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BRASIL
Sacado del n. 05 - 2007

EL VIAJE DEL PAPA. El encuentro de Benedicto XVI con Lula

Vistos de cerca


El agradecimiento del presidente brasileño a la Iglesia, el respeto de Ratzinger por la laicidad del Estado. La estima y el aprecio recíprocos. Los detalles de un diálogo todo menos formal


por Stefania Falasca


El encuentro entre Benedicto XVI y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula 
da Silva en el Palácio dos Bandeirantes en São Paulo, el 10 de mayo de 2007

El encuentro entre Benedicto XVI y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en el Palácio dos Bandeirantes en São Paulo, el 10 de mayo de 2007

Treinta minutos de coloquio privado. Más de lo previsto. Y más que una visita de cortesía formal y obligada según las exigencias del protocolo. «El Papa le pide a Lula ventajas para la Iglesia católica», «O Presidente diz a Bento 16 que o Estado brasileiro é laico», pero el presidente responde que el Estado brasileño es laico. Son titulares de la prensa brasileña que resumían, con tonos ya marcados por las bien conocidas polémicas, el esperado encuentro entre Benedicto XVI y Lula que tuvo lugar el 10 de mayo en São Paulo.
Pero abramos las puertas de aquel coloquio privado y escuchémoslo en directo: «“Santo Padre, yo debo mucho de lo que soy a la Iglesia católica, personalmente me ha dado mucho…”, dijo luego el presidente, y siguió diciendo: “Durante gran parte de mi vida he trabajado siempre directa e indirectamente con las asociaciones de la Iglesia para construir un Brasil más justo”. Y también por el modo en que el presidente presentó las cuestiones concretas, por el modo en que se hablaba, el Papa estaba visible y positivamente impresionado. Me asombró realmente el interés, la auténtica atención y la sensibilidad mostrada por el Santo Padre en el encuentro con el presidente». Con estas palabras y con mucha y tranquila claridad, Vera Machado Barrouin, embajadora de Brasil ante la Santa Sede, nos introduce en lo vivo de aquel coloquio, contando a 30Días, como testigo ocular, el encuentro a puertas cerradas entre el papa Ratzinger y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, allí en el Palácio dos Bandeirantes. Y con la misma claridad desmiente también lo dicho por la prensa: «El Papa, tomando en primer lugar la palabra, comenzó diciendo que respetaba la naturaleza laica del Estado brasileño: “Respeto profundamente la laicidad del Estado”, dijo. Lo dijo el Papa, no el presidente». Y sus palabras no se alejan ni un punto de lo que afirma también Gilberto Carvalho, chef do gabinete de la Presidencia de la República, el hombre de confianza de Lula. Conversando por teléfono tras su regreso a Brasilia con el jefe del Estado, Gilberto Carvalho nos había dicho: «El presidente ha conversado largo tiempo con nosotros a bordo del avión sobre el encuentro con el Papa. Estaba contento, el encuentro le ha gustado mucho, lo ha definido familiar, muy afectuoso y también muy concreto. Ha dicho que el Papa empezó dándole las gracias sinceras por la acogida… y todo se desarrolló con gran respeto recíproco. No es cierto lo que han escrito, fue el Papa quien expresó en primer lugar todo su respeto por el Estado». ¿Y Lula? «Le dio las gracias».
Las noticias son noticias y sin duda estas palabras enfocan de otro modo el significado y las perspectivas abiertas por este encuentro. Incluida la referencia, implícita en los titulares de prensa, al presunto rechazo del gobierno de Brasilia a la propuesta presentada por la Santa Sede de un acuerdo con el Estado brasileño. Noticia divulgada precisamente poco antes del coloquio. Pero sigamos examinando de cerca las declaraciones de Machado y Carvalho, teniendo en cuenta las imágenes de la salida de la conversación privada en la sede del gobierno del Estado de São Paulo. Son las imágenes que todos hemos visto: Lula llamando con la mano a parientes y colaboradores para que rindieran homenaje al Papa