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IGLESIA
Sacado del n. 01/02 - 2009

VATICANO. Habla el cardenal Antonio Cañizares Llovera

«Busco siempre el encuentro y el diálogo»


Entrevista al nuevo prefecto de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los sacramentos: los estudios de liturgia, su experiencia de obispo, la relación con el Gobierno español, el Concilio Vaticano II y el levantamiento de la excomunión de los lefebvrianos


Entrevista al cardenal Antonio Cañizares Llovera por Gianni Cardinale


El cardenal Antonio Cañizares Llovera, español de la región valenciana, que cumplirá 64 años en octubre, es el nuevo prefecto de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los sacramentos. Con él España vuelve a tener un jefe de dicasterio en la Curia romana. De carácter afable, aunque con fama de “duro”, el purpurado nos recibe en las oficinas que se asoman a la plaza de San Pedro. Antes de llegar a Roma el cardenal fue obispo de Ávila, luego de Granada y, últimamente, de Toledo. Fue también vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española. El hecho de que ahora su residencia esté en la Urbe no le impide mantener un vínculo fuerte con su país. Es uno de los motivos por los que ha aceptado escribir semanalmente para el diario madrileño La Razón.

El cardenal Cañizares Llovera durante la bendición eucarística al final de la procesión del Corpus Christi por las calles de Toledo [© Agencia Efe]

El cardenal Cañizares Llovera durante la bendición eucarística al final de la procesión del Corpus Christi por las calles de Toledo [© Agencia Efe]

