REPORTAJE. Las iglesias bizantinas en ruinas de la zona norte de la isla
Un patrimonio que salvar
Viaje por las antiguas iglesias abandonadas del norte de Chipre que se hallan en una grave situación de deterioro. Un patrimonio artístico y de fe que corre el peligro de desaparecer para siempre. Un tema sobre el que los líderes religiosos de la isla comenzaron a dialogar por primera vez el pasado 21 de febrero, con la esperanza de abrir una nueva fase de distensión entre la zona griega y la zona turca. El encuentro entre los líderes religiosos tuvo lugar poco antes de la demolición de una parte del muro que divide Nicosia, otra señal importante de deshielo
por Giovanni Ricciardi
Lleva la fecha del 3 de julio de 2006 la resolución con la que el Parlamento
europeo denunció por primera vez oficialmente la situación de
deterioro y expoliación que vive el patrimonio artístico y
cultural del norte de Chipre, ocupado desde hace 32 años por el
ejército turco. El pasado 10 de noviembre el presidente de la
República de Chipre, Tassos Papadópulos, le presentó
al papa Benedicto XVI un álbum de fotografías que documenta
la gravedad del problema.

Muchas de las imágenes que 30Días
presenta en estas páginas son inéditas. Sólo desde 2003 los
greco-chipriotas pueden cruzar la línea de frontera entre la
República de Chipre y la zona controlada por los turcos. Desde esa
fecha, las principales instituciones culturales del país, como el
Museo bizantino de la Fundación “Arzobispo Makarios III”
y el Museo del monasterio de Kikkos, están inspeccionando el
territorio y han llegado a crear un archivo con casi 20.000
fotografías digitales, relativas a las casi 500 iglesias bizantinas
y a los diecisiete monasterios situados en el norte de la isla, que fueron
construidos desde la era paleocristiana a la edad moderna, pasando por la
época bizantina y el periodo de la dominación francesa
(siglos XI-XV) y veneciana (siglos XV-XVI): un patrimonio artístico
de inmenso valor, en gran parte perdido o deteriorado. Son imágenes
que atestiguan la urgencia de una intervención de salvaguardia que
proteja la herencia histórica, cultural y religiosa de esta zona. A
Ioannis Eliades, encargado del Museo bizantino de Nicosia, y a Charalampos
Chotzakoglou, profesor de Historia de arte bizantino de la Universidad de
Atenas, va el mérito de haber puesto a disposición este
material, cuyo primer resultado ha sido una exposición
fotográfica itinerante, que en el futuro piensa llegar a todas las
capitales de la Unión Europea.
Algo de historia
El 20 de julio de 1974 el ejército turco desembarca en el norte de la isla y en poco tiempo controla un tercio del país. Pocos años después, en 1983, la zona se autoproclama “República turca del Chipre del norte”, un Estado que la comunidad internacional no ha legitimado nunca y que ha sido reconocido sólo por Ankara. Aún hoy, este territorio, de unos tres mil kilómetros cuadrados, está controlado por 40.000 soldados turcos y está separado del resto de la isla por una larga alambrada bajo el control de los cascos azules de la ONU. Una línea que desde entonces divide también físicamente las dos principales etnias que durante siglos convivieron en la isla: los greco-chipriotas, de religión ortodoxa (82%, con minorías latina, maronita y armenia), y los turco-chipriotas, musulmanes (18%), que descienden en parte de los otomanos que gobernaron Chipre desde 1571 a 1878, y en parte de griegos o latinos que se convirtieron al islam durante el dominio de la Sublime Puerta.
A los grupos étnicos originarios de Chipre se han sumado, en los últimos treinta años, 160.000 colonos de la Anatolia central introducidos por el gobierno turco en el norte, que han modificado la composición demográfica de la zona, poniendo en minoría a los propios turco-chipriotas, entre los que está muy difundida la tendencia a emigrar hacia Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia: una hemorragia que ha hecho descender su número de 135.000 a 80.000.

