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EDITORIAL
Sacado del n. 09 - 2007

Il Popolo clandestino


Conseguir un quiosco era y sigue siendo más que difícil (lo mismo puede decirse de las farmacias). Los propietarios tienen un papel muy importante para la difusión (con los periódicos oficiales tienen una participación considerable en las ganancias). Para los de pequeña tirada hay que confiar en la benevolencia de la persona


Giulio Andreotti


Giovanni Battista Montini con Guido Gonella (el primero 
de la derecha), en la plaza de San Pedro

Giovanni Battista Montini con Guido Gonella (el primero de la derecha), en la plaza de San Pedro

Fue monseñor Montini, que me conocía por la FUCI, quien aconsejó a De Gasperi que me enrolara en la Democracia Cristiana. Me puse en contacto con Guido Gonella, que dirigía Il Popolo, en edición clandestina, en la tipografía religiosa de los padres claretianos, donde se imprimía Azione Fucina. Las reuniones de redacción se celebraban en casa de Giovanni Sangiorgi, al lado de la entrada del Vaticano, en la calle de Porta Angelica.
Con gran valor (casi inconsciente), Luciana Segreto venía con las fichas de posibles colaboradores sacadas de las listas de los Licenciados católicos. Si hubieran caído en manos de la policía hubieran tenido problemas, sin tener ninguna responsabilidad.
La colaboración fija de De Gasperi era el editorial, siempre muy atento a la corrección de pruebas, que hacía dos o tres veces.
Con cierta ingenuidad, la gráfica era la misma que la del periódico fucino; hasta que el embajador ante la Santa Sede fue a la Secretaría de Estado a pedir que nos aconsejaran que no dejáramos huellas dactilares. Cuando se unió al grupo Aldo Moro tuvimos que vérnoslas con la corrección de pruebas. Las examinaba hasta tres veces, siempre con variantes de consistencia.
Como es obvio, la distribución del periódico se hacía de mano en mano, con el favor de porteros y conserjes de oficinas. También había un reservado intercambio con las publicaciones de las otras fuerzas políticas (a partir de l’Unità). Como los periódicos de los otros partidos, éramos clandestinos, utilizando para la difusión porteros, parroquias y conventos.
Alrededor de esta publicación clandestina había grandes intereses; con excepcional distribución reservadísima en los quioscos, con la colaboración de sus respectivos propietarios. Había piquetes y repartidores de aceite de ricino (o de coche) que se colocaban a menudo al lado para castigar a los clandestinos.
Conseguir un quiosco era y sigue siendo más que difícil (lo mismo puede decirse de las farmacias). Los propietarios tienen un papel muy importante para la difusión (con los periódicos oficiales tienen una participación considerable en las ganancias).
Para los de pequeña tirada hay que confiar en la benevolencia de la persona.


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