«El futuro es de Dios, de nada vale agitarse»
Entrevista con monseñor Paul Youssef Matar, arzobispo de Beirut de los Maronitas
Entrevista a Paul Youssef Matar por Davide Malacaria y Lorenzo Biondi
Monseñor Paul Youssef Matar recibió la ordenación sacerdotal en 1965; en 1991 fue nombrado obispo de Tarso de los Maronitas y,
desde 1996, es el arzobispo maronita de Beirut.
![El arzobispo Paul Youssef Matar <BR>[© Lorenzo Biondi]](/upload/articoli_immagini_interne/1285944734989.jpg)
Su país ha vivido en el pasado choques sangrientos entre cristianos y musulmanes. ¿Cuál es la situación actual?
La historia de la convivencia entre cristianos y musulmanes en Líbano no está hecha solo de conflictos, sino de vida en común, de aldeas donde los cristianos y musulmanes viven juntos desde el nacimiento del islam. Las rivalidades han existido y seguirán existiendo: hay conflictos dentro de las familias, entre padre, madre e hijos. Sabemos por el Evangelio que los hijos se vuelven contra los padres y los padres contra los hijos, y que la redención del Señor hallará la manera de reconciliar a las generaciones. Esto sucederá también en nuestro país... En Líbano hay una experiencia desconocida en Europa. Allí los musulmanes son extranjeros, mientras que los cristianos son naturales del lugar. En otras regiones, como en Arabia Saudí, los cristianos son extranjeros y los musulmanes de casa. En Líbano cristianos y musulmanes son hijos de la misma tierra. Estamos todos en nuestra casa, cristianos y musulmanes. Hablamos el mismo idioma, tenemos una historia común; tenemos dos religiones distintas, pero es interesante recorrer la historia de cómo las dos se han aceptado recíprocamente. La dificultad no reside en estar juntos, sino en gobernar: los conflictos no son religiosos, sino políticos. En la historia cristiana hubo cruzadas, en las que los cristianos se quisieron imponer sobre los musulmanes, así como a veces, en el pasado, los musulmanes se han querido imponer sobre los cristianos. Ha habido conflictos, pero hoy intentamos superarlos y buscar la manera de compartir la responsabilidad del poder. Hemos escrito la primera página, ojalá podamos seguir en esta dirección.
En su país los cristianos se reconoce en dos partidos diferentes, uno está en el gobierno y el otro en la oposición, los dos aliados con partidos islámicos...
En Italia unos apoyan a la derecha, otros a la izquierda: es la vitalidad de la política. Es algo bueno mientras nadie persiga a la Iglesia. Si hay ideas diversas, lo esencial es aceptarse recíprocamente y confrontarse mediante las elecciones. Por desgracia a veces el reconocimiento recíproco ha caído en el olvido: pienso en lo que ocurrió durante la guerra civil. Pero también hay violencia en otras partes. Los alemanes son cristianos bautizados, y, sin embargo, hicieron la guerra a Europa. ¿Y quién trajo la paz? Benedicto XV... Creo que el Papa actual eligió el nombre de Benedicto XVI por esto: para recordarle a la Europa cristiana sus responsabilidades.
Durante estos años se han leído los acontecimientos internacionales a la luz del “choque de civilizaciones”. ¿Qué ha comportado esto para las Iglesias cristianas de Oriente?