Eminencia, el pasado 9 de diciembre el Papa le nombró prefecto de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los sacramentos. Desde hacía tiempo se hablaba de esta convocación a Roma…
ANTONIO Cañizares Llovera: Sí. Se había convertido casi en una persecución, no podía presentarme en público y ya estaban los periodistas, y no sólo ellos, preguntándome: ¿cuándo sale hacia Roma? Pero eran “rumores”. Y tales siguieron siendo hasta que el Papa me comunicó su decisión durante la audiencia que me concedió el 20 de noviembre de 2008.
El nombramiento fue publicado el día en que la Iglesia celebra a santa Leocadia de Toledo. No fue una casualidad…
Cañizares Llovera: No, claro que no. Fue un homenaje a esta joven mártir del siglo IV, martirizada durante la terrible persecución de Diocleciano, que es también la protectora de la juventud toledana. Qué bien para Toledo que el nombramiento fuera anunciado ese día: porque era una joven testigo de la oración y de la caridad. Pero el 9 de diciembre también es el día de san Juan Diego, a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe. Es un día importante para toda América Latina y, por tanto, también para España.
¿Cómo afronta el nuevo cargo? ¿Tiene estudios de Liturgia?
Cañizares Llovera: Desde los comienzos de mi formación sacerdotal la liturgia me ha apasionado siempre. Antes de la tesis doctoral en Teología pastoral y catequética estudié la Sagrada Escritura en el triduo de la liturgia hispánica. Como sacerdote enseñé Liturgia y Catequesis. Como obispo, primero en Ávila, luego en Granada y por último en Toledo, una de mis preocupaciones principales era que en las diócesis que el Señor me había confiado se celebrase en todas partes la liturgia eucarística con sobriedad y belleza, respetando siempre las normas establecidas por la Iglesia. La misa es realmente la fuente y la culminación de la vida –como nos recuerda el Concilio Vaticano II–, y por esto no puede celebrarse de manera indigna. La Eucaristía es de verdad el corazón de la Iglesia, de modo que la adoración eucarística, dentro de la celebración litúrgica y no solo dentro de ella, es una acción decisiva para la vida de nuestras comunidades.
Su formación sacerdotal maduró a caballo de los años del Concilio...
Cañizares Llovera: Efectivamente, entré en el seminario diocesano de Valencia en 1961, con 16 años, luego desde 1964 a 1968 estudié en la Universidad Pontificia de Salamanca donde obtuve la licenciatura. En 1970 fui ordenado sacerdote y el año siguiente me doctoré, por la misma universidad, en Teología con especialidad en Catequesis.
Así que usted es el primer prefecto de la Congregación para el Culto divino que celebró inmediatamente con el Novus Ordo postconciliar...
Cañizares Llovera: Evidentemente así es. Celebré con el Misal de 1962 sólo recientemente, en 2007, cuando ordené a dos sacerdotes del Instituto Cristo Rey de Gricigliano, cerca de Florencia.
¿Qué recuerda de aquella fase de reforma litúrgica?
Cañizares Llovera: Creo que era necesario ahondar y renovar la liturgia. Pero por cómo la he vivido yo no ha sido una operación perfectamente lograda. La primera parte de la constitución Sacrosanctum Concilium no ha hecho mella en el corazón del pueblo cristiano. Ha habido un cambio en las formas, una reforma, pero no una renovación verdadera como pide la Sacrosanctum Concilium. A veces se han hecho cambios por el mero gusto de cambiar respecto de un pasado percibido como algo totalmente negativo y superado. A veces se ha concebido la reforma como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la Tradición. De aquí todos los problemas suscitados por los tradicionalistas ligados al rito de 1962.
¿Se ha tratado, entonces, de una reforma que, en los hechos, no ha respetado plenamente los dictados conciliares?
Cañizares Llovera: Más bien diría que ha sido una reforma que ha sido aplicada y sobre todo ha sido vivida como un cambio absoluto, como si se debiera abrir una zanja entre el antes y el después del Concilio, en un contexto en que el término “preconciliar” era usado como insulto.
La verdad es que también hoy se usa así normalmente. De todos modos, cuando se hizo público su nombramiento algunos describieron su evolución teológica como una trayectoria que comenzó con posturas más bien progresistas y ha desembocado en actitudes conservadoras. En la práctica el mismo itinerario que se le “imputa” al papa Benedicto. ¿Se reconoce usted en esta descripción?
Cañizares Llovera: En 1967, cuando estudiaba para sacerdote, leí un artículo del entonces profesor Joseph Ratzinger sobre la renovación de la Iglesia después del Concilio, artículo que ponía en guardia ueño Ratzinger”. ¿Qué efecto le causa este epíteto?
Cañizares Llovera: Bah [sonríe, n. de la r.], será porque los dos somos canosos... Quizás el mote nació cuando, entre 1985 y 1992, fui secretario de la Comisión episcopal para la Doctrina de la fe. Para mí, por supuesto, ha sido siempre un grandísimo honor ser comparado con el cardenal Ratzinger, con mayor razón hoy. Que quede claro que no me considero digno. Non sum dignus. Sinceramente.
El transparente (1730), altar del escultor Narciso Tomé en la Catedral de Toledo, España
[© Lessing Photo/Contrasto]

El transparente (1730), altar del escultor Narciso Tomé en la Catedral de Toledo, España [© Lessing Photo/Contrasto]