y rozándole amigablemente el hombro a Benedicto XVI; el Papa sereno y tranquilo, a sus anchas en todo aquel ajetreo, poco protocolario, de hijos, yernos, nueras y nietos. También lo vemos detenerse con los traviesos niños, agachándose para recoger la medalla que se le cae a un niño al que se la acababa de regalar. Gesto que en su espontánea sencillez no dejó de hacer mella en la sensibilidad afectiva de los brasileños. En fin, ni siquiera la mirada más crítica ha podido hallar nada que pudiera tildarse de ostentado en esta estampa de familiaridad humana, al resguardo de las polémicas. Ni siquiera la presencia, fuera del protocolo vaticano, de la primeira dama dona Marisa Leticia, al lado del marido en el coloquio reservado. Incluso el padre Federico Lombarda, director de la Sala de Prensa vaticana, al preguntársele por este hecho inédito, dijo: «Me ha asombrado también a mí, quizá es una señal de la importancia de la familia; de todos modos, es apreciable y significativo». Pero aquí el hecho no produjo sorpresa. Todos saben que dona Marisa, casada con Lula desde hace más de treinta años, católica y además también ciudadana italiana, siendo de origen véneto, por ninguna razón del mundo se hubiera perdido la visita del Papa a su casa. Con ella también, el día antes, Lula se había presentado ante la escalera del avión para recibir a Benedicto XVI. Una llegada no fácil, sobre todo para Lula, que tuvo que mover los primeros pasos hacia el papa Ratzinger en un terreno de casa brusco y repleto de cáscaras de plátano, que podían provocarle la caída al primer paso en falso. La más importante de todas, el aborto. Precisamente el pasado marzo, la Comisión sobre la Constitución y la Justicia había dado su beneplácito a un proyecto de decreto legislativo que proponía un referéndum para la liberación del aborto, hoy posible en Brasil solo en los casos de estupro y de peligro para la salud de la madre. Para colmo, tampoco el ministro de Sanidad, José Gomez Temporão, se echó atrás a la hora de polemizar directamente con el Papa sobre el tema. Lula, por su lado, siempre se ha declarado personalmente contrario a la práctica del aborto y días antes había reafirmado que la legislación brasileña ya define los casos en los que es posible. «Estoy contra el aborto», había dicho, «pero como jefe de Estado no puedo impedir que el Congreso discuta el tema». Y con el aborto, también estaban las discusiones sobre el divorcio, un proyecto de ley para reducir la punibilidad penal a 16 años, en contraste directo con la Conferencia episcopal, junto a otros temas álgidos en la sociedad civil, como el uso del preservativo y la investigación sobre las células estaminales, que hacían presagiar que la visita no sería tranquila. Precisamente el día en que aterrizó el vuelo papal el cielo tenía un color frío y estaba repleto de nubes. Las temperaturas comenzaron a subir en la zona cubierta de la base aérea de Guarulhos cuando el papa Benedicto comenzó a hablar. Luego tomó la palabra para darle la bienvenida Lula, que se sentía «honorado doblemente, como cristiano y como presidente». Palabras que querían subrayar el «largo y provechoso camino de mutua cooperación entre el Estado brasileño y la Iglesia, que ha llevado», dijo, «a innumerables iniciativas de promoción humana, mejorando la vida y la dignidad de nuestra gente». Concluyó diciendo: «Santo Padre, tenga la seguridad de que compartimos la justa preocupación por proteger y fortalecer la vida familiar, que es la premisa de la auténtica vida comunitaria y social. Nuestro compromiso será cada vez mayor para combatir y superar las causas de su disgregación».
Un grupo de jóvenes brasileños saluda al Papa en el Campo de Marte de São Paulo con motivo de la canonización del beato fray Antonio de Santa Ana Galvão, el 11 de mayo de 2007

Un grupo de jóvenes brasileños saluda al Papa en el Campo de Marte de São Paulo con motivo de la canonización del beato fray Antonio de Santa Ana Galvão, el 11 de mayo de 2007

