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ORIENTE PRÓXIMO
Sacado del n. 01 - 2008

Esperando de nuevo a Palestina


La paz en Tierra Santa pasa por el respeto del derecho internacional. «Y cuando la solución de los “dos Estados” se imponga estaremos dispuestos a discutir todas las propuestas para la cuestión de los Lugares Santos, tan importantes para el Santo Padre». Encuentro con el nuevo representante palestino ante la Santa Sede, Shawqi Armali


Entrevista a Shawqi Armali por Giovanni Cubeddu


La barrera que divide a Egipto de la Franja de Gaza, derribada el 23 de enero de 2008 por los palestinos 
que cruzaron la frontera para conseguir comida, carburante y otros bienes esenciales

La barrera que divide a Egipto de la Franja de Gaza, derribada el 23 de enero de 2008 por los palestinos que cruzaron la frontera para conseguir comida, carburante y otros bienes esenciales

Shawqi Armali presentó sus cartas credenciales al Santo Padre el pasado 10 de diciembre, con lo que se volvía a poner en funcionamiento un canal de comunicación directo entre la Santa Sede y la Autoridad Nacional Palestina interrumpido en octubre de 2005. Es decir, cuando el precedente diplomático palestino acreditado ante el Vaticano, Afif Safieh, fue enviado a la sede de la ANP de Washington, antes de que fuera elegido su sucesor. Ahora, con un gesto de gran alcance, el presidente Mahmoud Abbas ha querido colmar el vacío, esperando de ello beneficiosos efectos y evitando posibles especulaciones sobre una ausencia tan prolongada. Pero no es poco el trabajo que le espera al nuevo delegado general palestino –que tiene rango de embajador no residente– considerando las contingencias históricas en que ha de trabajar. Nos hemos reunido con Armali durante su última estancia en Roma, entre un encuentro y otro con las jerarquías vaticanas.

