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CHINA-SANTA SEDE
Sacado del n. 01 - 2007

Estudiantes chinos en las Universidades del Papa

Mientras tanto, en Roma se han hecho las paces



por Gianni Valente


La división que sufre la Iglesia católica china en muchas situaciones locales sigue dificultando la comunión sacramental entre las comunidades reconocidas por el gobierno y las llamadas “clandestinas”. Pero en el corazón de Roma, a pocos pasos del Palacio apostólico, sacerdotes procedentes de las dos realidades eclesiales chinas celebran juntos cada mañana a las seis y media la Eucaristía, y cada tarde se vuelven a juntar de nuevo para la adoración eucarística y para rezar el rosario y las vísperas. El lugar donde ocurre esta reconciliación cotidiana –vivamente recomendada por los “superiores”– es la capilla del Pontificio Colegio Urbano, donde la Congregación de Propaganda Fide da alojamiento a sacerdotes y seminaristas de los continentes extraeuropeos que vienen a estudiar a las Pontificias Universidades de la Ciudad Eterna.
Hace ya veinticinco años que estudiantes chinos –seminaristas, religiosas, sacerdotes– consiguen de distinta manera permiso para salir de China y van a perfeccionar su currículum de estudios eclesiásticos a instituciones académicas occidentales. Y Roma se convierte en la meta más deseada de este flujo sui generis. Según estadísticas ofrecidas por el misionero-estudioso Jean Charbonnier, entre 1994 y 2006, 149 de los 387 estudiantes chinos de asignaturas eclesiásticas en Europa realizaron sus cursos en Italia. De estos, ya más de 30 han vuelto a desempeñar establemente actividades académicas o pastorales en China. En 2006 se pudo satisfacer sólo parcialmente el “tope” de 57 nuevas peticiones de estudiantes chinos interesados en venir a Italia a estudiar Teología, Pastoral y Derecho canónico.
En 2003, el cardenal Crescenzio Sepe –por aquel entonces prefecto de Propaganda Fide– quiso crear ad hoc el Centro Cultural Asiático Juan Pablo II, concebido como organismo de apoyo y orientación unitario para los estudiantes chinos en sus períodos de estudio romano. En aquellos años Propaganda Fide había fijado algunas reglas generales para clérigos y religiosas procedentes del ex Imperio Celeste: de seis meses a un año para estudiar italiano, con un curso veraniego intensivo de tres meses organizado en la diócesis de Terni. Posteriormente, tres años de cursos para conseguir la licencia en Teología.
Desde este año el cardenal Ivan Dias, nuevo prefecto del dicasterio vaticano para la misión, ha creado nuevas normas para el grupo de chinos (casi un centenar, entre monjas, sacerdotes y seminaristas) que asisten a las Pontificias Universidades romanas. Curas y seminaristas tendrán que “desparramarse” por los distintos colegios de Propaganda Fide, también para favorecer la práctica del italiano como lengua franca en el contacto con los estudiantes de otras partes del mundo; y para el futuro se seguirán criterios de selección rigurosos, que garanticen niveles de preparación adecuados en los “candidatos” chinos que solicitan venir a estudiar en las universidades del Papa. El Centro Cultural Asiático desaparecerá. A nivel académico, también los estudiantes chinos –clérigos, religiosos y laicos– presentes en Roma podrán utilizar los servicios del Centro Freinademetz, inaugurado por la Congregación de los Verbitas en el Colegio romano del Verbo Divino el pasado 29 de enero.


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