Palabras con todas las de la ley, que le colocan inmediatamente fuera de los opositores y rumbo al terreno práctico y fértil de la colaboración. Por lo demás, los días precedentes Lula había expresado el deseo de hablar de esto con el Papa: «Tras llegar a la presidencia hemos hecho políticas públicas que son el resultado de lo que he aprendido de la Iglesia. La Iglesia tiene una relación de solidaridad, un compromiso profundo con el pueblo brasileño. Tenemos una relación muy buena, de respeto: nosotros por la autonomía de la Iglesia y la Iglesia por la autonomía del Estado. Y este respeto es y ha sido una garantía de bien para todos». Son palabras que si por un lado ponen en su justo lugar un pasado hecho de cercanías, por otro son como un proemio al encuentro con Benedicto XVI. En fin, no se ha tratado de ningún paso atrás de Lula. En cualquier caso, de un paso adelante. Más adelante, justo donde se encontró con el papa Ratzinger.
Pero veamos cómo se desarrolló el coloquio privado. Lo presentamos en secuencia. Tal como lo cuenta la embajadora Vera Machado.

El coloquio del vis-à-vis
«Antes de entrar en los aspectos sustanciales de la conversación, el Papa quiso expresar su respeto por la laicidad del Estado. El presidente le dio las gracias y expresó por parte del gobierno toda la voluntad de establecer buenas relaciones con la Santa Sede. El papa Benedicto XVI manifestó entonces también la esperanza de llegar a un acuerdo. “Espero que podamos llegar a él durante mi pontificado”, dijo, y Lula respondió que no solo esperaba que esto pudiera ocurrir durante su pontificado, sino que pudiera realizarse durante su presidencia y para ello estaba dispuesto a prestar todo su apoyo.
Inmediatamente después, la conversación versó sobre la cuestión de la familia y sobre los problemas de los jóvenes en Brasil. Lula le dijo al Papa que compartía plenamente, “como hombre y como presidente”, la preocupación por la disgregación de los vínculos y de la estructura familiar. Y añadió que estaba convencido de que la construcción de una sociedad más justa pasa necesariamente por la recuperación de la familia y de su papel ético y educativo. En este sentido “la recuperación de los jóvenes está vinculada a la recuperación de la familia”. En este contexto habló al Papa del programa Bolsa Familia, puesto en práctica por su gobierno como instrumento primario y efectivo para ayudar a las familias, empezando por las más pobres. Las familias beneficiadas (11 millones) han de presentar el certificado de escolarización de los hijos como requisito para seguir beneficiándose del programa: Lula explicó que esto ha comprobado también la eficacia del proyecto a la hora de reducir el abandono escolar, habiendo permitido el regreso a la escuela de 800.000 jóvenes. Luego habló del compromiso para que los jóvenes marginados puedan tener un futuro. Y afirmó que podía contar en esto también con la colaboración de la Iglesia y de la religión: “Deseamos preservar y consolidar el Estado laico pero también contar con la religión para mejorar la acción social y ampliar el horizonte de la dignidad colectiva”. El Papa expresó su solidaridad y habló de la prioridad que la Iglesia católica otorga a la familia, como también a los derechos de las mujeres y a la educación de los hijos. Subrayó que la familia es el lugar primario de la educación, que ha de ser completada y coadyuvada por la escuela, la cual ha de ocuparse de la formación profesional, pero también ha de contemplar la dimensión espiritual y moral. “Nosotros deseamos contribuir a esto”, dijo.
La conversación luego prosiguió por parte de Lula sobre la promoción de la agricultura familiar. El presidente habló de los programas sobre los biocombustibles y de su importancia no solo para la promoción de la agricultura familiar, para la creación de puestos de trabajo y para la salvaguardia del ambiente, sino también porque estos representan una nueva vía económica de alcance mundial para el desarrollo de los países pobres. Desde este punto de vista habló también de África. Dijo que Brasil tiene gran interés en las relaciones con África, en el ámbito de la cooperación Sur-Sur, y añadió que ve en la producción de etanol una importante forma de apoyo a las economías de los países africanos y un nuevo modo de incrementar su desarrollo. Explicó con detalles estos aspectos al Papa y luego le pidió a la Iglesia que apoye a los países africanos que desean adoptar este programa.
Benedicto XVI preside la santa misa de inauguración de la V Conferencia general del episcopado latinoamericano y del Caribe, en la explanada del santuario de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, el 13 de mayo de 2007

Benedicto XVI preside la santa misa de inauguración de la V Conferencia general del episcopado latinoamericano y del Caribe, en la explanada del santuario de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, el 13 de mayo de 2007

