Y luego salimos a contemplar otra vez las estrellas y las franjas
El interés por el Sumo Poeta en Estados Unidos explicado por una profesora de la James Madison University de Virginia
por Giuliana Fazzion

Las imágenes que ilustran este artículo son de Sandow Birk, sacadas de Dante, Infierno, Chronicle books, San Francisco 2004. Imagen del Infierno dantesco, detalle
¿Cómo llegó Dante a América? Por Inglaterra, donde durante el Renacimiento había un enorme interés por la lengua y la literatura italianas. Luego este interés disminuyó al terminar la era isabelina. Pero volvió a resurgir durante los últimos años del siglo XVIII y en los primeros diez años del XIX y se concentró en el estudio de la poesía dantesca. La Divina Comedia fue traducida enteramente por primera vez a la lengua inglesa-británica. De este modo atravesó el océano y encontró sus primeros lectores americanos.
Sin embargo no se trató de un caso de “veni, vidi, vici”: Dante, como todos los inmigrantes del Viejo Continente, tuvo que esperar pacientemente muchos años antes de conquistar un lugar en la nueva tierra.
Por muchos motivos podría parecer singular el que el interés por Dante haya encontrado en los Estados Unidos de América un fertilísimo terreno de desarrollo, desde muchos puntos de vista. La imagen de la América extrovertida y algo ruidosa, difundida por el cine y por cierta literatura, no corresponde totalmente a la realidad. Porque, en realidad, América tiene a sus espaldas componentes complejos, tortuosos, y sigue estando atravesada, como escribió Perry Miller (autor de estudios sobre la ideología puritana), por la «subterránea corriente» de las tensiones ético-religiosas ligadas a sus propios orígenes, con su propio nacimiento. Esta sensibilidad por el lado ético-religioso es un dato fundamental para comprender América. La cual «nació como mito religioso y se configuró inicialmente como sueño de una nueva polis al otro lado del océano, de una nueva Jerusalén deseada con intensidad casi agustiniana y con un vigor dinámico y activista al mismo tiempo. Aquel vasto e intacto paisaje, aquel espacio americano era un campo de aventura y terreno repleto de misteriosas simbologías». Pese a todos los enormes cambios ocurridos y el que millones de emigrantes hayan llegado posteriormente al Nuevo Mundo procedentes de todas partes, en su base sigue estando la aventura de los grupos puritanos, que, perseguidos en Inglaterra, atravesaron el Atlántico a bordo de la “Mayflower” a finales del otoño de 1620 y fundaron en las cercanías de Cape Cod la colonia de Plymouth.
Los puritanos eran celosos, rigurosos, exasperaban, hasta el fanatismo más tétrico, el principio protestante de la conciencia libre, de la relación directa y dramática entre el hombre y Dios. Y sobre todo su sensibilidad estaba siempre dispuesta a inflamarse por los símbolos y las alegorías, encuadrando acontecimientos, personas y naturaleza como en un retículo, casi tardomedieval, de signos y figuras. Además, como dice un escritor hablando de la filosofía americana, el carácter de la religiosidad puritana se había desarrollado desde sus orígenes en una dirección rigurosamente lógico-intelectualista, por lo que para entender o tratar de entender a Dios había que desarrollar forzosamente «una especie de disciplina de la mente humana».
Para una cultura como la puritana, caracterizada por un tenaz y a menudo obsesivo trabajo de introspección (no hay más que recordar los diarios de los puritanos) y por el recurrente análisis de los temas del pecado y la salvación, la literatura italiana le parecía en gran parte “llena de profanidad”, impregnada de espíritu “papista” y “paganizante”. A los puritanos más recalcitrantes les podía incluso parecer que en la literatura italiana se concentraba todo aquello de lo que el hombre puritano y “virtuoso” debía huir.
Dante, en cambio, era el único, o casi el único, que podía ser “recuperado”, por su energía ética y la firmeza de su carácter. Por otra parte, la publicidad protestante se había apropiado ya, en sus polémicas antipapistas, de actitudes y motivos dantescos. Un ejemplo significativo nos lo ofrece, precisamente en América, el eminente teólogo y predicador John Cotton, quien incluyó a Dante en una serie de figuras según él llamadas por Dios para testimoniar a favor de un “primer renacimiento” al que seguiría, por obra del protestantismo, una completa “resurrección” del cristianismo fundado en el “ministerio del Evangelio”.