Los primeros pasos del diálogo
El problema entró en un callejón sin salida hasta finales de los años noventa, pese a las muchas resoluciones de las Naciones Unidas que exigían la retirada de las tropas turcas y la reunificación del país. Pero cuando en 1999 la Unión Europea acogió la candidatura de Chipre, comenzó una larga negociación, bajo la égida de la ONU, para hallar una solución negociada, antes de que la isla entrara en Europa. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, asumió la tarea de dirigir las negociaciones. Su propuesta final fue rechazada por el referéndum popular del 24 de abril de 2004. Pero una semana después la Unión Europea aceptaba la entrada de Chipre como Estado incluyendo también el norte de la isla, donde todavía no ha entrado en vigor el llamado Acquis communautaire, el conjunto de normas y convenciones aceptadas por los países miembros. Solamente el pasado mes de julio las partes decidieron reanudar el diálogo a nivel técnico, pero no político, que cuesta poner en marcha.
Dos comunidades vuelven a encontrarse
Un resultado concreto y muy importante de las negociaciones de la ONU fue la apertura en 2003 de algunos pasos fronterizos entre las dos partes de la isla, hasta entonces completamente incomunicadas. Desde ese momento se han registrado 11 millones de tránsitos. Las dos comunidades han vuelto a encontrarse. Se multiplican los intercambios comerciales, se publican periódicos bilingües, la televisión transmite debates entre los distintos representantes políticos y religiosos. Muchos turco-chipriotas van al sur, obtienen el pasaporte comunitario y la asistencia sanitaria gratuita, que ellos (no los colonos) tienen garantizada como ciudadanos de la UE. Y es probable que hoy sea posible la convivencia, a pesar de los muchos problemas no resueltos y los contenciosos sobre las propiedades individuales, la cuestión de las personas desaparecidas durante la guerra y de cuyo paradero no se sabe nada desde 1974, los caminos que podrían llevar, en un futuro indeterminado, a la reunificación de la isla de manera federal.
También los greco-chipriotas pasan a menudo la frontera. Vuelven para ver los lugares de su infancia, la casa natal, la iglesia del pueblo. Una peregrinación a menudo dolorosa. El pasado 30 de noviembre, por cuarta vez, miles de ellos se dirigieron al santuario de San Andrés apóstol, en el extremo de la península de Karpasia, para venerar a su protector. San Andrés es una de las poquísimas iglesias del norte aún en función y sobre las que la USAID (United States Agency for International Development) está llevando a cabo un programa de restauración. Pero en el resto del norte es distinto.

La situación de las iglesias
Desde 1974 a hoy el número de las iglesias del norte todavía en función se ha reducido a cuatro o cinco. Setenta y siete fueron transformadas en mezquitas, tras ser despojadas de todos los iconos y paramentos sagrados; las demás fueron sometidas a saqueos y destrucciones, utilizadas como establos para los animales, almacenes, garajes, depósitos de armas, y tanatorios, hoteles, galerías de arte, night clubs, o simplemente abandonadas a su destino, sin contar cincuenta edificios sagrados de los que todavía no se conocen sus condiciones porque se hallan en áreas controladas directamente por los militares, y otros que han sido demolidos. Tampoco los numerosos sitios arqueológicos de la zona han quedado libres de robos y expoliaciones. Otro motivo de alarma es la substracción y venta, comenzada inmediatamente después de 1974, de mosaicos, frescos, miles de iconos –se calculan unos 20.000, hoy desaparecidos– en el mercado internacional clandestino de obras de arte. Un fenómeno que por desgracia es común en muchas áreas de Oriente Próximo expuestas a los vientos de guerra, pero que en el norte de Chipre es sistemático desde hace 32 años. Las graves consecuencias son evidentes.
