Los eclesiásticos enrolados por los servicios del Este
De un país lejano para espiar de cerca
El Instituto Polaco de la Memoria Nacional, que está examinando los archivos de la policía secreta del ex régimen comunista, afirma que para controlar a la Iglesia, en Polonia y en otros lugares, se enrolaban como informadores a miles de religiosos y sacerdotes. Entrevista con Jan Zaryn, historiador
Entrevista con Jan Zaryn de Giovanni Cubeddu

El religioso polaco Konrad Stanislaw Hejmo mira los titulares de los periódicos sobre el estado de salud del papa Wojtyla, en el quiosco de fuera de la columnata de la plaza de San Pedro
Le hemos pedido por ello al IPN que nos informe sobre las investigaciones en curso y que justifique el clamor levantado. En nombre del Instituto nos ha respondido Jan Zaryn, docente universitario e historiador que ha publicado trece libros y más de cien artículos científicos, casi todos dedicados a la historia de la Iglesia de Polonia.
¿Sobre qué documentos se basa el trabajo de su Instituto a propósito de la actividad de los servicios secretos del Este contra la Iglesia católica y el Vaticano?
JAN ZARYN: Puestos uno tras otro, los documentos conservados en Polonia sobre la «actividad de la policía secreta» miden unos 90 quilómetros. Fueron redactados desde 1944 a 1990 por los funcionarios de la policía secreta polaca, la “SB”, como era llamada a partir de 1956 (desde 1944 hasta 1956 se había llamado “UB”). Como es conocido, desde el 44 hasta el 89 en Polonia más del noventa por ciento de la población era católica, y desde el 47 hasta el 90 la policía secreta buscó información sobre la Iglesia católica y sobre los obispos polacos. De ahí que la documentación presente hoy día en el IPN sobre la política del régimen comunista polaco contra la Iglesia católica sea vastísima, enorme.
¿De qué documentación se trata?
ZARYN: Actas administrativas, instrucciones, órdenes de los dirigentes del Ministerio, documentos de los funcionarios de la policía secreta que estaban en contacto con los informadores y los preparados por los propios informadores. Pero también los documentos personales redactados por la oficina de pasaportes, otros procedentes de los mismos entes que eran observados, etcétera.
Por ejemplo, el informador que usaba el pseudónimo Zigmunt (es decir, Segismundo) fue un sacerdote de la Iglesia católica, que desarrolló su actividad de informador desde 1949 hasta mediados de los sesenta. Zigmunt fue miembro de comisiones episcopales polacas muy importantes e hizo el resumen de aquellas reuniones para los servicios secretos. También tenemos dossiers sobre las diócesis y las parroquias, sobre todos los monasterios masculinos y femeninos, sobre los seminarios, sobre la KUL, la Universidad católica de Lublin (que era definida en Polonia “la única universidad católica entre Berlín y Vladivostok”…). La policía secreta investigó todos los monasterios polacos, dominicos, jesuitas, franciscanos, pero sobre todo a los dominicos y jesuitas, porque eran los más activos trabajando con los jóvenes.
Desde el 62, los funcionarios de la policía secreta pertenecientes al IV Departamento del Ministerio del Interior “personalizaron” sus informaciones. Los sacerdotes –aunque también los alumnos del seminario– fueron todos y cada uno de ellos objeto hasta el 90 de un fascículo de informaciones detalladas (denominado Teok; para los obispos el código era Teob, para las parroquias, Teop). En esa documentación, además, hay sobre los sacerdotes muchas informaciones procedentes de los otros departamentos, como el III, que se ocupaba de disidencia política.
¿Cuáles fueron los medios más usados por los servicios del Este para conseguir información en Polonia sobre la Iglesia católica o sobre Solidaridad?
