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ORIENTE PRÓXIMO
Sacado del n. 05 - 2006

Campos de concentración para palestinos


Más de un millón de palestinos viven en condiciones de absoluta miseria en los campos de refugiados. Es uno de los principales elementos de inestabilidad de Oriente Medio. Hemos hablado con Robert L. Stern, que preside la Pontificia Misión para Palestina


Entrevista a Robert L. Stern por Giovanni Cubeddu



«Nos siguen llegando las imploraciones de muchísimos refugiados, de cualquier edad y condición, obligados por la reciente guerra a vivir en el exilio, esparcidos en campos de concentración, expuestos al hambre, a las epidemias y a todo tipo de peligros». El papa Pío XII, en su carta encíclica Redemptoris nostri del viernes santo de 1949, pintaba de esta manera la situación de los palestinos tras el primer conflicto árabe-israelí que siguió al nacimiento del Estado de Israel, el 14 de mayo de 1948. La Pontificia Misión para Palestina nace, el 18 de junio de 1949, con la intención de dirigir y coordinar todas las organizaciones y asociaciones católicas comprometidas en las ayudas a Tierra Santa. Al cumplirse los veinticinco años de actividad de la Misión Pontificia, en 1974, el papa Pablo VI habló de ella como de «una de las señales más claras de la preocupación de la Santa Sede por la suerte de los palestinos, por los que sentimos un cariño especial por ser un pueblo de Tierra Santa, por tener en su seno a fieles que siguen a Cristo y por haber sufrido y seguir sufriendo tantas tragedias».
Monseñor Robert L. Stern, archimandrita del patriarcado greco-católico de Jerusalén, preside desde 1987, por nombramiento papal, esta agencia especial de la Santa Sede, cuya sede principal está en Nueva York, y tiene oficinas en el Vaticano, Jerusalén, Beirut, Ammán, y hoy extiende su acción caritativa y pastoral entre Palestina, Israel, Líbano, Siria, Jordania e Irak. Nos habla de su trabajo y de la caridad del papa por los palestinos.

¿Cuál es la Palestina a la que ayuda la Misión Pontificia?
ROBERT L. STERN: Desde que en 1967 Israel se hizo con el control político de Palestina hay todo un pueblo que vive bajo la ocupación militar de otro país. Y la Autoridad Nacional Palestina no es un verdadero gobierno. La Pontificia Misión está prestando su servicio en una situación de inadecuación de las instituciones gubernamentales a las que normalmente se dirige la gente. Los organismos públicos, que existen, no funcionan como deberían. Así pues, necesariamente, además del apoyo a las Iglesias y las Comunidades cristianas presentes en Tierra Santa, intentamos hacer algo bueno por el pueblo.
¿Puede citar algunos ejemplos recientes de ayuda?
STERN: Nuestra Misión ha actuado en las zonas de Belén, Beit Jala, Beit Sahour, y también en el norte de Jerusalén, en Ramala, donde había una presencia cristiana. Pero nuestro servicio no es solo para cristianos. Por ejemplo, mientras la Iglesia local favorece la construcción de nuevos apartamentos, hace años que la Pontificia Misión repara las casas destruidas, sobre todo en el área de la ciudad vieja de Jerusalén donde sobrevive una parte de la población palestina indigente. La tensión entre israelíes y palestinos ha producido mucha pobreza, por lo que nosotros hoy apoyamos iniciativas que creen puestos de trabajo, sobre todo subvencionando las obras que necesitan muchos obreros y por consiguiente dan de comer a muchas familias…
¿Reparar casas no queda un poco lejos de la actividad original de la Misión?
STERN: Pero es absolutamente necesario ayudar a esta pobre gente. Cuando nuestra Misión fue fundada, el objetivo primario era la movilización de la ayuda del mundo católico internacional para Tierra Santa, y la coordinación en Tierra Santa de todos los sectores de la Iglesia –los patriarcas, los obispos, los religiosos y las religiosas, las asociaciones laicas… En 1949 nadie se ocupaba de esta coordinación, hoy somos muchos más.
¿A quiénes va destinada principalmente su acción?
STERN: A todos aquellos que pasan por necesidades. Estadísticamente no son los judíos, para los que existe un grandísimo número de organismos de apoyo. La gran mayoría de musulmanes, pues, –visto que los cristianos representan un pequeño número– están afectados por la pobreza, aunque, de todos modos, existen muchísimas instituciones caritativas musulmanas. Así que… el criterio adoptado por nuestra Misión es llevar ayuda a las zonas donde sigue habiendo cristianos, pero sin excluir nunca de la ayuda a los otros, como los musulmanes. El ejemplo que viene como anillo al dedo es la Universidad de Belén –fundada tras un acuerdo entre la Congregación para las Iglesias Orientales y los Hermanos de las escuelas cristianas– conocida aquí como “la universidad del Vaticano”. Aproximadamente el 33 por ciento de los estudiantes son cristianos, los demás son todos musulmanes. Nosotros decimos que “no el credo sino la necesidad” guía la caridad que hacemos en nombre del papa en Tierra Santa.
Tres generaciones en el campo de Gaza, en Jordania, en espera de que algo cambie