¿Cuándo lo conoció usted personalmente?
Cañizares Llovera: En 1987, durante una reunión de los presidentes de las Comisiones episcopales europeas para la Doctrina de la fe. Luego este trato pudo profundizarse gracias a mi colaboración en la redacción del Catecismo de la Iglesia católica publicado en 1992, y a su traducción al español. Y, por último, con mi nombramiento como miembro de la Congregación para la Doctrina de la fe.
Otro aspecto que la prensa ha evidenciado es el de su actitud hacia el actual Gobierno español. Lo han definido como un “anti-Zapatero de hierro”...
Cañizares Llovera: Por favor. Yo no estoy en contra de nadie, por definición. No es mi manera de ser. Además, pienso que pocos obispos tienen una relación más estrecha con el Gobierno de España que yo. Lo demuestran, por ejemplo, las relaciones cordiales con la vicepresidenta socialista María Teresa Fernández de la Vega, y con el responsable del gobierno socialista de Castilla-La Mancha, donde está Toledo. Y también con los gobiernos socialistas de Andalucía, cuando era arzobispo de Granada, tenía buenas relaciones. Al igual que soy muy amigo de muchos exponentes del Partido Popular, desde que era obispo de Ávila –cuyo alcalde, Ángel Acebes, era de ese Partido– y cuando era sacerdote en Valencia [fortaleza del PP, n. de la r.]. No soy un hombre de oposición porque me guste llevar la contraria y hacer la “guerra”. Busco siempre el encuentro y el diálogo. Lo cual no me impide, repito, decir abiertamente lo que mi conciencia de cristiano y mi deber de pastor de la Iglesia me obligan a decir.
Efectivamente su voz se ha levantado varias veces para criticar las iniciativas del Gobierno…
CAÑIZARES LLOVERA: Como obispo tengo un deber especial para con los fieles y todos los españoles. Tengo el deber de defender los derechos de los más débiles, como son los no nacidos; tengo el deber de defender el matrimonio tal y como lo contempla la ley natural; tengo el deber de defender la libertad religiosa, la libertad de los padres de educar a sus hijos según sus propios principios, la libertad de la Iglesia. Como ve, se trata de promover los grandes “síes” a la vida y a la familia, como nos lo pide el Evangelio de Jesús. Para el bien del hombre y de toda la sociedad. No queremos imponer nada. Sólo queremos tener la libertad de proponer. Nos gusta la libertad. Sin la libertad una sociedad no tiene futuro. El peligro de hoy es que se anule esta libertad.
¿En qué sentido?
CAÑIZARES LLOVERA: La libertad no es posible sin la verdad y sin la razón. El peligro de hoy es querer separar la libertad de la verdad. En este sentido puede ser que algunas afirmaciones mías hayan sido percibidas como críticas contra algunas medidas del Gobierno. Pero en estas cuestiones la Iglesia no puede callar. Traicionaría a Jesús. Somos su Iglesia y no podemos ir en contra de lo que él dijo y contra los mandamientos de Dios. Debemos respetar el poder constituido, nos lo recuerdan varias veces las cartas de san Pedro y de san Pablo, pero no por ello se puede encadenar nuestra palabra sobre cuestiones centrales que conciernen a la fe y la moral. Espero que haya sido claro.
Así que no es verdad –como han escrito– que ha sido transferido usted a Roma para hacerle un favor al Gobierno español molesto por su actitud crítica.
CAÑIZARES LLOVERA: No tiene nada que ver con la realidad. Además, también han escrito lo contrario. Mi llegada a Roma no tiene nada que ver con la cuestión de las relaciones Estado-Iglesia en España. Absolutamente nada.
Usted es también miembro de la Comisión Pontificia «Ecclesia Dei». ¿Qué opina del motu proprio Summorum Pontificum?
Cañizares Llovera: Aunque algunos lo hayan recibido con malhumor, ha sido un gesto de extraordinario sentido común eclesial. Con el que se ha reconocido como plenamente válido un rito que ha alimentado espiritualmente a la Iglesia latina durante más de cuatro siglos. Creo que este motu proprio es una gracia que fortalecerá la fe de grupos tradicionalistas que ya están presentes orgánicamente en la Iglesia y ayudará la vuelta de los llamados lefebvrianos… También será una ayuda para todos.
Usted ha tenido contactos con los lefebvrianos: ¿qué piensa del levantamiento de la excomunión de los cuatro obispos y las polémicas posteriores?
Cañizares Llovera: No he tenido contactos con el mundo llamado “lefebvriano”. Respecto al levantamiento de la excomunión lo que pienso es muy sencillo. Ha sido un acto de misericordia gratuita del Santo Padre, para ayudar su plena inserción en la Iglesia católica. Está claro que esto puede suceder sólo después de que reconozcan todo el Magisterio de la Iglesia, incluido el del Concilio Vaticano II y el de los últimos pontífices. Hemos de reconocer que la unidad es inseparable de la cruz.
¿Y respecto a las afirmaciones negacionistas o reduccionistas de la Shoah del obispo Williamson?
Cañizares Llovera: Se trata de despropósitos que el Papa y la Santa Sede han rechazado repetidamente y con firmeza. Espero y rezo para que cuanto antes el interesado las reniegue oficial y claramente. Añado, sin embargo, que no ha sido un bonito espectáculo el modo en que ha sido tratado al Papa, incluso por quienes están dentro de la Iglesia, en todo este asunto. Afortunadamente, por lo menos la Iglesia española publicó un comunicado de apoyo filial a nuestro gran Benedicto XVI.
El cardenal Cañizares Llovera con el presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero el 7 de enero de 2009 [© Agencia Efe]