ZARYN: El primer sistema fue el de los informadores. Desde el 13 de julio del 49 hasta los sesenta, por ejemplo, fueron redactadas en el Ministerio del Interior muchas “instrucciones” para formar a los funcionarios, enseñándoles a trabajar con los informadores. La formación de los futuros informadores fue desde el 62 hasta el 90 el primer objetivo del IV departamento. Su segundo objetivo era disponer del mayor número posible de informadores en las altas instituciones de la Iglesia, por ejemplo en la Curia episcopal. Era deseable que un funcionario estuviera en contacto con un joven sacerdote, porque al cabo de cinco o diez años éste llegaría con toda seguridad a obispo, es decir, un observador de primera calidad.
¿La segunda manera de conseguir información?
ZARYN: Infiltrarse con interceptaciones telefónicas y fotografías sacadas en secreto, o bien mirando la correspondencia. Incluso la correspondencia expedida por el Secretariado episcopal polaco al Vaticano era leída por el departamento de los servicios secretos, por la sección “W”, mientras que la sección “T” se ocupaba de las interceptaciones telefónicas. La sección “W” leía las cartas, las fotocopiaba o las mecanografiaba, y las volvía a colocar cuidadosamente en los sobres para reexpedirlas al destinatario que aparecía en el sobre.
Según la prensa internacional, el IPN posee cientos de páginas de relaciones sobre el caso del padre Hejmo.
ZARYN: La documentación hallada y existente en el Instituto sobre el padre Konrad Hejmo consiste en unas setecientas páginas. Nuestra relación, redactada por tres historiadores (Andrzej Grajewski, Pawel Machcewicz y yo), es de unas setenta páginas. El dossier consta de tres partes. La primera se refiere básicamente a los coloquios entre el funcionario de la policía secreta Waclaw Glowacki y el padre Hejmo, que en aquel periodo, desde 1975, se ocupaba de la revista mensual dominica Wdrodze, “En marcha”. En Roma, además, el padre Hejmo, veía a veces a un funcionario (el secretario, “Pietro”) de la embajada de la Polonia comunista, que era también funcionario en el I departamento de la SB, y “Lacar”, agente de la SB pero también de la BND, los servicios secretos federales alemanes (y no se conoce su papel real sin conocer los documentos alemanes). Leer esa documentación es extremadamente interesante. Hejmo habló mucho, o mejor, demasiado.
Ha sido recibida con incredulidad la noticia, filtrada también por ese Instituto, de que la “colaboración” con los servicios secretos, en un momento dado, implicaba a 2.600 sacerdotes, es decir, el 15 por ciento del clero polaco. ¿Cómo fue posible?
ZARYN: Hay que precisar que la cifra de 2.600 sacerdotes, casi el 15 por ciento del clero polaco, deriva de una estadística basada en datos de 1977. En un libro mío sobre el tema, he intentado contar cuántos sacerdotes colaboraron con la SB, y he tomado el 77 como ejemplo, porque tenía muchas posibilidades de comparar las cifras de la oficina de estadísticas de la policía secreta (oficina “C”) con las cifras de la Iglesia polaca. Además, es importante, en mi opinión, recordar que aquel 77 fue también el comienzo de la gran oposición democrática.

A la izquierda, los cardenales polacos Stefan Wyszynski y Karol Wojtyla a su llegada a Roma con ocasión de los funerales del papa Pablo VI, agosto de 1978
ZARYN: Los grupos de la oposición aumentaron desde el 77. En el 80 y en el 81, cuando Solidaridad fue legalizada, se movilizaron unos diez millones de personas. Así que la policía secreta tuvo necesidad de muchos más informadores, y el estado de guerra declarado en el país desde el 13 de diciembre de 1981 le dio la posibilidad de reclutar nuevos informadores: en el 84 había más de 84.000. Desde entonces los sacerdotes fueron más y por lo tanto la SB tenía muchas más posibilidades de conseguir información también entre los católicos. Luego el 15 por ciento del clero fue denominado “informador” por el SB también en los años ochenta. Para mí se trata de una cifra importante. Pero deberíamos verificar la identidad y la eficacia de cada informador.
¿Hasta qué punto consiguieron los servicios secretos penetrar en la jerarquía católica? ¿La Iglesia católica no sospechaba que hubiera sacerdotes colaboradores?