Tres generaciones en el campo de Gaza, en Jordania, en espera de que algo cambie

¿Cómo puede describir la pobreza en Palestina?
STERN: En Gaza gran parte de la población sigue viviendo en los campos de refugiados, administrados por las Naciones Unidas. Los campos son como un pueblo viejo totalmente carente de organización. La gente vive en casas estrechas hechas de bloques de cemento, no existen calles entendidas como tales, sino recorridos más o menos incómodos, y todos viven apelotonados. En una sola habitación pueden vivir hasta doce personas, porque los hijos son numerosos. La libertad de movimiento está limitada. Se vive con las ayudas de las Naciones Unidas. Falta el trabajo. Cuando uno de estos numerosos hijos se hace mayor y quiere casarse tiene que conseguir antes un sitio adonde ir y un sueldo. Pero no existe ni lo uno ni lo otro para quienes viven en el campo. Se puede añadir a la casa original solo otra habitación, hecha de ladrillos. Habitación que siempre dará a una de las sucias calles, y a campos en donde el acceso al agua limpia no es fácil y donde nunca hay orden. Así es muy triste vivir.
Hace dos años construimos un pequeño parque infantil para los niños de Gaza. Tendrían que haber visto ustedes su curiosidad, las miradas. Era la primera vez en su vida que alguien les daba algo para jugar. Ellos, que están acostumbrados a recibir lo mínimo para sobrevivir, acostumbrados a vivir en la peor de las situaciones.
No tenemos palabras para explicar la dificultad de la vida en Gaza. Y permítame que añada algo importante.
Por supuesto.
STERN: Hay quienes se preguntan retóricamente por qué los muchachos y las muchachas de Palestina aceptan estallar como mártires. No pueden estudiar, no pueden viajar, no pueden trabajar, no pueden tener una familia, viven en un mundo absurdo, no tienen más esperanza que aniquilarse en un momento de gloria por su religión.
Yo no soy ni político ni economista, pero por lo menos puedo imaginar que el día en que tengamos un trabajo que ofrecer a estos muchachos musulmanes habremos desarticulado los planes de los terroristas: con una paga semanal justa y la posibilidad de salir con sus chicas.
Estoy convencido, pese a esta retórica de ellos tan negativa, que los responsables de Hamás comprenden perfectamente esta situación. Quieren un futuro para su pueblo, como todos los que se dedican a la política. Y el aspecto positivo de su política es la cantidad de servicios sociales y de bienestar que han tratado de dar a su pueblo. Esto sigue siendo verdad, pese a las palabras que usan y las consignas que, según la retórica árabe, gritan.
Usted considera un error interrumpir la ayuda económica internacional a Palestina como forma de presión contra el gobierno de Hamás.
STERN: Repito que no pretendo dar opiniones políticas. Mi impresión es precisamente que haciendo esto se le regala al pueblo –y a los jóvenes– otra desesperación que puede ser aprovechada por los terroristas. El objetivo claro de quienes quieren el embargo es forzar, a breve término, al gobierno actual a cambiar su rumbo político, dejando como objetivo a largo plazo el llegar a la paz… Es un error enorme. Primero, bloquear los fondos es un castigo para el pueblo, nunca para los líderes, y el pueblo ya sufre demasiado. Para la mentalidad de los árabes, nosotros estamos ofendiendo su honor, su dignidad, con todas las consecuencias que de esto derivan. El embargo es al cien por cien contraproducente. Estoy convencido, y por supuesto lo espero, que a través de la mutua colaboración se podrá alcanzar el resultado de ganarse la aprobación de Hamás.
Una vista del campo de Sabra y Chatila, en Líbano. Las cañerías del agua y los cables eléctricos se entrecruzan peligrosamente. La luz llega a duras penas a las calles estrechas y siempre mojadas.

