El juego más hermoso es la benevolencia
Las expectativas de la República Popular China después de las Olimpíadas. Entrevista con Sun Yuxi, embajador en Italia
Entrevista a Sun Yuxi por Giovanni Cubeddu
En chino mandarino, que los
chinos llaman putonghua, la lengua común, han sido necesarios tres ideogramas (mundo, entero, transformación) para poder expresar un concepto nuevo como globalización,
dejando aparte la diferente interpretación tonal de los ideogramas.
Así es la China de hoy, gran país con cinco milenios de
civilización, guardián de sus propias tradiciones, un quinto
de población mundial orgullosa de haber emprendido el camino que lo
lleva a guiar la economía mundial, pese a todas sus contradicciones.
Estas se las dejamos por ahora a los abarrotados escritorios de los
analistas. Tampoco en estos tiempos de cambio ahorra su sabiduría el
Maestro Kong (K’ung Fu-tzu, conocido por los occidentales gracias a los misioneros
jesuitas como Confucio), sugiriendo en los Diálogos (capítulo dedicado a la “benevolencia del
vecino”) un espíritu de moderación y de bien
común como medicina para los orgullos contrapuestos: «Nadie es
mejor que quien se dedica a cultivar la benevolencia».
Sun Yuxi, nuevo embajador de la República Popular China en Italia, nos cuenta el mundo visto desde Pekín.

¿Qué obtiene Pekín de estos
juegos, además de medallas de oro?
SUN: Ante todo consideramos un bien ya solo el haber tenido el derecho de organizar estas Olimpíadas y hemos trabajado mucho para ofrecer a todos un acontecimiento deportivo estupendo. Las Olimpíadas son el instrumento para expresar a toda la comunidad internacional el deseo chino de llegar a una convivencia pacífica y de amistad mutua más intensas. Los Juegos, creemos, contribuyen a restablecer en el mundo la paz y la armonía, y para nosotros es muy importante que nuestros amigos, procedentes de todas las partes del mundo, se lleven un buen recuerdo, que reforzará el cariño hacia nosotros. En fin, ya saben que mi país está viviendo un crecimiento rápido y que la misión de mi gobierno es seguir por este camino, mejorando el tenor de vida de nuestro pueblo. Las Olimpíadas, en fin, refuerzan nuestra política de desarrollo y amistad.
Cuando las cosas van bien los chinos hablan de armonía. Pero hay quien ve en su país un peligroso antagonista. ¿Cómo conciliar la armonía con la globalización?
SUN: En el mundo existen todavía cosas no armoniosas, tanto en política como en economía. En el primer caso me refiero a los conflictos regionales y a las difíciles relaciones entre los países; en el segundo a la globalización, cuando crea problemas de tipo inflacionista: aumento del coste de la vida, contaminación… Alcanzar la armonía es el objetivo de China. Nuestra finalidad principal es, por un lado, mejorar el tenor de vida de nuestro pueblo, por el otro, convivir en amistad y paz con el resto del mundo. Paz, desarrollo y colaboración: estas son nuestras directrices. Usando en política las negociaciones y no la fuerza. En fin, actualmente estamos trabajando con enormes recursos humanos y económicos en una política de ahorro energético: las energías alternativas, la protección ambiental… Quisiera citar como ejemplo las ayudas ofrecidas por el gobierno italiano, y los acuerdos tomados durante la última visita a Roma de nuestro ministro de Exteriores para la construcción en China de una ciudad ecológica “modelo” que se llamará Caofeidian. Le doy las gracias a su país.
Tras la caída de la URSS, Occidente saludó el final del comunismo. Hoy la China gobernada por el Partido Comunista es líder en los mercados mundiales. Y presumiblemente lo será también en el futuro.
SUN: La República Popular China, en esta fase preliminar del socialismo, está bajo la dirección del Partido Comunista Chino. Y en nuestras intenciones el país deberá continuar su desarrollo según sus características propias y su realidad. Nuestro gobierno presta atención al mismo tiempo tanto a la reforma de la democracia socialista como a la de la economía. Para nosotros la democracia significa que el dueño del país es el pueblo, a quien le corresponden todas las decisiones, por su propio interés. Y ello en todos los niveles: tanto en las provincias como en el centro cada año se celebran asambleas populares, fundamentales porque ofrecen los contenidos de lo que piensa y quiere el pueblo. Además, en China no existe solo el PCC, sino otras nueve formaciones políticas, que tienen un papel de colaboración con el Partido Comunista y que están representadas en las distintas asambleas. La Asamblea Nacional del Pueblo, además, tiene una función de control sobre el gobierno, como también el PCC, en donde existe un Comité de Vigilancia. Pero también en el gobierno existe un Ministerio de Vigilancia, a la que también contribuyen los centros de investigación y los medios de comunicación. China no es un régimen donde todo esté en manos de pocos. El pueblo es escuchado atentamente: los dirigentes del PCC son elegidos por 70 millones de militantes del Partido, el nombramiento de los ministros es aprobado por la Asamblea Nacional del Pueblo, los dirigentes de las aldeas pasan por una elección directa local… Este sistema político no conoce otros ejemplos pero corresponde a nuestras características y lo mantendremos, aunque promovamos su modernización. El secreto de China en el mundo globalizado es que nuestro gobierno consigue producir desarrollo porque sabe dirigir estos mecanismos…
¿Cómo consigue la China moderna mantener sus tradiciones y al mismo tiempo adherirse a la modernidad?
