Entrevista al cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, arzobispo de San Cristóbal de La Habana
Una apertura que crece
Entrevista al cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino por Davide Malacaria
Han transcurrido diez
años desde la visita del papa Juan Pablo II a Cuba. El aniversario
cae en un momento de transición del régimen cubano. Le
pedimos luces sobre las esperanzas de la Iglesia católica en este
momento de cambio al cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, arzobispo de La
Habana desde 1981 y cardenal desde 1994 por voluntad de Juan Pablo II.

¿Puede considerarse la Iglesia cubana como una
Iglesia viva y fecunda?
Jaime Lucas Ortega y Alamino: La Iglesia en Cuba es una Iglesia vital, pero no pienso que la vitalidad excluya la dificultad, más bien creo que vitalidad y dificultad son de algún modo complementarias, pues las dificultades exigen esfuerzos y nos remueven del adormecimiento. Yo creo que las dificultades experimentadas por la Iglesia en Cuba durante muchos años nos han llevado a usar nuestra imaginación pastoral. Por ejemplo, una gran dificultad para la Iglesia en Cuba ha sido la de no poder construir nuevas iglesias en barrios de las ciudades o en zonas rurales o en nuevos asentamientos humanos, de ahí surgió la necesidad de reunirse en las casas de las familias en esos lugares, creando pequeñas comunidades de 20, 30, 40 personas o más. Estas casas de oración o de misión, que así las llamamos, son centros de catequesis para niños, de catecumenado para adultos, donde se proclama y predica la palabra de Dios, en muchas de las cuales se va desarrollando una vida sacramental. Aquí en la arquidiócesis de La Habana hay ya más de 500 casas de misión. Y esta pastoral de comunidades pequeñas recuerda y revive la experiencia de la Iglesia en sus comienzos. La dificultad es cómo atender pastoralmente a esas comunidades cuando comienzan a tener vida sacramental. El sacerdote puede celebrar la eucaristía una vez al mes, pero la comunidad se reúne cada semana animada por diáconos, religiosas y sobre todo animadores laicos, que deben ser formados para esta misión. Y de nuevo la dificultad nos ha llevado a integrar de manera muy dinámica a los laicos en la pastoral, es decir, las dificultades generan vitalidad en la Iglesia. Y pienso que esto ha sido así entre nosotros. La práctica religiosa en Cuba es muy baja. Nosotros calculamos que de un 2% a un 3% de la población va a la misa dominical, cuando realmente están bautizados más del 65% de los cubanos. Cuando comencé como arzobispo, los bautismos eran unos seis mil al año, hoy son 25.000-26.000 y entre estos bautizados hay también adultos. En muchos lugares, por falta de Iglesias y de sacerdotes, es difícil celebrar la misa dominical. Pero hay otros indicadores de la religiosidad del pueblo. Por ejemplo, existe una gran capilla en el cementerio de La Habana donde se celebra el 75% de todos los enterramientos que se hacen en la capital. También hay que considerar el tipo de religiosidad que es muy latinoamericana, popular, o muy latina en general, con grandes peregrinaciones a santuarios, a lugares de culto, donde acuden a veces decenas y decenas de miles de personas en los tiempos fuertes del año, como Navidad y Pascua. Desde hace diez años el 25 de diciembre no es día de trabajo y ahora también desde este año los niños tienen las vacaciones de Navidad desde del día de Nochebuena hasta pasada la fiesta de Epifanía. Esto favorece la recuperación de las tradiciones navideñas, las reuniones de familia. El número de vocaciones se ha mantenido creciendo lentamente. Tenemos un seminario nacional en La Habana y se está construyendo su nueva sede fuera de la ciudad.
La visita de Juan Pablo II a Cuba: ¿cuál es la importancia de este gesto a diez años de distancia?
Ortega y Alamino: Yo veo la vista del papa Juan Pablo II más como un paso que como un gesto. El paso del Papa dejó surcos en la vida de la Iglesia, y en el corazón del cubano, dejó una huella en nuestra historia nacional. Toda la visita fue significativa, era la imagen del buen pastor, doblado por los años, por la enfermedad, que se crecía en cada momento. Para mí el momento culminante fue la visita a los enfermos del leprosorio de San Lázaro, ver como los tocaba y se inclinaba sobre ellos... Para otros el momento culminante fue la misa en la Plaza de la Revolución, donde había un millón de personas. El entusiasmo de la multitud que cantaba y vibraba con sus palabras, dio a muchos una imagen quizás desconocida del pueblo cubano y dijo a los mismos cubanos que la Iglesia estaba aquí y que estaba viva.
