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05 - 2010 >
«Buscarás cada día los rostros de los santos y encontrarás descanso en sus palabras» (Didaché IV, 2)
Archivo de30Días
«Buscarás cada día los rostros de los santos y encontrarás descanso en sus palabras»
(Didaché IV, 2)
por Lorenzo Cappelletti
Publicamos en la sección “Nova et vetera” de este número un artículo –originalmente en el n. 4 de 30Días de 1998– en el que Stefania Falasca presenta la dulcísima figura y los ingenuos escritos de Antonietta (Nennolina) Meo, una niña romana que murió cuando ni siquiera tenía siete años el 3 de julio de 1937, y fue enterrada en su parroquia de Santa Cruz de
Jerusalén, donde había recibido el bautismo en la fiesta de los Santos Inocentes de 1930.
Publicamos este artículo, tras el cual se intensificó la invocación a Nennolina y tomó nuevo impulso su causa de beatificación, con la intención de ofrecerlo como plácida lectura de verano, de acuerdo con lo que decía el papa Benedicto XVI como respuesta al primero de los sacerdotes que intervino en el Coloquio durante la Vigilia en la plaza de San Pedro el pasado 10 de junio. En aquella ocasión, el Papa invitaba a «reconocer nuestras límitaciones, abrirnos también a esta humildad. Recordemos una escena de Marcos, capítulo 6, donde los discípulos están “estresados”, quieren hacerlo todo, y el Señor les dice: “Venid también vosotros aparte, para descansar un poco” (cfr. Mc 6, 31). También esto es trabajo –diría– pastoral: encontrar y tener la humildad, la valentía de descansar».
La lectura de este artículo es plácida no solo por su sencillez, sino también porque nos coloca, como si fuéramos un niño en los brazos de su madre, en el corazón de la fe católica.
Leer la vida y los escritos de Nennolina, de hecho, es una alabanza y gloria de la gracia del Señor. ¿De qué otra cosa es testigo esta niña sino de la predilección del Señor, correspondida con ese amor total y puro propio de los niños?
En segundo lugar –aunque es como decir lo mismo de otra manera–, Nennolina es el testimonio de lo que puede la gracia sacramental, que los sacerdotes no han de infravalorar (cfr. la catequesis del papa Benedicto XVI del 5 de mayo publicada el pasado número de 30Días), y que san Pío X, por lo que respecta a la Eucaristía, quiso en 1907 que fuera accesible también a los niños más pequeños.
El artículo que publicamos, en fin, puede convertirse en la ocasión durante las vacaciones para visitar a Nennolina y las reliquias de la Pasión del Señor (in primis la inscripción de la cruz que lleva el nombre de “Jesús el Nazareno” que mandó hacer Pilatos), que pocos saben que está guardada desde la antigüedad en Santa Cruz de Jerusalén. Podemos decir en este caso que Nennolina nos marca el camino. Su cuerpo descansa precisamente a los pies de la pequeña escalinata que lleva a la capilla de las reliquias de la Pasión. Había escrito en la última de sus cartas: «Querido Jesús crucificado, ¡yo te quiero y te amo tanto! Yo quiero estar contigo en el Calvario. Querido Jesús, dile a Dios Padre que también a él le quiero mucho. Querido Jesús, dame tú la fuerza necesaria para soportar estos dolores que te ofrezco por los pecadores».
Nunca se tiene lo suficientemente en cuenta que el Concilio de Trento terminó recomendando, junto con el honor debido a las reliquias, la invocación a los santos para que intercedan por nosotros, pecadores.
Publicamos este artículo, tras el cual se intensificó la invocación a Nennolina y tomó nuevo impulso su causa de beatificación, con la intención de ofrecerlo como plácida lectura de verano, de acuerdo con lo que decía el papa Benedicto XVI como respuesta al primero de los sacerdotes que intervino en el Coloquio durante la Vigilia en la plaza de San Pedro el pasado 10 de junio. En aquella ocasión, el Papa invitaba a «reconocer nuestras límitaciones, abrirnos también a esta humildad. Recordemos una escena de Marcos, capítulo 6, donde los discípulos están “estresados”, quieren hacerlo todo, y el Señor les dice: “Venid también vosotros aparte, para descansar un poco” (cfr. Mc 6, 31). También esto es trabajo –diría– pastoral: encontrar y tener la humildad, la valentía de descansar».
La lectura de este artículo es plácida no solo por su sencillez, sino también porque nos coloca, como si fuéramos un niño en los brazos de su madre, en el corazón de la fe católica.
Leer la vida y los escritos de Nennolina, de hecho, es una alabanza y gloria de la gracia del Señor. ¿De qué otra cosa es testigo esta niña sino de la predilección del Señor, correspondida con ese amor total y puro propio de los niños?
En segundo lugar –aunque es como decir lo mismo de otra manera–, Nennolina es el testimonio de lo que puede la gracia sacramental, que los sacerdotes no han de infravalorar (cfr. la catequesis del papa Benedicto XVI del 5 de mayo publicada el pasado número de 30Días), y que san Pío X, por lo que respecta a la Eucaristía, quiso en 1907 que fuera accesible también a los niños más pequeños.
El artículo que publicamos, en fin, puede convertirse en la ocasión durante las vacaciones para visitar a Nennolina y las reliquias de la Pasión del Señor (in primis la inscripción de la cruz que lleva el nombre de “Jesús el Nazareno” que mandó hacer Pilatos), que pocos saben que está guardada desde la antigüedad en Santa Cruz de Jerusalén. Podemos decir en este caso que Nennolina nos marca el camino. Su cuerpo descansa precisamente a los pies de la pequeña escalinata que lleva a la capilla de las reliquias de la Pasión. Había escrito en la última de sus cartas: «Querido Jesús crucificado, ¡yo te quiero y te amo tanto! Yo quiero estar contigo en el Calvario. Querido Jesús, dile a Dios Padre que también a él le quiero mucho. Querido Jesús, dame tú la fuerza necesaria para soportar estos dolores que te ofrezco por los pecadores».
Nunca se tiene lo suficientemente en cuenta que el Concilio de Trento terminó recomendando, junto con el honor debido a las reliquias, la invocación a los santos para que intercedan por nosotros, pecadores.