El cardenal Cañizares Llovera con el presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero el 7 de enero de 2009 [© Agencia Efe]

Volvamos a la liturgia. Como arzobispo de Toledo ha celebrado usted con el antiguo rito mozárabe…
Cañizares Llovera: Efectivamente todos los días en la Catedral de Toledo se celebra misa, y se rezan las laudes, según este antiquísimo rito, que sobrevivió a la reforma tridentina. Hay que recordar –y a algunos quizá no les gusta hacerlo– que el llamado Misal de san Pío V no abolió todos los ritos anteriores. De hecho fueron “salvados” aquellos ritos que contaban con dos siglos de historia por lo menos. Y el rito mozárabe –junto con el rito propio de la orden dominica, por ejemplo– era uno de estos. De modo que después del Concilio de Trento no hubo una uniformidad absoluta en la liturgia de la Iglesia latina.
¿Cuáles son, además de las que ya hemos comentado, las cuestiones que ha de afrontar en esta nueva misión?
Cañizares Llovera: Ayudar a toda la Iglesia a seguir plenamente lo que dice el Concilio Vaticano II en la constitución Sacrosanctum Concilium. Ayudar a comprender plenamente lo que el Catecismo de la Iglesia católica dice respecto a la liturgia. Aprovechar todo lo que el Santo Padre –cuando era el cardenal Joseph Ratzinger– escribió sobre el tema, especialmente en el estupendo libro Introducción al espíritu de la liturgia. Atesorar cómo celebra la liturgia el Santo Padre –coadyuvado por la Oficina de las ceremonias litúrgicas presidida por monseñor Guido Marini–. Las liturgias pontificias fueron siempre, y lo siguen siendo, ejemplares para todo el orbe católico.
En una entrevista concedida en España elogiaba usted la decisión del Papa de distribuir la eucaristía, en las liturgias presididas por él, solo de rodillas y solo en la boca. ¿Se prevén cambios al respecto en la disciplina universal de la Iglesia?
Cañizares Llovera: Como es sabido la actual disciplina universal de la Iglesia prevé como norma que se distribuya la comunión en la boca de los fieles. Existe luego un indulto que permite, a petición de los episcopados, distribuir la comunión también en la palma de la mano. No hay que olvidarlo. El Papa, para dar mayor resalte a la debida reverencia con la que debemos acercarnos al Cuerpo de Jesús, ha querido que los fieles que toman la comunión de sus manos lo hagan de rodillas. Me parece una iniciativa bella y edificante del obispo de Roma. Las normas actuales no obligan a nadie a hacer lo mismo. Pero tampoco lo impiden.
¿Conoce ya Italia y la Curia romana?
Cañizares Llovera: Conozco estas dos realidades menos de lo que debería. Espero ponerme pronto al tanto.
¿Qué impresión tiene desde España de la Iglesia italiana?
Cañizares Llovera: Muy buena. La Iglesia italiana ha sido para nosotros un ejemplo, y también para mí personalmente. Es una Iglesia del pueblo que sabe hablar con claridad y respeto, y que al mismo tiempo desarrolla una gran obra de ayuda a los sectores más necesitados de la sociedad italiana.
Usted tomó posesión de su cargo pocos días después del nombramiento. Pero antes de establecerse en Roma regresó un par de veces a España: mantuvo coloquios con el rey y con el presidente Zapatero y acompañó al secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, durante su visita a Madrid a comienzos de febrero. ¿Cuáles son los temores y las esperanzas para su país?
Cañizares Llovera: Temo que la ola laicista y relativista que inunda la sociedad siga arremetiendo contra principios y valores fundamentales sobre los que se ha construido nuestra nación: la fe católica, la vida, la familia, la educación. Espero y rezo para que la Iglesia sea capaz de presentar a los españoles el rostro auténtico de Jesús, que los españoles abran o vuelvan a abrir su corazón a Jesús que ofrece a todos la esperanza de una vida nueva, más bella y digna de ser vivida. Espero y rezo para que mis compatriotas abran el corazón y la mente a Jesús y no corten las raíces cristianas que son el fundamento de nuestra historia y de la unidad de nuestro país.
Como arzobispo de Granada tuvo la posibilidad de ver de cerca la influencia y la herencia árabe-musulmana en la historia de España. ¿Qué reflexiones hizo al respecto?
Cañizares Llovera: La dominación musulmana duró siglos. Y parecía una cuestión acabada. No le escondo que existe cierta preocupación, porque en el mundo islámico hay quienes quisieran recuperar hoy para el islam nuestras tierras. Quedando salvo que los católicos queremos tener buenas relaciones con todos, incluidos los musulmanes, estos proyectos –que no parecen ser sólo teóricos– como mínimo nos desconciertan.
El cardenal Cañizares Llovera en audiencia con Benedicto XVI el 30 de enero de 2009 [© Osservatore Romano]

