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IRÁN
Sacado del n. 06/07 - 2008

Irán Exclusiva. Encuentro con Akbar Hachemí Rafsanyani

Treinta años después


Desde la revolución islámica de 1978 hasta hoy. Irán, las reformas, su papel en el mundo y en el diálogo entre las religiones


Entrevista con Akbar Hachemí Rafsanyani por Giovanni Cubeddu


Akbar Hachemí Rafsanyani

Akbar Hachemí Rafsanyani

Señor presidente, en 1978 había en Irán una revolución. ¿Sigue viva todavía hoy? ¿Han valido estos treinta años para aclarar su alcance, sus contenidos y su finalidad?
AKBAR HACHEMÍ RAFSANYANI: En nombre de Dios clemente y misericordioso. Es evidente que todavía no hemos alcanzado todos los objetivos a los que aspirábamos en aquellos primeros días de lucha y revolución. Sin embargo, creemos que hemos realizado grandes cosas. Ante todo hemos conseguido transformar un régimen en el que no creíamos en otro aprobado por las fuerzas revolucionarias. Ha sido un cambio nada fácil, porque aspirábamos a sustituir el gobierno laico por otro islámico y el sistema hereditario vigente dentro de la familia real por otro ratificado por el voto popular. Para ello se necesitaban cambios estructurales, la creación de nuevas instituciones y la eliminación de otras: y es lo que hicimos en los primeros años de la revolución. Un problema de entonces fue que, a pesar de que en todas las revoluciones –incluso marxistas– se producen normalmente grandes depuraciones de las fuerzas del sistema anterior, nosotros no pudimos ni quisimos llevar a cabo depuraciones sangrientas. Sin embargo, por otra parte, no podíamos contar totalmente con funcionarios que habían estado al servicio del viejo régimen. De hecho, aunque el cuerpo administrativo estatal estaba con el pueblo, los dirigentes y los altos funcionarios seguían dependiendo todavía del viejo régimen. Tampoco pudimos dejar fuera totalmente a los militares, porque estábamos a favor del ejército. Pero naturalmente había que sustituir a los comandantes, porque durante la batalla se habían colocado contra el pueblo. Lo mismo hay que decir por lo que se refiere a la policía y la Savak [la intelligence, n. de la r.]. Por lo demás, anteriormente habían sido los asesores y consejeros americanos quienes habían administrado en la práctica Irán. Gracias a su apoyo el régimen estaba en pie, y eso para nosotros era inaceptable. Era necesario que dejaran de meter las narices en nuestros asuntos. En fin, costó trabajo construir una estructura basada en la libre elección popular, de la que todavía gozamos. A partir de la Jerarquía sublime, el líder supremo, hasta el presidente de la República, el Parlamento, los Consejos municipales, los Ayuntamientos: todos son elegidos directa o indirectamente por el pueblo, a veces en segundas vueltas. La posibilidad de votar la conseguimos pagando un precio mínimo. No hay más que comparar con lo que pasó en Irak –las venganzas, las depuraciones– o bien en Afganistán, después de que los rusos fueran expulsados y el pueblo saliera triunfador. Es verdad que durante un período hemos sufrido en Irán peligrosas revueltas internas, y que no fue fácil reprimirlas, pero lo hemos conseguido. En los primeros tiempos de la revolución se formaron algunos grupos armados de rebeldes que saqueaban las comisarías y los cuarteles. En el mismo período hubo revueltas armadas en las provincias iraníes de Kurdistán, de Khuzestán, de Beluchistán, de Azerbaiyán, en la ciudad de Turkmen Sahra e incluso en Teherán. No fue fácil acabar con ellas, porque no se podía utilizar el ejército o la policía sino que fue necesario echar mano de las nuevas fuerzas de la revolución [Pasdaran, Basiji, n. de la r.]. También tuvimos que afrontar un golpe de Estado y además sanciones económicas. Luego estalló una “guerra impuesta” [expresión con que en Irán se indica el conflicto con Irak, que duró desde 1980 hasta 1988, n. de la r.] y absurda: tanto el Este como el Oeste estaban con Sadam Husein y contra nosotros. Pasamos ocho años defendiéndonos solos. Nosotros sufríamos un embargo mientras que al enemigo se le concedía todo con generosidad. Ustedes los italianos todavía no nos han entregado los helicópteros, los “Chinook” que les compramos, según un enorme contrato que no ha sido respetado. Los alemanes, por su parte, estaban construyendo el centro nuclear de Bushehr cuando se fueron sin devolver siquiera lo que ya les habíamos pagado. También habíamos firmado con los ingleses varios acuerdos para la compra de tanques y misiles “Rapier”, pero luego no mantuvieron su compromiso. Los americanos nos bloquearon once mil millones de petrodólares sin entregarnos las armas que habíamos pedido. En estas condiciones luchamos y al final ganamos, y también la ONU ha sancionado nuestro derecho a una indemnización de guerra. Hemos conseguido echar a los iraquíes de nuestras fronteras y volver a poner en vigencia la Declaración de Argel [firmada en 1975 por Irán e Irak sobre las fronteras entre los dos países, n. de la r.]. Guerras de este tipo nunca se vieron en ninguna otra parte del mundo…
Luego comenzó el período de la reconstrucción y del saneamiento de Irán. Durante la guerra yo era comandante militar [jefe del Supremo Consejo Nacional de Defensa, n. de la r.] y posteriormente fui uno de los que recibieron el mandato de reconstruir el país [fui nombrado presidente de Irán, n. de la r.], y sé muy bien qué es lo que hemos conseguido realizar. Si se dan ustedes una vuelta por Irán, se darán cuenta de que la mayor parte de la reconstrucción se proyectó y cumplió durante los primeros siete u ocho años de la posguerra. Está claro que si no hubiéramos vivido aquellas experiencias ahora estaríamos entre los países desarrollados porque todo eso provocó un retraso en nuestro crecimiento. Por todo esto dije antes que solo hemos alcanzado una parte de nuestros objetivos.
¿Cómo resolver la cuestión nuclear y eliminar el embargo a que están sometidos?
HACHEMÍ RAFSANYANI: En mi opinión, la solución justa es negociar con paciencia y tolerancia, inspirar confianza a quienes nos acusan, para que acepten nuestro derecho al uso pacífico de la energía nuclear. No veo otros caminos, ni para nosotros ni para las otras partes en juego.
El líder supremo Alí Jamenei bajo un retrato del fundador del Estado islámico, el ayatolá Jomeini

