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ANIVERSARIOS
Sacado del n. 01 - 2007

Juicios de consuelo y esperanza


Fragmentos de don Luigi Giussani en el segundo aniversario de su muerte


Preparado por Paolo Mattei


Don Luigi Giussani

Don Luigi Giussani

La dulce memoria de Jesús

Han pasado ya dos años desde que don Luigi Giussani falleció la mañana del 22 de febrero de 2005, y las últimas palabras que dirigió a todos, pocos días antes, como intención de oración para la santa misa del 11 de febrero, resuenan amorosas en el corazón y crecen en la experiencia de quien pobremente le amó: «Acordémonos con frecuencia de Jesucristo, porque el cristianismo es el anuncio de que Dios se ha hecho hombre y sólo si vivimos lo más posible nuestras relaciones con Cristo, nos “arriesgamos” a actuar como Él».
Qué parecidas son estas últimas palabras de Giussani y las palabras de Pablo en su última carta, la segunda carta a «Timoteo, hijo querido» (2Tm 1, 2). Giussani: «Acordémonos con frecuencia de Jesucristo». Pablo: «Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de entre los muertos» (2Tm 2, 8). Y ese «nos “arriesgamos” a actuar como Él» remite a los versículos de la misma carta (2Tm 4, 6-8) en los que Pablo alude a su muerte inminente.
Siempre, y sobre todo en los últimos años de su vida, hizo presente don Giussani que este «acordémonos con frecuencia de Jesucristo», esta «dulce memoria de Jesús» (Iesu dulcis memoria es el himno que con más frecuencia invitaba a rezar y cantar) no la producimos nosotros, sino que es respuesta gratuita del Señor a la pobreza de nuestra repetida plegaria. Jesús, en los discursos de la última cena, prometió que sería el Espíritu Santo, el Consolador que el Padre enviará en su nombre, el que haría memoria de Él en nuestro corazón (cf. Jn 14, 26).
Decía Giussani en la entrevista a Avvenire del 13 de octubre de 2002, con motivo de sus ochenta años: «Mi oración es la liturgia y la repetición continuada de una fórmula: “Veni Sancte Spiritus, Veni per Mariam”. Ven Espíritu Santo, ven por María, hazte presente a través del seno y de la carne de la Virgen»; y el 16 de octubre de 2004 escribe: «Os invito a rezar cada día el Santo Rosario que es la contemplación del Misterio, es la contemplación de la Santísima Trinidad».
Esta plegaria repetida a la Virgen permanecía en la mirada y en el corazón de Giussani incluso ante la situación de la Iglesia y los hechos del mundo, mirando la primera página del periódico, como dice en el entrevista de agosto de 2002, quizá recordando la recomendación de monseñor Figini, el día de su ordenación, de leer, mejor dicho, de mirar todos los días el periódico.
Y una mirada de oración a la situación actual de la Iglesia son los juicios de Giussani que publicamos en estas páginas, juicios que dan testimonio de esa libertad de los hijos de Dios que el sacrificio de la obediencia a la autoridad eclesiástica hace que sea más evidente y sorprendente.


Para “dar respuesta” es necesario ante todo que la esperanza sea tan evidente…

mayo de 1979, entrevista de Giorgio Sarco

De alguna manera el comienzo de la actitud cultural de los cristianos está definido por la exhortación de san Pedro a «dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza» (1P 3, 15), Esto presupone una interrogación que sale del mundo y llega al cristiano. Para «dar respuesta» es necesario ante todo que la esperanza sea tan evidente que sorprenda a los observadores, que sea para ellos un encuentro y les obligue a preguntar.

