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MISIONES
Sacado del n. 04 - 2008

Sudán, como le hubiera gustado a don Bosco…


La pequeña presencia salesiana en Sudán. Entre Providencia y favores inesperados del poder local


por Davide Malacaria


Los muchachos que participan en los cursos de formación profesional de los salesianos en Sudán

Los muchachos que participan en los cursos de formación profesional de los salesianos en Sudán

Los salesianos llegaron a Sudán en 1980, por expreso deseo de la Santa Sede. «País realmente complejo», explica don Vicenzo Donati, responsable de las Obras salesianas en El Obeid. «Ante todo por su composición étnica, pues coexisten en la misma nación dos grandes grupos, el árabe-islámico en el norte y el africano en el sur, a su vez fraccionados en cientos de tribus y etnias distintas. Esta división es también religiosa; el norte es islámico y el sur animista y en parte cristiano. Para complicar las cosas, además, se descubre gran cantidad de petróleo…». Sí, el petróleo. Más allá de otros motivos de roce, que ya existen, parece que es el oro negro precisamente la clave de los conflictos que llevan años martirizando al país en una guerra feroz por el control de los yacimientos. China apoya el gobierno de Jartum y los Estados Unidos están cerca de los llamados movimientos de liberación. Durante más de veinte años el matadero sudanés ha trabajado a pleno rendimiento, y el país ha estado atormentado por una guerra entre norte y sur que terminó con el acuerdo de paz de enero de 2005. Pero fue solo una pausa, visto que otro foco de crisis, comenzado en 2003 en Darfur (en la zona oriental del país), ha prendido. Aquí los que se dan batalla por cuenta de terceros, a costa de la extenuada población local, son otros movimientos de liberación contrapuestos a los Yanyauid, acusados de recibir apoyo del gobierno de Jartum. El conflicto parece no tener freno; lleva ya causadas 400.000 muertes y 2,8 millones de prófugos… Los salesianos han pasado por todos estos horrores, tratando de ayudar a su manera a todos los necesitados, sin distinciones de ningún tipo. Como le hubiera gustado a don Bosco, subrayan con gusto.
En 1986 abren en Jartún la escuela profesional San José. Un Centro Técnico que atrae a estudiantes de todas partes, hasta el punto que, poco después de la apertura, llega a contar con novecientos matriculados, y no conocen tregua las peticiones de admisión… Así pues deciden abrir otra escuela en la periferia de la capital. Todo ello con la bendición del gobierno. El propio presidente, Omar al Bashir, desea reunirse con el representante de la Congregación en Sudán, el salesiano laico Giacomo Comino –Jim, como lo llaman por aquí–, para ofrecer un área en la que construir. Pero el proyecto no se realiza. Entonces es cuando llega una misiva inesperada, firmada por el vicegobernador del Estado del Kordofan septentrional. Este es el texto: «Ha comenzado el año 2000. Cristianos y musulmanes han de unirse en el esfuerzo de cooperar por el bien común. Les invitamos a construir su Centro Técnico en la capital del Kordofan septentrional, en El Obeid». Así es como la nueva escuela, dedicada a la primera santa sudanesa, Josephine Bakhita, nace en la parte meridional de Sudán, por expresa voluntad de la autoridad local, de religión musulmana: «Ha sido la Providencia la que nos ha llevado allí», explica don Vincenzo Donati. «El Obeid está relativamente cerca de Darfur, y cuando ha habido que intervenir a favor de los chicos que sufren por este nuevo conflicto, ha sido natural utilizar esta nueva estructura».
