República Democrática del Congo
Pedimos que no nos abandonen
Entrevista al padre Apollinaire Muholongu, presidente de la Comisión Electoral Independiente, encargada de controlar el desarrollo de las elecciones presidenciales, las primeras votaciones libres tras años de guerra y dictadura. El papel de la comunidad internacional sigue siendo esencial
Entrevista con Apollininaire Malu Malu Muholongu por Davide Malacaria
Un conflicto que parecía no acabar nunca. Uno de los muchos
que hay en África, que estalló por los motivos de siempre: acaparar las
extraordinarias riquezas naturales del país. Con una variante: el boom de los
teléfonos móviles... pues al parecer la República
Democrática del Congo, uno de los países más grandes
de África, es riquísima en un mineral, el coltán, muy
usado en la fabricación de componentes electrónicos para
móviles, cámaras de vídeo, ordenadores
portátiles. Una vez más el continente africano paga la
enésima contribución de sangre para el desarrollo de
Occidente. Un matadero en el centro de África, donde Conrad
ambientó –trágica repetitividad de la Historia–
su Corazón de las tinieblas. Ahora, según parece, se terminó la matanza.
El pasado 29 de octubre, tras años de dictaduras y guerras, la
República Democrática del Congo celebró las primeras
elecciones libres de su reciente y difícil historia. Y fueron
un éxito, en el sentido de que uno ganó y los demás
perdieron sin más derramamientos de sangre. Una hermosa
página de crónica que, como de costumbre, los medios de
comunicación no tratan, privilegiando los sucesos. Trataremos de
contarla con la ayuda del padre Apollinaire Malu Malu Muholongu, presidente
de la Comisión Electoral Independiente (CEI), el organismo encargado
de organizar las elecciones. El padre Apollinaire fue desde 2001 a 2004
rector de la Universidad Católica de Graben, en Butembo,
región de Nord-Kivu, la zona oriental del país que, con
Ituri, fue el teatro principal de los enfrentamientos de estos años.
Al parecer su país ha salido por fin de la sangrienta guerra civil...
Apollinaire Malu Malu Muholongu: En realidad se trata de dos guerras distintas, que han oscurecido un largo periodo de transición. La primera guerra civil comienza en 1996 y termina el año siguiente con la caída de Mobutu –en el poder desde 1965-_ por obra de Laurent-Désiré Kabila (el padre del actual presidente), que luego fue asesinado en 2001. Tras este conflicto se pensó que comenzaría un periodo de tranquilidad para el país; en cambio, se sumió de nuevo en el caos de otra guerra, más dramática que la anterior. Un conflicto en el que participaron seis países africanos: Uganda, Ruanda y Burundi apoyaron a los rebeldes, mientras que Angola, Namibia y Zimbabue combatieron al lado de las tropas leales a Kabila (del padre primero y luego del hijo). Este segundo conflicto, mucho más sangriento que el primero, duró desde agosto de 1998 a 2003. Mientras tanto, en 1999, las partes llegaron a un acuerdo en Lusaka (Zambia). Un acuerdo muy importante porque estableció el primer alto el fuego que, aunque fue violado varias veces, creó las condiciones para un verdadero acuerdo de paz, y puso en marcha negociaciones políticas entre las distintas facciones.
¿Qué papel desempeñó la comunidad internacional en este proceso de paz?
Muholongu: Decisivo. Comenzando por la SADC (Comunidad del África Meridional para el Desarrollo). Pero también fue importante el papel de algunos políticos africanos que no escatimaron esfuerzos para el éxito del proceso de paz; pienso especialmente en el ex presidente de Zambia, Frederick Chiluba, que desempeñó eficazmente la tarea de “facilitador de paz”, en el ex presidente de Botsuana, Ketumile Masire, que fue decisivo en las negociaciones políticas, y en el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, que medió entre las partes. Tampoco hay que olvidar la gran aportación de la ONU, de la Unión Africana y de la Unión Europea. Este apoyo se concretó en ayudas jurídicas, políticas y económicas. Estas últimas fueron notables: el proceso de paz y las elecciones costaron 560 millones de euros. Una cifra enorme, costeada en un 90% por la Unión Europea.

Que también envió tropas para el
mantenimiento de la paz...
Muholongu: ... la operación Artemis, en Bunia, capital de Ituri, una de las regiones más martirizadas por la guerra. Tropas que se sumaron a las de la ONU (Monuc), presentes en varias zonas del país. No hay que olvidar las misiones Eurofor y Eupol, que permitieron el desarrollo de las elecciones sin incidentes importantes. La misión Eupol, en especial, tuvo el mérito de crear un pequeño núcleo de policía congoleña que colaboró con las fuerzas de seguridad extranjeras en este difícil momento, dando prueba de notable eficiencia. La población vio, quizá por primera vez, una fuerza de policía capaz de garantizar la seguridad sin recurrir a métodos represivos. Y esto es muy importante para el futuro del país...