SUN: El sistema democrático chino es la garantía del desarrollo. El punto de partida es precisamente la tutela de los intereses fundamentales del pueblo, y en nuestra visión estos han de cuadrar y no entrar en conflicto con los grandes intereses de los demás, por ello ofrecemos al resto del mundo una colaboración total. Actuamos según un programa detallado. China sale de una situación de retraso y pobreza, por eso en una primera fase el objetivo –ya alcanzado a finales del siglo XX– fue garantizar al pueblo la posibilidad de comer y vestirse bien. Para antes del 2020 queremos crear una sociedad acomodada, y para el 2050 quisiéramos alcanzar el nivel de vida de países como Italia. El pueblo está avanzando bajo la justa guía del PCC: en los años ochenta había en el país 250 millones de pobres, ahora son 20 millones. Los chinos representan un quinto de la población mundial: si nuestra gente puede vivir con un poco más de dignidad, ¿no será también esto una aportación a la lucha contra la pobreza en todo el mundo?
El crecimiento de China se indica desde hace tiempo como la causa primera de la escasez de los recursos, especialmente en el campo energético. Últimamente, en cambio, por lo que se refiere al petróleo se acusa a la especulación.
nergías alternativas, porque además el aumento del precio del petróleo nos preocupa, y estamos tratando de estabilizarlo.
El pasado 7 de mayo se celebró en el Sala Pablo VI de la Ciudad del Vaticano un concierto de la Orquesta Filarmónica de Shangai, ante al papa Benedicto XVI. Un gesto simbólico, muy apreciado. La embajada dirigida por usted estuvo en primera fila a la hora de organizarlo.
SUN: La Filarmónica de Shangai había actuado ya en otras capitales europeas. Pero cuando la Santa Sede manifestó su interés y la invitó al Vaticano fue un comportamiento que mereció una respuesta afirmativa. Nosotros apreciamos que el papa Benedicto XVI presenciara el concierto. Estamos muy contentos especialmente porque durante el mismo el Papa pronunció un breve discurso y bendijo el desarrollo y el éxito de las Olimpiadas. Yo también asistí al concierto y soy el primer embajador chino en Italia que mantiene relaciones directas con el Papa… Entre las seis mil personas presentes en el concierto había altas personalidades vaticanas e italianas, y la reacción común fue realmente positiva. Muchos piensan que fue una buena iniciativa, que dará un impulso a la normalización de las relaciones sino-vaticanas. Como gesto de intercambio cultural a nivel popular, este impulso a la normalización entre China y Santa Sede ya lo ha dado. Repito, estamos muy contentos.
Es usted el primer embajador chino en Roma que tiene estos contactos con la Santa Sede y el Santo Padre. ¿Puedo pedirle un comentario, incluso personal, sobre esto?
SUN: Le puedo decir que estoy muy contento.

¿Qué hay de nuevo sobre los intercambios
culturales entre la República Popular China e Italia?
SUN: Este es un tema importante. China e Italia son dos grandes culturas. Según mi modo de ver existen en el mundo cuatro grandes civilizaciones: la china, que se ha desarrollado entre el río Amarillo y el río Azul; la de India, la europea y la africana. Considero a Italia la cuna de la civilización occidental; por eso los intercambios culturales entre la civilización china y la italiana –que a China le interesa mucho– pueden dar su aportación a la paz y la colaboración, no solo a nuestros países sino en un escenario global. Los intercambios culturales sino-italianos alimentan el conocimiento recíproco y la amistad entre la civilización occidental y la oriental. Inmediatamente después del establecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestros países se firmó un protocolo para los intercambios culturales, con programas actualizados cada tres años. Se han inaugurado fructíferas relaciones entre regiones italianas y provincias chinas y se han hecho muy frecuentes en los últimos años las iniciativas desde abajo, a nivel de pueblo. En 2006 se celebró en mi país “El año de Italia en China” y este año hemos organizado juntos en Roma el festival “China está cerca”. En el futuro seguiremos promoviendo iniciativas como estas, centraré mis esfuerzos en ello.