El líder supremo Alí Jamenei bajo un retrato del fundador del Estado islámico, el ayatolá Jomeini

¿Qué opinión le merece la propuesta de abrir una oficina de representación americana –un consulado– en Teherán y las críticas de quienes afirman que esto significaría el alineamiento de Irán con las posiciones estadounidenses, una especie de sumisión?
HACHEMÍ RAFSANYANI: También en el pasado los americanos habían expresado la esperanza de abrir una oficina de representación de sus intereses en Teherán, y querían comenzar las conversaciones para conseguirlo. En la época de mi presidencia puse una condición, es decir, que ante todo, para demostrarnos su buena voluntad, los Estados Unidos tenían que liberar nuestros bienes bloqueados. Al final no se llegó a nada porque los americanos no aceptaron esta condición. Sobre la apertura de un consulado americano en Teherán, por el momento se trata solo de voces periodísticas, pero si recibiéramos de los Estados Unidos una petición oficial la estudiaríamos atentamente y creo que en Irán no habría ningún obstáculo para aceptarla.
Oriente Medio. ¿Cuál es la visión de usted, señor presidente, sobre la solución encontrada en Doha para Líbano, sobre la cuestión de Palestina, sobre las conversaciones entre Siria e Israel, sobre Irak, sobre Afganistán…? Todos estos son problemas de resonancia mundial. ¿Qué puede hacer Irán?
HACHEMÍ RAFSANYANI: Sí, existen triste presión debido a los refugiados: se trata de cinco millones de refugiados desesperados, oprimidos y enfadados que residen en esta pequeña área medio-oriental. El asunto no puede resolverse con la fuerza, y ni siquiera con la propaganda. Siria sufre además la ocupación israelí de gran parte del Golán. Creo que si la comunidad internacional consiguiera resolver la cuestión palestina, las otras se solucionarían con más facilidad. En Irak, mientras estén los soldados americanos, los problemas seguirán. Puede que consigan en breve tiempo implantar una calma militar, de manera provisional. Pero no pasará día que no haya levantamientos aquí o allá. Sin duda ni siquiera Afganistán soporta la ocupación extranjera. Anteriormente los rusos ya lo intentaron, como vecinos: las fuerzas rusas estaban por todas partes dentro del país, el gobierno afgano era comunista y dependía de la Unión Soviética. Pero uno de los motivos del derrumbe de la Unión Soviética fue precisamente la cuestión de Afganistán. Y al final este país tendrá que ser devuelto a su pueblo.
Si el mundo afrontara los problemas de raíz, a mi modo de ver los resolvería antes y de mejor manera.
Presidente, usted es ayatolá, una autoridad reconocida de la fe islámica chiíta. ¿De qué modo puede llegar a concretizarse el diálogo entre las religiones en la actualidad?
HACHEMÍ RAFSANYANI: Según nuestros principios coránicos el diálogo es posible. Mahoma –se dice en el Corán– vivía en la Península arábica en un período en que en la misma convivían varias religiones. La solución ofrecida por el Corán es basarse en los puntos en común de las religiones, que son numerosos. El principio más importante es Dios, en el que creen todas las religiones. El segundo tiene que ver con la profecía y los deberes, cargados sobre las espaldas de los profetas para que los llevaran al pueblo de modo que éste sea conducido por el camino de la ley divina. El tercero es la resurrección, en la que todas las religiones divinas creen. Hay diferencias en las modalidades del culto y en las leyes sociales que descienden de cada religión. Es