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SANTA SEDE
Sacado del n. 04 - 2008

La Congregación para las Iglesias Orientales

Los cristianos corren el riesgo de desaparecer de Irak


El cardenal Leonardo Sandri hace un balance de su primer año al frente del dicasterio vaticano que se ocupa de las comunidades católicas de los distintos ritos orientales. Luces y sombras procedentes de Tierra Santa y Oriente Próximo, del Este europeo, de India y de la diáspora


Entrevista al cardenal Leonardo Sandri por Gianni Cardinale


El cardenal Leonardo Sandri, de 64 años, nacido en Buenos Aires, Argentina, de padres emigrados de Ala, un pueblo de la provincia de Trento, lleva ya un año como prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales. Anteriormente, desde el año 2000, fue sustituto para Asuntos Generales de la Secretaría de Estado. Con este cargo la tarde del 2 de abril de 2005 anunció en la plaza de San Pedro la muerte de Juan Pablo II. Benedicto XVI lo creó cardenal en el consistorio del 24 de noviembre pasado. 30Días lo ha entrevistado sobre este primer año de actividad al frente del dicasterio vaticano que se ocupa de las Iglesias católicas de los distintos ritos orientales. El coloquio tiene forzosamente que empezar por la dramática muerte del arzobispo de Mosul de los caldeos, Paulos Faraj Rahho, secuestrado el 29 de febrero, un viernes de Cuaresma, y encontrado sin vida el 13 de marzo de este año.

El cardenal Leonardo Sandri preside la misa en sufragio del arzobispo de Mosul, Paulos Faraj Rahho, 
víctima de un secuestro, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado el 13 de marzo de 2008

El cardenal Leonardo Sandri preside la misa en sufragio del arzobispo de Mosul, Paulos Faraj Rahho, víctima de un secuestro, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado el 13 de marzo de 2008

Eminencia, ¿se ha sabido luego cómo ocurrió la muerte del arzobispo Rahho?
LEONARDO SANDRI: Todavía no está claro del todo. Es evidente, de todos modos, que monseñor Rahho murió como consecuencia, directa o indirecta, esto tiene poca importancia, del secuestro. Una muerte ocurrida después de que él celebrara el pío ejercicio del Vía Crucis. Muerte que parece tener todas las características de un verdadero martirio.
¿Le secuestraron bandidos o terroristas?
SANDRI: No se ha entendido bien. Aunque por las informaciones que nos han llegado del nuncio, del patriarca y de los obispos caldeos, parece que se trató más que nada de bandidos que actúan en la caótica situación iraquí con finalidades de extorsión para conseguir un rescate. De todos modos, sean terroristas o bandidos comunes, el resultado es el mismo: los cristianos, los católicos, sufren los golpes y son víctimas frecuentes en el Irak de hoy. La consecuencia es que estos hermanos en la fe nuestros corren el riesgo de desaparecer de un territorio en el que han estado siempre presentes desde los tiempos apostólicos.
Pero esta situación ¿es fruto del caos posbélico o considera usted que hay un proyecto específico para expulsar a los cristianos de Irak?
SANDRI: No creo que haya un proyecto específico, una estrategia concreta, pero parece claro que en Irak avanza la discriminación de los cristianos, los católicos, quienes, por consiguiente, movidos por un comprensible instinto de conservación, se sienten obligados a emigrar de la tierra de sus padres.
Esta situación, ¿es fruto de la guerra que ha llevado a la caída del régimen de Sadam Husein o del fundamentalismo islámico?
SANDRI: El papa Benedicto XVI, con motivo del Ángelus del 16 del pasado mes de marzo, dijo que el pueblo iraquí «sufre desde hace cinco años las consecuencias de una guerra que ha alterado totalmente su vida civil y social». Desde luego la situación que se ha creado como consecuencia de la guerra ha dado paso a una situación en la que el pusillus grex de los cristianos corre el riesgo de desaparecer. Si esto, que Dios no lo quiera, ocurriera, entonces desaparecería una realidad multirreligiosa y multicultural que ha estado presente desde siempre en Irak.
¿No será que “con Husein se vivía mejor”?
SANDRI: Algunos dicen que los cristianos vivían mejor con Sadam Husein. Sin duda alguna, aquel era un régimen dictatorial que no respetaba algunos derechos humanos básicos, sobre todo de los opositores. Pero, en efecto, no se puede negar que durante aquel régimen la Iglesia podía, por ejemplo, llevar una vida litúrgica normal, y no debía temer por la vida de sus pastores como por desgracia ocurre hoy.
¿Existe también cierta responsabilidad de las autoridades políticas iraquíes y de las fuerzas de ocupación por la ausencia de seguridad de los cristianos en Irak?
SANDRI: Es un hecho que las autoridades, al parecer, no consiguen garantizar la seguridad mínima indispensable para llevar una vida normal, tanto para los cristianos como para los musulmanes. Hubo pequeñas señales de que se iba a volver a la normalidad. Me dicen que incluso se había llegado a organizar un campeonato de fútbol. Pero las últimas noticias no prometen nada bueno.
Usted era uno de los más estrechos colaboradores de Juan Pablo II, que hizo lo posible por alejar el riesgo de la guerra en Irak en 2003…
SANDRI: Recuerdo muy bien su dramático llamamiento al final de un Ángelus. También hace cinco años, precisamente el 16 de marzo, mire qué coincidencia… Improvisando dijo que él, ya anciano, había vivido la guerra, sabía qué era y qué comportaba, y por eso hacía un llamamiento a los jóvenes gobernantes gritando su no a la guerra que estaba a punto de estallar. No fue escuchado, por desgracia. Los gobernantes tomaron otra decisión. Quiero pensar que de buena fe. Siempre que pueda admitirse que existen guerras hechas de buena fe.
¿Cómo ha recibido el pésame de la Casa Blanca por la muerte del arzobispo Rahho?
SANDRI: Un hecho formal de politesse diplomática. Por desgracia también mueren soldados americanos.
Aludía usted antes al problema de los secuestros para conseguir un rescate. ¿Tiene la Santa Sede una política sobre este tema?
SANDRI: La Santa Sede deja decidir a las comunidades locales, que hacen todo lo posible por salvar la vida de los secuestrados, y que a veces han de doblegarse a estos chantajes vergonzosos.
¿Y qué piensa de la idea de crear un enclave cristiano en la llamada Llanura de Nínive?
tar libremente las iglesias, los lugares y los pueblos donde viven todavía tantos hermanos en la fe. Espero que cuanto antes se den las condiciones mínimas para que pueda realizar esta visita.
El arzobispo Paulos Faraj Rahho con el cardenal Emmanuel Delly 
y Benedicto XVI