Paolo y Francesca
Pero en el sigloXVIII y en el período prerromántico, el puritanismo iba absorbiendo otros filones culturales y, con las influencias ejercidas por la nueva física newtoniana, por Locke y por la Ilustración en general, cada vez se iba estrechando más “la relación entre Dios y la razón”. Durante todo el siglo XVIII el intelectualismo teológico y el activismo puritano se fueron fundiendo con posiciones de iluminismo moderado y con conceptos como libertad y salvación cada vez más acentuados en sentido político-constitucional. Frente a la literatura y la imagen de Italia seguía predominando la actitud de desconfianza-deferencia. La imagen de Italia se asociaba con la evocación de pasiones desmedidas, de fascinantes y a la vez destructivas tentaciones expresadas en una “lengua elegante”. Dante, por su parte, se coloca como en una zona propia de severa y solitaria grandeza, que queda subrayada aún más con la difusión de las primeras tensiones e inquietudes prerrománticas, del gusto de lo excelso y lo sublime. No hay que extrañarse de que la primera traducción aparecida en América de un fragmento dantesco sea la del celebérrimo episodio del conde Ugolino, episodio hórrido y patético, publicado en la revista New York Magazine en 1791. El autor era William Dunlap, escritor, pintor, activísimo y aventurero empresario teatral, director y agente cultural.
En 1843, Thomas W. Parsons publicó en Boston la primera traducción americana de una buena parte de la Divina Comedia (los primeros 10 cantos del Infierno). Hemos de decir que en aquellos tiempos, cuando escribían sobre Dante, los críticos y escritores se basaban en el modelo inglés. Pero en los círculos intelectuales americanos existía un deseo tan grande de independencia de la influencia inglesa que infundió una nueva vitalidad a la cultura nacional. Estos intelectuales americanos llevaron a cabo su rebelión importando nuevas corrientes de arte y pensamiento de literaturas del continente europeo. Y allí, en primera línea, a la cabeza, estaba Dante, a quien estos intelectuales se habían dirigido para hallar la belleza de nuevos mundos y nuevos horizontes de pensamiento y de arte. Le erigieron un monumento cerca de los de Shakespeare y Milton, y se convirtió para ellos casi en símbolo de una cultura cosmopolita que seguir como ideal de un futuro inminente. Este movimiento llevó a muchos estudiantes y estudiosos americanos a viajar por Europa, sobre todo a Florencia, Roma, Venecia y París. Gracias a un creciente conocimiento, se llegó a considerar a la literatura italiana superior a la francesa. En un artículo publicado en 1817 en la revista literaria North American Review, se decía que la lengua italiana se adaptaba mucho más que la francesa a cualquier tipo de composición; tenía más dignidad y fuerza, una amplia facilidad de expresión, una inmensa dulzura y armonía. Las dos revistas literarias North American Review, entre 1815 y 1850, año de su cierre, y American Quarterly Review, en sus diez años de vida, publicaron más ensayos, artículos y anotaciones sobre la literatura, el arte y la historia italianas que los dedicados a la cultura de otros países europeos como Francia y Alemania. Ya en 1822 se habían imprimido traducciones inglesas-británicas de Dante, Petrarca, Ariosto y Tasso en América. Y en 1850, 103 textos italianos (algunas reimpresiones de traducciones ya salidas en Inglaterra y nuevas versiones realizadas en América) llegaron a las tipografías americanas. Este período corresponde al Romanticismo, cuando América conoció por vez primera la Edad Media. Y la mejor guía para conocer el verdadero mundo medieval fue la Divina Comedia, que dio a los americanos el cuadro completo de aquel período histórico, la clave para entrar en la poesía y en el arte, en la filosofía y en la teología, en el pensamiento religioso y político medieval. Pero Dante y su mundo no se ofrecen fácilmente a las mentes no preparadas. En el canto I del Infierno, Dante dice que «largo estudio» y «gran amor» son el precio que hay que pagar si se quiere “penetrar” en el secreto de su arte y en la esencia del espíritu medieval, cuya expresión más alta es la Divina Comedia. Tendrán que pasar muchos años de duro trabajo y perseverancia antes de que Dante y la Edad Media conquisten el lugar que ocupan hoy en la cultura americana.