Durante su visita Juan Pablo II expresó su deseo de que Cuba se abriera al mundo y el mundo a Cuba. ¿Qué ha pasado en estos años?
Ortega y Alamino: Creo que el Papa no se refería primeramente a las relaciones diplomáticas de Cuba con otros países, porque Cuba tenía ya muchas relaciones de esa índole; no se refería a relaciones comerciales o económicas fundamentalmente. Para comprender las palabras del Papa hay que conocer nuestra historia de las décadas anteriores a la visita del Papa. Una historia tal vez también compartida con la patria del Papa polaco que nos visitaba. Cuba por razones económicas, ideológicas, comerciales estuvo muy ligada a la historia de los países del Este y a la desaparecida Unión Soviética. Allí estudiaron muchos cubanos y cubanas, de allí eran los técnicos y expertos extranjeros que venían a Cuba; el ruso era la lengua aprendida en las escuelas. Cuba, sin embargo, está en el corazón de América, tiene mucho en común por razones de cultura, lengua y religión con América Latina. Nuestra cultura es europea, de origen español, con un gran influjo africano, evidentemente, pero nos encontramos en el mundo occidental cristiano. Juan Pablo II conocía nuestra cultura. Cuba con sus magníficas posibilidades debía abrirse al mundo y el mundo a Cuba, es decir, situarse bien en este mundo al que culturalmente pertenecemos y ese mundo ayudar a resituarnos. Creo que era tan profundo como esto lo que el Papa decía. Creo que diez años después Cuba se ha abierto al mundo, incluso a muchas deficiencias de ese mundo occidental, con su secularismo excesivo, con su hedonismo y ansia de consumo. Hoy la apertura a ese mundo cada vez más global incluye beneficios y riesgos, pero así se va produciendo entre nosotros esa apertura. Los frutos de la visita, si los consideramos desde el punto de vista eclesial, son muchos. La Iglesia resultó confirmada en su misión, sus pastores respaldados; la Iglesia fue conocida en el mundo con vitalidad y entusiasmo; el Papa dio a conocer la Iglesia al mismo pueblo cubano. Fue la primera vez que tuvo la ocasión de salir a las plazas, algo definitivamente nuevo había comenzado y ya nada volvería a ser igual.
En la carta a los católicos chinos, Benedicto XVI reafirmó que la Iglesia no debe luchar para cambiar los regímenes políticos, sino anunciar el Evangelio.
Ortega y Alamino: Es verdad. Este ha sido el planteamiento que la Iglesia en Cuba ha hecho a sus fieles y que ha hecho al Gobierno del país, siempre. La sospecha de que la Iglesia pretende cambiar o desestabilizar el poder, estuvo presente en Cuba. Esta actitud recelosa puede haber encontrado una retroalimentación en las estrechas relaciones del Partido comunista de Cuba con los partidos homólogos de la Europa del Este y de la antigua Unión Soviética, aunque nunca fue en Cuba la política hacia la Iglesia del mismo género, en cuanto a la Carta a la Iglesia de China. Ese es el camino de la Iglesia siempre y en cualquier lugar, no puede haber otro y lo digo ahora mirando más bien a lo que fue nuestro pasado reciente, pues hoy las cosas en Cuba no son así.
En una entrevista a 30Días de hace unos años se quejaba usted de las dificultades para obtener las visas de entrada para los religiosos, del poco espacio en los medios de comunicación social y de la imposibilidad de desarrollar una obra de educación católica. ¿Cómo es la situación ahora?