Los cristianos de Oriente hemos padecido dos veces. Hemos sufrido a causa de las cruzadas, por las represalias siguientes a la toma de Jerusalén en 1099. Y hemos sufrido por el imperialismo europeo y americano, porque los musulmanes han pensado que era un imperialismo cristiano. El oficial inglés que ocupó por primera vez Palestina exclamó: «Saladino, hemos vuelto»... Los cristianos orientales estamos aquí para decir que somos hijos de esta tierra. Somos las Iglesias orientales, no el caballo de Troya de Occidente. Tenemos afinidades culturales y religiosas con Occidente, pero somos orientales. Los musulmanes son nuestros hermanos y, juntos, tratamos de resolver los problemas comunes. Si existe un “choque de civilizaciones”, se trata de un “choque” político, no religioso. No hay que “usar” la religión, sino comprometerse para comprender la religión del otro. El islam no incita al crimen ni a matar al prójimo, y el Corán tiene muchos pasajes que invitan a la misericordia: hay que valorizarlos y crear una civilización de la aceptación recíproca. Es trabajo para las universidades, para la opinión pública... En realidad la historia internacional ha seguido otro camino respecto al conjeturado por el “choque de civilizaciones”. Se pensaba en un mundo dividido por naciones y religiones, pero hoy el mundo está mezclado. Es un mundo nuevo. Y la Iglesia, en el tercer milenio, no ha acabado su tarea. Tengo la impresión de que si el primer milenio fue el tiempo de la Iglesia en Oriente Próximo y en Europa, el segundo milenio el de la Iglesia en América y en África, el tercer milenio puede ser el de Asia, donde vive más de la mitad de la población mundial. El Asia que no conoce a Cristo, donde los cristianos son minoría, pero tienen responsabilidades. Está la China de las dos Iglesias, la oficial y la subterránea... De todos modos, el futuro es de Dios, de nada vale agitarse.
Palestina está en una situación trágica...
Hay que crear dos Estados, no hay otra solución. Es preciso que los israelíes acepten vivir con los otros. Por lo demás, nunca han estado solos: desde los tiempos del rey David estaban los filisteos y otros pueblos. En Israel vive un millón de palestinos, otros dos o tres millones viven entre Gaza y Cisjordania. Deseo que los dos pueblos estén dispuestos a la paz. A veces los árabes no han estado dispuestos: querían arrojar a los israelíes al mar. A veces, en cambio, han sido los israelíes los que querían echar a los palestinos al desierto... La solución es que ninguno de los dos pueblos aplaste al otro, sino que se consiga vivir juntos... Esperemos...
Benedicto XVI, sobre todo en los últimos tiempos, se ha prodigado en gestos de distensión hacia el islam. ¿Se percibe esta atención en el mundo musulmán?
Sí. El gesto más visible fue la visita del rey saudí al Papa. El rey saudí es el “príncipe de los creyentes”, el custodio de la Meca. Además: el Papa ha enviado un nuncio apostólico a Kuwait y al Golfo Pérsico. También es verdad que los sacerdotes viven una situación difícil en Arabia Saudí, pero se trabaja para mejorar las cosas; tengamos paciencia hasta que las aguas se vuelvan más tranquilas. Los musulmanes no tienen dificultades con el Papa, sino con políticos cristianos, que de pertenencia son cristianos, pero que actúan contra el cristianismo. El cristianismo presupone los derechos de los pueblos... Piensen en los palestinos, por poner un ejemplo: su problema sigue sin solucionarse y los musulmanes piensan que si Occidente fuera más decidido todo se resolvería. Creo que hay que disipar un equívoco de fondo: no es Europa la que es cristiana, Europa es un continente en el que viven cristianos. Esperemos que también los cristianos de Occidente asuman sus responsabilidades: si los cristianos de Occidente se comportan mal en estas tierras, somos nosotros los que pagamos por ellos.
En octubre se celebrará en Roma la Asamblea especial del Sínodo de los obispos para Oriente Medio. ¿Cuáles son sus deseos?
Deseamos una reflexión de las Iglesias orientales, en especial sobre cuál es su misión en Oriente Medio, cuál es su testimonio. Los cristianos en Oriente son un número pequeño en medio de la masa musulmana. A veces hay quien dice: somos minoría, ¿para qué quedarnos? Vámonos a Europa o América. O también, si nos quedamos aquí corremos el peligro de aislarnos. Pero nuestra misión es ser la levadura en la harina, trabajar por toda la sociedad. Espero que los cristianos comprendan, a través del Sínodo, que el Señor les pide llevar en el corazón –incluso en medio de las dificultades– las aspiraciones del hombre musulmán; de trabajar por la dignidad y la liberación del hombre musulmán. Espero que también para los musulmanes el Sínodo sea una ocasión para reconocer la presencia cristiana en Oriente como una riqueza. Y comprendan que si los cristianos abandonan Oriente Medio la región se volverá un poco más pobre humanamente.
