«Cuando hablamos del primado…
… nosotros nos referimos al primado de la Iglesia de Roma, que el papa ejerce como obispo de esa sede». Entrevista a Joannis Zizioulas, metropolitano ortodoxo de Pérgamo
por Gianni Valente

Joannis Zizioulas
Zizioulas ha participado en varias ocasiones en el debate teológico sobre el primado, que él define «condicio sine qua non de la catolicidad de la Iglesia». En el Simposio romano de finales de mayo su relación sobre las recientes discusiones en torno al primado entre los teólogos ortodoxos fue una de las más seguidas y debatidas.
¿Cómo ha cambiado en los últimos tiempos el enfoque de los teólogos ortodoxos respecto a la cuestión del primado petrino?
JOANNIS ZIZIOULAS: Recuerdo que tradicionalmente el primado del obispo de Roma, tal y como se había estructurado a lo largo de los siglos, era considerado en la Iglesia ortodoxa como una especie de imperialismo religioso, no conforme a la tradición sinodal de la Iglesia, que prevé que los miembros del episcopado, en cuanto sucesores de los apóstoles, ejerzan colegialmente el ministerio de la autoridad. En los últimos decenios, se han abierto posibilidades para considerar la cuestión desde una perspectiva nueva. La que abrió la eclesiología de comunión indicada también por el Concilio Vaticano II.
¿Cuáles son, en su opinión, los aspectos de dicha eclesiología que pueden abrir nuevos escenarios en la secular controversia sobre el primado?
ZIZIOULAS: En una eclesiología de comunión, toda Iglesia local es Iglesia en sentido pleno, en virtud de la eucaristía que ella celebra según el mandato que dio Jesús a los apóstoles y a sus sucesores. En este aspecto todos los obispos son iguales: las Iglesias locales que gobiernan son Iglesias en sentido pleno, cualquiera que sea su dimensión o el número de sus fieles. Por esto, ninguna institución, como los sínodos, los concilios o el primado deberían funcionar de modo que comprometan o anulen la plenitud de la Iglesia local.
¿De qué modo y dentro de qué límites las Iglesias ortodoxas podrían reconocer el ejercicio de un primado universal?
ZIZIOULAS: Según la Tradición, el de Roma es el primer obispo de toda la Iglesia. La dificultad respecto al primado petrino reside en el hecho de que este implica una jurisdicción universal, por lo que el papa puede interferir en la Iglesia local. Pero si hallamos un camino para aceptar el primado universal del papa que no conlleve daños para la plenitud de la Iglesia local, podríamos asumirlo.
Si la Iglesia ortodoxa no puede reconocer la jurisdicción universal del obispo de Roma, ¿qué contenidos en concreto tendría el reconocimiento de su primado por parte ortodoxa?
ZIZIOULAS: Sobre esto hay que seguir estudiando la cuestión. Desde mi punto de vista, en primer lugar, el obispo de Roma no debería hacer nada sin los demás obispos. Debería consultarlos siempre. Además, no debería interferir en la vida normal de las demás diócesis e Iglesias. Puede tener una influencia moral y canónicamente puede tener el poder de convocar los sínodos y de expresarse como el portavoz de la voz común de la Iglesia. Pero no puede hacer nada de manera solitaria. No representa a toda la Iglesia en cuanto individuo. Puede conservar el depositum fidei sólo en comunión con los demás obispos.
¿Qué criterios deberían inspirar las relaciones entre el papa y los demás obispos?
ZIZIOULAS: Ante todo, el papa mismo es un obispo y todos los obispos son sacramentalmente iguales a él, han recibido la misma gracia. Como obispo, él mismo es el jefe de un Iglesia local. El primado no le pertenece a él, sino a su Iglesia. Cuando hablamos del primado nosotros nos referimos al primado de la Iglesia de Roma que es ejercido por el Papa por ser el obispo de esa sede.