Habla de las elecciones del pasado 29 de octubre...
Muholongu: No solamente. El 29 de octubre se celebraron las elecciones presidenciales, que dieron la victoria a Joseph Kabila contra Jean Pierre Bemba. Pero luego hubo otras elecciones: las políticas, que ganó la coalición de Kabila, y las provinciales en las distintas regiones del país. Ahora hay que hacer otras dos votaciones: las Asambleas provinciales deben elegir los gobiernos provinciales –según el mecanismo de las elecciones indirectas– y más tarde se celebrarán en todo el país las elecciones municipales... el resultado positivo de los turnos electorales celebrados hasta ahora demuestra que lo que sucedió el 29 de octubre no fue una excepción, sino que puede convertirse en regla de la normal confrontación democrática del país.
Los partidos que participaron en las elecciones, ¿eran la expresión de las varias facciones armadas que firmaron los acuerdos de paz?
Muholongu: En realidad en las negociaciones de paz no participaron sólo los protagonistas del conflicto, sino también exponentes de la sociedad civil congoleña y representantes de un partido político contrario al uso de la fuerza... Es verdad que el cargo de presidente se lo disputaron los principales protagonistas del conflicto, pero también participaron en las elecciones partidos que no intervinieron en la guerra. El primer ministro es ahora el octogenario Antoine Gizenga, ex viceprimer ministro en el gobierno del líder independentista Patrice Lumumba, que gobernó antes del golpe de Estado de Mobutu. En este caso la historia parece haber seguido un círculo virtuoso...
Usted es sacerdote: ¿qué papel ha desempeñado la Iglesia en este proceso de paz?
Muholongu: En todos estos años la Iglesia, al igual que todas las comunidades religiosas presentes en el país, ha estado siempre al lado de la gente que sufría pidiendo con insistencia el fin de las hostilidades y el respeto de la dignidad humana.
¿Qué emergencias debe afrontar su país?
Muholongu: Nuestra nación sale extenuada de un largo y sangriento conflicto, del que no sabemos con exactitud el número de víctimas. Kofi Annan dijo que, de la lectura de los varios informes de la ONU, se deduce que la cifra aproximada de los muertos de la última guerra, muertos directamente en los enfrentamientos o a causa de la falta de cuidados médicos o de alimentos, es de unos 4 millones... Un número exorbitante, que además no incluye a las víctimas del primer conflicto. Los campesinos no podían cultivar los campos y si lo lograban sus frutos caían en manos de soldados hambrientos... Se trata de reconstruir un país entero, darle a la gente instituciones creíbles, la posibilidad de un trabajo digno. Por eso contamos aún con la ayuda exterior: hacen falta inversiones extranjeras para desarrollar nuestra frágil economía. La República Democrática del Congo está viviendo un momento decisivo y delicado de su historia, un momento en que el papel de la comunidad internacional sigue siendo fundamental: esperamos y pedimos que no nos abandonen.
Al parecer su país ha salido por fin de la sangrienta guerra civil...
Apollinaire Malu Malu Muholongu: En realidad se trata de dos guerras distintas, que han oscurecido un largo periodo de transición. La primera guerra civil comienza en 1996 y termina el año siguiente con la caída de Mobutu –en el poder desde 1965-_ por obra de Laurent-Désiré Kabila (el padre del actual presidente), que luego fue asesinado en 2001. Tras este conflicto se pensó que comenzaría un periodo de tranquilidad para el país; en cambio, se sumió de nuevo en el caos de otra guerra, más dramática que la anterior. Un conflicto en el que participaron seis países africanos: Uganda, Ruanda y Burundi apoyaron a los rebeldes, mientras que Angola, Namibia y Zimbabue combatieron al lado de las tropas leales a Kabila (del padre primero y luego del hijo). Este segundo conflicto, mucho más sangriento que el primero, duró desde agosto de 1998 a 2003. Mientras tanto, en 1999, las partes llegaron a un acuerdo en Lusaka (Zambia). Un acuerdo muy importante porque estableció el primer alto el fuego que, aunque fue violado varias veces, creó las condiciones para un verdadero acuerdo de paz, y puso en marcha negociaciones políticas entre las distintas facciones.
¿Qué papel desempeñó la comunidad internacional en este proceso de paz?
