En la Iglesia y en el mundo revista internacional
director: Giulio Andreotti
Extracto del N. 10 - 2004
Historia
La gran Alemania, un sueño esotérico
Entrevista a Giorgio Galli sobre las raíces ocultistas del nazismo, de las que derivó también la idea según la cual el “espacio vital” del Tercer Reich tenía que llegar hasta los Urales. Un aspecto poco estudiado por los historiadores, pero del que se ha vuelto a hablar tras la caída del muro de Berlín
por Paolo Mattei
El profesor Giorgio Galli no cree estar en condiciones de valorar el
esoterismo “desde dentro”
Arriba, un manifiesto de las SS (Schutz-Staffeln, “Escuadras de protección”) con la estilización rúnica de la sigla. Los símbolos rúnicos fueron estudiados por Guido von List, un esoterista interpelado por Adolf Hitler (debajo) en los años de su formación intelectual
El profesor Giorgio Galli no cree estar en
condiciones de valorar el esoterismo “desde dentro”. Sin embargo, es uno de los
estudiosos más considerados del esoterismo. Su posición es, según sus palabras,
«la de un historiador y un politólogo que considera que la cultura esotérica se
entrelaza con las disciplinas que practica en mayor medida de lo que hasta el
presente ha considerado la historiografía y la ciencia política». Con este planteamiento ha estudiado
también la historia del Tercer Reich, publicando el resultado de este trabajo
en el 89 en un libro muy conocido: Hitler e il nazismo magico. Le componenti
esoteriche del Reich millenario (Rizzoli, Milán). En este año, 1989, Galli observa coincidencias
significativas: el centenario del nacimiento de Hitler y el bicentenario de la
Revolución francesa. «Aquel 1989, explica en el prefacio de la segunda edición
del texto, «entraría en la historia por la revolución del Este: exactamente un
siglo después del nacimiento del Führer caía el muro de Berlín, premisa de una
Alemania de nuevo unida, potencia hegemónica en Europa». A quince años de distancia de aquel año,
tras tantos hechos ocurridos, tras la tragedia del 11 de septiembre de 2001,
que originó una guerra que aún dura, la historia de violencia y de muerte protagonizada
por Hitler y el nazismo sigue suscitando preguntas inquietantes y erigiéndose
en parámetro para medir la violencia y la muerte que cada día azotan los
lugares del mundo en conflicto. El posible sustrato ocultista, mágico,
esotérico de aquel fenómeno despierta el interés de muchos. La televisión se ha
ocupado de ello a menudo, y en el último año por lo menos dos libros han tenido
en Italia cierta difusión (Marco Dolcetta, Nazionalsocialismo esoterico, Cooper Castelvecchi, Roma 2003; Mel
Gordon, Il mago di Hitler. Eric Jan Hanussen: un ebreo alla corte del
Führer, Mondadori, Milán
2004). Giorgio Galli es autor de muchos ensayos,
algunos de los cuales tratan de esoterismo y política, como La politica e i
maghi, Rizzoli, Milán
1995; Politica ed esoterismo alle soglie del 2000, Rizzoli, Milán 1992; Appunti sulla new
age, Milán 2003, en donde
analiza este movimiento cultural partiendo incluso de documentos pontificios.
