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EL CÓNCLAVE DEL PAPA LUCIANI
Sacado del n. 09 - 2003

25 aniversario del cónclave que eligió al papa Luciani

El Papa breve


La presentación, escrita por nuestro director, para el libro que 30Días está preparando para recordar los veinticinco años de la muerte del papa Luciani


por Giulio Andreotti


Imágen de la toma de posesión de la Basílica de Letrán por parte de Juan Pablo I, el 23 de septiembre de 1978

Imágen de la toma de posesión de la Basílica de Letrán por parte de Juan Pablo I, el 23 de septiembre de 1978

Estaba muy pálido y el sudor le bajaba copioso por el rostro, iluminado por una sonrisa fascinante. Parecía como si quisiera excusarse por haber causado molestias a tantas autoridades y a la enorme muchedumbre que abarrotaba la basílica. Para cada uno de nosotros tuvo una palabra. Conmigo se congratuló por el inminente matrimonio de mi hija, diciéndome que había firmado para ella una bendición especial. Era conmovedor que en aquellos primeros días tan intensos de su nuevo “trabajo” hubiera prestado atención incluso a pequeñeces. Sin embargo, dejé San Juan muy impresionado; hablándole a Serena de la bendición, le dije, preocupado, que el Papa no se encontraba bien. Pero realmente no podía imaginar que su posesión de Roma iba a ser sólo simbólica.
Pocos días más tarde estaba en misa en la iglesia del Gesù cuando un colaborador mío llegó hasta mí, descompuesto: «Ha muerto el Papa». No capté inmediatamente el mensaje y pensé en una interpretación equivocada de alguna comunicación de la presidencia. Por desgracia, lo increíble era verdad.
¿Por qué, Señor? Si lo hubieran dejado en Venecia, con sus costumbres sencillas y sin aquel montón de preocupaciones, quizá su físico habría resistido al insulto cardíaco.
No se debe interpretar lo que Dios quiere o permite. Pero su fulminante desaparición puede explicarse espiritualmente con la eliminación de un motivo polémicamente sorprendente si el cónclave hubiera elegido directamente a un Papa extranjero. Después de tantos siglos esta desconfianza hacia Italia se prestaba sin lugar a dudas a censuras, ilaciones políticas, disputas nacionalistas. El padre Albino había tomado de Pablo VI el testigo para transmitírselo a un cardenal que en su experiencia personal había sufrido persecuciones que dictadores de izquierda y de derecha habían infligido a la Iglesia.
De él conservo, desde luego, el recuerdo del Laterano. Pero aún más vivamente el del obispo que había venido al Palacio de la sede del Gobierno para transmitir las preocupaciones de los católicos vénetos por el cese de su presencia histórica en el mundo del crédito. Había venido de negro, como un modesto sacerdote, hasta el punto de que al terminar la mañana los ujieres lo habían borrado de la lista de las visitas, pensando que había renunciado.
Hay una frase de las Escrituras que parece apropiada: «Consumado fugazmente explevit tempora multa».




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