Una vista del campo de Sabra y Chatila, en Líbano. Las cañerías del agua y los cables eléctricos se entrecruzan peligrosamente. La luz llega a duras penas a las calles estrechas y siempre mojadas.

Ustedes han llevado también ayuda a los campos de refugiados de Líbano. ¿Cuál es la situación?
STERN: Distinta pero igualmente desastrosa. Los palestinos refugiados en Líbano viven todos en los campos administrados por las Naciones Unidas. Las dificultades vienen también del tradicional y ya inestable reparto de los poderes constitucionales vigente en Líbano entre cristianos maronitas, musulmanes suníes y musulmanes chiíes, basado en sus respectivos porcentajes de población. Ahora bien, ninguno de estos tres grupos desea que ningún componente palestino numeroso entre en juego, y todos están de acuerdo en decir que el futuro para estos refugiados pasa solo por volver a su país. Pero esto es ahora prácticamente imposible. Así que a esta pobre gente no les queda más que el campo de refugiados, es decir, vivir en prisión. Sueño con el día en que habrá un Estado palestino universalmente reconocido, y quizá toda esta pobre gente pueda tener un pasaporte palestino, para conseguir un visado de permanencia por trabajo en Líbano. Porque, si las cosas están así, Líbano no aceptará nunca de ningún modo a estas personas como ciudadanos propios. Hoy hay refugiados en los campos más de doscientos mil musulmanes palestinos, armados, en aislamiento completo, e imposibilitados de ir a Palestina. Es una vida insoportable que, con razón, les ha metido en el cuerpo mucha maldad.
Los palestinos se van hoy también de Irak.
STERN: Los palestinos que dejan Irak, sin embargo, no son tan numerosos como los iraquíes que cada vez más emigran hacia Jordania, Siria y Líbano. Y proporcionalmente los que huyen son cada vez más los cristianos. El director de nuestra oficina de Ammán, que se ocupa de Jordania e Irak, me ha referido que existe la posibilidad concreta, aunque falten todavía datos oficiales, de que los refugiados iraquíes en Jordania lleguen a ser millones, en una población jordana de unos 5 millones. Nuestra Misión Pontificia trata de hacer todo lo posible por apoyar a la Iglesia local y darles una mano a estos refugiados. Normalmente ayudamos a quienes quieren dejar Irak para ir a Europa, América del Norte o del Sur, o a Australia…
En la obra de caridad en Palestina usted representa al papa. ¿Hay algún hecho que recuerda especialmente?
STERN: El papa Juan Pablo II vino a Tierra Santa en 2000. Y en casos como este el presidente de la Pontificia Misión tiene pequeños privilegios, como participar de cerca en todo lo que ocurre. Recuerdo especialmente la misa al aire libre que el papa Wojtyla celebró en Belén, frente a la Basílica surgida donde nació Jesús. En un momento dado, como ocurre todos los días, subió desde la mezquita cercana la voz del muecín llamando a los fieles a la oración. La voz era fuerte, difundida por altavoces. El Papa, en aquel momento, se detuvo, no levantó la voz para sobreponerse a la de los altavoces, y esperó. Hasta el final de la oración musulmana. Luego retomó la liturgia. Es como si el Papa nos hubiera dicho, de aquella manera, que la comunidad cristiana palestina ha de comprender y respetar a los musulmanes, que son hermanos, y esperar y rezar para que también de su parte llegue la comprensión.
El silencio respetuoso del Papa fue la imagen de la convivencia entre cristianos y musulmanes en Palestina.


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