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Sacado del n. 03 - 2007

Los temas de la fe comunicados con un lenguaje accesible a todos



por el cardenal Severino Poletto



La Iglesia de Turín, a través de este escrito mío, desea expresar su participación de afecto y cercanía al Santo Padre Benedicto XVI con motivo de su ochenta cumpleaños. Los sentimientos que me animan a mí personalmente y a toda la comunidad diocesana turinesa son sobre todo sentimientos de buenos deseos acompañados de ferviente y cotidiana oración para que el Señor sostenga al Santo Padre en su duro ministerio de guía de la Iglesia universal. Al mismo tiempo deseo subrayar nuestra convencida adhesión a su extraordinario y cotidiano magisterio sobre temas especialmente delicados e importantes para toda la humanidad, como la paz, la defensa de la vida, la familia fundada en el matrimonio y la necesidad de superar el relativismo. El Santo Padre nos llama a recuperar la verdad de la racionalidad de la fe, por lo que la fe y la razón no están en oposición entre sí sino que son «las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad» (Fides et ratio, n. 1).
En estos primeros dos años de pontificado, el papa Benedicto ha conseguido imponerse a la atención del mundo con una autoridad y sabiduría extraordinarias. Por estos dones damos gracias verdaderamente al Señor, por habernos dado un pastor que, si bien con un estilo distinto, está guiando a la Iglesia con dulce firmeza en continuidad con el magisterio del inolvidable Juan Pablo II.
Deseo subrayar un carisma específico de este Papa teólogo: su capacidad de comunicar importantes temas de la fe con un lenguaje accesible a todo el pueblo cristiano. Esta específica característica demuestra la preparación espiritual y cultural de este Pontífice y es también un don especial para todos los creyentes, los cuales miran al Papa para sentirse apoyados y orientados en su fe, y esto se realiza cuando el pueblo cristiano escucha palabras accesibles a todos. La simpatía que Benedicto XVI despierta y el interés creciente hacia su magisterio lo confirman el cada vez mayor número de peregrinos en las audiencias generales del miércoles como también en la oración dominical del Ángelus.
Mis votos de buenos deseos van acompañados por la oración mía y de toda la Iglesia turinesa para que el Señor conceda a nuestro Santo Padre larga vida, buena salud y sobre todo que le haga advertir siempre esa asistencia extraordinaria del Espíritu, que cada día nosotros constatamos que es visible en su persona y su magisterio.
También la delicadez de su trato, la dulzura de su manera de comunicarse y la capacidad de diálogo con todas las realidades eclesiales y del mundo son señales de que el Señor mediante este gran Papa sigue guiando a su Iglesia, llamada a ser, según la expresión evangélica, «sal de la tierra, luz del mundo y ciudad sobre el monte».
Felicidades, Santo Padre, y ad multos annos!


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