Uno de los ejemplos más sonados es el de la iglesia de Panagia Kanakaria, donde existía una obra de arte de inestimable valor. Su mosaico del ábside, de la época de Justiniano (fechado entre el 525 y el 530), era una de las poquísimas imágenes que en el Mediterráneo oriental se habían salvado de la furia de los iconoclastas, pero que en 1979 fue arrancado y dividido en trozos. Representaba a Cristo en los brazos de la Virgen sentada en el trono, rodeada por los arcángeles Miguel y Gabriel y trece medallones con los rostros de Cristo y de los apóstoles. Cuatro trozos aparecieron en Europa en 1988. Un comerciante de arte turco, Aydin Dikmen, se los ofreció a la anticuaria americana Peggy Goldberg, cerrando el negocio por un millón de dólares. Pero cuando la señora Goldberg, mediante el archiduque Geza de Habsburgo y su casa de subastas de Ginebra, se puso en contacto con Marion True, directora del Paul Getty Museum de Malibú, para vender los mosaicos por la cifra de 20 millones de dólares, el Museo avisó a las autoridades judiciales americanas y a la Iglesia chipriota. Hoy estos fragmentos, que la justicia de los Estados Unidos ha devuelto a sus propietarios legítimos, están expuestos en el Museo bizantino de Nicosia. Pero del resto del mosaico no se sabe nada, siempre que el procedimiento rudimentario para arrancarlo de la pared no haya causado la destrucción de gran parte de la obra. «La odisea de los mosaicos de la iglesia de Kanakaria», escribía en 1990 en el Frankfurter Allgemeine Zeitung el bizantinólogo alemán Klaus Gallas, al regresar de un viaje por el norte de Chipre, «es uno más de los miles de ejemplos de obras desaparecidas que solo en raras ocasiones han podido ser reconocidas como obras de arte robadas».
El famoso monasterio bizantino en el pueblo de Kalogrea, conocido con el nombre de Antiphonitis, se ha convertido en el símbolo de la destrucción del patrimonio artístico y eclesial del norte de Chipre. Sus espléndidos frescos, de los siglos XII y XV, fueron divididos en pequeños fragmentos para ser vendidos a coleccionistas privados. La enorme representación del Segundo Adviento o la monumental del Árbol de Jessé y algunas escenas de la Vida de María están perdidas para siempre. La Iglesia de Chipre ha logrado recuperar sólo algunos fragmentos, mientras que otros permanecen escondidos en colecciones privadas desconocidas. Y cuando de vez en cuando salen a la luz, en los almacenes de las casas de subastas occidentales, comienzan largos pleitos para tratar de recuperarlos y restituirlos a Chipre. Una operación que no siempre da resultados: en 1995 un tribunal holandés dictó sentencia contra la devolución de cuatro valiosos iconos procedentes de la iglesia de Antiphonitis. También fracasó el intento de devolver a Chipre una puerta procedente del iconostasio de la iglesia de Agios Anastasios, en Peristerona, cerca de la ciudad de Famagosta, actualmente expuesta en el Colegio de Arte japonés de Osaka.

Más suerte tuvieron las 38 piezas del siglo XIII
robadas en la iglesia de Agios Eufemianos, en la aldea de Lyssi, que fueron
vendidas a la Menil Foundation de Texas, y hoy están expuestas en el
museo de la Fundación, en Houston. Los frescos, recompuestos y
restaurados, que representan a Cristo Pantocrator y a la Virgen,
deberán ser restituidos a Chipre en 2012, según el acuerdo
entre la Iglesia ortodoxa de Chipre y la Fundación americana. Pero
sólo poquísimos de los 20.000 iconos desaparecidos de las
iglesias del norte han podido ser recuperados. Ha habido también
casos en que los mismos turco-chipriotas han salvado y restituido a la
Iglesia ortodoxa valiosos iconos procedentes del norte.
El papel de Europa
Las instituciones culturales del país están ahora tratando de involucrar a la opinión pública europea, con la esperanza de que pueda encontrarse rápidamente una solución para conservar y recuperar un patrimonio en peligro de desaparecer definitivamente. Y mucho podría hacerse si fuera posible conseguir los permisos para restaurar y preservar las estructuras arquitectónicas y los frescos aún presentes in situ del peligro de derrumbamientos y de nuevos saqueos y si encontrara una solución el pleito en el que Turquía no reconoce a la Iglesia ortodoxa de Chipre la propiedad de estos edificios sagrados.
