Cinco oraciones por el Papa
por el cardenal Francis Arinze

Admiro al papa Benedicto XVI porque pone a Jesucristo en el centro de su ministerio, de su proclamación, de sus discursos, de sus homilías. Nos recuerda continuamente que nuestra fe es un encuentro no con una idea sino con Jesucristo. Nuestra religión es seguimiento del Hijo de Dios que tomó la naturaleza humana por amor nuestro y por nuestra salvación.
El papa Benedicto XVI cumple su ministerio petrino con hondura, claridad y con extraordinario amor. Pensemos en las audiencias generales de los miércoles o en el Ángelus del domingo. El número de gente que participa es cada vez mayor. Los encuentros de Colonia (agosto de 2005), Polonia (mayo de 2006), Valencia (julio de 2006) y Baviera (septiembre de 2006) estuvieron caracterizados por inmensas multitudes de fieles reunidos en torno a su Pastor. La gente cuando participa en los encuentros con el Santo Padre sabe que recibe la palabra de vida, escucha, es feliz y siente la necesidad de volver.
Admiro también a nuestro Santo Padre porque asocia en torno a él al colegio de los obispos. Dijo en su homilía del 20 de abril de 2005, el día siguiente a su elección a la sede de Pedro: «A vosotros, venerados hermanos cardenales, con espíritu agradecido por la confianza que me habéis manifestado, os pido que me sostengáis con la oración y con la colaboración constante, activa y sabia. A todos los hermanos en el episcopado les pido también que me acompañen con la oración y con el consejo, para que pueda ser verdaderamente el “Siervo de los siervos de Dios”» (L’Osservatore Romano, jueves 21 de abril de 2005, p. 9). Los obispos han visto este espíritu actuar especialmente durante sus visitas ad limina. Para mí ha sido un honor y un placer presentarle al Santo Padre las cuestiones de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos que requieren sus directrices y decisiones, escucharle, responder a sus preguntas, presentar propuestas y recibir sus instrucciones.
Sentimientos análogos surgen cuando se participa en las reuniones presididas por él.
El cuarto motivo de aprecio por nuestro Papa es por sus maneras amables, por su disponibilidad para escuchar y, al mismo tiempo, por su capacidad de expresar con claridad sus ideas. En la homilía de la misa solemne de comienzo de su ministerio, el 24 de abril de 2005, dijo: «Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia» L’Osservatore Romano, lunes, 25 de abril de 2005, p. 4).
El quinto motivo de estima que con gusto le expreso al Santo Padre es por el modo hermoso con que preside las celebraciones litúrgicas, especialmente el sacrificio eucarístico, por su ars celebrandi, por el espíritu de oración y por el recogimiento que caracteriza sus movimientos, por sus hondas homilías: todo ello alimenta la fe y ayuda a edificar la Iglesia.
Puesto que el Santo Padre celebra su 80 cumpleaños y comienza el tercer año de pontificado, quiero formular cinco oraciones por él o más bien expresar cinco deseos.

Benedicto XVI durante la santa misa de Navidad
El papa Benedicto XVI siente vivo interés por el ecumenismo. Sólo en los meses de noviembre y diciembre de 2006 recibió en el Vaticano al arzobispo de Canterbury, al arzobispo ortodoxo de Atenas y de toda Grecia, visitó en Estambul al patriarca ecuménico y al patriarca apostólico armenio de Estambul y Turquía y recibió en la nunciatura apostólica en Turquía al metropolitano siro-ortodoxo. Quiera el Señor que no esté lejos el día en que los cristianos vuelvan a unirse.
El diálogo interreligioso e intercultural ha recibido gran atención del Santo Padre. Que pueda él recibir la alegría de ver mayores progresos en estos esfuerzos y en estas iniciativas.
Muchas personas sufren en el mundo a causa de tensiones, discordias, injusticias, violencias y guerras. El Santo Padre es el Vicario de Cristo que es el «Príncipe de la paz» (Is 9, 6) y él mismo «nuestra paz» (Ef 2, 14): que pueda el papa Benedicto tener la alegría de ver más justicia, reconciliación y paz en todo el mundo, sobre todo en la Tierra Santa, santificada por la presencia terrenal del Verbo de Dios encarnado.
Con ocasión del octogésimo cumpleaños del Santo Padre Benedicto XVI y de su segundo aniversario como sucesor de san Pedro, le deseo alegría y paz, y rezo para que el Señor le bendiga y siga bendiciendo su ministerio petrino, preservándolo y protegiéndolo.