Señor embajador, después de dos años de sede vacante su Oficina de representación ante la Santa Sede tiene de nuevo un responsable.
SHAWQI ARMALI: Permítame empezar confesando que para mí es un gran honor representar al pueblo palestino ante la mayor autoridad moral del mundo. Conocemos desde siempre la atención con que son seguidos los acontecimientos de Tierra Santa en la Santa Sede, y sabemos que está preocupada por el destino de Jerusalén y por las iniciativas unilaterales israelíes: desde la ocupación de 1967 hasta la anexión de Jerusalén Este por parte de Israel, aprobada por la Knesset en los años ochenta. Estas acciones quedan fuera del derecho internacional y, en efecto, numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas las han declarado ilegales. Lo mismo puede decirse de los asentamientos y de no haber respetado la cuarta Convención de Ginebra de 1948 que, como se sabe, nunca fue observada por Israel, que es fuerza de ocupación. Como es justo que sea, y como bien sabemos, la Santa Sede no aprueba estas iniciativas de Israel, empezando por la ocupación de 1967.
¿Esto es lo que ha dicho en su primera ronda de encuentros con las autoridades vaticanas?
ARMALI: Sabemos que la Santa Sede está en condiciones de ejercer su autoridad moral no solo sobre los gobiernos israelíes sino también, y mejor todavía, sobre naciones más influyentes de la comunidad internacional –comenzando por los Estados Unidos de América–, además de los países europeos. En este sentido he recibido garantías de los más altos cargos vaticanos durante mis primeros encuentros romanos: incluso sin recorrer a declaraciones oficiales, la Santa Sede realizará todos los esfuerzos posibles, de manera muy discreta, para sostener su posición sobre la cuestión de Jerusalén y sobre la violación de los derechos humanos en nuestra región. Son diarios los sufrimientos infligidos al pueblo palestino por la ocupación, continua es la humillación a que se le somete en los puestos de control. Por no hablar del asedio a que está sometida Gaza… Confío en que la Santa Sede consiga que disminuya el paroxismo al que ha llegado este enfrentamiento entre el ocupante y el ocupado. La única solución es el respeto del derecho internacional.
¿Cuánta confianza tiene en las indicaciones ofrecidas por la Conferencia de Annapolis?
ARMALI: El presidente Bush le ha garantizado al primer ministro Olmert y a nuestro presidente Mahmoud Abbas su ayuda para las conversaciones y ha expresado su deseo de que se alcance un acuerdo antes de finales del 2008. Como es obvio, las conversaciones no serán un paseo, pero todas las tensiones de que ahora está cargado Oriente Medio podrían suavizarse si se encontrara una solución digna para el conflicto israelo-paslestino. Esta es una aspiración de todos, incluida Siria, que todavía padece la ocupación de las alturas del Golán por parte de Israel, pero que podría garantizar una aportación verdadera al proceso de paz. Además siguen siendo válidas las propuestas de la cumbre de Beirut de 2002, durante la cual los países de la Liga Árabe se comprometieron a reconocer al Estado de Israel a condición de que se llegue a la creación de un Estado palestino con capital en Jerusalén Este, al retiro de Israel hasta las fronteras de 1967 –que es lo que ya pide el Consejo de Seguridad– y a una justa solución del problema de los refugiados palestinos. De estos puntos, si se aceptan, depende el comienzo de un tiempo de paz para la Tierra Santa y todo Oriente Medio.
Pese a que en el pasado fueron numerosos los intentos de alcanzar la paz que no dieron ningún resultado…
ARMALI: Los Acuerdos de Oslo de 1993 y todos los siguientes no han llevado a los resultados esperados. Tenemos grandes expectativas por las promesas hechas por el presidente Bush. Este es el año de la última posibilidad.
¿Por qué motivo?
ARMALI: Si fallan estas negociaciones, que se desarrollan bajo la responsabilidad directa de quien organizó la Conferencia de Annapolis, es decir, los Estados Unidos de América, la región caería aún más en el abismo de lo desconocido y se concedería una “victoria” a los extremistas de la parte palestina –aunque también de Israel (no hay más que recordar el asesinato de Isaac Rabin). Y esta área estratégica quedaría desestabilizada. Entonces, como Annapolis ha pedido, se han de dar cada mes pasos que infundan renovado optimismo tanto en el pueblo palestino como en el israelí… el cual, estoy seguro de ello, no está contento de que se siga ocupando la tierra de otro pueblo y de que se multipliquen los esfuerzos militares para subyugar a los palestinos.
¿Considera usted que en Israel hay respuestas “desde abajo” distintas de la que proponen las altas esferas?
ARMALI: Todos los sondeos llevados a cabo en Israel indican que la mayoría de la población israelí desea la paz y que está de acuerdo con la solución de dos Estados que coexistan uno junto al otro. Y entonces que venga esta paz aceptable y digna, gracias a la cual el pueblo palestino tendría un Estado con capital en Jerusalén Este, y habría continuidad geográfica entre Jerusalén Este y Cisjordania, y entre Cisjordania y la Franja de Gaza.
Señor embajador, como usted sabe, existe, sin embargo, un acuerdo de paz que debería haber sido alcanzado antes entre los propios palestinos: entre Hamás y Al-Fatah, para que hablar de continuidad territorial y política entre Cisjordania y Gaza pueda tener sentido…
inaría. El único camino, he de repetir, es que el presidente Abbas consiga poco a poco resultados concretos en las negociaciones con Israel, demostrando a la opinión pública palestina que ha conseguido concesiones políticas que al final del año puedan justificar un acuerdo sobre la creación del Estado palestino. Solo así podríamos colocar en un segundo plano los eslóganes de Hamás y de la jihad, y encontrar un remedio a los sentimientos amargos que en este momento predominan en los palestinos.
¿Es usted conciente de las dificultades del gabinete de Olmert?