![El arzobispo Paul Youssef Matar <BR>[© Lorenzo Biondi]](/upload/articoli_immagini_interne/1285944734989.jpg)
El arzobispo Paul Youssef Matar
[© Lorenzo Biondi]
La historia de la convivencia entre cristianos y musulmanes en Líbano no está hecha solo de conflictos, sino de vida en común, de aldeas donde los cristianos y musulmanes viven juntos desde el nacimiento del islam. Las rivalidades han existido y seguirán existiendo: hay conflictos dentro de las familias, entre padre, madre e hijos. Sabemos por el Evangelio que los hijos se vuelven contra los padres y los padres contra los hijos, y que la redención del Señor hallará la manera de reconciliar a las generaciones. Esto sucederá también en nuestro país... En Líbano hay una experiencia desconocida en Europa. Allí los musulmanes son extranjeros, mientras que los cristianos son naturales del lugar. En otras regiones, como en Arabia Saudí, los cristianos son extranjeros y los musulmanes de casa. En Líbano cristianos y musulmanes son hijos de la misma tierra. Estamos todos en nuestra casa, cristianos y musulmanes. Hablamos el mismo idioma, tenemos una historia común; tenemos dos religiones distintas, pero es interesante recorrer la historia de cómo las dos se han aceptado recíprocamente. La dificultad no reside en estar juntos, sino en gobernar: los conflictos no son religiosos, sino políticos. En la historia cristiana hubo cruzadas, en las que los cristianos se quisieron imponer sobre los musulmanes, así como a veces, en el pasado, los musulmanes se han querido imponer sobre los cristianos. Ha habido conflictos, pero hoy intentamos superarlos y buscar la manera de compartir la responsabilidad del poder. Hemos escrito la primera página, ojalá podamos seguir en esta dirección.
En su país los cristianos se reconoce en dos partidos diferentes, uno está en el gobierno y el otro en la oposición, los dos aliados con partidos islámicos...
En Italia unos apoyan a la derecha, otros a la izquierda: es la vitalidad de la política. Es algo bueno mientras nadie persiga a la Iglesia. Si hay ideas diversas, lo esencial es aceptarse recíprocamente y confrontarse mediante las elecciones. Por desgracia a veces el reconocimiento recíproco ha caído en el olvido: pienso en lo que ocurrió durante la guerra civil. Pero también hay violencia en otras partes. Los alemanes son cristianos bautizados, y, sin embargo, hicieron la guerra a Europa. ¿Y quién trajo la paz? Benedicto XV... Creo que el Papa actual eligió el nombre de Benedicto XVI por esto: para recordarle a la Europa cristiana sus responsabilidades.
Durante estos años se han leído los acontecimientos internacionales a la luz del “choque de civilizaciones”. ¿Qué ha comportado esto para las Iglesias cristianas de Oriente?
