China-Vaticano
Esperando a Matteo Ricci
por Gianni Valente

Matteo Ricci
Mientras tanto, como para confirmar que estamos en un momento de impasse, en los últimos meses parecen haberse desacelerado todos los trámites para los nombramientos de nuevos obispos (aunque antes de Navidad don Pablo Meng Ningyou podría ser ordenado obispo coadjutor de la diócesis de Taiyuan). También lleva retraso la convocación de la próxima Conferencia de representantes católicos, la asamblea de delegados de las diócesis registradas en la Administración Estatal de Asuntos Religiosos, que se reúne periódicamente para distribuir los cargos en los organismos oficiales de la Iglesia China, incluido el Colegio de Obispos (órgano no reconocido por la Santa Sede, que engloba a todos los obispos chinos reconocidos por el gobierno). Liu Bainian quisiera que fuera elegido como presidente de los obispos chinos el controvertido Ma Yinglin. Pero todos saben que el experimentado sensus fidei de los católicos chinos –obispos, sacerdotes, religiosos, laicos– no aceptaría la guía de un obispo consagrado sin mandato apostólico. Y precisamente las maniobras políticas que se están llevando a cabo entorno a Ma Yinglin obstaculizan la posibilidad de que su petición de reconocimiento por parte de la Santa Sede sea recibida con rapidez.
En la fase de incertidumbre tienen cabida iniciativas individuales o de grupo que pueden ofrecer nuevos motivos para el diálogo abierto entre China y la Santa Sede. Como la misa en italiano celebrada por un sacerdote chino el 26 de octubre en la Catedral de Shangai, por iniciativa de la comunidad italiana local, con la aportación de un coro de shangaieses que cantó también himnos marianos populares como Mira a tu pueblo. O como el simposio académico sobre las religiones del mundo contemporáneo que se desarrolló en Pekín del 14 al 17 de octubre, en el que miembros de la Academia china de las Ciencias discutieron en total libertad junto a estudiosos italianos de la Universidad de Macerata y de la Universidad Católica de Milán. El simposio –en el que participó el obispo de Macerata, Claudio Giuliodori– brindó también la oportunidad de intercambiar ideas sobre las iniciativas que se preparan para la celebración de los cuatrocientos años de la muerte de Matteo Ricci. El aniversario del dies natalis del gran jesuita, muerto en 1610, ofrecerá de nuevo a la Sede apostólica la ocasión para reafirmar que «tampoco la Iglesia católica de hoy le pide a China y a sus autoridades políticas ningún privilegio, sino únicamente poder reanudar el diálogo, para llegar a una relación basada en el respeto recíproco y el conocimiento profundo» (Juan Pablo II, mensaje al congreso “Matteo Ricci: por un diálogo entre China y Occidente”, 24 de octubre de 2001).