Le hemos planteado algunas preguntas. En su ensayo sobre Nazismo magico halla usted un “puente esoterico”
entre Inglaterra y Alemania, entre teorías y sociedades esotéricas y ocultistas
presentes en ambas naciones entre los siglos XIX y XX. Un puente que alcanza
también a los fundadores del nazismo. ¿De qué se trata? GIORGIO GALLI: Entre finales del siglo XIX
y comienzos del XX recobraron vigor las tradiciones esotéricas, tanto en
Alemania como en Inglaterra. Existió ya precedentemente un “puente esotérico”
entre los dos Estados, el de los rosacruces, que se remonta al siglo XVII, en
el cuadro de una cultura ocultista no ajena a la Guerra de los Treinta años que
devastó a Alemania. En los últimos decenios del siglo XIX las relaciones entre
grupos esotéricos ingleses y alemanes vuelven a adquirir fuerza, y se
establecen estrechos vínculos entre personas influyentes –según una concepción
“mágica” de la realidad–, que se transmiten durante las dos generaciones
siguientes. Hay también elementos inquietantes en esta restauración. Uno de
ellos era la llamada “magia sexual”, es decir, la consecución de poderes
“especiales” con las prácticas sexuales: en 1888, el año después de la
fundación de la Hermetic Orden of the Golden Dawn, en Londres se dieron una
serie de horrendos crímenes sexuales, los de Jack el Destripador. El misterio
sobre su persona continúa aún hoy. Algunos personajes y algunas relaciones
marcan significativamente este renacimiento de la cultura esotérica en Europa,
como el encuentro en Londres entre el ocultista francés Eliphas Levi,
pseudónimo bíblico de Alphonse-Louis Constant, un ex seminarista que luego se
hizo revolucionario en París en 1848, y Edward Bulwer-Lytton, que tendrá un
papel crucial en la evolución de la sociedad rosacruciana en la hermética
Golden Dawn. Después de varias peripecias entre actividades políticas y ocultistas,
Levi escribirá un libro, La razza ventura, en el que habla de la forma de energía,el “Vril”, que dará el nombre a una
sociedad que, junto a la actividad del fundador del Instituto de geopolítica de
Berlín, Karl Haushofer, ofrecerá una aportación fundamental a la elaboración de
la ideología nazi por lo que respecta a la idea de raza aria y de “espacio
vital”, el Lebensraum. ¿Cuáles son las bases culturales y las
teorías comunes de estos grupos? GALLI: Ante todo, una concepción según la
cual la historia que conocemos es sólo una parte de la historia de la
humanidad. Sólo algunas élites de iniciados conocen “toda” la historia. La
historia antiquísima de civilizaciones puras e incorruptas. Este saber y estos
conocimientos, a los que es posible acceder con prácticas y ritos ocultistas,
transmiten un poder especial a los iniciados, que han de desarrollar incluso un
papel político para administrar el futuro de una humanidad caída a la que hay
que devolverle las dotes y las características que ha ido perdiendo con el
tiempo. Los componentes de estas sociedades se consideran, pues, depositarios
de una antigua sabiduría primordial que se manifiesta a menudo en ritos
especiales. Un hecho interesante es que algunos adeptos de grupos esotéricos
desarrollan labores incluso en los servicios secretos de sus países. Un
personaje clave en este sentido es el alemán Theodor Reuss, de la sociedad
ocultista Ordo Templi Orientis, maestro del inglés Aleister Crowley. Crowley,
también él maestro de ocultismo y al mismo tiempo agente de los servicios
secretos ingleses, a finales del siglo XIX se adhirió a la célebre Golden Dawn
–una derivación, como se ha dicho, de la Sociedad rosacruciana– y luego funda
una sección inglesa del Ordo Templi Orientis. La Golden Dawn está a su vez ligada
a asociaciones alemanas relacionadas con la doctrina secreta de la rusa madame
Elena Blavatski –fundadora en Nueva York de la Sociedad teosófica, en 1875– y
con la antroposofía de Rudolph Steiner. Pero los acontecimientos de Hitler y el
nazismo tuvieron lugar posteriormente… GALLI: Mi hipótesis es que este “puente”,
que, como he explicado, unía la cultura esotérica, las órdenes herméticas y los
servicios secretos ingleses y alemanes entre los siglos XIX y XX, continuó
existiendo incluso en el período inmediatamente posterior, de modo que la
formación intelectual de Hitler y de una parte del grupo dirigente nazi ocurrió
en este tipo de cultura ocultista. He recogido datos que me permiten incluso
decir que este grupo, una vez instaurado el Tercer Reich, discute sobre cómo
llevar a cabo una estrategia derivada de aquella cultura, es decir, la
reconquista de la “sabiduría aria”. Del mismo modo puedo afirmar que la
decisión hitleriana de entrar en guerra convencido de que Inglaterra no iba a
intervenir puede comprenderse según aquella cultura esotérica, de la que
estaban informados personajes de la cúspide política inglesa. Toda la historia
del nazismo, a mi parecer, ha de ser interpretada teniendo presente también
este factor.