Como hemos mencionado anteriormente, la primera traducción americana de un fragmento dantesco (el episodio del conde Ugolino) fue publicada en 1791.
Una de las primeras traducciones que llegaron a América fue la del autor inglés Henry Cary, que tradujo el Infierno en 1805 y toda la Divina Comedia en 1814.
Pero tampoco las traducciones buenas como la de Cary pueden ofrecer un conocimiento profundo del arte del gran poeta si no se está en condiciones de comprender la lengua en la que fue escrita su Comedia.
El primer profesor oficial de italiano en Estados Unidos que conocemos fue Carlo Bellini, a quien en 1779, gracias a la ayuda de su amigo Filippo Mazzei y con la recomendación del presidente Thomas Jefferson, se le encargó la cátedra en la facultad de Lenguas de la Universidad “William & Mary”. Aprovechó la ocasión para dar inmediatamente cursos sobre Dante. Dejó la cátedra en 1803.
A una Nueva York todavía pequeña llegaba para establecerse en 1805 Lorenzo Da Ponte (1749-1838), el aventurero literato véneto que, exiliado de Venecia, se había dirigido primero a Dresde y luego a Viena, a la corte del emperador José II, donde había preparado para Mozart los libretos de las Bodas de Fígaro, de Così fan tutte y del Don Juan. Entre amores e intrigas dejó Viena y se fue a Londres. Se casó con una inglesa y luego se estableció en América. Allí fue el primero en abrir una escuela privada en la que por fin un profesor competente enseñaba el italiano. Da Ponte fundó en 1807 la Academia de Manhattan, donde él y su mujer enseñaban latín, francés e italiano a los jóvenes. En aquel mismo año publicó en Nueva York una pequeña autobiografía en italiano a la que añadió en apéndice las traducciones del episodio del conde Ugolino y de algunas partes del Infierno. Este libro, que Da Ponte había compuesto para sus clases, es importante porque fue el primer texto en italiano que se imprimió en América. Adoraba a Dante y en cuanto sus estudiantes empezaban a saber usar los verbos, los adjetivos y los sustantivos, les hacía leer la Divina Comedia y los impulsaba a aprender versos de memoria. Fue llamado a enseñar italiano al Columbia College, y también allí se las ingenió para introducir temas dantescos. Mientras Da Ponte enseñaba en Nueva York, en Boston se establecía un joven siciliano, Pietro D’Alessandro, poeta romántico exiliado político, que se ganaba la vida dando clases de italiano; más tarde se le unió otro siciliano, Pietro Bachi, con una preparación cultural excelente que le llevará a enseñar italiano en Harvard donde será el primer profesor de italiano, convirtiéndose luego en asistente de George Ticknor. Este último, profesor de Lenguas y Literaturas extranjeras, en 1831 dedicó a Dante el primer curso específico de clases. Ticknor dejará Harvard en 1835 y su sucesor en la cátedra de Lenguas y Literaturas extranjeras será Henry Wadsworth Longfellow. Longfellow, desde entonces, empezará a enseñar a Dante con cierta intensidad y seguirá enseñándolo durante veinte años, es decir, durante todo el período en que enseño en Harvard. En el invierno de 1838 Longfellow leyó el Purgatorio a su clase de Harvard y lo comentó. Precisamente en relación con este curso comenzó la traducción sistemática del Purgatorio en 1843, pero fue un proceso lento, porque en los diez años que siguieron se dedicó a trabajos originales. La terminó en 1853. Después de otra larga pausa, debida a la trágica muerte de su mujer, regresó a la traducción de la Divina Comedia en 1861. Esta vez trabajó con tenacidad y en 1863 completó el Infierno. La Divina Comedia quedaba completamente traducida en 1867.

En las puertas de la ciudad de Dite
James Russell Lowell (1819-1891) hereda el puesto de Longfellow en 1855. No es famoso por haber traducido la Divina Comedia, pero es recordado por haber escrito un ensayo muy importante sobre Dante. En Harvard era popular por su curso sobre el Sumo Poeta. En 1877 le nombraron ministro de Exteriores y fue mandado a España. Dejó su puesto de profesor al otro colega y amigo, Charles Norton.
