración en Su nombre, es decir, en Su gracia. Qué importante es, decisivo, y sobre todo en ciertos momentos, vivir y rezar en gracia de Dios. Recordad: “Quien se confiesa llega a ser santo”. Llega a ser santo, es decir, se le concede, por una ayuda especial de la gracia, vivir en gracia de Dios.

Que esta carta sea, pues, una ocasión para pedir milagros. Sí, milagros según su promesa. Que el Señor dé también esta caridad, esta sencillez inteligente de niños.

 


Notas

1 Luigi Giussani, Un avvenimento di vita, cioè una storia [Un acontecimiento de vida, es decir, una historia] – introducción del cardenal Joseph Ratzinger – Edit-Il Sabato, Roma, 1993, p. 104: « ¿Una verdadera persecución? Así es. La ira del mundo no se levanta ante la palabra Iglesia, está tranquila incluso ante la idea de que alguien se defina católico, o ante la figura del Papa presentado como una autoridad moral. Es más, hay un respeto formal, incluso sincero. El odio se desencadena –a duras penas reprimido, pero pronto se desbordará– ante los católicos que se proponen como tales, católicos que se mueven en la sencillez de la Tradición».

2 Ibíd.

3 Luigi Giussani, Un avvenimento di vita, cioè una storia – introducción del cardenal Joseph Ratzinger – Edit-Il Sabato, Roma, 1993, p. 295.



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