Europa, por su parte, comienza a dar respuestas. Después de la resolución del Parlamento de Estrasburgo, el pasado julio, en diciembre la Comisión europea aprobó el proyecto de catalogación sistemática de los monumentos religiosos del norte de Chipre y cuantificación de los daños provocados por la guerra y los saqueos, para poner en marcha las obras de restauración y salvaguardia. Y durante la reciente visita a Chipre del presidente de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, Renè Van der Linden, los chipriotas ofrecieron a la Comisión el database realizado durante estos años y le pidieron a Van der Linden que intervenga ante las autoridades turcas para que los expertos consigan el permiso de visitar las cincuenta iglesias que se hallan dentro de las áreas militares del norte; y también manifestaron que pueden participar en el proyecto representantes de todos los grupos religiosos interesados, además de los ortodoxos: católicos latinos y maronitas, anglicanos, protestantes, armenios y judíos, propietarios de los respectivos lugares de culto, para que cada uno pueda contribuir a la restauración y manutención de estos edificios.

Un encuentro inesperado
La visita de Van der Linden contribuyó también a abrir un diálogo entre los líderes religiosos de la isla. El pasado 21 de febrero, en el Ledra Palace Hotel, la sede del mando ONU que controla la línea de demarcación entre norte y sur, tuvo lugar la primera reunión oficial entre Chrysóstomos II, nuevo arzobispo ortodoxo de Chipre, y Ahmed Yonluer, líder religioso de los turco-chipriotas. Un mérito del presidente de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa fue haber conseguido poner “discretamente“ en la agenda un tema delicado como el de las iglesias del norte. Un resultado que no se daba por descontado hasta hace poco tiempo. El arzobispo manifestó la necesidad de emprender una obra de restauración a gran escala. Yonluer ofreció señales de apertura prudente, proponiendo comenzar por el monasterio de San Andrés apóstol, y pidió a cambio que se le permita a un hodja, un religioso musulmán, residir permanentemente en el Hala Sultan Tekke, una meta popular de peregrinación para los musulmanes de Chipre que se halla a orillas del lago salado de Larnaka, en el sur del país. Chrysóstomos II se declaró dispuesto a aceptar que en todos los lugares de culto islámico situados en el sur pueda establecerse el clero musulmán, pero Yonluer prefirió reafirmar la necesidad de una política de pequeños pasos. Con todo, el encuentro fue cordial. El arzobispo declaró que había encontrado en Yonluer «un amigo hasta ahora desconocido». Y añadió: «Ambos hemos manifestado nuestra determinación de trabajar para la restauración y la manutención de los monumentos religiosos de las dos partes de la isla».
El camino de acercamiento de Turquía a Europa ha de pasar también por aquí. Y la cuestión de las iglesias de Chipre podría ser una ocasión, también para Ankara, de convencer a los países más reacios a su ingreso en la UE. Sin pruebas de fuerza, por parte de nadie, sino por medio de una diálogo eficiente sobre hechos concretos. «El mismo proceso de integración europea es por su naturaleza un proceso de paz», comenta al respecto la embajadora Erato Kozakou-Marcoullis, directora de los Asuntos para la cuestión chipriota del Ministerio de Asuntos Exteriores de Nicosia. «Por esto –concluye–, a pesar de los muchos problemas que quedan por resolver, soy optimista».

Restos de la iglesia de San Nicolás (siglo XV), en Trachoni, cerca de Nicosia
Algo de historia
El 20 de julio de 1974 el ejército turco desembarca en el norte de la isla y en poco tiempo controla un tercio del país. Pocos años después, en 1983, la zona se autoproclama “República turca del Chipre del norte”, un Estado que la comunidad internacional no ha legitimado nunca y que ha sido reconocido sólo por Ankara. Aún hoy, este territorio, de unos tres mil kilómetros cuadrados, está controlado por 40.000 soldados turcos y está separado del resto de la isla por una larga alambrada bajo el control de los cascos azules de la ONU. Una línea que desde entonces divide también físicamente las dos principales etnias que durante siglos convivieron en la isla: los greco-chipriotas, de religión ortodoxa (82%, con minorías latina, maronita y armenia), y los turco-chipriotas, musulmanes (18%), que descienden en parte de los otomanos que gobernaron Chipre desde 1571 a 1878, y en parte de griegos o latinos que se convirtieron al islam durante el dominio de la Sublime Puerta.
