Cada año en Genzano de roma
Lo dicen con flores
Mientras sigue la discusión sobre cómo otorgarle relevancia a las raíces cristianas de Europa, cuya importancia no quiero desestimar, he tenido ocasión de reflexionar sobre una de las presencias religiosas en la vida de un característico pueblo de los Castelli Romani, donde, por otro lado, no faltan huellas de las discordias que provocaba el ejercicio del poder temporal de los papas…
Giulio Andreotti

La “infiorata” se articula en varias fases: el proyecto y la preparación del esbozo, la recogida de las flores , la separación de los pétalos y su conservación en las cuevas, luego su esquema se dibuja en el suelo el sábado por la tarde, y el domingo por la mañana se colocan los pétalos de modo que la obra esté lista para la procesión del Santísimo Sacramento el domingo por la tarde
Con fundado orgullo, los lugareños explican cómo se realizan estos cuadros: se seleccionan los esbozos y luego su esquema se dibuja en el suelo, y siguiendo estos dibujos se posicionan luego las flores. Se llegan a recoger pacientemente trescientas cincuenta mil flores (con sus esencias vegetales), que se conservan en las cuevas de la ciudad, separándose, con un trabajo de chinos, los pétalos de las corolas.
Pero escuchemos con interés también las crónicas de algunas ediciones de esta singular manifestación que llamó la atención de literatos, que escribieron sobre ella, como Gogol y Andersen, aunque también de personajes como Massimo D’Azeglio y Garibaldi, quien, invitado por las autoridades de Genzano a pasar sobre la gran alfombra de flores, se abstuvo diciendo: «Algunas cosas divinas no se pueden pisar».
La emocionante experiencia de los días pasados, incluyendo la inauguración de una exposición de la historia de esta manifestación, me confirma en mi convicción de que el nuevo programa de desarrollo económico-social de la nación ha de tener como eje el patrimonio artístico que posee Italia (según estimaciones de la Unesco, más de la mitad de las obras de pintura, escultura y arquitectura existentes en el mundo), además del paisaje, las tradiciones, los circuitos históricos.
Un día le pedí al gran Federico Zeri que formulara este proyecto, pero no quiso porque, según él, el paisaje italiano está bastante destrozado. Zeri estaba cansado, y no pude volver a discutir con él para convencerlo. Sin embargo, yo sigo con mi idea, y espero que a nivel nacional o por iniciativa de alguna región se saque adelante el proyecto. En estos días se recuerda con el debido respeto a Ezio Vanoni en el centenario de su nacimiento. A él se debe el esquema de desarrollo de los años cincuenta.
La Italia Turística (con T mayúscula) que yo deseo será capaz, sobre todo, de afrontar las dificultades competitivas, que serán cada vez mayores en los sectores productivos debido a la competencia internacional. Conmoverse y dar la alarma por la crisis de la Fiat es más que justo. Pero si no se conciben nuevos caminos constructivos se corre el riesgo de caer en una espiral involutiva.
Les agradezco a los habitantes de Genzano el haberme dado pie a renovar esta convicción, que considero no sólo fundada, sino también carente de alternativas.