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IRÁN
Sacado del n. 05 - 2007

PERSONAJES. Habla el ex presidente de la República de Irán

Que haya entre nosotros caridad y justicia


Se lo pidió el ayatolá Seyed Mohamed Jatamí al papa Benedicto durante su encuentro. «He leído el De civitate Dei… y creo que en cada hombre justo no puede faltar una gran estima por san Agustín». Entrevista


Entrevista a Seyed Mohamed Jatamí por Giovanni Cubeddu


Seyed Mohamed Jatamí con Giulio Andreotti durante el encuentro en 
la Universidad Gregoriana el 3 de mayo de 2007

Seyed Mohamed Jatamí con Giulio Andreotti durante el encuentro en la Universidad Gregoriana el 3 de mayo de 2007

Un ayatolá es, literalmente, una señal de Dios. Para los shiíes, que viven esperando la segunda manifestación de su guía divino, el Mahdi (el imán número doce), el ayatolá es un puerto seguro, una autoridad de doctrina que puede legítima y públicamente ofrecer su interpretación del Corán. Además, el ayatolá Jatamí –ex presidente de la República de Irán y, aún antes, miembro del Consejo Supremo de la revolución cultural y ministro de Cultura y de Orientación islámica de Irán– está universalmente considerado en política un reformista, es decir, un líder, que ha intentado y sigue intentando superar la distancia entre la fe islámica y la modernidad. Asombra escucharlo mientras coloca juntos al islam y al cristianismo frente al problema de comprender cuál es hoy en día el lugar que le ha quedado a la fe para estar en el mundo. Pero incluso sorprende en su sincera admiración por san Agustín, testigo de la felicidad que está solo en la unidad con Dios. El ayatolá Jatamí suele discutir libremente de las patentes contradicciones de su país. Mucho antes del 11 de septiembre promovió un diálogo mundial más abierto e hizo que las Naciones Unidas declararan el año 2001 «Año del diálogo entre las civilizaciones». Con 30Días no ha evitado subrayar que entre judaísmo, cristianismo e islam existen raíces comunes, y mostrarse consciente de que a las minorías cristianas en el mundo islámico hay que garantizarles el mismo trato de que gozan las islámicas en Occidente.

Señor presidente, usted se entrevistó el 4 de mayo por primera vez con el papa Benedicto. ¿Qué puede decirnos sobre ello?
SEYED MOHAMED JATAMÍ: Fue un encuentro muy fructífero y muy hermoso, duró algo menos de una hora, mucho más de lo previsto. Los temas de nuestra conversación fueron numerosos y muy distintos, partiendo del hecho que, sobre esta tierra, nosotros podemos estar uno junto al otro para intentar resolver los problemas de la humanidad. Hay dos realidades fundamentales de las que nacen los problemas en el mundo: la falta de caridad y la falta de justicia, y ambas son tenidas en gran consideración tanto por el islam como por el cristianismo. Caridad y justicia, pues, son los elementos más importantes en la colaboración entre islam y cristianismo. Nosotros hemos de vencer todas las incomprensiones que ha habido en la historia, y no hemos de permitir que otros puedan utilizarlas negativamente.
Así que, con el Papa hablé de la situación en el área medio-oriental, del tema de la energía nuclear iraní, de la cuestión de las minorías cristianas en los países musulmanes y de las musulmanas en las sociedades cristianas –porque los musulmanes, que son minoría en los países cristianos, han de sentirse tutelados en los derechos civiles, así como las minorías cristianas en las sociedades musulmanas han de gozar de los mismos derechos que los ciudadanos musulmanes.
Realmente hablamos de muchas cosas y estoy muy contento de este encuentro.
Benedicto XVI con Seyed Mohamed Jatamí, el 4 de mayo de 2007

Benedicto XVI con Seyed Mohamed Jatamí, el 4 de mayo de 2007

A propósito de las incomprensiones entre islam y fe cristiana, ¿cuál es, según usted, la más grande de todas y la más instrumentalizada por quienes quieren favorecer el enfrentamiento?
JATAMÍ: Yo creo que las tres religiones abrahamíticas tienen numerosas raíces históricas y culturales en común. Durante la historia ha habido varios enfrentamientos, pero no creo que fueran conflictos entre religiones, las motivaciones que los desencadenaban eran políticas y económicas. Probablemente hay quien ha aprovechado algunas diferencias existentes entre los fieles de las distintas religiones para crear del otro una imagen no correcta. Pero lo que importa es que tenemos objetivos comunes y estamos expuestos a las mismas amenazas. Efectivamente, hoy hemos de determinar cuál es el lugar de la religión en la vida de cada persona y ver qué problemas están causando en el mundo la desaparición de la ética y de la moral. Esto es un problema sobre el que el islam y el cristianismo pueden establecer una buena colaboración. Claro que en nuestras dos religiones hay preceptos, liturgias y aspectos distintos, pero que en cada una de nuestras religiones son observados con gran participación. Así que hemos de superar estas apariencias y entrar en lo hondo. Y en lo hondo podemos descubrir que estamos muy cerca, y frente a un enemigo común. Por eso es un deber fundamental de los jefes religiosos el dar importancia a estos elementos comunes. Creo que la época presente es ideal para instaurar un diálogo entre islam y cristianismo. Sólo en el diálogo podemos hallar sintonía y empatía.
Usted ha hecho profundos estudios teológicos y filosóficos. ¿Sabe también que el papa Benedicto siente predilección por san Agustín? ¿Conoce el Doctor gratiae?
JATAMÍ: Yo admiro a san Agustín. También santo Tomás de Aquino fue grandísimo. Pero si tuviera que hacer un parangón entre ambos, diría que san Agustín está mucho más cerca de Platón y los neoplatónicos, mientras que santo Tomás está más cerca de Aristóteles y de Avicena. Y como yo considero el misticismo el espíritu de la religión, veo que el aspecto místico en san Agustín es mucho más fuerte, es lo que predomina, y es por eso por lo que me gusta. De Agustín he leído De civitate Dei, mientras que a sus otras obras les he dedicado estudios más esporádicos. Creo que en cada hombre justo no puede faltar una gran estima por san Agustín. Sabemos también que después de san Agustín y santo Tomás hubo nuevas opiniones y nuevas direcciones, pero respetar a estos dos santos no significa faltarles al respeto a los otros. Ellos dos son el gran patrimonio de la teología, y nosotros hemos de apoyarnos siempre en este patrimonio, pero también hemos de vivir en el mundo moderno y tener pensamientos modernos.


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