ZARYN: Es una pregunta muy seria. Puedo decir que no conozco a ningún obispo o miembro del episcopado polaco que haya sido informador. Hasta ahora no he dado con ningún obispo polaco que haya colaborado con los comunistas. Ya sabe, son más de 90 quilómetros de actas.
Tengo presente muchos documentos sobre el primado polaco Stefan Wyszynski, y un documento fechado en 1970 que fue preparado por los funcionarios del IV departamento gracias a informadores muy cercanos al primado, que trabajaban en su misma secretaría. Pero es difícil dar una respuesta precisa: podía ser el secretario personal del primado, alguien muy cercano a él, o bien un obrero o un ingeniero que hubiera tenido numerosos contactos con el Secretariado, visto que el edificio había sido reformado… En todo caso, son situaciones realmente delicadas. Y yo conozco solo el nombre cifrado de aquellos informadores, no sus nombres reales. Sé que el pseudónimo Sibismunt era el encargado de las publicaciones del episcopado polaco, y un sacerdote conventual ofreció el resumen de los encuentros de aquella comisión del episcopado polaco. Creo que había otros. Por ejemplo, un historiador polaco de Rzeszow, en el sur de Polonia, ha recibido documentos sobre la Curia de la diócesis de Przemysl, precisamente donde trabajaba el obispo Tokarczuk, un héroe polaco, un enemigo del comunismo. El historiador ha comprobado que en los años setenta había ocho informadores dentro de su Curia. Del mismo modo, un historiador de Cracovia ha hallado documentos sobre informadores muy cercanos a la Curia de Cracovia. Por ejemplo, Tadeusz Novak, que trabajó en Cracovia, en la redacción de Tygodnik Powszechny y también como administrador en la Curia metropolitana de Cracovia. Pero creo que hubo otros informadores, bien situados en las altas esferas clericales polacas.
La Iglesia católica imaginaba la existencia de colaboradores.
ZARYN: Sí, el primado Wyszynski y los otros obispos habían sabido que los funcionarios de la SB los espiaban, leían sus cartas, etcétera. También cuando el primado estaba en la cárcel, las dos personas más cercanas a él pasaron información al XI departamento. Pero el primado no tenía nada que esconder. Dijo sobre el poder las mismas cosas, tanto oficialmente como en secreto.
Y el gobierno sabía también que en la Iglesia algunos sacerdotes informadores eran desenmascarados…
ZARYN: Los obispos tenían experiencia de los contactos con la policía secreta, tanto la UB como la SB. Había instrucciones precisas del episcopado polaco en las que los obispos prohibían a los sacerdotes que se vieran con funcionarios de la SB. Sin embargo, se puede pensar que hubo sacerdotes, cómplices de funcionarios de la SB, que luego presentaran informes a sus obispos: es decir, que había agentes dobles. Sé de algunos ejemplos, solo en los años cuarenta y cincuenta. Un sacerdote, que se llamaba Emmanuel Grim, de la parroquia de Izdebna, en la Polonia meridional, era informador de la UB (luego SB), pero para él esto era un tormento. Informó a su obispo, Stanislaw Adamski, de que había sido obligado a pasar información contra la Iglesia. Algunos meses después murió. Quizá su muerte dependió de la situación crítica en la que se hallaba…
¿Otra historia?
ZARYN: Ocurrió en los cincuenta. Se trata del sacerdote Joseph Bak, informador con el pseudónimo Prosty, es decir, el “Simple”. Era un miembro del gran ente católico Caritas, y el 23 de enero de 1950 ayudó al poder comunista a infiltrarse en las instituciones católicas. Luego el obispo Amanski le habló claramente, y le respondió que «el poder comunista me ha pedido que lo haga para ellos, y he pensado que era un bien para la Iglesia…». El obispo le dio la absolución.
¿Qué deduce usted de esto?
ZARYN: Son ejemplos. Quizá muchos sacerdotes pensaban que sus contactos con los funcionarios del SB no eran secretos, malos para la Iglesia. Y los funcionarios de la SB no sabían si los curas informadores hablaban después de los encuentros con sus obispos. La respuesta a la pregunta de si tal sacerdote era realmente un informador del SB polaco, que la Iglesia se planteaba a menudo en la época, era muy difícil. Por eso he querido precisar antes que ese 15 por ciento de informadores del 77 consiste en una estimación del SB y no de la Iglesia.