Arriba, Hitler reconstituye el Partido Nacionalsocialista (ilegalizado tras el putsch de 1923), Múnich 1925; el primero por la izquierda es Alfred Rosenberg; el primero por la derecha es Heinrich Himmler, jefe de las SS desde 1929, ideador y organizador de los campos de exterminio; debajo, el ocultista Aleister Crowley, agente de los servicios secretos ingleses y miembro de la Golden Dawn
¿Cómo entró Hitler en contacto con las
experiencias esotéricas? ¿Quiénes fueron sus mentores? GALLI: El punto de referencia inicial fue
la revista Ostara, de
la que Hitler fue asiduo lector durante sus años vieneses. La publicación –que
toma su nombre de una antigua diosa germánica de la primavera y que, por
consiguiente, denota su conexión con la tradición nórdica y con las viejas
deidades paganas anteriores a la difusión del cristianismo en Alemania– fue
fundada en 1905 por un ex fraile, Jörg Lanz von Liebenfels, quien, entre otras cosas,
creó una sede en Werfenstein, el “Castillo del orden”, donde probablemente, con
el apoyo económico de industriales, comenzó a patrocinar una organización
fundada en la teoría de la superioridad de la raza aria. Otro punto de
referencia para la formación esotérica del futuro Führer es Rudolf von
Sebottendorff, estudioso de cábala, de textos alquímicos y rosacrucianos, de
prácticas ocultistas de los derviches, y promotor, en 1918 en Múnich, de la
Thule Gesellschaft, asociación derivada de la Germanorden, una sociedad nacida
en los años diez fuertemente caracterizada por elementos de antisemitismo y
racismo. En torno a la Thule gravitan Hitler, Rudolf Hess, Karl Haushofer y
Hans Frank, el futuro gobernador general de Polonia. Es una asociación en la
que dominan la cultura ocultista y las doctrinas secretas que maduraron en los
decenios anteriores. La Thule –la mítica Atlántida, patria de los Hiperbóreos–
fue, pues, la matriz del grupo de intelectuales que dieron origen al nazismo.
Von Sebottendorff, entre otras cosas, publica en 1933 un libro, Prima che
Hitler venisse, en el
que, con el deseo de reavivar el debate en torno a los orígenes esotéricos del
nazismo, cuenta que fue el maestro ocultista del Führer. Pero aquel grupo de
intelectuales que entonces estaba en el poder, había decidido hacía tiempo que
convenía mantener ocultos los elementos esotéricos y ocultistas y colocar en
primer plano la organización política. Hitler, por lo demás, el año de la
publicación del libro de Von Sebottendorff, es ya canciller del Reich. El
libro, pues, fue retirado de las librerías. ¿Cuáles son las características
fundamentales del grupo esotérico al que pertenecía Hitler? GALLI: Hay que decir antes que una de las
dificultades del trabajo en este campo consiste en que la historiografía
oficial, la académica, se ocupa poco de estas cosas. El trabajo en el sector de
la cultura esotérica a veces se deja a estudiosos minoritarios o incluso a
personajes muy extravagantes, que a menudo hacen investigaciones marginales. El
que la historiografía oficial no se comprometa en esta dirección hace más
difícil encontrar documentos . Estoy convencido de que si se interesara más,
algo se encontraría. Pero respondo a su pregunta. He aludido a la civilización
y a patrimonios de saber antiquísimos –Atlántida es la referencia más
importante–, es decir, al componente cultural basado en la historia-ficción, en
la geografía-ficción, en la cosmogonía-ficción y en las leyes ocultas que las
sustentan. Hitler considera que las razones que fundan su acción política están
en aquel lejano pasado, en una sabiduría mágica que hay que recuperar y en la
que reside el instrumento para forjar el luminoso futuro. El grupo de
intelectuales de la Thule que en los años veinte decide la transformación de la
secta ocultista en partido político de masa cree profundamente estas cosas.