(“Da quale vita nasce Comunione e liberazione”, en Un avvenimento di vita, cioè una storia, Edit-Il Sabato, Roma, 1993, p. 352)


Don Giussani en la plaza de San Pedro el domingo de Ramos, 23 de marzo de 1975

Don Giussani en la plaza de San Pedro el domingo de Ramos, 23 de marzo de 1975

Que la vida que comenzó en María y José se vuelva a encender en el corazón de la gente

diciembre de 1986, entrevista de Luigi Amicone

En una de nuestras charlas durante este viaje [a Tierra Santa] decía usted que la Iglesia y, por tanto, las experiencias de Iglesia viva como las de los movimientos, de su movimiento, deben continuamente elegir entre «presencia y poder». ¿Puede aclarar los términos de esta alternativa?
Viendo aquellos lugares donde sólo una humanidad viva, aunque determinada embrional y seminalmente, pudo arraigar y tener la fuerza de resistir, de comunicarse y cambiar el mundo, resulta claro que en la vida de la Iglesia de hoy lo importante es la vivacidad de una fe renovada y no un poder derivado de una historia, de una institución que se ha afirmado o de un conjunto de normas intelectuales y teológicas. Lo realmente importante es que la vida que comenzó en María y José, en Juan y Andrés, se vuelva a encender en el corazón de la gente y arrastre a la multitud hacia un encuentro que incida en la vida como sucedió en los orígenes del cristianismo.

(“Sulle tracce di Cristo”, en Un avvenimento di vita, cioè una storia, Edit-Il Sabato, Roma, 1993, p. 28)


Un acontecimiento sucedido que sorprende

agosto 1987, entrevista de Angelo Scola

Por el contrario, su propuesta pedagógica parte del sentido religioso del hombre, ¿es así?
El corazón de nuestra propuesta es más bien el anuncio de un acontecimiento sucedido, que sorprende a los hombres del mismo modo en que, hace dos mil años, el anuncio de los ángeles en Belén sorprendió a los pobres pastores. Un acontecimiento que acaece, antes de toda consideración, en el hombre religioso o no religioso. Es la percepción de este acontecimiento lo que resucita o potencia el sentido elemental de dependencia y el núcleo de evidencias originarias a las que damos el nombre de “sentido religioso”.

(“El poder del laico, es decir, del cristiano”, en 30Días, n. 3, agosto-septiembre 1987, pp. 50-63)


Don Giussani y Juan Pablo II

Don Giussani y Juan Pablo II

El único remedio es volver a la fe en lo sobrenatural como determinante de la vida de la Iglesia

agosto de 1988, entrevista de Renato Farina

Aquel mes de agosto [1978], tras la muerte de un Papa y mientras se iba a elegir a otro, ¿qué deseaba para la Iglesia?
Un hombre que continuara la intuición de la tragedia que vivía la Iglesia. Y del único remedio que es volver a la fe en lo sobrenatural como determinante de la vida de la Iglesia: la autenticidad de la Tradición. En fin, esperaba un papa que siguiera el camino que Pablo VI había indicado clamorosamente en los últimos años.

(“I volti segreti di Pietro”, en Un avvenimento di vita, cioè una storia, Edit-Il Sabato, Roma, 1993, p. 78)


El despertar de la persona. Hacía antes la comparación de David y Goliat

diciembre de 1989, a cargo de Giovanni Testori

Porque este es el tiempo del renacimiento de la conciencia personal. Es como si ya no se pudieran hacer cruzadas o movimientos... Cruzadas organizadas, movimientos organizados. Un movimiento nace precisamente con el despertar de la persona. Es algo impresionante. Hacía antes la comparación de David y Goliat. Precisamente la persona, que frente a un mecanismo como el que tú has descrito es lo más ridículo, lo más risible que exista, lo más desproporcionado que exista, y no puede tener ninguna posibilidad de éxito, precisamente la persona es el punto del desquite. Y así nace el concepto de movimiento, en mi opinión. El valor social más grande de ahora para un contraataque es precisamente el ideal de movimiento, que es como si no tuviera ni pies ni cabeza, no se sabe cómo sucede. Efectivamente su lugar de nacimiento es la partícula más incauta e inerme que exista: la persona […].
Yo no consigo encontrar otro índice de esperanza que no sea la multiplicación de estas personas que sean presencias. La multiplicación de estas personas; y una inevitable simpatía o, iba a decir algo brutal, una “sindicalidad” nueva entre estas personas; tal y como la expresa el término que usamos nosotros: reconocimiento.