Norton (1827-1908), editor, profesor de historia del arte y gran amigo y admirador de Longfellow, fue el nuevo profesor de Dante en Harvard. Su pasión por Alighieri le llevó a comprender íntimamente al gran poeta y su mundo. Su gran sensibilidad hacia la belleza artística, su entusiasmo, que conseguía comunicar a los demás, le valieron muchos amigos y admiradores, no sólo en América sino también en Inglaterra e Italia, y su nombre se hizo familiar para los dantistas europeos.
Norton trabajó mucho en la fundación de la “Dante Society” en Cambridge. El mes de febrero de 1881 hubo una reunión en casa de Longfellow donde en 1865 se había formado ya el círculo para la traducción de Dante. Allí se decidió formar la Sociedad de la que Longfellow fue elegido presidente. Pero dos meses después, en mayo de 1882, Longfellow murió y la presidencia pasó a Lowell. En 1891, a la muerte de Lowell, la presidencia de la sociedad pasó a Norton, que la mantuvo hasta su muerte, ocurrida en 1908.
En 1887 la “Dante Society” de Cambridge instituyó un premio anual dedicado a «estudiantes o recién licenciados de Harvard por el mejor ensayo sobre tema dantesco». Esta tradición sigue existiendo aún hoy.
Las aspiraciones americanas de aprender todo lo que tuviera que ver con Italia, su arte, su literatura, como hemos dicho, derivaban de Inglaterra. Pero desde 1830 en adelante, los americanos empezaron a viajar y a descubrir Italia. Y como en los consulados americanos de las ciudades italianas más importantes había poco que hacer, los cónsules pasaban el tiempo aprendiendo la lengua, la literatura, el arte, la historia, y todas estas experiencias eran recogidas en libros, diarios, que luego el público americano leía con gran interés.
En esta parte del océano había otro fenómeno que contribuyó al enriquecimiento del conocimiento de la literatura italiana en Estados Unidos. En la época posnapoleónica, el fracaso de distintos movimientos revolucionarios empujó a muchos italianos de cierta cultura a buscar asilo en Estados Unidos y una vez allí sobrevivían enseñando la lengua y la literatura italiana. A través de estos canales fue como el pueblo americano conoció Italia, apreció sus bellezas naturales y artísticas y aprendió su gran historia.
Florencia y Roma eran ciudades irresistibles para los americanos. Jóvenes artistas americanos llegaban a Florencia y algunos se quedaban en ella el resto de sus vidas. El nombre de Florencia estaba asociado indefectiblemente al de Dante, y quienes estudiaban seriamente la Divina Comedia estaban convencidos de que no podían comprenderla sin visitar Florencia.
En todo el siglo XIX aparecen constantemente ensayos sobre Dante en revistas literarias americanas. Sin embargo, no hacen ninguna referencia a la alegoría o al simbolismo, sino a la historia de su ciudad, a la romántica historia de su amor, a sus aventuras políticas, a su exilio.
El interés por Dante conoció un gran impuso en el período entre 1880 y 1890, que corresponde al momento de gran avance en la cultura general de los Estados Unidos. Ello se nota por el gran número de publicaciones sobre Dante producidas en aquellos diez años. Pero hay dos cosas especialmente importantes: una es que esta publicaciones proceden de centros como Chicago, St. Louis, St. Paul y Denver, y también del sur y del Lejano Oeste; la otra es la aportación de las escritoras americanas, que siempre han tenido un lugar importante en la historia cultural local, aunque esta vez colaboran de manera muy relevante en la fortuna del poeta florentino. Y ello porque son las primeras en afrontar la filosofía de Dante. Merece ser recordada la escritora Susan E. Blow, cuyos artículos fueron recogidos y publicados en un libro titulado A Study on Dante. Este libro representa el primer intento hecho por un dantista americano de analizar la estructura de la Divina Comedia con el propósito de descubrir detalladamente el significado filosófico y espiritual de su alegoría.