Hay, pues, dos dinámicas: la profunda persuasión de los iniciados que trabajan
en estos grupos y, al mismo tiempo, cierta influencia que, por motivos ya
suficientemente estudiados, estos ejercen en ciertos momentos históricos en los
movimientos políticos. Hitler, Himmler, Hess, Rosenberg, Frank: todos ellos se
consideran herederos de una antigua sabiduría que les permitirá convertirse en
los constructores de una nueva civilización. Hay que decir que incluso un
historiador estimado y “tradicional” ha dado crédito a algunos de estos filones
esotéricos: se trata de George Mosse, quien en los Origini culturali del
Terzo Reich indica
explícitamente en el esoterista Guido von List y en su simbología rúnica uno de
los puntos de referencias de Hitler. De las runas estudiadas por Von List
procede la sigla de las SS, las milicias que Himmler utilizará para realizar
sus proyectos elaborados en el ámbito de la cultura ocultista.
Arriba, Adolf Hitler con Rudolf Hess en una foto de 1939; debajo, algunos militares ingleses quitan los restos del aeroplano con el que en mayo de 1941 Hess voló a Gran Bretaña para buscar un acuerdo poco antes de la invasión alemana de Rusia
A Hitler a veces se le describe como un
hombre ignorante, un hombre sin cualidades. ¿Cómo consigue imponerse en el
grupo esotérico del que formaba parte? GALLI: La tendencia a pintarlo como un
ignorante está muy difundida. También lo hace Joachim Fest, biógrafo del
Führer, asesor de la última película sobre Hitler salida en Alemania, Der
Untergang (La caída).
Fest ha realizado una excelente biografía de Hitler, pero tiende a presentarlo
como un líder de cantina y hombre de escasas lecturas, limitadas solo a
opúsculos de propaganda antisemita. Esto no es exacto. Hitler había leído a
Nietzsche y Schopenhauer. Destaca en el grupo de Rosenberg, Hess, Himmler,
Frank porque posee dos características que pueden incluso prescindir de la
cultura esotérica. Es un orador muy eficaz y un hábil organizador. Quizá
aprendió del mago Hanussen la primera característica, esa forma casi hipnótica
de comunicar. Sabemos con seguridad que Hitler tomaba clases de dicción de
Hanussen. Pero de aquel mago aprendió algo más. Hanussen era un personaje
dotado de capacidades hipnóticas, y el libro de Mel Gordon reconstruye bastante
bien esto. En Mein Kampf
Hitler propone, además de una ideología esotérica, también programas
organizativos precisos, que dan la idea de haber sido elaborados por un buen
político. Himmler, el burócrata del exterminio, posee características
organizativas similares, pero no es para nada un buen comunicador. Como tampoco
lo es Hess. Rosenberg es sólo un escritor muy eficaz… De este grupo ligado a la
cultura esotérica ninguno tenía, en definitiva, las dos dotes específicas que
poseía Hitler. En Mein Kampf se indican los objetivos que Hitler se
fijaba: la creación de una Eurasia de confines orientales indefinidos, un
“condominio” mundial con Inglaterra… GALLI: Sí, es una estrategia esotérica en
la que se entrelazan ocultismo y geopolítica. Es Haushofer quien elabora las
teorías sobre el “espacio vital”. Basándose en consideraciones místicas y
espirituales según las cuales era la nación alemana el centro del mundo, pero
también haciendo referencia a otros teóricos de geopolítica –como el inglés
Halford John Mackinder, que había identificado el “corazón de la tierra” en
Europa oriental y en la Rusia europea–, Haushofer está convencido de que para
reconstituir la civilización aria es necesario construir una gran área que vaya
desde Europa occidental hasta los Urales. El espacio vital –el Lebensraum– de la nueva civilización aria. Alemania
es el fundamento de esta colocación política previa a la creación de una nueva
civilización y un nuevo hombre que recupere las antiguas virtudes perdidas. Los
judíos, que poseen un sueño de hegemonía mundial de signo contrapuesto, han de
ser primero marginados, y luego eliminados. Por consiguiente, el Drang nach
Osten nace de este
proyecto de naturaleza esotérica. Pero entre los altos cargos del Tercer
Reich hay hombres que no comparten la cultura de Hitler y sus compañeros… GALLI: Es cierto, pero también estos están
