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ANTONIO ROSMINI BEATO
Sacado del n. 09 - 2007

«Una obra que he vuelvo a leer con atención»


El joven Albino Luciani se licenció en la Gregoriana con una tesis muy crítica con una obra teológica de Antonio Rosmini. Sin embargo, hay testimonios, incluidos en la Positio super virtutibus del abad roveretano, que refieren un cambio de opinión por parte de Juan Pablo I. Los presentamos aquí


Un testimonio de Juan Pablo I sacado de la Positio del abad roveretano


Juan Pablo I

Juan Pablo I

De su santidad Juan Pablo I, de tan breve pontificado, todos los testimonios en el proceso confirman un hecho que preferimos narrar con la memoria del directo interesado, monseñor Clemente Riva: «No puedo por menos que recordar además con conmoción mi encuentro con el papa Juan Pablo I siendo yo obispo auxiliar para un sector de su diócesis de Roma. Un día, el 7 de septiembre, de su breve pontificado, había deseado ver al cardenal vicario, Ugo Poletti, con sus obispos auxiliares. Estábamos en fila en orden de antigüedad. Yo era el último de la fila. El cardenal Poletti presentaba a cada uno de los obispos. Llegado al último, el cardenal estaba diciendo: “Este es…”. El Papa le interrumpió diciendo: “A este le conozco ya”. Y le explicamos a Poletti todos los acontecimientos pasados. El Papa habló de su devoción por Rosmini. Yo entonces tomé la palabra para decir: “Santo Padre, no sé si puedo ser su obispo auxiliar visto que sobre algunas cosas rosminianas no estoy de acuerdo con usted”. Era evidente que estaba bromeando. El papa Luciani esbozó una gran sonrisa. Me abrazó y me dio a entender que podía trabajar con él. Pero la revelación mayor fue cuando dijo cosas importantes hablando con algunos amigos».
Estas «cosas importantes» se leen en el libro de Camillo Bassotto Il mio cuore è ancora a Venezia, donde el papa Luciani, entre otras muchas, hace una confesión de gran interés para nosotros.
En la página 121 del citado volumen se escribe: «Fue un atardecer de septiembre cuando el papa Luciani llamó por teléfono a don Germano Pattaro, invitándole a venir a Roma. Se vieron después de algunos días, uno junto al otro en paz y serenidad. Don Germano al ver al papa Luciani, su antiguo patriarca, iba a arrodillarse, pero el Papa le obliga a levantarse, le abraza y le besa. Luego siguió un largo coloquio, afectuoso y confidencial. Una pequeña gran confesión con gran franqueza. De este modo me hablaba don Germano en los encuentros que he tenido con él».
Por lo que se refiere a Rosmini, estas son las palabras del papa Luciani: «Don Lorenzo [Milani] y don Primo [Mazzolari] merecen recuperar el lugar que se merecen en la Iglesia y en el corazón de todos aquellos que los han amado. Como también lo merece el abad Antonio Rosmini: un sacerdote que amó a la Iglesia, que sufrió por la Iglesia. Un hombre de vastísima cultura, de íntegra fe cristiana, un maestro de sabiduría filosófica y moral que veía con claridad en las estructuras eclesiales los retrasos y las insuficiencias evangélicas y pastorales de la Iglesia. Quiero encontrar una ocasión para hablar de Antonio Rosmini y de su obra, que he vuelto a leer con atención».
No se puede pasar por alto esta última expresión: «Que he vuelto a leer con atención», donde se confirma su camino en el conocimiento de Rosmini.
La confesión del papa Luciani sigue: «Antes me reuniré con los padres rosminianos y así haremos las paces. Cuando se publicó mi tesis de licenciatura sobre el Origen del alma humana según Antonio Rosmini, algunos de ellos se declararon en desacuerdo con mi pensamiento y mi análisis. Yo deseo que se revise el decreto doctrinal número 10, Post obitum, con el que la Sacra Romana Universal Inquisición condenó las “cuarenta proposiciones” sacadas de los escritos del abad Antonio Rosmini. Lo haremos con calma, pero lo haremos».
Observa monseñor Clemente Riva: «La Providencia quiso que aquel que había estado en total desacuerdo con él fuera, en aquellos días en que decía estas cosas, su obispo auxiliar para su diócesis, Roma […]. Leyendo estas líneas y comparándolas con las otras en las que sostenía que no era posible cambiar el decreto Post obitum, ¡cuánto camino! […]. Estas páginas mías quieren ser un testimonio de la corrección y sinceridad de Albino Luciani: un estudioso serio, que tenía el valor de reconocer lo verdadero y el bien incluso actualizando y modificando sus posturas anteriores. Mirándolo bien, hay un camino de profundización y un desarrollo cultural y teológico en la mente del papa Luciani que le hace honor. De este camino cultural de Albino Luciani surge el valor y el alcance de pensador cristiano del propio Rosmini. Pero el papa Luciani en este camino cultural, teológico y pastoral llegaba a un “proyecto de pontificado” que preveía reformas de la Curia romana y de la Iglesia en el espíritu y la letra del Concilio Vaticano II. Remito sobre este tema de nuevo al estudio del profesor Romeo Cavedo, ya citado: Albino Luciani: proyecto de un pontificado. Estas páginas mías representan un fragmento de “historia de la Iglesia”».


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