(G. Testori, Il senso della nascita. Colloquio con don Luigi Giussani, Il Sabato, diciembre de 1989, pp. 74.79)


Católicos que se mueven en la sencillez de la Tradición

abril de 1992, entrevista de Renato Farina

¿Una verdadera persecución?
Así es. La ira del mundo no se levanta ante la palabra Iglesia, está tranquila incluso ante la idea de que alguien se defina católico, o ante la figura del Papa presentado como una autoridad moral. Es más, hay un respeto formal, incluso sincero. El odio se desencadena –a duras penas reprimido, pero pronto se desbordará– ante los católicos que se proponen como tales, católicos que se mueven en la sencillez de la Tradición.

(“Un evento. Ecco perché ci odiano”, en Un avvenimento di vita, cioè una storia, Edit- Il Sabato, Roma, 1993, p. 104)


Giulio Andreotti entrevista a don Giussani, Milán, 15 de octubre de 1994

Giulio Andreotti entrevista a don Giussani, Milán, 15 de octubre de 1994

El nihilismo como consecuencia de una presunción antropocéntrica

octubre de 1994, entrevista de Giulio Andreotti

El nihilismo es la consecuencia inevitable sobre todo de la presunción antropocéntrica según la cual el hombre es capaz de salvarse por sí mismo. Esto es tan falso que todos los que viven defendiendo esa postura, al final, incluso abiertamente, se ven disueltos en un maniqueísmo de cuya amargura tratan de escapar con imaginaciones tomadas de las religiones orientales o de movimientos de otro tipo, aunque siempre espiritualistas, del mundo occidental. Toman imágenes del mundo oriental o de ciertos ambientes del mundo occidental que, en el fondo, traducen siempre un ideal panteísta. Por ejemplo, Thomas Mann, en su novela Los Buddenbrook describe al último hombre capaz de defender la enorme riqueza acumulada por los Buddenbrook: una historia dramática, o mejor dicho, una historia trágica; se hace trágica en su caso. Durante la jornada intensa de trabajo. cansadísimo para poder mantener en pie toda la herencia de su padre y de su abuelo, sólo puede permitirse diez minutos o un cuarto de hora de descanso. Acomodado en su sillón descansa, dice Thomas Mann, pensando siempre en ese último momento en que su gota será absorbida por el inmenso mar –no sé si dice o no del ser, como decimos nosotros–, en el inmenso mar del ser, desapareciendo de este modo como gota, como individualidad, y sumergiéndose en la apaciguadora homologación universal. Me parece que esta página de Thomas Mann significa, paradójicamente diría yo, el aspecto positivo -si es que podemos hablar de aspecto positivo- de este nihilismo último que cada vez domina más el mundo que nació de la rebelión de los siglos XVII y XVIII o, mejor dicho, en ciertos aspectos antes, con el mismo protestantismo, hasta nuestros días.

(“Existe porque está presente”, en 30Días, 10 de octubre de 1994, pp. 10-17)


La gloria humana de Cristo en la historia misma

enero de 1996, entrevista de Pierluigi Battista

Italia sigue llamándose un “país cristiano”. ¿Insiste CL en afirmar que los católicos son en este país una “minoría”?
Los católicos verdaderos, reales, auténticos, son una exigua minoría. Hablo de los que ponen la contribución esencial de la Tradición como principio sintético de la vida y de las relaciones sociales, sobre todo al identificar el objetivo último de toda la historia (que está antes del Apocalipsis) en la construcción, dentro de la misma historia, de la gloria humana de Cristo, no mediante hegemonías buscadas a toda costa, sino mediante el poder enigmático de Dios. Es el problema de quien guía. Pero una exposición límpida de la Tradición encuentra la oposición sistemática del mundo cultural y del poder.