Ortega y Alamino: Ahora ya existe facilidad para la concesión de visas para los misioneros extranjeros. Es ya una concesión habitual, en la práctica se ha ido transformando en una gestión común después de la visita del papa Juan Pablo II. También tenemos facilidad para importar libros: biblias, catecismos, revistas, etc. Hemos podido publicar una serie de revistas locales y nacionales. En La Habana hay un centro de bioética de mucha calidad, llamado “Juan Pablo II”, que presta un servicio nacional. El centro produce una serie de textos, utilizados incluso a nivel universitario, y sus miembros son solicitados para hacer de tutores en las tesis de grado en Bioética. En cuanto a los medios oficiales de comunicación social, antes de la histórica visita hubo una primera aparición mía en televisión. Luego, cuando el papa Wojtyla cayó enfermo, vino la televisión a preguntarme por su estado de salud. En la muerte del Papa, en fin, los periódicos salieron con grandes titulares en primera página que decían: «Ha muerto un pastor bueno». Leí estos artículos antes de entrar en cónclave, fue muy impactante para mí. La televisión transmitió también la misa que celebré en la Catedral por la muerte del Papa, a la que asistieron el Presidente y todo el Gobierno. Los informativos dieron toda la cobertura de la muerte de Juan Pablo II y de la elección de Benedicto XVI. Actualmente hay mucha información del Papa: cualquier declaración, encíclica, aparece en la televisión, se le da un tiempo amplio, que a veces nos sorprende. Y existen las condiciones para tener más espacio. Los obispos de Cuba han podido hablar por las estaciones provinciales de radio, que son muy escuchadas, en fiestas señaladas como Navidad o la fiesta de la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre. Ahora estamos solicitando tener la posibilidad de un programa habitual en los medios de comunicación. Queda el punto de la educación, para avanzar en este punto tendremos que trabajar mucho. Cuando me entrevistan yo siempre repito lo mismo: la Iglesia no puede nunca renunciar a ella. Cuando hablamos de educación católica, claro, puede haber la reminiscencia en los viejos de unas grandes instituciones que tuvo la Iglesia en Cuba, grandes colegios, que no tenían subvención estatal, y entonces había que pagar por el servicio que se prestaba. Por eso se acusa a las escuelas católicas de llevar a cabo una educación clasista. Pero yo digo que el mundo de hoy tiene muchas fórmulas que podemos encontrar para que la Iglesia pueda estar presente en el ámbito educativo sin necesidad y sin que lo quiera tampoco la Iglesia de retornar a métodos pasados.

La Iglesia cubana ha condenado el bloqueo contra
Cuba...
Ortega y Alamino: La primera condenación del bloqueo ocurrió en el año 1969, y lo hizo una Conferencia de obispos de aquella época. Porque es una constante en la Iglesia oponerse a este bloqueo y a todo bloqueo. Estamos viendo en estos días la crisis que esto ha creado en la Franja de Gaza, a los palestinos, donde comienza a haber una escasez que afecta a todo el mundo. No es solamente que falten los alimentos, sino que puede faltar lo necesario para la atención médica de las personas. Y esto ha pasado también en Cuba. Incluso los obispos norteamericanos han hablado más de un a vez rechazando este bloqueo de Cuba. Para nosotros el rechazo del bloqueo es una cuestión de principios. Esperemos que termine. El Papa lo dijo muy claramente cuando vino en 1998. Al final de su visita habló de «medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país, injustas y éticamente inaceptables».
Cuba está viviendo un momento di transición. ¿Sus deseos?
Ortega y Alamino: Los obispos cubanos en el mensaje de Navidad nos hemos referido a esto: en este periodo se han suscitado expectativas en el pueblo, ha habido una posibilidad de debate en centros de trabajo, en centros de estudio, en las organizaciones sociales, hubo incluso una invitación por parte del presidente Raúl Castro, para que el debate fuera abierto, claro y sincero en todo eso. En otra ocasión yo he calificado todo esto como un proceso interesante en sí mismo, porque la posibilidad de debatir es algo quizás bastante novedoso. Veo en ello un aspecto prometedor. Durante las últimas elecciones, Raúl Castro dijo en una entrevista que el nuevo Parlamento tendrá mucho que trabajar en muchas cosas transcendentes, que ha de afrontar con calma… Esto me parece que puede ser algo que genere expectativas y esperanzas. Sería muy duro que la gente quedara defraudada, no creo que sucederá. Puede haber quizás impaciencia en cuanto a la rapidez, pero creo que algo nuevo está por verse en este tiempo. En este aspecto la Iglesia, durante el más de año y medio que Fidel Castro dejó el poder a causa de la enfermedad, no ha experimentado ningún tipo de cambio en el sentido negativo para su actividad. Al contrario, se ha mantenido aquel espíritu que se fue abriendo paso después de la visita del papa Juan Pablo II de manera más marcada y que ha ido manteniendo creciendo. En cuanto a cómo puede ser la configuración de ese futuro, no es materia de análisis...

El cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana
Jaime Lucas Ortega y Alamino: La Iglesia en Cuba es una Iglesia vital, pero no pienso que la vitalidad excluya la dificultad, más bien creo que vitalidad y dificultad son de algún modo complementarias, pues las dificultades exigen esfuerzos y nos remueven del adormecimiento. Yo creo que las dificultades experimentadas por la Iglesia en Cuba durante muchos años nos han llevado a usar nuestra imaginación pastoral. Por ejemplo, una gran dificultad para la Iglesia en Cuba ha sido la de no poder construir nuevas iglesias en barrios de las ciudades o en zonas rurales o en nuevos asentamientos humanos, de ahí surgió la necesidad de reunirse en las casas de las familias en esos lugares, creando pequeñas comunidades de 20, 30, 40 personas o más. Estas casas de oración o de misión, que así las llamamos, son centros de catequesis para niños, de catecumenado para adultos, donde se proclama y predica la palabra de Dios, en muchas de las cuales se va desarrollando una vida sacramental. Aquí en la arquidiócesis de La Habana hay ya más de 500 casas de misión. Y esta pastoral de comunidades pequeñas recuerda y revive la experiencia de la Iglesia en sus comienzos. La dificultad es cómo atender pastoralmente a esas comunidades cuando comienzan a tener vida sacramental. El sacerdote puede celebrar la eucaristía una vez al mes, pero la comunidad se reúne cada semana animada por diáconos, religiosas y sobre todo animadores laicos, que deben ser formados para esta misión. Y de nuevo la dificultad nos ha llevado a integrar de manera muy dinámica a los laicos en la pastoral, es decir, las dificultades generan vitalidad en la Iglesia. Y pienso que esto ha sido así entre nosotros. La práctica religiosa en Cuba es muy baja. Nosotros calculamos que de un 2% a un 3% de la población va a la misa dominical, cuando realmente están bautizados más del 65% de los cubanos. Cuando comencé como arzobispo, los bautismos eran unos seis mil al año, hoy son 25.000-26.000 y entre estos bautizados hay también adultos. En muchos lugares, por falta de Iglesias y de sacerdotes, es difícil celebrar la misa dominical. Pero hay otros indicadores de la religiosidad del pueblo. Por ejemplo, existe una gran capilla en el cementerio de La Habana donde se celebra el 75% de todos los enterramientos que se hacen en la capital. También hay que considerar el tipo de religiosidad que es muy latinoamericana, popular, o muy latina en general, con grandes peregrinaciones a santuarios, a lugares de culto, donde acuden a veces decenas y decenas de miles de personas en los tiempos fuertes del año, como Navidad y Pascua. Desde hace diez años el 25 de diciembre no es día de trabajo y ahora también desde este año los niños tienen las vacaciones de Navidad desde del día de Nochebuena hasta pasada la fiesta de Epifanía. Esto favorece la recuperación de las tradiciones navideñas, las reuniones de familia. El número de vocaciones se ha mantenido creciendo lentamente. Tenemos un seminario nacional en La Habana y se está construyendo su nueva sede fuera de la ciudad.
La visita de Juan Pablo II a Cuba: ¿cuál es la importancia de este gesto a diez años de distancia?
Ortega y Alamino: Yo veo la vista del papa Juan Pablo II más como un paso que como un gesto. El paso del Papa dejó surcos en la vida de la Iglesia, y en el corazón del cubano, dejó una huella en nuestra historia nacional. Toda la visita fue significativa, era la imagen del buen pastor, doblado por los años, por la enfermedad, que se crecía en cada momento. Para mí el momento culminante fue la visita a los enfermos del leprosorio de San Lázaro, ver como los tocaba y se inclinaba sobre ellos... Para otros el momento culminante fue la misa en la Plaza de la Revolución, donde había un millón de personas. El entusiasmo de la multitud que cantaba y vibraba con sus palabras, dio a muchos una imagen quizás desconocida del pueblo cubano y dijo a los mismos cubanos que la Iglesia estaba aquí y que estaba viva.