Investigando sobre el atentado contra Juan Pablo II, los magistrados italianos hablaron de la hipótesis de que existieran cómplices incluso dentro de la misma Ciudad del Vaticano. ¿Qué dice su documentación a propósito de las fuentes secretas de los comunistas dentro del Vaticano?
ZARYN: Por desgracia no conozco la respuesta. Como usted sabe, tenemos la documentación del sacerdote Hejmo, en la que se puede hallar cierto número de informaciones sobre el Vaticano en los años ochenta. Son sobre todo informaciones que hablan de las relaciones entre Juan Pablo II y el episcopado polaco.
Los informadores que estaban en el Vaticano señalaron que el Vaticano daba gran importancia a la cuestión política en Polonia.
También poseemos información sobre otros agentes que espiaban al Vaticano, pero por ahora no puedo revelar sus nombres.
¿Cuánto duraba la colaboración con los servicios secretos?
ZARYN: Depende. El padre Hejmo comenzó a verse con agentes del SB en el 75, hasta el 88, y desde el 81 estaba en Roma. Hasta el 81 estuvo protegido por un funcionario del VI departamento del Ministerio del Interior y después se ocupó el I departamento. Puedo también contarle la historia de un cura de un convento que comenzó su trabajo contra la Iglesia en el 49 y terminó en el 68, cuando murió. Algunos años después de su muerte los funcionarios del SB hicieron desaparecer todos los documentos y el material que estaba en su “dossier de trabajo”. Afortunadamente los informes hechos por aquel cura fueron encontrados posteriormente dentro de otros fascículos.

El atendado a Juan Pablo II
ZARYN: El padre Wladyslaw Kulczycki, que trabajó en Cracovia desde el 48 hasta su muerte, en el 67. Colaboró con los pseudónimos Torano y Zagielowski, dando muchas informaciones al SB sobre todo relacionadas con el obispo Karol Wojtyla y su entorno, los jóvenes católicos con los que se encontraba en Cracovia durante los años sesenta.
Por lo contrario, muchos curas fueron informadores durante un brevísimo período de tiempo; dos o tres encuentros con el funcionario del SB, y luego pedían el pasaporte para refugiarse fuera de Polonia.
Más sobre el atentado contra el Papa. Según su experiencia, ¿qué opinión se ha hecho usted de la llamada “pista búlgara”?
ZARYN: Creo que no se pueden dar argumentos auténticos y sólidos para probar la responsabilidad del SB en el intento de asesinar al Papa del 13 de mayo de 1981. Por desgracia, o por suerte, decida usted, no he encontrado documentos que den una información de este tipo.
Sabemos que los funcionarios del IV departamento participaron en una reunión en Moscú con los funcionarios del KGB, a propósito de un proyecto sobre la Iglesia, pero los resultados de aquel encuentro son desconocidos. Y sabemos también que existía de seguro un informe entre los servicios secretos polacos y soviéticos, en 1981. Pero no existen documentos sobre ello.
Estoy de acuerdo con el periodista alemán que ha hallado un documento de la Stasi fechado en el 81 por el que se sabe que esta intentó desinformar a la opinión pública y a los occidentales, diciendo que los búlgaros no tenían nada que ver con el atentado contra el papa Juan Pablo II, y que solo los procuradores italianos habían dado esta información. Sabemos también que Alí Agca cambiaba a menudo de versión y que habría querido hablar antes. Pero después de un tiempo Alí Agca cambió de versión, sin duda por presiones y amenazas de la Stasi, diciendo: «Sólo yo quería matar al Papa». Son “migajas” de información.
Esto no quita que en Polonia y para los polacos, puedo decirlo como historiador y como polaco que estaba en Varsovia el 13 de mayo del 81, el culpable se llamaba Moscú.
¿Ha informado de los resultados de sus investigaciones a la Conferencia episcopal polaca? ¿Ha nacido entre ustedes una colaboración positiva?
