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Sacado del n. 03 - 2007

Es cierto…¡El Papa cumple años…!



por el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga sdb



La gente común cumple años y es justo celebrarlos; pero personas como Benedicto XVI tienen los años que le restan para cumplir su misión. Es por ello que el significado de la fiesta es diverso porque se trata de pedirle a Dios que le permita cumplir su cometido para beneficio de la cristiandad y del mundo.
El profesor Ratzinger es un brillante pensador que debió caminar por la cátedra universitaria superando los problemas de la época, comprendiéndola mejor que nadie y por ello sin la propensión a pactar sobre lo fundamental. En efecto, como profesor de la Universidad de Bonn fue desarrollando en sus conferencias lo que más tarde se conocería como Introducción al Cristianismo, su publicación que lo hace conocer no sólo en el ámbito académico sino en la mente de aquellos que convocados al Concilio Vaticano II se procuraban asesores, peritos, que supieran en verdad hacer la lectura de los signos de los tiempos y discernirla a través de la Palabra de Dios y del Magisterio. En efecto, el Cardenal Frings de la Arquidiócesis de Colonia lo lleva al Concilio Vaticano II y es generoso en el dejar ver que su pensamiento estaba generado en la interlocución con ese joven teólogo en lo que algunos han dado en llamar “audacias menores de 40 años” que no son comunes en los ambientes tradicionales donde las instituciones se mueven –si lo hacen– lentamente para después continuar su reposo.
Ese joven pensador supo realizar su aporte y quienes lean los documentos emanados del Concilio saben que allí están las huellas que hoy son fáciles de reconocer en los pasos que Benedicto XVI ha dado en su ya fructífero pontificado. Que Dios se ha manifestado a través de Jesucristo es una de las ideas fuerza de su pensar teológico y de su vivencia personal al tiempo que de su servicio pastoral cuando se desempeñó como Arzobispo de Múnich. Y acostumbrado a ir más a fondo como buen teólogo ha desarrollado con la mayor sensibilidad el tema de la justicia afirmando en repetidas ocasiones que en la historia «Dios nunca ha estado del lado de las instituciones, sino siempre y a toda hora del lado de los que sufren y de quienes son perseguidos».
En efecto su primera gran cátedra universal fue el Concilio y me arriesgaría a afirmar que las universidades de entonces se privaron de recibir en la serenidad del pensar y del reflexionar las enseñanzas e intuiciones que este pensador ya grande entonces tenía para participar. Bonn tan solo fue el inicio previo al Concilio y luego realizó un tránsito desigual por las universidades de Munster, Tubinga para finalmente llegar a Ratisbona que sería su estancia final como catedrático universitario.
La pregunta es por el aparente desdén por la Cátedra Ratzinger en Alemania. Apreciado por los Padres Conciliares y por la crítica del mundo que veía en él al pensador de Dios, las juventudes del 68 no estaban en disposición ni de escuchar ni de discutir sino tan sólo de llevar en hombros a aquellos que coincidieran con sus “lemas” lejanos de los valores y revestidos por el oropel de las consignas que luego se publicitaron por todo el mundo de la cultura y por el de su negación.
No quiere decir esto que el movimiento del 68 haya estado vacío de sentido. Quiere decir que aquellos que coparon su arribo a los medios de comunicación lo presentaron como intolerante y fundaron a través de él el “relativismo moral” en el que nos encontramos inmersos. En las universidades fueron muchos los catedráticos que claudicaron para sobrevivir al momento o porque no supieron reconocer el momento ni la salida posible. El caso es que negociaron y que hoy lamentan los supervivientes el haberlo hecho, o sus hijos no comprenden por qué pactaron sus padres.
El Profesor Ratzinger fue de los que no pactaron, de los que se opuso al ruido de lo que interiormente era vacío y por tanto entrañaba peligro.
Quienes quieran entender la lucha del Papa Benedicto XVI contra el relativismo tendrán que retornar a dilucidar lo acontecido en el pensar del 68 y otros tendrán que medir las consecuencias de haber querido mezclar el pensamiento del Concilio, pensamiento lleno de fe, de esperanza y de amor, con el pensar del 68 vacío de sentido, lo que equivale a la negación de la fe, de la esperanza cierta y de la caridad.
Poner tierra de por medio, no negociar lo que no era negociable, el afán de no contemporizar lo llevó a profundizar la Escritura, a aumentar las conferencias en las cuales desarrolló una capacidad didáctica para hacerse entender sin confusiones, que le valió el que se refirieran a él llamándolo “boca de oro”. Igualmente se separó de la revista Concilium y colaboró en la creación de la revista Communio y supo hacer conocer con qué estaba y con qué no estaba de acuerdo.
La Providencia le tenía preparada a su fidelidad una Cátedra, aquella de la Arquidiócesis de Múnich y muy poco tiempo después la de la Congregación para la doctrina de la fe que había criticado desde su asistencia al Concilio con la libertad de los hijos de Dios, así estuviera ella dirigida en aquel tiempo por uno de los cardenales más importantes, el Cardenal Alfredo Ottaviani.
Benedicto XVI durante la celebración eucarística en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, 29 de junio de 2005

Benedicto XVI durante la celebración eucarística en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, 29 de junio de 2005

Todos creíamos que el camino del cardenal, profesor Ratzinger concluía con esos casi 25 años de dirección de la Congregación de la doctrina de la fe, fundada por el Papa Pablo III. Era una tarea realizada de quien como consultor-perito en el Concilio tenía el encargo del cuidado del tesoro doctrinal de su Iglesia. Era una vida realizada, sanamente envidiable, merecedora del reposo, digna como ya era de habitar la historia con derecho propio.
Pero Dios siempre piensa más allá y al final de 25 años de trabajo leal y lleno de calidad con el Papa Juan Pablo II, el Señor lo llamó a dirigir la Cátedra de San Pedro, dándole de esta manera el asentimiento a su pensar teológico, a este hombre de Dios que repite en los siglos XX y XXI a santo Tomás de Aquino, a san Agustín y a tantos otros que han sido luces que hacen posible la presencia de este faro doctrinal de pensar seguro, de palabra clara, de valores ciertos, de fe sincera y sobre todo de amor y esperanza invencibles.
El Papa cumple 80 años, es cierto, pero es de esperar que lo que celebremos no sea tan solo su vitalidad biológica sino unida a ella la capacidad de guiar a la Iglesia y al mundo “mar adentro” en un momento decisivo en el que se requiere saber para dónde se va, por qué se va y cuáles son los riesgos que se deben correr. Celebramos ya el segundo año de un pontificado de estilo propio que ha desconcertado a propios y a extraños que creían que se habían agotado las capacidades de sorprender.
De la cátedra del Concilio a la Cátedra de Pedro. Bien puede resumirse así el inicio de este Papa que nos deparó el Espíritu de Dios. «Benedictus qui venit...», cantamos todos con la certeza de estar recibiendo al Señor Jesucristo y a su Vicario que nos convocan a continuar con la misión y llevando adelante la maravillosa locura de la cruz. ¡Ad multos annos, Santo Padre!


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