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IRÁN
Sacado del n. 06/07 - 2008

El papel de Rafsanyani

Conservador, realista, moderno, resoluto



por Giovanni Cubeddu


Akbar Hachemí Rafsanyani

Akbar Hachemí Rafsanyani

En verano el calor en Teherán es mucho más soportable de lo que uno se puede imaginar. La megalópolis cuenta con 17 millones de habitantes, es un trajín caótico y continuo, pero sin atascos, de coches y motocicletas para los que el semáforo es más que nada un consejo. Pero donde nos reunimos con Akbar Hashemi Rafsanjani reina el silencio, protegido por paredes infranqueables y por un jardín lujurioso, en un palacio completamente de mármol (el único en el mundo) de la época de la dinastía Qajar. Lo usaba ya el sha Reza Palevi para las ceremonias de representación. La cúpula fue construida copiando la de la estupenda mezquita de Sheij Lutfallah en Isfahan, y dentro las decoraciones floreales y las imágenes sacadas de los poemas del vate persa Ferdouzi maravillan al espectador. Es la sede del “Consejo del Discernimiento del Bien Supremo del Ordenamiento de la República Islámica”, que hoy preside Rafsanjani, a la vez que la “Asamblea de los Expertos”. Ambos son órganos vitales en la compleja arquitectura constitucional iraní que siguió a la revolución islámica. Simplificando, el Consejo del Discernimiento media en los conflictos entre el Parlamento y el Consejo de los Guardianes (el órgano encargado de examinar la adecuación a la ley religiosa de las normas jurídicas y de los candidatos a los cargos públicos) y es un órgano consultivo del líder supremo; la Asamblea, formada por ochenta y seis clérigos elegidos por sufragio universal que se reúnen una vez al año, elige entre los suyos al líder supremo, examina su actuación, y puede pedir que se le sustituya (las reuniones de la Asamblea son secretas, para que ninguna indiscreción pública pueda debilitar los pronunciamientos del líder supremo).
Cuando tenía catorce años, Akbar Hashemi Rafsanjani, hijo de una acomodada familia de cultivadores de pistacho, fue en 1948 a la ciudad santa de Qom para realizar sus estudios religiosos, pero las clases de Ruholá Jomeini cambiaron su vida, llevándolo a asumir grandes responsabilidades, civiles, militares y religiosas (actualmente tiene el grado de ayatolá). Todo el mundo conoció a Rafsanjani desde 1989 hasta 1997 como presidente de Irán, un líder pragmático, conservador y moderno al mismo tiempo, que sabe tomar decisiones.
Bajo el viaducto de Teherán, que se cruza para ir al barrio de las embajadas, en la calle Neauphle le Chateau (la ciudad francesa donde el imán Jomeini estaba exiliado), el ayuntamiento ha querido que los pilares se decoraran con motivos religiosos y fragmentos de suras coránicas. En uno puede leerse: «Y realmente, incluso en las circunstancias extremas existe un consuelo». Todo el tráfico es un carrusel lleno de esperanzas que gira a su alrededor, y que Hashemi Rafsanjani se conoce de memoria.


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