ARMALI: También Israel tiene sus partidos parecidos a Hamás: la derecha extremista de Avigdor Lieberman, o el partido religioso Shas, que amenazan con hacer caer al gobierno Olmert, incluso con que solo se dé comienzo a las negociaciones sobre Jerusalén… El señor Olmert tiene que actuar de manera responsable y saber afrontar estos desafíos, como haría un hombre de Estado. Le toca a él, pues, hacer concesiones sobre Jerusalén y sobre el desmantelamiento de los asentamientos ilegales.
¿Qué ventajas políticas sacaría con ello?
ARMALI: Por nuestra parte, como Autoridad Palestina, estamos dispuestos a poner en práctica el primer artículo de la Hoja de ruta. Ya hemos empezado llevando la legalidad y seguridad a toda Cisjordania, e Israel debe responder poniendo fin a toda la actividad de los asentamientos.
¿Cuál es su visión del derribo por parte de Hamás del muro fronterizo entre Gaza y Egipto, y qué perspectivas abriría?
ARMALI: Esto ha colocado en primer plano la situación, imposible de gestionar, en la que se debaten casi un millón y medio de seres humanos, es decir, la población de Gaza: carestía, parálisis de la industria y de los hospitales, por el bloqueo israelí de los abastecimientos de carburante y electricidad, pacientes sin asistencia médica y sin posibilidad de ser curados en los países vecinos.
Israel siempre ha subrayado que este bloqueo se impone por razones de seguridad, para hacer frente por ejemplo el lanzamiento de cohetes desde Gaza hacia su territorio. Después del derribo de la frontera hubo un atentado terrorista en Dimona.
ARMALI: Todos saben que siempre hemos condenado públicamente estos atentados. Pero esto no justifica que se someta a más de un millón y medio de palestinos a un castigo colectivo, prohibido por la cuarta Convención de Ginebra. Le estamos agradecidos a Egipto por haber reaccionado a esta situación, aceptando que la frontera fuera derribada, y concediendo la entrada a Egipto de más de 500.000 palestinos, para que pudieran abastecerse.
Desde luego, esta no es la solución definitiva.
ARMALI: La Autoridad Nacional Palestina hace tiempo que viene pidiendo el uso de fuerzas internacionales de la ONU o del “Cuarteto” [Estados Unidos, Europa, Rusia y ONU, n. de la r.] no solo a lo largo de las fronteras con Egipto, sino también entre Cisjordania e Israel, que siempre las ha rechazado. Sin embargo, ahora se debería volver a examinar esta propuesta. Y si el rechazo israelí continuara, la Autoridad Nacional Palestina estaría entonces dispuesta a volver a asumir la gestión de la frontera con Egipto, en presencia de controladores internacionales, como ya ha ocurrido. Pero no deberá pasar nunca más que a un millón y medio de seres humanos se les deje prisioneros de la potencia de ocupación. El presidente Mahmoud Abbas se reunión en El Cairo a finales de enero con el presidente Mubarak precisamente para discutir este tema.
Demos un paso adelante, volviendo más específicamente a su misión diplomática. Un Estado palestino sería casi totalmente islámico: ¿qué posible futuro ve entonces para las relaciones con la Santa Sede?
ARMALI: Estoy completamente seguro de que, año tras año, las relaciones entre Palestina y la Santa Sede se consolidarían y serían cada vez más interactivas. La sociedad palestina es tolerante, tiene una cultura civil desarrollada, y vive en la tierra donde Jesucristo nació, fue crucificado y resucitó. Todos los lugares que atestiguan la vida de Jesucristo y de la Virgen María, y todo lo que se enseña en el catecismo a todos los cristianos del mundo, está en Palestina. Por eso los palestinos pueden y han de mantener con la Santa Sede relaciones fructíferas que, gracias también a las numerosas conferencias internacionales que ya se celebran entre las autoridades islámicas, cristianas y judías, están ya en una fase avanzada. Esto es importante subrayarlo.
Mientras tanto la minoría cristiana en los territorios palestinos puede desaparecer si las cosas siguen así. ¿Es posible tenderles una mano?
ARMALI: Hace veinte años los cristianos representaban entre el 8 y el 10 por ciento de la población palestina. Hoy no son más del 1 y medio por ciento: en cifras, no más de 45.000 cristianos, entre Cisjordania y Gaza. La ocupación dura ya desde 1967. Muchas familias están cansadas de las injusticias padecidas, no hay perspectivas de trabajo ni de futuro, y sobre todo los más jóvenes prefieren emigrar, normalmente hacia países lejanos como América del Norte y del Sur, Australia… Una vez que llegan allí, ¿cuántos piensan realmente volver a su patria? Pero para nosotros es necesaria la presencia cristiana, el presidente Mahmoud Abbas es totalmente consciente de ello y me lo ha repetido a menudo personalmente. Por eso es necesario encontrar la manera de apoyar a la comunidad cristiana de Palestina. Yo ya he introducido el tema con los altos cargos de la Santa Sede que he visitado, pidiéndoles su aportación.
¿De qué tipo?
ARMALI: Que animen a las organizaciones no gubernamentales ligadas al Vaticano a dar apoyo material y que alienten a los católicos que tienen la posibilidad a invertir en Palestina, creando oportunidades para los jóvenes, de manera que no sueñen con emigrar. Otra ayuda podría venir de becas, que permitan a los chicos estudiar en las universidades católicas de Europa. Tengo fundadas esperanzas de que el Vaticano podrá hacerse promotor de esta iniciativa. Todo esto sería de gran alivio para nuestros cristianos. Quiero por ello reafirmar que en nuestro país los cristianos –y yo soy católico– nunca se han sentido discriminados o perseguidos por parte de la mayoría musulmana, sino que siempre ha habido tolerancia y hermandad. Además, dentro de la Autoridad Palestina bastantes cristianos tienen cargos de alta responsabilidad de gobierno. Que se tenga esto en cuenta.
En fin, ¿de qué manera piensa poder servir al proceso de paz desde su nueva posición?
ARMALI: Pues mire, he aceptado este cargo porque estoy convencido de que la Santa Sede hará todo lo que está en sus manos. Y cuando la solución de los “dos Estados” predomine estaremos dispuestos a discutir todas las propuestas para la cuestión de los Lugares Santos, tan sentidas por el Papa. Cuando llegué a Roma, el papa Benedicto XVI acababa de publicar una encíclica sobre la esperanza. Este es para los palestinos el año de la esperanza. Y yo creo que nadie saldrá decepcionado.


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