A los grupos étnicos originarios de Chipre se han sumado, en los últimos treinta años, 160.000 colonos de la Anatolia central introducidos por el gobierno turco en el norte, que han modificado la composición demográfica de la zona, poniendo en minoría a los propios turco-chipriotas, entre los que está muy difundida la tendencia a emigrar hacia Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia: una hemorragia que ha hecho descender su número de 135.000 a 80.000.

El fresco de los santos Andrónico y Atanasia en la iglesia de San Andrónico de Kythrea, uno de los pocos que quedan in situ tras el saqueo y el derrumbamiento del tejado
El problema entró en un callejón sin salida hasta finales de los años noventa, pese a las muchas resoluciones de las Naciones Unidas que exigían la retirada de las tropas turcas y la reunificación del país. Pero cuando en 1999 la Unión Europea acogió la candidatura de Chipre, comenzó una larga negociación, bajo la égida de la ONU, para hallar una solución negociada, antes de que la isla entrara en Europa. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, asumió la tarea de dirigir las negociaciones. Su propuesta final fue rechazada por el referéndum popular del 24 de abril de 2004. Pero una semana después la Unión Europea aceptaba la entrada de Chipre como Estado incluyendo también el norte de la isla, donde todavía no ha entrado en vigor el llamado Acquis communautaire, el conjunto de normas y convenciones aceptadas por los países miembros. Solamente el pasado mes de julio las partes decidieron reanudar el diálogo a nivel técnico, pero no político, que cuesta poner en marcha.
Dos comunidades vuelven a encontrarse
Un resultado concreto y muy importante de las negociaciones de la ONU fue la apertura en 2003 de algunos pasos fronterizos entre las dos partes de la isla, hasta entonces completamente incomunicadas. Desde ese momento se han registrado 11 millones de tránsitos. Las dos comunidades han vuelto a encontrarse. Se multiplican los intercambios comerciales, se publican periódicos bilingües, la televisión transmite debates entre los distintos representantes políticos y religiosos. Muchos turco-chipriotas van al sur, obtienen el pasaporte comunitario y la asistencia sanitaria gratuita, que ellos (no los colonos) tienen garantizada como ciudadanos de la UE. Y es probable que hoy sea posible la convivencia, a pesar de los muchos problemas no resueltos y los contenciosos sobre las propiedades individuales, la cuestión de las personas desaparecidas durante la guerra y de cuyo paradero no se sabe nada desde 1974, los caminos que podrían llevar, en un futuro indeterminado, a la reunificación de la isla de manera federal.
También los greco-chipriotas pasan a menudo la frontera. Vuelven para ver los lugares de su infancia, la casa natal, la iglesia del pueblo. Una peregrinación a menudo dolorosa. El pasado 30 de noviembre, por cuarta vez, miles de ellos se dirigieron al santuario de San Andrés apóstol, en el extremo de la península de Karpasia, para venerar a su protector. San Andrés es una de las poquísimas iglesias del norte aún en función y sobre las que la USAID (United States Agency for International Development) está llevando a cabo un programa de restauración. Pero en el resto del norte es distinto.