El obispo de Roma funda su primado en el hecho de ser el sucesor del apóstol Pedro…
ZIZIOULAS: En las Iglesias de Oriente todos pueden reconocer que según la Tradición de la Iglesia el de Roma es el primer obispo. Pero el hecho de fundar su primado en la sucesión de Pedro es ya una cuestión problemática. El reconocimiento de esta posición del primado en los primeros siglos era simplemente un hecho, una tradición, que podía tener relación también con la importancia de la ciudad de Roma desde el punto de vista político. Naturalmente, los obispos de Roma siempre consideraron que su papel en la Iglesia estaba vinculado a la sucesión de Pedro. Mientras que en la Iglesia bizantina no era esta la razón por la que el Papa era reconocido como el primero de los obispos. Existía una taxis, un orden establecido según el cual la primera sede era la de Roma, la segunda la de Alejandría, la tercera la de Antioquía. Luego estaba la de Constantinopla, que se convirtió en la segunda, o incluso fue considerada de igual grado que la de Roma, según lo establecido por los concilios ecuménicos. En cualquier caso, era algo que se aceptaba como un hecho, sin que hubiera una teoría definida respecto a la sucesión de Pedro.
Sobre esto hay que seguir estudiando la cuestión. Desde mi punto de vista, en primer lugar, el obispo de Roma no debería hacer nada sin los demás obispos. Debería consultarlos siempre. Además, no debería interferir en la vida normal de las demás diócesis e Iglesias. Puede tener una influencia moral y canónicamente puede tener el poder de convocar los sínodos y de expresarse como el portavoz de la voz común de la Iglesia.
En la célebre conferencia pronunciada en Graz en 1976, el entonces profesor Joseph Ratzinger afirmaba que «hoy puede ser posible, desde el punto de vista cristiano, lo que fue posible durante un milenio» y que «respecto a la doctrina del primado, Roma no puede pretender de Oriente más de lo que fue formulado y practicado en el primer milenio». ¿Le parece que hoy el enfoque católico de este tema sigue estando de acuerdo con aquella famosa “fórmula Ratzinger”?ZIZIOULAS: Pienso que en el momento actual la Iglesia de Roma no tiene en cuenta esta fórmula. En los encuentros de diálogo con los ortodoxos, los representantes católicos tienden a arrinconar la perspectiva indicada por la experiencia de unidad del primer milenio. Es una pena. Pero lo que tenemos que hacer ahora es buscar un camino para encontrarnos sobre otras bases, y estas nos las puede indicar la eclesiología de comunión.
En los últimos diez años el diálogo teológico oficial se ha encallado en las controversias sobre el uniatismo. En esta situación, ¿cómo se puede esperar poner en marcha un diálogo sobre una cuestión tan difícil como la del primado?
ZIZIOULAS: No cabe duda de que también el problema del uniatismo está estrechamente ligado al del primado. Es más, espero que el diálogo teológico pueda seguir su camino afrontando precisamente la cuestión del primado. En este contexto, y en relación con él, quizás también podría hallar nuevos desarrollos el estacionario debate sobre el uniatismo. Tampoco esta cuestión puede afrontarse como un problema independiente, que es lo que ha pasado en los últimos diez años, sino como parte del diálogo total sobre la eclesiología.
A veces se tiene la impresión de que en el imaginario colectivo, también por influjo de los medios de comunicación, toda la Iglesia se identifica con el Papa y sus iniciativas.
ZIZIOULAS: Puede ser un peligro. Porque puede dar la impresión de que en todo el universo hay una única diócesis, con un único obispo universal, y esto no ayudaría a la eclesiología de comunión a ser la base para un posible reconocimiento del primado de la Iglesia de Roma por parte de las Iglesias de Oriente. También se puede dar la impresión de que la Iglesia no es una realidad donada por Dios, sino una realidad hecha por los eclesiásticos. Mientras que, si reconocemos la eucaristía como la base de nuestra eclesiología, reconocemos que la Iglesia viene de Dios como un don; que no la hacemos nosotros.