En los campos de refugiados sudaneses han encontrado amparo madres, muchachas y niños. Los hombres son pocos, porque están enrolados en alguna milicia o están lejos por trabajo, y son también pocos los jóvenes. Según don Vincenzo son precisamente estos últimos la categoría más a riesgo, porque la inactividad forzada los empuja a apuntarse en cualquier milicia, en la que entre otras cosas tendrían la comida asegurada. De ahí la idea de darles una formación, para ayudarles a encontrar un trabajo. Esta idea fue recibida positivamente por los desplazados: en el Centro “Josephine Bakhita” el primer año acuden sesenta muchachos, el año siguiente ciento veinte, el tercero ciento setenta y cinco y, en el año 2007-2008, cuatrocientos. Puesto que la escuela no tiene internado, los estudiantes se alojan en casas particulares en alquiler. El proyecto lo dirige don Vincenzo, que explica: «Los muchachos pasan el día en los talleres, donde pueden elegir entre seis cursos: mecánica, soldadura, electricidad, albañilería, ebanistería, fontanería. Se encariñan enseguida con el ambiente. El secreto es lo que don Bosco llamaba “sistema preventivo”, que está encerrado en tres palabras: razón, cariño y religión. Sí, también la religión: hay un maestro de Corán para la mayoría de los alumnos, formada por musulmanes, mientras que a los pocos cristianos se les enseña el Evangelio. Yo vivo con ellos como en una gran y gozosa familia. Además del estudio hay momentos de recreo: deporte, música, excursiones… Al final del curso reciben el diploma y, para facilitarles la tarea de encontrar un trabajo, también una caja de herramientas. Cuando regresan a los campos de refugiados a saludar a sus familias, se les recibe casi triunfalmente. La entrega del diploma y de la caja de herramientas tiene lugar allí, en el campo, en presencia de los jefes de la tribu. “Solo don Bosco ha pensado en nuestros muchachos”, he oído decir a estos últimos, para subrayar su satisfacción…». Pronto también las monjas salesianas entrarán en los campos de refugiados, para cuidar a las madres, a las muchachas y a los niños. «Y sin embargo todo esto no es más que una gota de bien en tanta desolación», repite don Vincenzo. «Solo la oración puede salvar Darfur».
Gracias a Dios no existe solo la guerra. En el sur, donde la frágil paz de 2005 todavía aguanta, los salesianos están realizando nuevas iniciativas. «Antes de comenzar nuestras intervenciones elaboramos un Country Strategy paper, analizando a fondo la situación política, económica y social del país», explica Massimo Zortea, presidente del VIS (Voluntariado Internacional para el Desarrollo), el organismo no gubernamental promovido por los salesianos que, desde 2006, actúa en Sudán y coordina las iniciativas de apoyo por parte de todo el “Don Bosco Network”, la red internacional de ONGs salesianas para el desarrollo. «Este modus operandi nos permite ser incisivos, es decir, hacer intervenciones que se convierten en motor de transformación de una determinada realidad socio-económica. El problema del sur de Sudán es la gran disgregación de las aldeas. Vista desde lo alto, el área se presenta como una serie de casas lejanas una de la otra: un modo de ofrecer menos puntos de referencia a los bombardeos en la guerra, pero también la consecuencia de una desconfianza difundida entre la población, donde nadie se fía del otro. Así es que se trata ante todo de reconstruir la confianza recíproca, la posibilidad de conseguir una agregación social de la que nazca una polis. De esta idea nace el proyecto, ya financiado, de realizar diez escuelas rurales, desarrolladas en tres edificios. La otra intervención se refiere a la promoción del papel de la mujer mediante intervenciones para alfabetizar y organizar grupos de mujeres, al fin de que sean capaces de asegurar la subsistencia alimenticia de una aldea y, por qué no, activar un posible comercio de productos agrícolas. En muchas áreas del sur no existen ni comercios ni una red de distribución, por eso hemos considerado de importancia intervenir en este terreno, valorizando al máximo el papel de la mujer. Todos estos proyectos se basan en personal local, formado por nosotros, pagado y seguido, porque queremos que los protagonistas de estas intervenciones sean ellos».
Una pequeña gota de caridad en un mar de desolación, sin duda. Pero en la sequía, también una gota de agua da refrigerio.
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