ZARYN: Tengo contactos con los obispos y con el primado, que me han autorizado a acceder a los archivos secretos del primado de Polonia desde el 44 hasta el 89. Son documentos extremadamente importantes para la historia. No sé exactamente cuando terminaré, pero estoy preparando la publicación de los documentos en polaco que he recogido en el Consejo del episcopado (Rada Glowna). Colaboro a menudo con los obispos y tengo relaciones muy cordiales. También he publicado algunos libros sobre las relaciones entre el Estado y la Iglesia católica después de la Segunda Guerra Mundial. Libros que junto a otros escritos por colegas míos son leídos por obispos y sacerdotes, y también por seminaristas, como lectura obligatoria. Aunque, por ejemplo, muchas veces he escrito sobre el padre Hejmo cosas que no han sido bien vistas por los hombres de Iglesia… Pero yo no soy el historiador de corte de los obispos. Como se dice en Polonia: durante el período comunista existían los historiadores de corte… Como con Luis XIV…
¿Ha encontrado huellas de conflictos en Polonia entre los servicio secretos del Este y los servicios secretos occidentales?
ZARYN: El tema es muy amplio, pero algo sí que puedo decir. Personalmente conozco mejor los documentos del III departamento entre los años cuarenta y cincuenta. Entonces había muchos polacos emigrados políticos, ligados a la CIA o al MI6 británico y a los servicios secretos alemanes [es decir, a la organización del general nazi Gahlen, que se rindió a los Estados Unidos en 1945, quien durante años, con su red compuesta por miles de ex nazis, siguió espiando contra la Unión Soviética, n. de la r.]. Muchos polacos ligados al gobierno en exilio trabajaron contra los comunistas en Polonia. Espiaban a la Polonia soviética, no a los polacos. Eran guiados por el gobierno en el exilio o por el general Wladyslaw Anders, también exiliado. Los comunistas organizaron grandes operaciones contra estos polacos espías, como la operación César [48-52, n. de la r.].
En realidad era un juego, ¡un gran juego! Pero se puede descubrir la existencia de una historia totalmente distinta…
Para terminar, ¿qué le ha quedado dentro después de estudiar tan profundamente los archivos del período de la batalla ideológica contra la Iglesia católica y contra la religión en general en Polonia?
ZARYN: Puedo decir que la policía secreta luchó contra la Iglesia católica, es decir, contra las instituciones y las personas, durante todo el tiempo. El SB tuvo muchos instrumentos a disposición –el homicidio, la detención, la infamia– y los usó contra su enemigo. Sólo entre el 44 y el 56 los comunistas arrestaron casi a mil sacerdotes, aislaron a algunos obispos –no sólo al cardenal Wyszynski–, desmantelaron a la Iglesia greco-católica, deportaron a Siberia a muchos curas que vivían en territorio polaco, al este de la línea Ribbentrop-Molotov. La policía secreta fue creada por el NKWD soviético [el Comité del pueblo para los asuntos internos, luego KGB, n. de la r.] y continuó su trabajo en las tierras conquistadas tras la Segunda Guerra Mundial.
Pero también es menester decir que la policía secreta no era una institución soberana, estaba dirigida por el Partido Comunista en el poder. Los comunistas favorecieron la batalla contra la Iglesia, asumieron la responsabilidad de los resultados de su política, y además llevaron a cabo la batalla contra la Iglesia valiéndose también de otros instrumentos: políticos, como la propaganda atea y el marxismo como ideología obligatoria, también en la escuela; económicos, como la adquisición de la propiedad de la Iglesia, por ejemplo en la antigua URSS y en Hungría; jurídicos, como las normas que prohibían el desarrollo de la cultura católica, de las asociaciones católicas, la presencia del catolicismo en la vida pública, y así sucesivamente.
Hay que recordar que en Polonia, en 1945, el pueblo era católico en un 90 por ciento, como lo era en el 89. También hay que decir que desde 1978, la Iglesia católica fue dirigida por el Papa de Polonia.
Estos también son los resultados de la política religiosa establecida por el poder: Felix culpa.