influidos por el ocultismo: el pragmático Göring se interesa por la teoría de
la “tierra hueca”, Goebbels siente curiosidad por Nostradamus… Y de todos modos
Goebbels y Göring comparten el programa de Hitler precisamente porque están
sugestionados por sus convicciones esotéricas. Llegamos al viaje de Hess a Escocia en
mayo de 1941. También inducido por una señal esotérica… GALLI: El proyecto de condominio con
Inglaterra sobre el Lebensraum como premisa para la construcción de una nueva humanidad no fue nunca
abandonado, ni siquiera tras el comienzo de la guerra, cuando era evidente que
la deseada neutralidad de Gran Bretaña no se había realizado. El “puente”
estaba todavía en pie. Por lo demás, también el episodio de los tanques que se
detuvieron en Dunkerque en el 40 permitiendo que huyeran los anglofranceses
puede interpretarse en esta clave: el intento de alcanzar un acuerdo con
interlocutores esotéricos presentes en la isla. El 10 de mayo de 1941 Hess
vuela a Escocia para tratar de convencer a estos interlocutores de que no
intervinieran en el momento de la invasión de la URSS. Probablemente quiere
verse con los herederos de sociedades del tipo de la Golden Dawn, que tienen
relaciones con la Casa real y con quienes se puede discutir. De todos modos, es
al duque de Hamilton a quien busca Hess. Es una persona de confianza del rey de
Inglaterra. Es filonazi y desde hace tiempo tiene relaciones con Hess y los
altos mandos del Reich. La decisión de realizar este viaje nace probablemente
tras un debate en el ámbito de los altos cargos esotéricos nazis, de modo que
es plausible que Hitler estuviera al corriente. La operación fue cubierta por
una impresionante operación de desinformación. Pero Hess y los
nacionalsocialistas se hacen demasiadas ilusiones: este “puente” existe
todavía, pero es ya demasiado débil para que pueda pasar sobre él una especie
de acuerdo entre Alemania e Inglaterra sobre el Drang nach Osten. En mayo del 41 también los aristocráticos
ingleses están ya “resignados” a tener que hacerle la guerra a Alemania.
Hans Frank, gobernador de Polonia en los años del Tercer Reich, formó parte del grupo que giraba en torno a la asociación esotérica Thule Gesellschaft,
la matriz del grupo de intelectuales que dio vida al nazismo
En su libro explica usted que hasta el
último momento Hitler trató de alcanzar un acuerdo con Inglaterra. GALLI: Sí. Después de la derrota en Rusia,
en vez de afrontar la contraofensiva rusa, Hitler traslada sus divisiones
acorazadas al frente occidental. La táctica es siempre la misma: «Obligar a
Inglaterra a la paz con la fuerza», como parece que dijo él mismo. Cree
firmemente hasta el final que el “puente” esotérico puede reconstruirse. ¿Cómo es posible que de experiencias
esotéricas se consiga alcanzar un poder tan grande como el que tuvieron Hitler
y sus socios en Alemania? GALLI: Yo he tratado siempre de evitar
privilegiar exclusivamente la clave interpretativa del esoterismo para explicar
ciertos hechos. Es, sin duda alguna, como ya he dicho, un aspecto importante y
descuidado. Pero Hitler alcanza el poder por razones que la historiografía ha
estudiado abundantemente ya, y que yo no pongo en discusión: la humillación
alemana tras la Primera Guerra Mundial, las frustraciones derivadas de la
derrota y del Tratado de Versailles, la crisis económica del 29 que produce 6
millones de parados, la política de Weimar que no consigue dar una respuesta
eficaz a estos problemas. Estas son las razones principales que le permitieron
a Hitler tomar el poder. Hitler consigue hacer frente al paro incluso antes del
rearme, con las grandes obras públicas, aceptando los consejos del financiero y
político Hjalmar Schacht, un keynesiano. Por lo demás, en Mein Kampf Hitler presenta un proyecto político que
tiene puntos normales, como, por ejemplo, la lucha contra el desempleo. August von Galen, obispo de Münster durante
el período nazi, definido por el New York Times como «el opositor más empedernido del
programa nacionalsocialista anticristiano», habló del nazismo como de un
«engaño religioso»… GALLI: En cierto modo lo es. Por lo demás,
también Pío XI mostró su gran preocupación con la publicación de la Mit