Muholongu: Decisivo. Comenzando por la SADC (Comunidad del África Meridional para el Desarrollo). Pero también fue importante el papel de algunos políticos africanos que no escatimaron esfuerzos para el éxito del proceso de paz; pienso especialmente en el ex presidente de Zambia, Frederick Chiluba, que desempeñó eficazmente la tarea de “facilitador de paz”, en el ex presidente de Botsuana, Ketumile Masire, que fue decisivo en las negociaciones políticas, y en el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, que medió entre las partes. Tampoco hay que olvidar la gran aportación de la ONU, de la Unión Africana y de la Unión Europea. Este apoyo se concretó en ayudas jurídicas, políticas y económicas. Estas últimas fueron notables: el proceso de paz y las elecciones costaron 560 millones de euros. Una cifra enorme, costeada en un 90% por la Unión Europea.

Partidarios del presidente Joseph Kabila celebran su victoria en Kinshasa, el 16 de noviembre de 2006
Muholongu: ... la operación Artemis, en Bunia, capital de Ituri, una de las regiones más martirizadas por la guerra. Tropas que se sumaron a las de la ONU (Monuc), presentes en varias zonas del país. No hay que olvidar las misiones Eurofor y Eupol, que permitieron el desarrollo de las elecciones sin incidentes importantes. La misión Eupol, en especial, tuvo el mérito de crear un pequeño núcleo de policía congoleña que colaboró con las fuerzas de seguridad extranjeras en este difícil momento, dando prueba de notable eficiencia. La población vio, quizá por primera vez, una fuerza de policía capaz de garantizar la seguridad sin recurrir a métodos represivos. Y esto es muy importante para el futuro del país...
Habla de las elecciones del pasado 29 de octubre...
Muholongu: No solamente. El 29 de octubre se celebraron las elecciones presidenciales, que dieron la victoria a Joseph Kabila contra Jean Pierre Bemba. Pero luego hubo otras elecciones: las políticas, que ganó la coalición de Kabila, y las provinciales en las distintas regiones del país. Ahora hay que hacer otras dos votaciones: las Asambleas provinciales deben elegir los gobiernos provinciales –según el mecanismo de las elecciones indirectas– y más tarde se celebrarán en todo el país las elecciones municipales... el resultado positivo de los turnos electorales celebrados hasta ahora demuestra que lo que sucedió el 29 de octubre no fue una excepción, sino que puede convertirse en regla de la normal confrontación democrática del país.
Los partidos que participaron en las elecciones, ¿eran la expresión de las varias facciones armadas que firmaron los acuerdos de paz?
Muholongu: En realidad en las negociaciones de paz no participaron sólo los protagonistas del conflicto, sino también exponentes de la sociedad civil congoleña y representantes de un partido político contrario al uso de la fuerza... Es verdad que el cargo de presidente se lo disputaron los principales protagonistas del conflicto, pero también participaron en las elecciones partidos que no intervinieron en la guerra. El primer ministro es ahora el octogenario Antoine Gizenga, ex viceprimer ministro en el gobierno del líder independentista Patrice Lumumba, que gobernó antes del golpe de Estado de Mobutu. En este caso la historia parece haber seguido un círculo virtuoso...
Usted es sacerdote: ¿qué papel ha desempeñado la Iglesia en este proceso de paz?
Muholongu: En todos estos años la Iglesia, al igual que todas las comunidades religiosas presentes en el país, ha estado siempre al lado de la gente que sufría pidiendo con insistencia el fin de las hostilidades y el respeto de la dignidad humana.
¿Qué emergencias debe afrontar su país?
Muholongu: Nuestra nación sale extenuada de un largo y sangriento conflicto, del que no sabemos con exactitud el número de víctimas. Kofi Annan dijo que, de la lectura de los varios informes de la ONU, se deduce que la cifra aproximada de los muertos de la última guerra, muertos directamente en los enfrentamientos o a causa de la falta de cuidados médicos o de alimentos, es de unos 4 millones... Un número exorbitante, que además no incluye a las víctimas del primer conflicto. Los campesinos no podían cultivar los campos y si lo lograban sus frutos caían en manos de soldados hambrientos... Se trata de reconstruir un país entero, darle a la gente instituciones creíbles, la posibilidad de un trabajo digno. Por eso contamos aún con la ayuda exterior: hacen falta inversiones extranjeras para desarrollar nuestra frágil economía. La República Democrática del Congo está viviendo un momento decisivo y delicado de su historia, un momento en que el papel de la comunidad internacional sigue siendo fundamental: esperamos y pedimos que no nos abandonen.