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IGLESIA
Sacado del n. 10 - 2007

Entrevista al arzobispo de Nápoles

Puede reflorecer la esperanza


«La semilla de la esperanza parece que se ha adormecido. Pero está siempre a punto de despertar». Entrevista al cardenal Crescenzio Sepe, tras la visita del Papa y el encuentro organizado por la Comunidad de San Egidio


Entrevista al cardenal Crescenzio Sepe por Gianni Valente


Los hechos de la crónica de todos los días nos sugieren a todos que hay que evitar la retórica cundo se habla de Nápoles. En la gran ciudad a los pies del Vesubio es el tiempo del desencanto, las sirenas del “renacimiento partenopeo” han perdido la voz. La situación es excelente sólo para esa gente que por su índole no se desanima y está acostumbrada a arremangarse la camisa.
Del 21 al 23 de octubre tuvo lugar en Nápoles, primero la vista pastoral de Benedicto XVI, luego la estancia y el paso de ministros y patriarcas, rabinos, cardenales, jefes islámicos, monjes sintoístas y estadistas del Norte y del Sur del mundo: todos invitados al encuentro de diálogo organizado por la Comunidad de San Egidio y que concluyó con la intervención del presidente italiano, Giorgio Napolitano. Como garantía de que no fue sólo un festival de buenas intenciones está el sentido práctico del cardenal Crescenzio Sepe, gran director de las tres jornadas napolitanas. La desconfianza que envuelve la ciudad choca con su proverbial dinamismo. Y sobre el nuevo arzobispo llueven las descripciones hiperbólicas de la prensa local: cardenal Tsunami, alcalde-sombra, única autoridad indiscutible de la ciudad…

Benedicto XVI con el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, en la Catedral de San Jenaro, Nápoles

Benedicto XVI con el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, en la Catedral de San Jenaro, Nápoles