Brennender Sorge. Hablaba de neopaganismo. En realidad se
puede hablar de algo más que de neopaganismo. Todas las ceremonias
nacionalsocialistas calcan un modelo religioso: las luces, el Führer
apareciendo como una mágica agnición. Todo tiene un carácter de liturgia
mágica. Parece que incluso Churchill, el gran
opositor a los programas esotéricos del Führer, no desdeñaba la compañía de
ocultistas… GALLI: En mi libro La politica e i
maghi [una nueva edición
está a punto de ser publicada por la editorial Lindau, n. de la r.] explico que también Churchill recurría a
los videntes. Churchill era un conservador absoluto y un anticomunista
absoluto. No olvidemos que colaboró con el Popolo d’Italia de Mussolini. En su visión del mundo sólo
los pueblos de lengua inglesa están a la altura de la democracia. Para los
demás pueblos cualquier otra forma de gobierno está bien. Para él la historia
de Occidente coincide con la historia de los pueblos anglófonos. Hitler, pues,
también pudo gustarle, como les gustaba a ciertos sectores conservadores de la
sociedad inglesa. Pero, en mi opinión, él tenía relaciones con sociedades
esotéricas inglesas que le habían proporcionado información sobre la
“contrainiciación del Führer”.
Karl Haushofer, fundador del Instituto de Geopolítica de Berlín y principal ideador de la teoría nazi del Lebensraum, el “espacio vital”
¿Es decir? GALLI: En la cultura esotérica existe una
diferencia fundamental entre “iniciación” y “contrainiciación”. La iniciación –la
masónica, para entendernos– es positiva. La contrainiciación, en cambio, tiene
algo diabólico: Churchill había aprendido que Hitler era un “contrainiciado”.
Por consiguiente, Churchill, estando al corriente de los precedentes
“esotérico-diabólicos” de la contrainiciación de Hitler, temía que detrás de
los objetivos negociables –mano libre en Europa y en el Este para Alemania y garantía
de continuidad para el Imperio inglés–, que para él eran probablemente
aceptables, hubiera finalidades no negociables: el imperio del mal. Hitler no
quería sólo un imperio de tipo geopolítico. Quería un imperio sobre las
conciencias, fundado en una serie de valores que incluso el conservador
Churchill veía como negativos y no tratables. Lo cierto es que la profecía
hitleriana sobre el final del imperio británico se realizó en lo esencial.
Hitler profetizó que Churchill destruiría el imperio inglés y entregaría el
trono imperial a Estados Unidos. Una última pregunta, profesor. René
Girard ha dicho recientemente en una entrevista que «el desprecio nazi por la
ternura cristiana hacia las víctimas no ha salido de la historia». El profesor
francés también ha afirmado que teme que «en el futuro alguien tratará de
reformular el principio de manera más politically correct, a ser posible con visos de
cristianismo». ¿Qué opina? GALLI: Girard es un gran estudioso,
documentado y con muchísimas intuiciones. Creo que es posible pensar en un
nazismo “con visos de cristianismo”, porque además el nazismo con sus
características específicas es irrepetible. Yo no creo que la democracia
representativa pueda entrar en crisis debido a movimientos autoritarios como
los de los años veinte y treinta. No serán declarados ilegales los partidos,
quedarán garantizadas en cierta medida las libertades civiles pero, al mismo
tiempo, podría correrse el riesgo de que de la democracia quedaran sólo las
fórmulas y se perdieran las sustancias. Podría darse una no-democracia
maquillada de democracia. Del mismo modo, la intuición de Girard es plausible:
así como es posible que una antidemocracia se presente con modalidades
aparentemente democráticas, también es posible que un anticristianismo que
desprecia a las víctimas como hizo el nazismo en realidad pueda actuar arropado
con formas cristianas. No quisiera adentrarme demasiado en un campo que no
conozco, pero sé que existen, y están cada vez más difundidas, publicaciones
que expresan tendencias que yo creo que pueden ser definidas de “integrismo
apocalíptico”. Estas tendencias podrían de alguna manera conformar un riesgo
como el referido por Girard. Algunas características aisladas que concurrieron
a la difusión del nazismo podrían volver a aparecer en este contexto.