El monasterio maronita del Profeta Elías, en Skylloura, hoy destruido y usado como aprisco de animales
Desde 1974 a hoy el número de las iglesias del norte todavía en función se ha reducido a cuatro o cinco. Setenta y siete fueron transformadas en mezquitas, tras ser despojadas de todos los iconos y paramentos sagrados; las demás fueron sometidas a saqueos y destrucciones, utilizadas como establos para los animales, almacenes, garajes, depósitos de armas, y tanatorios, hoteles, galerías de arte, night clubs, o simplemente abandonadas a su destino, sin contar cincuenta edificios sagrados de los que todavía no se conocen sus condiciones porque se hallan en áreas controladas directamente por los militares, y otros que han sido demolidos. Tampoco los numerosos sitios arqueológicos de la zona han quedado libres de robos y expoliaciones. Otro motivo de alarma es la substracción y venta, comenzada inmediatamente después de 1974, de mosaicos, frescos, miles de iconos –se calculan unos 20.000, hoy desaparecidos– en el mercado internacional clandestino de obras de arte. Un fenómeno que por desgracia es común en muchas áreas de Oriente Próximo expuestas a los vientos de guerra, pero que en el norte de Chipre es sistemático desde hace 32 años. Las graves consecuencias son evidentes.
Uno de los ejemplos más sonados es el de la iglesia de Panagia Kanakaria, donde existía una obra de arte de inestimable valor. Su mosaico del ábside, de la época de Justiniano (fechado entre el 525 y el 530), era una de las poquísimas imágenes que en el Mediterráneo oriental se habían salvado de la furia de los iconoclastas, pero que en 1979 fue arrancado y dividido en trozos. Representaba a Cristo en los brazos de la Virgen sentada en el trono, rodeada por los arcángeles Miguel y Gabriel y trece medallones con los rostros de Cristo y de los apóstoles. Cuatro trozos aparecieron en Europa en 1988. Un comerciante de arte turco, Aydin Dikmen, se los ofreció a la anticuaria americana Peggy Goldberg, cerrando el negocio por un millón de dólares. Pero cuando la señora Goldberg, mediante el archiduque Geza de Habsburgo y su casa de subastas de Ginebra, se puso en contacto con Marion True, directora del Paul Getty Museum de Malibú, para vender los mosaicos por la cifra de 20 millones de dólares, el Museo avisó a las autoridades judiciales americanas y a la Iglesia chipriota. Hoy estos fragmentos, que la justicia de los Estados Unidos ha devuelto a sus propietarios legítimos, están expuestos en el Museo bizantino de Nicosia. Pero del resto del mosaico no se sabe nada, siempre que el procedimiento rudimentario para arrancarlo de la pared no haya causado la destrucción de gran parte de la obra. «La odisea de los mosaicos de la iglesia de Kanakaria», escribía en 1990 en el Frankfurter Allgemeine Zeitung el bizantinólogo alemán Klaus Gallas, al regresar de un viaje por el norte de Chipre, «es uno más de los miles de ejemplos de obras desaparecidas que solo en raras ocasiones han podido ser reconocidas como obras de arte robadas».
El famoso monasterio bizantino en el pueblo de Kalogrea, conocido con el nombre de Antiphonitis, se ha convertido en el símbolo de la destrucción del patrimonio artístico y eclesial del norte de Chipre. Sus espléndidos frescos, de los siglos XII y XV, fueron divididos en pequeños fragmentos para ser vendidos a coleccionistas privados. La enorme representación del Segundo Adviento o la monumental del Árbol de Jessé y algunas escenas de la Vida de María están perdidas para siempre. La Iglesia de Chipre ha logrado recuperar sólo algunos fragmentos, mientras que otros permanecen escondidos en colecciones privadas desconocidas. Y cuando de vez en cuando salen a la luz, en los almacenes de las casas de subastas occidentales, comienzan largos pleitos para tratar de recuperarlos y restituirlos a Chipre. Una operación que no siempre da resultados: en 1995 un tribunal holandés dictó sentencia contra la devolución de cuatro valiosos iconos procedentes de la iglesia de Antiphonitis. También fracasó el intento de devolver a Chipre una puerta procedente del iconostasio de la iglesia de Agios Anastasios, en Peristerona, cerca de la ciudad de Famagosta, actualmente expuesta en el Colegio de Arte japonés de Osaka.