como en los distintos sistemas políticos, que, pese a las diferencias en el estilo de vida, conviven sin problemas unos junto a otros. O como ocurre en sus países con la religión judía y la cristiana, que durante dos mil años han estado en conflicto: los cristianos consideraban a los judíos los asesinos de Jesucristo y por eso los odiaban. Pero por fin, en nuestros tiempos, los creyentes de ambas religiones se han reconciliado gracias a la mediación de personas pacíficas. De hecho, aunque hoy pueda haber discusiones, conviven pacíficamente. Y este al que acabo de referirme representa uno de los casos más difíciles. Los musulmanes, en cambio, no tenemos ningún problema ni con los judíos ni con los cristianos, ni con los hindúes, ni con los seguidos de Confucio en China. Podemos convivir con ellos perfectamente. Las divergencias y los conflictos tienen otras razones que van más allá de las creencias. Si las autoridades religiosas están de acuerdo, habrá acuerdo también entre la gente. Claro que es difícil, se requiere paciencia, apertura y deseo de perseverar…
El santo padre Benedicto XVI ha hablado en Sydney de un mundo en el que crecen el desierto espiritual, el miedo, la desesperación, haciendo un llamamiento a la conservación de la tradición, de las raíces de la fe.
HACHEMÍ RAFSANYANI: Algunas tradiciones son buenas, y tenemos que seguirlas. Otras no, son realmente preferibles otras alternativas modernas, por lo que no las podemos tener como referencia. No podemos volver completamente atrás ni tampoco no avanzar. Sin lugar a dudas no se puede dejar a un lado la herencia antigua, puesto que es la base de la vida humana.
El próximo año se celebrarán en Irán las elecciones presidenciales. ¿Qué propuesta política podría ganarse el apoyo unánime de los partidos políticos y de la sociedad del país, para su salvación y su desarrollo?
HACHEMÍ RAFSANYANI: En Irán no existe un partido político tan poderoso que consiga colocar autónomamente a su candidato en la presidencia de la República. Por lo que se refiere al número de partidos, es como en Italia… donde a menudo se forman gobiernos de coalición, que luego caen inmediatamente… ¡Llevan ustedes cambiando de gobierno cada año desde el comienzo de su historia moderna! En Irán, uno de nuestros puntos débiles es precisamente no haber sido capaces todavía de crear partidos fuertes. Tenemos dos o tres corrientes políticas: un ala conservadora, una radical y otra centrista moderada, ninguna de las cuales tiene mayoría absoluta. Los acontecimientos y la propaganda pueden favorecer a un partido respecto a otro durante las elecciones presidenciales, del presidente del Parlamento o de otros cargos, pero nunca será posible que una sola formación pueda administrarlo todo sola. Pero en Irán hay un punto estable de referencia, que es esencial para nuestro país: el líder supremo. Según nuestra Constitución, uno de los deberes del líder espiritual es intervenir en casos de divergencia para coordinar a los tres poderes [legislativo, ejecutivo y judicial, n. de la r.]. En los últimos años siempre ha sido un “frente” el que ha ganado las elecciones, no un partido o una persona. También en el futuro pasará lo mismo: ganará una alianza, de derecha, izquierda o de centro.
El presidente iraní, Ahmadineyad, en pie a la derecha, durante la ceremonia  
de inauguración de su mandato; en el centro, el ayatolá Alí Jamenei, suprema autoridad religiosa; a la izquierda, los ex presidentes Hachemí Rafsanyani y Mohammad Jatamí