Los cristianos de Oriente hemos padecido dos veces. Hemos sufrido a causa de las cruzadas, por las represalias siguientes a la toma de Jerusalén en 1099. Y hemos sufrido por el imperialismo europeo y americano, porque los musulmanes han pensado que era un imperialismo cristiano. El oficial inglés que ocupó por primera vez Palestina exclamó: «Saladino, hemos vuelto»... Los cristianos orientales estamos aquí para decir que somos hijos de esta tierra. Somos las Iglesias orientales, no el caballo de Troya de Occidente. Tenemos afinidades culturales y religiosas con Occidente, pero somos orientales. Los musulmanes son nuestros hermanos y, juntos, tratamos de resolver los problemas comunes. Si existe un “choque de civilizaciones”, se trata de un “choque” político, no religioso. No hay que “usar” la religión, sino comprometerse para comprender la religión del otro. El islam no incita al crimen ni a matar al prójimo, y el Corán tiene muchos pasajes que invitan a la misericordia: hay que valorizarlos y crear una civilización de la aceptación recíproca. Es trabajo para las universidades, para la opinión pública... En realidad la historia internacional ha seguido otro camino respecto al conjeturado por el “choque de civilizaciones”. Se pensaba en un mundo dividido por naciones y religiones, pero hoy el mundo está mezclado. Es un mundo nuevo. Y la Iglesia, en el tercer milenio, no ha acabado su tarea. Tengo la impresión de que si el primer milenio fue el tiempo de la Iglesia en Oriente Próximo y en Europa, el segundo milenio el de la Iglesia en América y en África, el tercer milenio puede ser el de Asia, donde vive más de la mitad de la población mundial. El Asia que no conoce a Cristo, donde los cristianos son minoría, pero tienen responsabilidades. Está la China de las dos Iglesias, la oficial y la subterránea... De todos modos, el futuro es de Dios, de nada vale agitarse.
Palestina está en una situación trágica...
Hay que crear dos Estados, no hay otra solución. Es preciso que los israelíes acepten vivir con los otros. Por lo demás, nunca han estado solos: desde los tiempos del rey David estaban los filisteos y otros pueblos. En Israel vive un millón de palestinos, otros dos o tres millones viven entre Gaza y Cisjordania. Deseo que los dos pueblos estén dispuestos a la paz. A veces los árabes no han estado dispuestos: querían arrojar a los israelíes al mar. A veces, en cambio, han sido los israelíes los que querían echar a los palestinos al desierto... La solución es que ninguno de los dos pueblos aplaste al otro, sino que se consiga vivir juntos... Esperemos...
Benedicto XVI, sobre todo en los últimos tiempos, se ha prodigado en gestos de distensión hacia el islam. ¿Se percibe esta atención en el mundo musulmán?
Sí. El gesto más visible fue la visita del rey saudí al Papa. El rey saudí es el “príncipe de los creyentes”, el custodio de la Meca. Además: el Papa ha enviado un nuncio apostólico a Kuwait y al Golfo Pérsico. También es verdad que los sacerdotes viven una situación difícil en Arabia Saudí, pero se trabaja para mejorar las cosas; tengamos paciencia hasta que las aguas se vuelvan más tranquilas. Los musulmanes no tienen dificultades con el Papa, sino con políticos cristianos, que de pertenencia son cristianos, pero que actúan contra el cristianismo. El cristianismo presupone los derechos de los pueblos... Piensen en los palestinos, por poner un ejemplo: su problema sigue sin solucionarse y los musulmanes piensan que si Occidente fuera más decidido todo se resolvería. Creo que hay que disipar un equívoco de fondo: no es Europa la que es cristiana, Europa es un continente en el que viven cristianos. Esperemos que también los cristianos de Occidente asuman sus responsabilidades: si los cristianos de Occidente se comportan mal en estas tierras, somos nosotros los que pagamos por ellos.
En octubre se celebrará en Roma la Asamblea especial del Sínodo de los obispos para Oriente Medio. ¿Cuáles son sus deseos?
Deseamos una reflexión de las Iglesias orientales, en especial sobre cuál es su misión en Oriente Medio, cuál es su testimonio. Los cristianos en Oriente son un número pequeño en medio de la masa musulmana. A veces hay quien dice: somos minoría, ¿para qué quedarnos? Vámonos a Europa o América. O también, si nos quedamos aquí corremos el peligro de aislarnos. Pero nuestra misión es ser la levadura en la harina, trabajar por toda la sociedad. Espero que los cristianos comprendan, a través del Sínodo, que el Señor les pide llevar en el corazón –incluso en medio de las dificultades– las aspiraciones del hombre musulmán; de trabajar por la dignidad y la liberación del hombre musulmán. Espero que también para los musulmanes el Sínodo sea una ocasión para reconocer la presencia cristiana en Oriente como una riqueza. Y comprendan que si los cristianos abandonan Oriente Medio la región se volverá un poco más pobre humanamente.