El valioso fresco del Segundo Adviento (siglo XV) del monasterio de Antiphonitis, en la localidad de Kalogrea
El papel de Europa
Las instituciones culturales del país están ahora tratando de involucrar a la opinión pública europea, con la esperanza de que pueda encontrarse rápidamente una solución para conservar y recuperar un patrimonio en peligro de desaparecer definitivamente. Y mucho podría hacerse si fuera posible conseguir los permisos para restaurar y preservar las estructuras arquitectónicas y los frescos aún presentes in situ del peligro de derrumbamientos y de nuevos saqueos y si encontrara una solución el pleito en el que Turquía no reconoce a la Iglesia ortodoxa de Chipre la propiedad de estos edificios sagrados.
Europa, por su parte, comienza a dar respuestas. Después de la resolución del Parlamento de Estrasburgo, el pasado julio, en diciembre la Comisión europea aprobó el proyecto de catalogación sistemática de los monumentos religiosos del norte de Chipre y cuantificación de los daños provocados por la guerra y los saqueos, para poner en marcha las obras de restauración y salvaguardia. Y durante la reciente visita a Chipre del presidente de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, Renè Van der Linden, los chipriotas ofrecieron a la Comisión el database realizado durante estos años y le pidieron a Van der Linden que intervenga ante las autoridades turcas para que los expertos consigan el permiso de visitar las cincuenta iglesias que se hallan dentro de las áreas militares del norte; y también manifestaron que pueden participar en el proyecto representantes de todos los grupos religiosos interesados, además de los ortodoxos: católicos latinos y maronitas, anglicanos, protestantes, armenios y judíos, propietarios de los respectivos lugares de culto, para que cada uno pueda contribuir a la restauración y manutención de estos edificios.

Uno de los treinta y cinco fragmentos de los frescos del monasterio de Antiphonitis (siglo XV) decomisados en Múnich, que fueron devueltos a las autoridades chipriotas en 1997 y que hoy se conservan en el Museo bizantino de Nicosia
La visita de Van der Linden contribuyó también a abrir un diálogo entre los líderes religiosos de la isla. El pasado 21 de febrero, en el Ledra Palace Hotel, la sede del mando ONU que controla la línea de demarcación entre norte y sur, tuvo lugar la primera reunión oficial entre Chrysóstomos II, nuevo arzobispo ortodoxo de Chipre, y Ahmed Yonluer, líder religioso de los turco-chipriotas. Un mérito del presidente de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa fue haber conseguido poner “discretamente“ en la agenda un tema delicado como el de las iglesias del norte. Un resultado que no se daba por descontado hasta hace poco tiempo. El arzobispo manifestó la necesidad de emprender una obra de restauración a gran escala. Yonluer ofreció señales de apertura prudente, proponiendo comenzar por el monasterio de San Andrés apóstol, y pidió a cambio que se le permita a un hodja, un religioso musulmán, residir permanentemente en el Hala Sultan Tekke, una meta popular de peregrinación para los musulmanes de Chipre que se halla a orillas del lago salado de Larnaka, en el sur del país. Chrysóstomos II se declaró dispuesto a aceptar que en todos los lugares de culto islámico situados en el sur pueda establecerse el clero musulmán, pero Yonluer prefirió reafirmar la necesidad de una política de pequeños pasos. Con todo, el encuentro fue cordial. El arzobispo declaró que había encontrado en Yonluer «un amigo hasta ahora desconocido». Y añadió: «Ambos hemos manifestado nuestra determinación de trabajar para la restauración y la manutención de los monumentos religiosos de las dos partes de la isla».
El camino de acercamiento de Turquía a Europa ha de pasar también por aquí. Y la cuestión de las iglesias de Chipre podría ser una ocasión, también para Ankara, de convencer a los países más reacios a su ingreso en la UE. Sin pruebas de fuerza, por parte de nadie, sino por medio de una diálogo eficiente sobre hechos concretos. «El mismo proceso de integración europea es por su naturaleza un proceso de paz», comenta al respecto la embajadora Erato Kozakou-Marcoullis, directora de los Asuntos para la cuestión chipriota del Ministerio de Asuntos Exteriores de Nicosia. «Por esto –concluye–, a pesar de los muchos problemas que quedan por resolver, soy optimista».