El cardenal Cañizares Llovera en audiencia con Benedicto XVI el 30 de enero de 2009 [© Osservatore Romano]

¿Teme por la unidad de su país?
Cañizares Llovera: La unidad de España es un bien moral, prepolítico, constitutivo de nuestra identidad. No es sólo una cuestión política. Esta unidad tiene su origen en el tercer Concilio de Toledo del 589, cuando el rey visigodo Recaredo se convirtió a la verdadera fe y abandonó el arrianismo, favoreciendo así una plena amalgama entre las componentes latina y germánica de la población. El cardenal Ratzinger lo recordó en una conferencia en la que dijo que el Concilio de Toledo fue de algún modo también el acto de fundación de Europa. Por esto pienso que la unidad de España es un bien no negociable.
Pero en el episcopado español hay al respecto sensibilidades distintas por parte de los prelados de las regiones más autonomistas…
Cañizares Llovera: La Conferencia Episcopal Española ha aprobado un documento que considera la unidad del país como un bien moral. Y lo hizo con un voto muy claro.
¿Qué piensa de la causa de beatificación de Isabel la Católica?
Cañizares Llovera: Isabel la Católica fue una mujer de gran fe, una esposa ejemplar, una reina con un celo apostólico único, una gran cristiana. Autorizó el viaje de Colón con la condición de que las tierras que descubriera fueran evangelizadas. Creo y espero que cuanto antes pueda subir al honor de los altares. Confieso que cuando era arzobispo de Granada iba a menudo, especialmente cuando tenía que afrontar algún problema importante, a rezar ante la tumba de Isabel la Católica que se halla en la Catedral, y siempre he sentido su ayuda.
En una entrevista al periódico La Razón dijo que la última película que había visto era La vida es bella de Roberto Benigni.
Cañizares Llovera: Es una película muy hermosa, abierta a la vida y a la esperanza. La verdad es que es la cuarta vez que la veo. Y cada vez me conmuevo más. La vida es realmente bella porque es un don de Dio.


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