(“Ídolos y justicialismo nos amenazan”, en La Stampa, 4 de enero de 1996; también en 30Días, n. 2, febrero de 1996, pp. 26-29)


Los pobres ignorantes pueden comprender el Misterio

agosto de 2002, entrevista de Renato Farina

La característica del Misterio es que los pobres ignorantes lo pueden comprender. Por eso la obra del Espíritu, Creador del universo, es la Virgen. No lo digo por hábito devocional, sino porque objetivamente es así. El Espíritu se vuelve experimentable como caridad en la Virgen. Querría escribir un artículo sobre la Virgen: cualquier cosa que toca se hace humana y al mismo tiempo la sitúa en el Misterio. Provoca escándalo que la Virgen sea el primer signo de la Presencia de Dios. Pero solamente quien comprende esto puede interesarse de verdad por lo divino. Descubrir cómo en la Virgen bendita se ha encarnado Dios, hace que todo llegue a formar parte de este descubrimiento: la primera página del periódico, el número de cabellos de la persona que amas.

(“Ebrei e cristiani alla fine si riuniranno”, en Libero, 22 de agosto de 2002; también en 30Días, n. 9, septiembre de 2002, pp. 50-55)


Una de las últimas fotos de don Giussani, 2004

Una de las últimas fotos de don Giussani, 2004

Jesús de Nazaret y el desquite

octubre de 2002, entrevista de Dino Boffo

¿Cómo ha incidido en su obra el sentido del tiempo que corre veloz? En otras palabras, ¿se ha desarrollado su vida bajo el signo de la urgencia?
Espero que mi vida se haya desarrollado según lo que Dios deseaba de ella. Se puede decir que se ha desarrollado bajo el signo de la urgencia porque toda circunstancia, o mejor cada instante, ha sido para mi conciencia cristiana búsqueda de la gloria de Cristo. Mi obispo, el cardenal Tettamanzi, al llegar a la sede de Milán dijo: «Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, aun inconscientemente, nos piden que les “hablemos” de Cristo, es más, que les hagamos “verlo”». Jesucristo, Su gloria humana en la historia, es el único signo positivo en medio del mundo, que, de otro modo, sería un moverse absurdo de tiempo y espacio. Porque, como diría Eliot, sin el significado no hay tiempo. La vida está llena de nulidad y negatividad, y Jesús de Nazaret es el desquite. Esto lo tengo claro. Así, la esperanza es la certeza por la cual se puede respirar en el presente, en el presente se puede gozar.

(«Yo soy cero, Dios es todo», en Avvenire, 13 de octubre de 2002; también en 30Días, n. 11-12, noviembre-diciembre de 2002, pp. 50-52)


Si se produce este asombro...

octubre 2004, entrevista de Gian Guido Vecchi

Para responder parto de un modo de mirar las cosas “con pasión”, “con amor”, con una apertura que no me deja solo, sino que pone en marcha una relación. No se puede abordar una cuestión de la que depende la vida con una actitud como la que acabo de describir, sin que esto descoloque al otro, le sorprenda. Si se produce este asombro, será lógico hablar a los chicos con entusiasmo, y todo el trabajo quedará subordinado al empeño de la inteligencia; sería un error en efecto seguir a alguien sin un porqué. En el cerebro del hombre está la clave que exige la explicación del porqué. Con otras palabras, sin la sorpresa por la realidad como punto de arranque, el hombre se quedaría bloqueado, poco o mucho, en la pura necesidad de hacer –¿pero, hacer qué?– y sentiría cualquier intento suyo como inútil.

(“Los cielinos y yo. Nuestra fe ante el mundo”, en Corriere della Sera, 15 de octubre de 2004)


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