El presidente iraní, Ahmadineyad, en pie a la derecha, durante la ceremonia de inauguración de su mandato; en el centro, el ayatolá Alí Jamenei, suprema autoridad religiosa; a la izquierda, los ex presidentes Hachemí Rafsanyani y Mohammad Jatamí

¿Ve necesaria una reforma constitucional en Irán? ¿En qué sectores?
HACHEMÍ RAFSANYANI: Nuestra Constitución se escribió muy rápidamente, durante el primer año de la revolución. Por eso han ido apareciendo posteriormente problemas en su aplicación concreta. Diez años después la reformamos. Por ejemplo, tras la revolución no se habían previsto modalidades para posibles reformas constitucionales, pero diez años después se establecieron normas para ello… Todo está en las manos de nuestro líder supremo, que cuando considera necesaria una reforma sobre algunos temas, encarga a personalidades, grupos o instituciones que exploren la materia, redacten las propuestas y luego –si el pueblo da su aprobación en un referéndum– que se pongan en práctica. Por el momento no hay serios problemas que exijan una aceleración hacia las reformas. Pero hay puntos que sin duda alguna sería mejor que se reformaran.
Usted fue uno de los íntimos del imán Jomeini. Si él estuviera hoy aquí, ¿qué diría por el bien de su país y la paz en el mundo?
HACHEMÍ RAFSANYANI: ¡Pero él ahora no está vivo, se lo podríamos preguntar si lo estuviera! En aquella época sabíamos bien que él deseaba la paz y no la guerra. Al final de su vida escribió un testamento intenso, y nos los entregó para que lo guardáramos en el Parlamento. Nadie sabía qué estaba escrito en él, se abrió solo tras su muerte y solo entonces descubrimos sus propuestas. Se publicó y todavía hoy está disponible, por lo que puede usted hacerse con un ejemplar… En su testamento, el imán Jomeini no insiste en detalles o cosas pequeñas sino que trata sobre todo de asuntos generales y da algunos consejos. De todos modos, la mayoría de nosotros [los líderes que hoy están en el poder, n. de la r.], que fuimos sus discípulos, hemos sacado mucho provecho de sus enseñanzas, sabemos qué deseaba y de qué manera comportarnos para que él esté contento. Sin embargo las circunstancias históricas no son siempre las mismas, y se ha de decidir apropiadamente, según las nuevas exigencias. Yo, por ejemplo, como muchísimos de sus discípulos, creo que los enfrentamientos actuales y las tensiones no convienen a la humanidad, a nuestra región y ni siquiera a nuestro país. En estas condiciones cada cual termina disipando gran parte de sus riquezas, y esto le cuesta demasiado al género humano.
No habrá ni vencedores ni vencidos. Todos sufrirán sus consecuencias.


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