Eminencia, cuando vino el Papa hacía frío y llovía. Pero fuera de la lluvia, ¿qué tal fue?
CRESCENZIO SEPE: Desde el coche panorámico, mientras cruzábamos la ciudad, Su Santidad miraba todo con gran curiosidad: las calles, los edificios, las colgaduras en los balcones desde donde arrojaban flores. Le llamaba la atención que con el mal tiempo que hacía hubiera tanta gente en la calle. Cuando vio el Vesubio blanqueado, dijo: «Sigue usted diciendo que san Jenaro no ha hecho el milagro. Pero, más milagro que este, ¡el Vesubio con nieve!». «Blanco el Vesubio», le dije, «blanco usted». Efectivamente, los napolitanos no se acordaban del Vesubio con nieve en el mes de octubre. Estoy seguro de que además de la lluvia y el viento, con su visita cayeron también sobre la ciudad gran cantidad de bendiciones, como semillas que podrán brotar.
A usted el Papa le reservó un tratamiento especial. Durante la homilía citó su última carta pastoral.
SEPE: El hecho de que se dignara citar mi pequeña carta a los fieles manifiesta la aprobación por nuestra actividad pastoral, llevada a cabo con la confianza de que también en Nápoles Jesús puede hacer reflorecer las esperanzas. El gesto que más me conmovió fue cuando me abrazó antes de subir la escalerilla del helicóptero. Pese al frío, el Papa tocó el corazón de Nápoles. Encontró su humanidad vital, aun en medio de tantos problemas: una ciudad llena de potencialidades listas para brotar, donde también la dimensión de la fe se inserta en una realidad de devoción popular muy sentida. Ahora parecen predominar la desilusión y el desaliento, por todas las dificultades sociales y políticas que se convierten en malestar diario. Como dijo el Papa, también la violencia tiende por desgracia a convertirse en mentalidad extendida, insinuándose en la vida social, en los barrios históricos del centro y en las periferias nuevas y anónimas. La semilla de la esperanza parece que se ha adormecido. Pero está siempre a punto de despertar.
Frente a los problemas de la sociedad, a veces los hombres de Iglesia usan un lenguaje comprometido. Como cuando se habla de “cuestión antropológica”…
SEPE: El mal nos toca a todos, toca también a la Iglesia. Lo importante es que tras las palabras vengan los hechos concretos. Para apartar a los chicos de la calle, estamos reactivando los oratorios en todas las parroquias. Lugares donde reunirse, hablar con el párroco, pero también ofrecer la posibilidad de aprender un oficio. Están naciendo cooperativas de trabajo, y también talleres informáticos. Ya hay treinta activos en las parroquias, esperamos llegar a cien en Pascua. Y además talleres de peletería, escuelas de iconografía, casas de acogida, y también talleres de música y pintura que valoricen las dotes artísticas de nuestros chicos, incluido el arte del belén. Se están intensificando los contactos con empresas e industrias, para favorecer las asunciones juveniles haciendo que se encuentren demanda y oferta de empleo. Algunos jóvenes trabajarán para darle una red informática a la diócesis. Son expresiones de una Iglesia que no sólo hace discursos; que, en un contexto de formación cristiana, ayuda también a enfrentarse a los problemas concretos de la vida.
Tanto en Nápoles como en el mensaje dirigido a la Semana social italiana el Papa tocó el tema de la precariedad social.
SEPE: Nosotros hablamos de la dignidad de cada persona, del bien común. Es la doctrina social de la Iglesia, siempre la misma.
El Papa saludó en Nápoles a los líderes religiosos que participaban en el encuentro de oración por la paz organizado por la Comunidad de San Egidio. Usted estaba presente en la comida durante la cual, según indiscreciones periodísticas, hubo un altercado.
SEPE: Ningún altercado. El clima en torno a la mesa era tranquilo y cordial, cada uno decía lo que pensaba, libremente. Hubo un intercambio de opiniones, y el Papa dijo que los temas tocados podían ser el tema de un encuentro futuro. Y se acabó. En su discurso a los líderes religiosos el Papa quiso repetir que el espíritu de Asís debe continuar, exhortando también a la Comunidad de San Egidio a continuar por este camino, valiente y fructífero. En estos encuentros no se habían visto nunca tantos representantes de tan alto nivel de las Iglesias y de las religiones como en Nápoles. El espíritu de Asís se ha convertido un poco en el espíritu de Nápoles.
Y también respecto a esto su temperamento práctico no se ha dejado escapar la ocasión…
SEPE: Todas las relaciones nuevas que nacieron en Nápoles durante estos días no podían acabar en nada, y si te he visto no me acuerdo. Así que, siguiendo el espíritu de Asís, confirmado también por Benedicto XVI, anuncié la iniciativa de crear aquí en Nápoles un forum de estudio e investigación de los caminos necesarios para el diálogo y la paz. Una estructura permanente de diálogo interreligioso e intercultural, para abrir las puertas de Nápoles a las diferencias entre los hombres. Con una SEPE: Ya lo decía Juan Pablo II: el primer deber es el de la identidad. En el diálogo uno no esconde nada, se presenta por lo que es, de no ser así sería un diálogo falso.
Durante las jornadas de Nápoles, usted le entregó al metropolitano Kirill de Smolensk una iglesia para los fieles rusos ortodoxos. Y Kirill le invitó a Rusia.
SEPE: Es una iglesia muy hermosa e importante en el centro de la ciudad. Con gusto se la hemos ofrecido en uso a la Iglesia hermana de Moscú. Con estos gestos concretos se camina hacia la plena unidad cristiana querida por el Señor y buscada también por los últimos papas. Kirill dijo que en las relaciones entre nuestras Iglesias se están dando grandes cambios. Dijo que el hecho de haberles ofrecido la iglesia es una obra buena, porque «personas que no tenía un lugar para rezar ahora lo tienen». Y añadió que estos gestos significan mucho más que la búsqueda de acuerdos sobre fórmulas y resoluciones. Así se superan las divisiones, viviendo juntos. Había que ver el cariño y la gratitud que expresaban los fieles rusos presentes en la entrega de las llaves.
Desde que fue nombrado arzobispo de Nápoles muchos han notado la energía con que ha emprendido su nuevo cargo pastoral. ¿Hay algo que echa de menos –y tal vez algo que no echa de menos para nada– de los años pasados en el Vaticano?
SEPE: Si uno sigue la voluntad de Dios en las circunstancias que el Señor le pone delante, no echa de menos nunca nada. El hecho de haber vuelto a mi tierra, con el bagaje de experiencias sobre la universalidad de la Iglesia que pude hacer en los años pasados, me está ayudando a tener cierto ímpetu a la hora de afrontar las cosas y las circunstancias. Como escribía Von Balthasar, el todo se realiza en el fragmento. Y si no te metes dentro de la vida concreta de la gente, para tocar con las manos sus problemas, sus dificultades diarias… No veo aquí en Nápoles otros modos para dar testimonio del Evangelio. Y no funciona así sólo en Nápoles, creo yo.


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