Al finalizar el siglo XIX y el Romanticismo, y con la influencia en la vida americana de los descubrimientos científicos, ocurrieron cambios también en literatura y en las artes. La nueva tendencia era el Realismo, y Dante, el héroe del Romanticismo, parecía que iba a perder inevitablemente su gran fuerza de atracción entre el gran público. En cambio el estudio de Dante ganó en intensidad y profundidad en los círculos intelectuales y en las universidades de todo el país. Nuevos libros, escritos ya no por aficionados sino por estudiosos de gran reputación, encontraron un público entusiasta entre las clases intelectuales. Así pues, pese a los cambios en las ideas y en el gusto, Dante siguió en su alto pedestal americano sobre el que había sido colocado por los tres grandes de Cambridge y por sus sucesores.

El Minotauro
En el siglo XX, Dante “is still alive and well”. La “Dante Society”, desde 1954 se transforma en la sociedad anónima “Dante Society of America Inc.”, y su Annual Report se convierte en una de los instrumentos de consulta más importantes: contiene la bibliografía de los estudios dantescos, publica ensayos, notas, relaciones a menudo de gran interés. La Sociedad posee en la Harvard University una rica biblioteca de literatura dantesca que en América solo está superada por la que la Cornell University heredó del estudioso y bibliófilo Daniel Willard Fiske. La Sociedad desarrolla también actividades promocionales, y administra un “Dante Prize” destinado a tesis e investigaciones sobre temas dantescos.
El dantismo americano ha dado ya importantes frutos. Por ejemplo, el número de poetas del siglo veinte influidos por Dante es relevante. Hace algunos años salió un libro titulado The Poets’ Dante, una colección de ensayos escritos por famosos poetas del siglo XX. Quienes prepararon el volumen, Peter Hawkins (profesor de Estudios religiosos en la Universidad de Boston) y Rachel Jacoff (profesora de Literatura comparada y de Estudios italianos en el Wellesley College), dicen en la introducción que, como la mayoría de los lectores de Dante, ellos habían entrado en contacto con el Sumo Poeta a través de Ezra Pound y Thomas S. Eliot. En sus estudios a nivel de máster en la facultad de Inglés, el italiano se convirtió en la lengua que había que aprender para estudiar a Dante. Para ellos Dante era realmente “el altísimo poeta”, y precisamente por esto leían especialmente a James Merrill, Gjertrud Schnackenberg, Charles Wright, Seamus Heaney, poetas que tenían afinidades con Dante y con el cual se sentían en deuda por la inspiración que de él habían recibido. De ahí la idea de reunir ensayos escritos por poetas contemporáneos que cuentan cómo “conocieron” a Dante, qué les empujó a acercarse a él, qué les mantuvo alejados del poeta, y si sus escritos tuvieron influencia directa sobre sus propios trabajos. Hay ensayos de Ezra Pound, Thomas S. Eliot, Osip Mandelstam, Robert Duncan, Howard Nemerov, Seamus Heaney, Jacqueline Osherow, Robert Pinsky, Rosanna Warren, Daniel Halpern, Mark Doty, el estupendo ensayo de Jorge Luis Borges, y otros.
Traducciones americanas de la Divina Comedia
Actualmente hay más traducciones de Dante en inglés que en cualquier otra lengua, y los Estados Unidos producen más traducciones de Dante que cualquier otro país. El poeta Eliot dijo en 1929 que Dante y Shakespeare se dividen el mundo moderno entre sí: la mitad del mundo que “pertenece” a Dante aumenta cada año. En 1989, casi sesenta años después de Eliot, el escritor Stuart McDougal dijo que el impacto de Dante en los escritores más importantes del mundo moderno ha superado grandemente al de Shakespeare. Dante, en efecto, ha realizado el crossover. Ha “emigrado” del campo literario, cultural y académico hacia el mundo exterior y ha tenido impacto tanto en el público instruido como en el no instruido.
El siglo XX es el período de las grandes traducciones. Y por eso comenzó en el siglo XX un debate que en cierto sentido sigue aún hoy: ¿traducción en prosa o poesía? Algunos están en contra de traducir al inglés usando la tercera rima, y las razones son éstas: 1) el inglés es pobre en rimas; 2) el “hacer la tercera rima” no se presta a la lengua; 3) el verso en inglés no se adecua a la constante formación de la rima.
Traduttore traditore. Todos los traductores de Dante saben qué verdad es. Diciendo esto se reconoce con humildad lo difícil que es hacerle justicia a Dante, considerado por Byron «el más intraducible de los poetas». Efectivamente, todos los traductores reconocen que, tratando de conservar ciertos aspectos de la poesía, otros se pierden en la traducción. Y muchos de estos traductores están de acuerdo con Dorothy Sayers, según la cual el mayor cumplido que puede recibir su traducción es empujar, animar a los lectores a leer a Dante en la lengua original.