El Papa, escuchando con interés, respondió al presidente que aunque no entendía nada de etanol ni de biocombustibles, consideraba con simpatía y participación esta preocupación por África, “que es también”, dijo, “una preocupación de la Iglesia”. Y afirmó: “A los obispos africanos se les anima a que actúen para que la Iglesia siga siendo una referencia en aquel contexto regional, para que sea una garantía para el mantenimiento de la paz y de la tradicional convivencia religiosa”. “Queremos vaciar la conflictividad antes de que el conflicto estalle”, dijo.
La conversación prosiguió sobre Latinoamérica. Lula habló del compromiso de su país para la integración de América del Sur, de la necesidad de conseguir también la integración religiosa, y del peso que la Iglesia católica tiene en este contexto. Luego dijo que la visita del Papa para la inauguración de la Asamblea general del Celam “es un paso muy importante, una bendición de Dios para Brasil y para todo el continente”. Benedicto XVI manifestó conocer y apreciar los esfuerzos del presidente en la esfera nacional e internacional y le dio las gracias por sus palabras.
Luego reafirmó que su visita hay que encuadrarla en el contexto del Celam, en continuidad con las grandes asambleas continentales comenzadas en Río de Janeiro y que continuaron en Medellín, Puebla y Santo Domingo. Aclaró que “la misión principal de la Iglesia es religiosa. En esta se incluye la dimensión moral, por consiguiente no puede olvidarse de la responsabilidad social, como base del amor al prójimo”. El Papa luego quiso informarse sobre la situación de los indios. Sobre este tema el presidente habló de los proyectos de integración que se están llevando a cabo en las tierras indígenas, como también de los programas de educación y salud para beneficio de estos pueblos, especialmente de las comunidades quilombolas, grupos de indígenas rurales del noreste brasileño. Concordando con el presidente, el Papa dijo: “Han de preservar su cultura, pero sin quedar excluidos de la comunidad, de lo contrario se convierten en piezas de museo, elementos arqueológicos”.
En fin, Lula hizo referencia a su reconocimiento personal hacia la Iglesia declarando que “cree y considera que la fe puede motivar la construcción de un país y un mundo más justo y solidario”. Hizo referencia también a su gratitud personal por dom Cláudio Hummes, que estuvo a su lado en los tiempos difíciles de la dictadura, que ofreció protección y ayuda a su familia, a su mujer y a sus hijos, cuando estaba en la cárcel. “Necesito ahora las cualidades espirituales y humanas de aquel sacerdote que hoy está al frente de la Congregación para el clero”, le dijo en fin Benedicto XVI». Esto es todo.

Tras el encuentro
Estos son los temas tratados en el largo y franco coloquio cara a cara. Ahora se pueden solo anotar, para completar la información, algunos hechos y declaraciones que siguieron a este encuentro. El 14 de mayo, hablando por radio en su habitual programa semanal Café com o presidente, Lula, sin medias palabras, rechaza las simplificaciones de quienes consideran y definen al papa Ratzinger un conservador: «Mucha gente ha dicho y escrito, incluso antes de la visita, que el Papa es extremadamente conservador, cuando en realidad lo que yo he constatado es que el Papa ha tenido un comportamiento de mucha coparticipación en las cuestiones sociales y preocupación por conocer nuestros problemas. Ha tenido un comportamiento muy digno y benéfico para nosotros». El día siguiente, a menos de veinticuatro horas de la finalización de la visita a Brasil, entra en la cuestión más discutida. Durante un encuentro público, Lula desmiente a su ministro de Sanidad, José Gomez Temporão, excluyendo que su gobierno vaya a enviar al Congreso la propuesta de ley para despenalizar el aborto: «El gobierno no enviará ningún proyecto de ley sobre el aborto», afirma. «En su momento los parlamentarios discutirán sobre lo que se ha de hacer en este área de interés de la salud pública”. El 24 de mayo, en el balance de su viaje apostólico a Brasil, Benedicto XVI escribe: «Brasil es también una nación que puede proponerle al mundo un nuevo modelo de desarrollo». Puede bastar. Punto y aparte.
«La Iglesia no hace política», había dicho el Papa. Lula lo ha entendido a la primera.


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