Durante su visita Juan Pablo II expresó su deseo de que Cuba se abriera al mundo y el mundo a Cuba. ¿Qué ha pasado en estos años?
Ortega y Alamino: Creo que el Papa no se refería primeramente a las relaciones diplomáticas de Cuba con otros países, porque Cuba tenía ya muchas relaciones de esa índole; no se refería a relaciones comerciales o económicas fundamentalmente. Para comprender las palabras del Papa hay que conocer nuestra historia de las décadas anteriores a la visita del Papa. Una historia tal vez también compartida con la patria del Papa polaco que nos visitaba. Cuba por razones económicas, ideológicas, comerciales estuvo muy ligada a la historia de los países del Este y a la desaparecida Unión Soviética. Allí estudiaron muchos cubanos y cubanas, de allí eran los técnicos y expertos extranjeros que venían a Cuba; el ruso era la lengua aprendida en las escuelas. Cuba, sin embargo, está en el corazón de América, tiene mucho en común por razones de cultura, lengua y religión con América Latina. Nuestra cultura es europea, de origen español, con un gran influjo africano, evidentemente, pero nos encontramos en el mundo occidental cristiano. Juan Pablo II conocía nuestra cultura. Cuba con sus magníficas posibilidades debía abrirse al mundo y el mundo a Cuba, es decir, situarse bien en este mundo al que culturalmente pertenecemos y ese mundo ayudar a resituarnos. Creo que era tan profundo como esto lo que el Papa decía. Creo que diez años después Cuba se ha abierto al mundo, incluso a muchas deficiencias de ese mundo occidental, con su secularismo excesivo, con su hedonismo y ansia de consumo. Hoy la apertura a ese mundo cada vez más global incluye beneficios y riesgos, pero así se va produciendo entre nosotros esa apertura. Los frutos de la visita, si los consideramos desde el punto de vista eclesial, son muchos. La Iglesia resultó confirmada en su misión, sus pastores respaldados; la Iglesia fue conocida en el mundo con vitalidad y entusiasmo; el Papa dio a conocer la Iglesia al mismo pueblo cubano. Fue la primera vez que tuvo la ocasión de salir a las plazas, algo definitivamente nuevo había comenzado y ya nada volvería a ser igual.
En la carta a los católicos chinos, Benedicto XVI reafirmó que la Iglesia no debe luchar para cambiar los regímenes políticos, sino anunciar el Evangelio.
Ortega y Alamino: Es verdad. Este ha sido el planteamiento que la Iglesia en Cuba ha hecho a sus fieles y que ha hecho al Gobierno del país, siempre. La sospecha de que la Iglesia pretende cambiar o desestabilizar el poder, estuvo presente en Cuba. Esta actitud recelosa puede haber encontrado una retroalimentación en las estrechas relaciones del Partido comunista de Cuba con los partidos homólogos de la Europa del Este y de la antigua Unión Soviética, aunque nunca fue en Cuba la política hacia la Iglesia del mismo género, en cuanto a la Carta a la Iglesia de China. Ese es el camino de la Iglesia siempre y en cualquier lugar, no puede haber otro y lo digo ahora mirando más bien a lo que fue nuestro pasado reciente, pues hoy las cosas en Cuba no son así.
En una entrevista a 30Días de hace unos años se quejaba usted de las dificultades para obtener las visas de entrada para los religiosos, del poco espacio en los medios de comunicación social y de la imposibilidad de desarrollar una obra de educación católica. ¿Cómo es la situación ahora?
