Un hombre dócil
por el cardenal Crescenzio Sepe

El miércoles 20 de abril de 2005, en su primer mensaje al final de la concelebración eucarística con los cardenales electores en la Capilla Sixtina, el papa Benedicto XVI afirmó: «Me dispongo a iniciar este ministerio peculiar, el ministerio “petrino” al servicio de la Iglesia universal, abandonándome humildemente en las manos de la Providencia de Dios. Ante todo, renuevo a Cristo mi adhesión total y confiada: “In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!”».
Hombre de gran espiritualidad y cultura, con lenguaje sencillo, y pero al mismo tiempo profundo, comunica Dios de manera clara. Este encuentro entre esperanza y firmeza no es intransigencia, sino solamente la pura verdad de Cristo, ayer, hoy y siempre.
Con la carta encíclica Deus caritas est, un verdadero compendio del amor cristiano, el papa Benedicto XVI ha indicado el único camino para llegar al hombre de hoy y hablar a su corazón: el asombro del amor del Cristo.
Con ocasión del 80 cumpleaños del Santo Padre, le deseo, también en nombre de la diócesis de Nápoles –a la que él tanto ama –, que pueda seguir comunicando a la Iglesia universal y al mundo entero el asombro del amor de Cristo con frescura y juventud de espíritu, con claridad y humildad, con alegría y fecundidad espiritual incesante.
«Dominus conservert eum… ad multos annos!».