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REPORTAJE SOBRE EL...
Sacado del n. 01/02 - 2009

Entrevista con Rémi Brague

Bautizados. No militantes


«Veo que se está llevando a cabo un fuerte proceso de clericalización». Si pienso en los años cincuenta y sesenta, estaban Gilson, Maritain. También estaban Claudel, Mauriac... Hombres libres como Gilson, Maritain... ya no existen en la vida cultural. Cuando los medios de comunicación tienen que hablar de la Iglesia, le hacen preguntas a algún eclesiástico»


Entrevista a Rémi Brague por Gianni Valente


Si hay algo por lo que le está agradecido a Dios, es por no ser un intelectual de corte. Sobre todo de corte eclesiástica. También por eso Rémi Brague, profesor de Filosofía Medieval en la Sorbona y en la Ludwig-Maximilians-Universität de Múnich, lo tiene fácil a la hora de desmantelar con nonchalance clichés consolidados. Diciendo cosas sencillas y claras que valen en Francia, pero también en muchos otros lugares.

Rémi Brague [© Romano Siciliani]

Rémi Brague [© Romano Siciliani]

Profesor, ¿cómo está la Iglesia en Francia? Hay quienes dicen que está muerta, y quienes dicen que va todo bien.
RÉMI BRAGUE: El problema es que también en Francia durante decenios se ha confundido e identificado a los cristianos con los militantes, a los bautizados con los grupos de presión. Lo que dicen los grupos de presión se presenta como la voz de la Iglesia y del pueblo cristiano. Los discursos y las consignas de estos lobbies siguen inundando los medios de comunicación, con una especie de juego de espejos: los medios de comunicación no interpelan más que a los representantes de estos grupos de presión, que a su vez responden según el guión ya predispuesto para ellos en la narración mediática de la realidad.
Pero más allá de las siglas y sus historias, ¿cómo es realmente la situación?
BRAGUE: La realidad efectiva de las cosas es quizá más grave de lo que dicen ciertos grupos de presión –que siempre tienden a celebrarse como lugares “Potëmkin”, lugares de cartón piedra donde se dice que todo va a la perfección– pero al mismo tiempo es menos grave de como a veces la describen los medios de comunicación, que a veces por pereza siguen repitiendo que en Francia el cristianismo ha terminado. Yo no me inquieto demasiado. Lo decían ya en sus conversaciones los filósofos e intelectuales del siglo XVIII. Hemos oído el mismo erre que erre durante todo el siglo XIX.
El cardenal Danneels, hablando precisamente de la visita del Papa a Francia, retomó la definición de “chrétiens ordinaires”, diciendo que «El cristianismo será “genérico” o no será».
BRAGUE: Yo frecuento sobre todo ambientes intelectuales y académicos, y por eso vivo como dentro de una burbuja. Creo que es innegable el descenso de las prácticas más sencillas de la vida cristiana, pese al gran trajín y las buenas cualidades de muchos curas buenos. Precisamente la clase intelectual de la que formo parte debería darse golpes de pecho, por la soberbia con que en tantas situaciones se ha burlado de la fe apostólica confesada con sencillez por tantos cristianos “ordinarios”.
A veces parece que el testimonio cristiano es cuestión de “protagonismo” eclesial.
BRAGUE: Veo en este momento un fuerte proceso de clericalización. Si pienso en los años cincuenta y sesenta, estaban Gilson, Maritain. Estaba también Claudel, estaba Mauriac... Hombres libres así ya no existen en la vida cultural francesa. Cuando los medios de comunicación deben hablar de la Iglesia, le hacen preguntas a algún eclesiástico. La Iglesia queda identificada con el clero. Así parece que los obispos y los cardenales son los portavoces de una empresa. En lo que está de su mano, hacen incluso bien su trabajo, pero el problema es que no es su trabajo. Las Conferencias episcopales tienen la propensión de ocuparse de cuestiones que no les afectan, sobre las que no tienen ningún título ni competencia. Una cosa positiva es que los jóvenes sacerdotes me parecen más libres de complejos. Me parece que no pierden demasiado tiempo en plantearse cuestiones retorcidas y ociosas sobre cómo “tomar posición” frente a todo. Viven sin complejos, quizá incluso demasiado tranquilos, pero de todos modos me alegra verlos así, no tensos, avanzando con serenidad con lo poco que tienen, en tiempos de penuria.
También en Francia ha dado que discutir el levantamiento de la excomunión a los lefebvrianos. Usted es el segundo firmante de la petición al Papa lanzada por el semanario católico La Vie ya el 27 de enero, en la que se pedía tomar la mayor distancia posible de las teorías negacionistas de Williamson.
BRAGUE: Considero totalmente positiva la decisión del Papa de revocar la excomunión. A los lefebvrianos les dijo: las puertas están abiertas, si queréis entrar. La historia de Francia demuestra que es mejor reabsorber las heridas mientras se está a tiempo, porque luego podrían enconarse. Aquí hay muchos pequeños cismas. En Lyon y en el Charolais todavía están los seguidores de la Petite Église, la pequeña Iglesia cismática nacida de los obispos que rechazaron el Concordato de 1801. Y están también los viejos católicos, nacidos del cisma que rechazó la infalibilidad pontificia tal y como había quedado definida en el Concilio Vaticano I. He firmado la petición porque temía –era fácil de prever– que inmediatamente se hubiera podido producir un terrible cortocircuito, que los medios de comunicación hubieran podido presentar las cosas como si el Papa flirtease con los negacionistas.
Pablo VI y Jacques Maritain

Pablo VI y Jacques Maritain

¿Qué opinión le merecen las reacciones más críticas a la decisión del Papa?
BRAGUE Muchos consideran ya a la Iglesia como un partido, y reclaman que la línea del partido-Iglesia sea bien firme. Pero la Iglesia son personas, no es un partido ni una empresa de servicios. Quizá esta tolerancia hacia personas ligadas a la sensibilidad litúrgica de antes del Concilio se comprendería mejor en las intenciones del Papa si, por así decir, se relativizara, mostrando que la misma apertura y disponibilidad vale también hacia otras situaciones y otras realidades, como la de los obispos chinos que durante decenios han tenido que convivir con un régimen hostil, y merecen respeto por eso, y no sospechas.
En definitiva, el eventual regreso a la comunión con Roma de los lefebvrianos, ¿no comportará un revival en clave posmoderna de las nostalgias de ancien régime?
BRAGUE: Yo creo que siempre hay que tener presente con gratitud las distinciones tradicionales entre política y religión, Iglesia y poder civil. La mitización de la obre cómo imaginar la relación entre la Iglesia y el mundo.
BRAGUE: Sobre este punto hay que tener bien presente una cosa: no se puede pedir a los cristianos que hagan cosas que sean buenas solo para los cristianos. Los cristianos están sometidos a la ley moral como todos los demás. No hay prohibiciones alimentarias específicas para los cristianos, o vestidos hechos aposta para los cristianos. Y el cristianismo no desea el bien del cristianismo. Desea el bien de cada hombre. Incluso del no cristiano. Antes de que sea cristiano. Y esperando que lo sea.


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