Ortega y Alamino: Ahora ya existe facilidad para la concesión de visas para los misioneros extranjeros. Es ya una concesión habitual, en la práctica se ha ido transformando en una gestión común después de la visita del papa Juan Pablo II. También tenemos facilidad para importar libros: biblias, catecismos, revistas, etc. Hemos podido publicar una serie de revistas locales y nacionales. En La Habana hay un centro de bioética de mucha calidad, llamado “Juan Pablo II”, que presta un servicio nacional. El centro produce una serie de textos, utilizados incluso a nivel universitario, y sus miembros son solicitados para hacer de tutores en las tesis de grado en Bioética. En cuanto a los medios oficiales de comunicación social, antes de la histórica visita hubo una primera aparición mía en televisión. Luego, cuando el papa Wojtyla cayó enfermo, vino la televisión a preguntarme por su estado de salud. En la muerte del Papa, en fin, los periódicos salieron con grandes titulares en primera página que decían: «Ha muerto un pastor bueno». Leí estos artículos antes de entrar en cónclave, fue muy impactante para mí. La televisión transmitió también la misa que celebré en la Catedral por la muerte del Papa, a la que asistieron el Presidente y todo el Gobierno. Los informativos dieron toda la cobertura de la muerte de Juan Pablo II y de la elección de Benedicto XVI. Actualmente hay mucha información del Papa: cualquier declaración, encíclica, aparece en la televisión, se le da un tiempo amplio, que a veces nos sorprende. Y existen las condiciones para tener más espacio. Los obispos de Cuba han podido hablar por las estaciones provinciales de radio, que son muy escuchadas, en fiestas señaladas como Navidad o la fiesta de la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre. Ahora estamos solicitando tener la posibilidad de un programa habitual en los medios de comunicación. Queda el punto de la educación, para avanzar en este punto tendremos que trabajar mucho. Cuando me entrevistan yo siempre repito lo mismo: la Iglesia no puede nunca renunciar a ella. Cuando hablamos de educación católica, claro, puede haber la reminiscencia en los viejos de unas grandes instituciones que tuvo la Iglesia en Cuba, grandes colegios, que no tenían subvención estatal, y entonces había que pagar por el servicio que se prestaba. Por eso se acusa a las escuelas católicas de llevar a cabo una educación clasista. Pero yo digo que el mundo de hoy tiene muchas fórmulas que podemos encontrar para que la Iglesia pueda estar presente en el ámbito educativo sin necesidad y sin que lo quiera tampoco la Iglesia de retornar a métodos pasados.

La Plaza de la Revolución de La Habana durante la santa misa celebrada por Juan Pablo II, el 25 de enero de 1998
Ortega y Alamino: La primera condenación del bloqueo ocurrió en el año 1969, y lo hizo una Conferencia de obispos de aquella época. Porque es una constante en la Iglesia oponerse a este bloqueo y a todo bloqueo. Estamos viendo en estos días la crisis que esto ha creado en la Franja de Gaza, a los palestinos, donde comienza a haber una escasez que afecta a todo el mundo. No es solamente que falten los alimentos, sino que puede faltar lo necesario para la atención médica de las personas. Y esto ha pasado también en Cuba. Incluso los obispos norteamericanos han hablado más de un a vez rechazando este bloqueo de Cuba. Para nosotros el rechazo del bloqueo es una cuestión de principios. Esperemos que termine. El Papa lo dijo muy claramente cuando vino en 1998. Al final de su visita habló de «medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país, injustas y éticamente inaceptables».
Cuba está viviendo un momento di transición. ¿Sus deseos?
Ortega y Alamino: Los obispos cubanos en el mensaje de Navidad nos hemos referido a esto: en este periodo se han suscitado expectativas en el pueblo, ha habido una posibilidad de debate en centros de trabajo, en centros de estudio, en las organizaciones sociales, hubo incluso una invitación por parte del presidente Raúl Castro, para que el debate fuera abierto, claro y sincero en todo eso. En otra ocasión yo he calificado todo esto como un proceso interesante en sí mismo, porque la posibilidad de debatir es algo quizás bastante novedoso. Veo en ello un aspecto prometedor. Durante las últimas elecciones, Raúl Castro dijo en una entrevista que el nuevo Parlamento tendrá mucho que trabajar en muchas cosas transcendentes, que ha de afrontar con calma… Esto me parece que puede ser algo que genere expectativas y esperanzas. Sería muy duro que la gente quedara defraudada, no creo que sucederá. Puede haber quizás impaciencia en cuanto a la rapidez, pero creo que algo nuevo está por verse en este tiempo. En este aspecto la Iglesia, durante el más de año y medio que Fidel Castro dejó el poder a causa de la enfermedad, no ha experimentado ningún tipo de cambio en el sentido negativo para su actividad. Al contrario, se ha mantenido aquel espíritu que se fue abriendo paso después de la visita del papa Juan Pablo II de manera más marcada y que ha ido manteniendo creciendo. En cuanto a cómo puede ser la configuración de ese futuro, no es materia de análisis...