¿Qué nos esperamos de una traducción? Que comunique el sentimiento y el sentido del trabajo original. En el caso de la Divina Comedia la opinión está dividida entre quienes afirman que el espíritu y el sentido de esta obra se comunica mejor al lector mediante una traducción en verso y quienes en cambio prefieren una traducción en prosa. Muchos críticos están de acuerdo, de todos modos, en que tanto la traducción en prosa como la traducción en verso presentan cada una sus ventajas. La traducción en prosa comunica mejor el sentido literal, mientras que la traducción en verso puede comunicar el sentido del movimiento y del ritmo de la poesía dantesca. En la enseñanza de la obra maestra dantesca en Estados Unidos se usan ediciones dual language, en las que el texto original está en la página de la izquierda y la traducción en la de la derecha. El poeta Thomas S. Eliot y otros han afirmado que aprendieron a leer el italiano con estas ediciones.
Las traducciones más usadas en las universidades americanas
John D. Sinclair (prosa) (dual language). Esta sigue siendo la edición más popular. Sinclair eligió la prosa para alcanzar su objetivo de conjugar una traducción literal, o casi, del texto italiano, con una buena forma en lengua inglesa.
Esta traducción es famosa por su precisión y por estar escrita en un inglés elegante. Hay notas explicativas, consideradas por muchos profesores “una pequeña joya”, colocadas al final de cada canto. Contienen el resumen del canto, en el que el autor trata la parte histórica, las cualidades estéticas y ofrece elementos de crítica. También al final de cada canto hay breves notas numeradas que mandan a algunas palabras del texto.
Charles S. Singleton (prosa) (dual language). Es una traducción clara y precisa. Cada canto está en dos volúmenes: uno contiene el texto y la traducción y el otro los comentarios de teología y mitología, análisis lingüístico, histórico y biográfico. Faltan los resúmenes de los cantos.
John Ciardi (poesía). Popular, pero también ha provocado controversias. Ciardi ha usado dummy o “tercera rima defectuosa” para usar un inglés idiomático y al mismo tiempo para comunicar las sensaciones del poema. La crítica le reprocha el uso de algunas “licencias poéticas” no necesarias.
Mark Musa (Infierno) (poesía). Su versión se usa mucho en los colleges. Ha elegido una forma poética sin rima para conseguir una traducción precisa.
La Universidad de Hervard usa la traducción de Jean y Robert Hollander para la enseñanza del Infierno y del Purgatorio, y la de Mandelbaum para el Paraíso.
Conclusión
En el verano de 1999, la columna “Bookend” del New York Times fue dedicada enteramente al creador de historietas Seymour Chwast, que eligió para aquella edición el mundo de la Divina Comedia. La página fue titulada: La Divina Comedia de Dante: El Diagrama. Esta divertida representación de los tres reinos le ofreció al lector dominical de la columna dedicada a la revista de los libros una visión esquemática de la Comedia dantesca. Una pregunta que hay que plantearse es: ¿por qué estaba allí la historieta, sin explicaciones especiales, en uno de los periódicos más famosos y quizá más vendidos del mundo? ¿Y por qué el New York Times presumía que el lector normal conocía el poema?
El hecho es que a Dante lo conocen no solo quienes han leído el poema por lo menos una vez, sino también un número aún mayor de personas que nunca ha leído ni siquiera una página. Dante es una figura popular de la cultura contemporánea americana. Por ejemplo, varias películas americanas –Clerks (1994), Seven (1995), Dante’s Peak (1997)– hacen alusión y se inspiran en el poema. Incluso hay un conjunto de rock que ha decidido llamarse “Divine Comedy” con la intención de que se les recuerde fácilmente. Los Estados Unidos tienen muchos restaurantes y bares que se llaman “Dante’s Inferno”. Esta última expresión la utilizan comúnmente los periodistas para describir situaciones sociales y políticas especialmente críticas.
Como hemos visto, la fortuna de Dante nunca conoció el ocaso en setecientos años, y nunca lo conocerá porque su mensaje es universal y siempre actual.