PERSONAJES. Habla el ex presidente de la República de Irán
Que haya entre nosotros caridad y justicia
Se lo pidió el ayatolá Seyed Mohamed Jatamí al papa Benedicto durante su encuentro. «He leído el De civitate Dei… y creo que en cada hombre justo no puede faltar una gran estima por san Agustín». Entrevista
Entrevista a Seyed Mohamed Jatamí por Giovanni Cubeddu

Seyed Mohamed Jatamí con Giulio Andreotti durante el encuentro en la Universidad Gregoriana el 3 de mayo de 2007
Señor presidente, usted se entrevistó el 4 de mayo por primera vez con el papa Benedicto. ¿Qué puede decirnos sobre ello?
SEYED MOHAMED JATAMÍ: Fue un encuentro muy fructífero y muy hermoso, duró algo menos de una hora, mucho más de lo previsto. Los temas de nuestra conversación fueron numerosos y muy distintos, partiendo del hecho que, sobre esta tierra, nosotros podemos estar uno junto al otro para intentar resolver los problemas de la humanidad. Hay dos realidades fundamentales de las que nacen los problemas en el mundo: la falta de caridad y la falta de justicia, y ambas son tenidas en gran consideración tanto por el islam como por el cristianismo. Caridad y justicia, pues, son los elementos más importantes en la colaboración entre islam y cristianismo. Nosotros hemos de vencer todas las incomprensiones que ha habido en la historia, y no hemos de permitir que otros puedan utilizarlas negativamente.
Así que, con el Papa hablé de la situación en el área medio-oriental, del tema de la energía nuclear iraní, de la cuestión de las minorías cristianas en los países musulmanes y de las musulmanas en las sociedades cristianas –porque los musulmanes, que son minoría en los países cristianos, han de sentirse tutelados en los derechos civiles, así como las minorías cristianas en las sociedades musulmanas han de gozar de los mismos derechos que los ciudadanos musulmanes.
Realmente hablamos de muchas cosas y estoy muy contento de este encuentro.

Benedicto XVI con Seyed Mohamed Jatamí, el 4 de mayo de 2007
JATAMÍ: Yo creo que las tres religiones abrahamíticas tienen numerosas raíces históricas y culturales en común. Durante la historia ha habido varios enfrentamientos, pero no creo que fueran conflictos entre religiones, las motivaciones que los desencadenaban eran políticas y económicas. Probablemente hay quien ha aprovechado algunas diferencias existentes entre los fieles de las distintas religiones para crear del otro una imagen no correcta. Pero lo que importa es que tenemos objetivos comunes y estamos expuestos a las mismas amenazas. Efectivamente, hoy hemos de determinar cuál es el lugar de la religión en la vida de cada persona y ver qué problemas están causando en el mundo la desaparición de la ética y de la moral. Esto es un problema sobre el que el islam y el cristianismo pueden establecer una buena colaboración. Claro que en nuestras dos religiones hay preceptos, liturgias y aspectos distintos, pero que en cada una de nuestras religiones son observados con gran participación. Así que hemos de superar estas apariencias y entrar en lo hondo. Y en lo hondo podemos descubrir que estamos muy cerca, y frente a un enemigo común. Por eso es un deber fundamental de los jefes religiosos el dar importancia a estos elementos comunes. Creo que la época presente es ideal para instaurar un diálogo entre islam y cristianismo. Sólo en el diálogo podemos hallar sintonía y empatía.
Usted ha hecho profundos estudios teológicos y filosóficos. ¿Sabe también que el papa Benedicto siente predilección por san Agustín? ¿Conoce el Doctor gratiae?
JATAMÍ: Yo admiro a san Agustín. También santo Tomás de Aquino fue grandísimo. Pero si tuviera que hacer un parangón entre ambos, diría que san Agustín está mucho más cerca de Platón y los neoplatónicos, mientras que santo Tomás está más cerca de Aristóteles y de Avicena. Y como yo considero el misticismo el espíritu de la religión, veo que el aspecto místico en san Agustín es mucho más fuerte, es lo que predomina, y es por eso por lo que me gusta. De Agustín he leído De civitate Dei, mientras que a sus otras obras les he dedicado estudios más esporádicos. Creo que en cada hombre justo no puede faltar una gran estima por san Agustín. Sabemos también que después de san Agustín y santo Tomás hubo nuevas opiniones y nuevas direcciones, pero respetar a estos dos santos no significa faltarles al respeto a los otros. Ellos dos son el gran patrimonio de la teología, y nosotros hemos de apoyarnos siempre en este patrimonio, pero también hemos de vivir en el mundo moderno y tener pensamientos modernos.