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COLEGIOS ECLESIÁSTICOS DE...
Sacado del n. 04 - 2010

Los historiadores de la vía Giulia


El Centro Superior Español de Estudios Eclesiásticos se encuentra en el corazón de Roma . Desde 1959 se realizan estudios sobre la historia de la Iglesia en España. Los sacerdotes que viven en él se hacen cargo también de la iglesia nacional de Santiago y santa María de Montserrat, punto de referencia de la “colonia” española de Roma y de todas las comunidades hispanoamericanas que carecen de iglesia propia


por Pina Baglioni


Entrada del Palacio de Montserrat, sede del Centro Superior Español de Estudios Eclesiásticos en la vía Giulia, 151 <BR>[© Paolo Galosi]

Entrada del Palacio de Montserrat, sede del Centro Superior Español de Estudios Eclesiásticos en la vía Giulia, 151
[© Paolo Galosi]

Desde la vía de Torre Rossa a la vía Giulia: junto a la Iglesia de Santa Catalina de Siena, en el “Palacio de Montserrat”, en un hermoso palacio de finales del siglo XIX, se encuentra el Centro Superior español de Estudios Eclesiásticos, anexo a Santiago y Santa María de Montserrat, iglesia nacional de España. El Centro es el segundo núcleo eclesiástico de España en Roma. Monseñor José Luis González Novalín, rector del Centro desde 1998, nos recibe en la primera planta del palacio: una concentración de memorias históricas y artísticas de la Iglesia de España en el corazón de Roma. Desfilan una tras otra obras de arte de cierta importancia: las copias de Bernini que hizo el escultor español Felipe Moratilla, las pinturas de José de Madrazo y de su hijo Federico, y los cuadros extraordinarios de Vicente Poveda: el retrato de Pío XI y la representación de la visita del rey Alfonso XIII de Borbón a la Iglesia nacional de España en 1923. Iglesia donde el soberano exiliado en Roma fue enterrado en 1941 precisamente junto a las tumbas de los papas españoles Calixto III y Alejandro VI, antes de regresar definitivamente a su patria y descansar en el monasterio de El Escorial de Madrid, en 1980.
El recorrido continúa hacia el salón de honor, con el enorme retrato de la reina Isabel II de Borbón, a cuya época se remonta la edificación del palacio. «Alrededor de la gran mesa se reunía parte de los obispos españoles que llegaban a Roma para el Concilio Vaticano II», cuenta el rector. «Mientras otros se alojaban en la vía de Torre Rossa y en otros centros hispano-romanos».
Nacido en Oviedo, Asturias, hace ochenta y un años, monseñor Novalín vive en Roma desde hace muchos años. Nada más ser ordenado sacerdote, en 1952, vino a la Urbe una primera vez para estudiar Historia de la Iglesia en la Gregoriana. En aquellos tiempos se alojaba en el Palacio Altemps, la antigua residencia del Pontificio Colegio Español. Luego volvería a Roma más veces, a partir de 1960, una vez al año, como investigador precisamente al Centro de estudios de la vía Giulia, del que fue vicerrector en 1960 y, por fin, rector desde 1998. «Tuve la fortuna de recibir la ordenación con motivo del Congreso eucarístico internacional de Barcelona en junio de 1952», recuerda. «Éramos más de 800 ordenandos aquel día. Como todavía no se acostumbraban las concelebraciones, la ceremonia se desarrolló en Montjuïc, el viejo campo de fútbol de la ciudad, con la presencia de veinte obispos. Cada uno de ellos tenía su propio altar, mientras que el arzobispo de Barcelona celebraba en el principal. En octubre del mismo año estaba ya en Roma».