El arzobispo Paulos Faraj Rahho con el cardenal Emmanuel Delly y Benedicto XVI

En los últimos meses el patriarca maronita Nasrallah Pierre Sfeir ha lanzado repetidas veces su grito de alarma por el futuro de los cristianos en Líbano.
SANDRI: Lo he leído. Líbano es –y espero que se pueda seguir usando el verbo ser en presente de indicativo– un ejemplo de país relativamente próspero en el que los cristianos tienen un papel numérica y políticamente relevante todavía. Líbano es, en efecto, el único país del área en el que el presidente ha de ser cristiano según la Constitución. Pero hace ya seis meses que no se consigue elegirlo. Así que allí también todo corre el riesgo de derrumbarse. También de allí siguen huyendo los cristianos.
Otra situación delicada para los cristianos es Tierra Santa…
SANDRI: La visité durante una semana no hace mucho. Tengo que decir que en Jerusalén, en Nazaret y en Belén la situación parecía tranquila. Había, gracias a Dios, muchos peregrinos. Y esto es una buena señal. Pero tener que atravesar la muralla para ir a Belén desgarra el corazón… Sin tener en cuenta además que a ciento cincuenta kilómetros, en Gaza, morían niños por las incursiones israelíes como respuesta al lanzamiento de cohetes palestinos. Una tragedia que nos ha hecho implorar, en las oraciones rezadas en Jerusalén, por una paz duradera entre los dos pueblos.
¿Qué es lo que hace difícil la vida de los cristianos en Tierra Santa?
SANDRI: Por una parte cierta ausencia de coordinación con algunos sectores de la comunidad islámica, y, por la otra, algunos problemas jurídicos no resueltos con las autoridades del Estado israelí –pienso en los visados para los sacerdotes concedidos con cuentagotas y en la hipótesis de que se les revoque a las instituciones eclesiásticas exenciones fiscales históricamente adquiridas– pueden de hecho sofocar la presencia de los cristianos en la tierra de Jesús. En este caso se requeriría un poco de buena voluntad por parte de las autoridades. Se trata en realidad de obras que benefician no solo a la Iglesia sino a toda la sociedad y que favorecen un clima de paz.
El cuadro de la presencia cristiana en Cercano Oriente que dibuja su respuesta parece bastante desolador. ¿No existe ninguna esperanza?
SANDRI: Efectivamente, humanamente hablando es así. Sin embargo confiamos con gran esperanza en que el Señor escuche nuestras oraciones. E invitamos a todos los cristianos del mundo a rezar siempre intensamente al Señor por la paz y el bienestar de los cristianos, y de los no cristianos, de Tierra Santa y de todo Oriente Próximo. Esperemos que también a los gobernantes de este mundo les lleguen estas oraciones.
Eminencia, cambiemos de escenario. Su dicasterio se ocupa también de los católicos de rito bizantino que se encuentran en Europa oriental. En este panorama un papel importante, por historia y consistencia, es el de la Iglesia greco-católica ucraniana. También recientemente, durante la visita ad limina, el líder de esta Iglesia, el cardenal Lubomyr Husar, pidió que se cree por fin el patriarcado católico de Kiev-Halyc, que ahora tiene rango de arzobispado mayor. ¿Hay algo previsto en este sentido?
SANDRI: El propio cardenal Husar, que hizo esta petición, es bien consciente de todas las consecuencias negativas que podría tener una decisión de este tipo. Consecuencias en lo relativo al diálogo ecuménico, quiero decir, que podrían perjudicar más el objetivo de la unidad. Ya Juan Pablo II había dicho que la Iglesia greco-católica ucraniana merece el patriarcado pero que este gesto se podría cumplir solo con el pleno acuerdo, y no contra el sentimiento de nuestros hermanos ortodoxos. El tiempo dirá cuándo esto será posible. Creo que también el cardenal Husar es plenamente consciente de ello.
Otra realidad importante seguida por su dicasterio es la de las Iglesias católicas orientales arraigadas en Asia, especialmente en India, la siro-malabar y la siro-malankar…
SANDRI: Se trata de dos Iglesias muy vivas, en fuerte crecimiento incluso numérico. Están llenas de vocaciones y de iniciativas pastorales para las que piden también nuestro apoyo económico, que por desgracia a veces solo podemos garantizar en parte porque nuestros recursos son limitados.
Se trata de Iglesias que, sin embargo, también tienen a veces dificultades en sus relaciones con la Iglesia católica de rito latino…
SANDRI: No puedo negar que estos problemas también existen, ligados al hecho de que hoy muchos fieles de estas Iglesias han salido de su territorio, que es el del sur-oeste del subcontinente indio. Esperemos, sin embargo, que todos estos problemas se puedan resolver con la satisfacción de todos. Sobre este aspecto encuentro positivamente significativo que se haya elegido hace poco como presidente de todos los obispos indios al cardenal Varkey Vithayathil, que es el arzobispo mayor de los siro-malabares.
Durante su reciente viaje a los Estados Unidos, hablando con los obispos locales el Papa aludió también a las muchas diócesis de rito bizantino y oriental que están en aquel país…
SANDRI: Fue hermoso que el Papa hiciera esta alusión. En Estados Unidos hay 17 diócesis de este tipo. La mayoría son de la Iglesia greco-católica ucraniana y rutena, pero hay también eparquías de católicos melquitas, caldeos, armenios, maronitas, rumanos, sirios y siro-malabares. Son el fruto de una imponente oleada migratoria que, como hemos visto, no se detiene. Estas Iglesias mantienen todavía una gran vitalidad aunque no faltan los problemas, como por ejemplo, cierta asimilación que puede desembocar en la pérdida de sus peculiaridades.
El cardenal Leonardo Sandri en visita a Belén en febrero de 2008

