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EDITORIAL
Sacado del n. 01 - 2008

Aquel 18 de abril


Ninguno de los supervivientes de aquel 18 de abril de 1948 podemos olvidarnos de la tensión de una jornada electoral que podía marcar la consolidación del régimen democrático, aunque también un resbalón internacional peligrosísimo


Giulio Andreotti


Giulio Andreotti con Alcide De Gasperi durante una sesión gubernamental en 1948

Giulio Andreotti con Alcide De Gasperi durante una sesión gubernamental en 1948

Ninguno de los supervivientes de aquel 18 de abril de 1948 podemos olvidarnos de la tensión de una jornada electoral que podía marcar la consolidación del régimen democrático, aunque también un resbalón internacional peligrosísimo.
La Iglesia, empujada por Pío XII, se había alineado abiertamente a través del activismo de los Comités cívicos, organizados por Luigi Gedda. No se trataba de ninguna invasión de campo, porque en los países del Este, donde habían ganado los comunistas, se había llevado a cabo una dominación soviética arrolladora.
A Togliatti y a Nenni, que negaban que Italia corriera este peligro, era fácil responderles que el dominio ruso no era deseado y que los camaradas de los países satélites habían sufrido un avasallamiento despiadado.
Posteriormente fue dada a conocer la correspondencia diplomática y se supo que la embajada rusa de Roma daba por segura la victoria de los “camaradas”, haciendo hincapié en la ventaja del eje Togliatti-Nenni.
La afluencia a las urnas fue formidable. Jóvenes activistas nuestros habían organizado el transporte de enfermos e inválidos; mientras que los representantes de lista impedían que se pudieran alterar los boletines.
Dos años antes, en las elecciones para la Constituyente, yo salí entre los vencedores, aunque precedido por candidatos democristianos más conocidos o más apoyados (Paolo Bonomi, de los Cultivadores directos, por ejemplo). En mayo de 1947 De Gasperi me había nombrado subsecretario de la Presidencia, por lo que yo era el número dos de la lista, tras el presidente, por supuesto.
Durante la campaña de propaganda encontré mucho calor y simpatía, pero no podía imaginar que iba a recibir tantos votos en las urnas. Conseguí 169.476 votos y comenzó una carrera parlamentaria durante la cual estuve permanentemente en el Parlamento hasta junio de 1991, año en que Cossiga me nombró senador vitalicio. Y… la vida sigue. El pasado 14 de enero celebré tres veces mi cumpleaños: por la mañana en la embajada de El Cairo, por la tarde en el avión, y por la noche en casa con Livia, mis hijos y mis nietos.
Para comprender la atmósfera de aquel 1948 recuerdo que algunas familias de Milán y de Roma, después de votar, se habían ido a Suiza a esperar allí el resultado de las elecciones, listos para quedarse en aquel país si ganaba el Frente popular.
Nuestro éxito –además del fuerte despliegue organizador, como antes decía– se debió al programa electoral, fuertemente reformador (comenzando por una audaz plataforma social en los pueblos y por la Caja para el Mediodía).
Mantuvimos los compromisos y se consiguió la Reforma agraria y las medidas para el desarrollo del Mediodía de Italia y de las áreas pobres del Centro-Norte.
Fue un ilustre comunista, Giorgio Amendola, quien hizo el elogio más hermoso de De Gasperi: «Italia no volverá a tener», dijo, «un presidente del Gobierno capaz de presentar en pocos años una ley de reforma y conseguir su aprobación y aplicación».
Por desgracia los expropiados reaccionaron y en las siguientes elecciones (1953) fuimos penalizados.
De Gasperi, que desde 1945 estaba al frente del gobierno con gran prestigio incluso internacional, fue derrotado tras hacer una campaña electoral especialmente empeñativa, pese a su mala salud. Murió en agosto del año siguiente en su Trentino y fue trasladado a Roma en un auténtico baño de gente conmovida; fue enterrado en la Basílica de San Lorenzo, allí donde las bombas caídas en julio de 1943 habían provocado un derrumbe emblemático.
El tiempo no borra la memoria del “Presidente de la Reconstrucción”. Hace unos días tuve la oportunidad de constatar en un convenio sobre él celebrado en Génova que el pueblo no es olvidadizo o ignaro.
Sobre las elecciones de este 2008, hoy ya no existe una canalización internacional incisiva y se corre el riesgo de volar bajo. Por un lado se evoca el bipolarismo como elemento clarificador, pero no es fácil –sin faltar al respeto a dos personajes sin duda de valor– hacerse a la idea de un referéndum pro o contra Silvio Berlusconi (y ni siquiera pro o contra Walter Veltroni).
Palmiro Togliatti

Palmiro Togliatti

Por lo demás, sería de desear que todos presentaran programas claros con calendarios de realizaciones e indicaciones precisas de sus consecuencias económicas.
La plataforma de política exterior ya no tiene el dramatismo del pasado, pero la claridad en ciertas líneas, tanto atlánticas como europeístas, no deja de tener su importancia.
También la claridad en las relaciones con los restantes países del Mediterráneo tendrá su peso (y aquí se plantea el tema de la relación con los islámicos y en general del diálogo interreligioso).
En la propaganda electoral que ya circula tienen cabida el coste de la vida y los salarios. También a la sanidad se le da su espacio, siendo un tema sensible debido a la notable desigualdad entre las distintas áreas de la nación.
La abultada crónica de sucesos (que tanto espacio consiguen en la prensa escrita y en la radio y televisión) impone análisis profundos sobre el tema y el estudio de remedios.
Tampoco creo que haya que infravalorar el eco que desde hace tiempo vienen teniendo los problemas y los defectos ligados a la acumulación de basura, especialmente en Nápoles y alrededores, aunque también en otras partes.
también quedar bien altos.


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