Dos instituciones en el mismo palacio
Dentro del palacio de la vía Giulia conviven dos instituciones: la Iglesia nacional española y el Centro Superior de Estudios Eclesiásticos. Y los sacerdotes que forman parte del Centro son los mismos que se ocupan de la iglesia. «Toda nuestra historia comienza a finales de la Edad Media», cuenta Novalín. «El siglo XIV es importante para la fundación de iglesias nacionales en Roma: además de la española, se funda, por ejemplo, también San Luis de los Franceses, Santa María del Alma para los alemanes, y San Antonio de los portugueses. Para beneficio de los peregrinos que, en la vida y en la muerte, querían establecer un vínculo duradero con el apóstol Pedro. Y de las iglesias españolas presentes en Roma destacaban Santiago de los Españoles en la plaza Navona, y la nuestra, Santa María de Montserrat. Eran las dos iglesias vinculadas con los dos Reinos principales de la península ibérica: el Reino de Castilla y el Reino de Aragón». La primera, cuyo patrón era Santiago, había sido fundada y mantenida gracias a los legados de los españoles de origen castellano que vivían en Roma y a las donaciones de los príncipes de aquel Reino. Con el objetivo de asistir espiritual y materialmente a sus connacionales. La otra, Santa María de Montserrat, era la iglesia vinculada al Reino de Aragón, punto de referencia de los aragoneses y catalanes. Ambas asistían a grandes masas de peregrinos: la gente llegaba a Roma agotada por el largo viaje o, peor aún, enferma. Hasta el punto de que se hizo necesario crear hospitales anejos a las iglesias.
A principios del siglo XIX, por motivos histórico-políticos, las dos iglesias se unieron en una única iglesia nacional. Y como sede definitiva fue elegida esta de la vía de Montserrat, que entonces asumió el título de Santiago y de Santa María de Montserrat.
Fue entonces cuando, en el área llamada la “isla de Montserrat”, donde algunos ambientes de la antigua institución estaban en un estado de abandono, comienza la edificación del palacio actual, que concluirá en 1862, en la época de la reina Isabel II de Borbón.
Al desaparecer la necesidad de tener en función los hospitales, se comenzó a pensar en la creación del Centro de Estudios Eclesiásticos que será inaugurado luego en la Navidad de 1959, durante el rectorado de monseñor Maximino Romero de Lema, quien después sería secretario de la Congregación para el Clero.

Una sala de lectura de la biblioteca del Centro <BR>[© Paolo Galosi]

Una sala de lectura de la biblioteca del Centro
[© Paolo Galosi]

Don Julián Carrón, una grata presencia
Y desde entonces en la vía Giulia se “producen” esencialmente estudios superiores de ciencias eclesiásticas, relacionados primordialmente con la historia de la Iglesia en España. En Roma los investigadores tienen a su disposición el inmenso patrimonio del Archivo Secreto Vaticano y de todos los demás archivos y bibliotecas eclesiásticos. Investigaciones más recientes, referidas a las relaciones entre la Iglesia y las instituciones civiles, empujan con frecuencia a los investigadores españoles a los archivos y las bibliotecas estatales de Roma. Sin contar que en casa pueden disfrutar de una buena biblioteca especializada en historia de la Iglesia en España y del fondo archivístico de la Obra Pía de los establecimientos españoles en Italia, organismo que apoya las actividades de la institución. «Recibimos a sacerdotes que ya han conseguido la licencia, que son enviados a Roma por sus obispos según las necesidades de las diócesis. A rotación, alojamos a unos quince al mes», sigue explicando monseñor Novalín. «Entre los muchos estudiosos, que ya suman más de 600, recuerdo con gran placer a don Julián Carrón, hoy responsable del movimiento de Comunión y Liberación. Venía aquí un mes al año para preparar sus clases y las distintas publicaciones. Por aquel entonces era profesor de Sagradas Escrituras en la facultad de Teología de San Dámaso de Madrid. Su presencia era especialmente bien recibida por su personalidad».
La actividad intelectual del Centro se refleja sobre todo en sus publicaciones, articuladas en cuatro series: la revista Anthologica Annua, que recoge investigaciones históricas especiales realizadas durante el año; los Monumenta Hispaniae Vaticana, serie sobre los documentos pontificios que atañen a la historia eclesiástica de España; luego están las monografías sobre temas particulares y las ayudas para la invetigación, siempre relacionadas con la vida de la Iglesia española, realizados en algunos fondos de archivos romanos. Los volúmenes de estas cuatro series son más de un centenar. «Por circunstancias especiales, durante los últimos años hemos notado un descenso en los estudios históricos, en detrimento de estas publicaciones. Nuestra intención», dice el rector, «es, de todos modos, dar un nuevo empuje a estos estudios, añadiendo quizás nuevos campos de investigación».
Los sacerdotes de la vía Giulia, que se dedican principalmente al estudio, representan un punto de referencia espiritual para toda la “colonia” española de Roma, «aunque la vida espiritual de nuestros connacionales, gracias a las afinidades lingüísticas y culturales con Italia, se alimenta hoy día también en las parroquias de la Urbe», sigue explicando el rector. «Sin embargo, nos interesa particularmente mantener una vida comunitaria y litúrgica, como conviene a un internado sacerdotal: nos preparamos, sobre todo para las misas de los domingos, y especialmente para la misa solemne de las 10 de la mañana, con homilías oportunas y haciendo hincapié en la música gregoriana. Este esmero se intensifica en Navidad y durante la Semana Santa, cuando el número de connacionales residentes en Roma o de peregrinos es mayor. Sin olvidar la gran afluencia de españoles con motivo de las fiestas nacionales: la fiesta de santa María de Montserrat, el 27 de abril; la de Santiago, el 25 de julio y la de la Virgen del Pilar, el 12 de octubre. Pero nuestra iglesia recibe fraternalmente también todas las manifestaciones de carácter religioso organizadas por las comunidades hispanoamericanas que no poseen una iglesia propia en Roma».


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