El cardenal Leonardo Sandri en visita a Belén en febrero de 2008

Las Iglesias católicas de rito oriental también tienen su propio clero uxorado. ¿Esto vale también para las diócesis de estas Iglesias que se hallan en la llamada diáspora?
SANDRI: La disciplina actualmente en vigor contempla que el clero uxorado sea posible solo en los territorios originarios de los patriarcados y de las Iglesias católicas de rito oriental. Pero no en las diócesis de la diáspora. Puede haber excepciones, pero la regla sigue siendo esa. Sobre este aspecto, sin embargo, quisiera llamar la atención sobre un fenómeno del que me han hablado también los responsables del Pontificio Consejo para la Promoción de la unidad de los cristianos.
¿Cuál?
SANDRI: También en las Iglesias ortodoxas existe un fuerte redescubrimiento de la importancia y la grandeza del celibato eclesiástico. No significa que en nuestras Iglesias católicas de rito oriental o en las ortodoxas se piense en abolir el sacerdocio uxorado, pero se nota un aprecio cada vez mayor por el valor del celibato, sea por algunos aspectos prácticos, como por el profundo valor teológico –la mayor configuración a Jesucristo– en que se basa. Es útil además recordar que en las Iglesias ortodoxas que no están en plena comunión con Roma los obispos se eligen siempre entre el clero célibe, normalmente entre los monjes.
Eminencia, una pregunta final, quizá algo provocatoria. Pensando en el futuro, en el caso de la plena unión de las Iglesias ortodoxas y orientales con Roma, ¿habrá espacio para la Congregación que usted preside?
SANDRI: Las Iglesias católicas de rito bizantino pueden y deber ser un puente para la plena unidad con nuestros hermanos ortodoxos. Nosotros conocemos la voluntad de Dios de que la Iglesia sea visiblemente una. Pero no conocemos ni el cómo ni el cuándo. Bromeando digo: quizá llegue el día en que este dicasterio ya no sea necesario, o que no lo sea el Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos. Dejemos la decisión en las manos del buen Dios.


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