Quisiera subrayar, además, que el aumento de la cantidad de estudiantes chinos en Italia, y viceversa, es un modo muy eficaz de promover los intercambios culturales. Hoy estudian en su país cinco mil jóvenes chinos, y espero que este número pueda duplicarse cada año. Además, hemos creado en Italia dos “Institutos Confucio” y muchas universidades están pidiéndonos que creemos más, sabiendo que nuestra embajada está dispuesta a ofrecer su ayuda. En fin, los cursos de lengua china tienen más alumnos que antes.
¿Puedo añadir una cosa positiva sobre la misión diplomática italiana en Pekín?
Por supuesto.
SUN: Las relaciones entre China e Italia están viviendo quizá su mejor período. Con el embajador Sessa trabajamos provechosamente, en especial para facilitar los visados. Es de alabar que ahora la concesión de visados a los chinos, por motivos turísticos, comerciales o de estudio, requiera el tiempo estrictamente necesario.
En Italia se discute sobre federalismo… En China existen oficialmente cincuenta y seis etnias. ¿Cómo consigue Pekín seguir garantizando todavía hoy la coexistencia?
SUN: Porque son miembros iguales de la familia china, garantizados por la Constitución y las leyes, y cada etnia ha contribuido a erigir la China moderna, sabiendo al mismo tiempo mantener las tradiciones y las culturas propias. El gobierno chino siempre ha considerado la protección de todas las etnias un compromiso fundamental para salvaguardar la unidad y el desarrollo de China. En el gobierno y en la Asamblea Nacional del Pueblo las etnias tienen una representación porcentual, y en las zonas en que viven estas minorías se les garantiza un estatuto de región autónoma: existen ya cinco y el presidente de la región autónoma es expresión de la etnia local. Si además la minoría vive en una situación de atraso, el gobierno central interviene con fondos para favorecer su desarrollo. Además hemos creado escuelas, universidades y centros de investigación para garantizar las culturas de las etnias; y en clase se enseña tanto en chino mandarino como en el idioma local. Esta es la política, tradicional y firme, del gobierno chino, apoyada por todas las etnias.
¿Durante cuánto tiempo más seguirá siendo China, país que corre tan rápidamente, un país confuciano?
SUN: Confucio ha impregnado el modo de pensar de los chinos durante más de dos mil años. El concepto de armonía, como coordinación entre las distintas franjas y los factores sociales de la producción, de que ya hemos hablado, deriva de él. Y la armonía, explicaba Confucio, es como un tesoro. El propio Confucio aconsejaba evitar cualquier exceso y mantener equilibradas las relaciones con todos. Los mayores dirigentes chinos, desde Mao Zedong a Deng Xiaoping, hasta la última generación de Hu Jintao han estado influidos por Confucio y utilizan sus palabras y pensamiento. Él fue el primer maestro que abrió su escuela en China. Sencillamente digo que para comprender el modo de pensar de los chinos hay que leer los textos de dos personalidades: Confucio y Mao Zedong. Este último testimonia no solo las ideas del marxismo, sino también las del confucianismo. Y las dos están más que vivas.
Sun Yuxi, nuevo embajador de la República Popular China en Italia, nos cuenta el mundo visto desde Pekín.

El embajador Sun Yuxi
SUN: Ante todo consideramos un bien ya solo el haber tenido el derecho de organizar estas Olimpíadas y hemos trabajado mucho para ofrecer a todos un acontecimiento deportivo estupendo. Las Olimpíadas son el instrumento para expresar a toda la comunidad internacional el deseo chino de llegar a una convivencia pacífica y de amistad mutua más intensas. Los Juegos, creemos, contribuyen a restablecer en el mundo la paz y la armonía, y para nosotros es muy importante que nuestros amigos, procedentes de todas las partes del mundo, se lleven un buen recuerdo, que reforzará el cariño hacia nosotros. En fin, ya saben que mi país está viviendo un crecimiento rápido y que la misión de mi gobierno es seguir por este camino, mejorando el tenor de vida de nuestro pueblo. Las Olimpíadas, en fin, refuerzan nuestra política de desarrollo y amistad.
Cuando las cosas van bien los chinos hablan de armonía. Pero hay quien ve en su país un peligroso antagonista. ¿Cómo conciliar la armonía con la globalización?
SUN: En el mundo existen todavía cosas no armoniosas, tanto en política como en economía. En el primer caso me refiero a los conflictos regionales y a las difíciles relaciones entre los países; en el segundo a la globalización, cuando crea problemas de tipo inflacionista: aumento del coste de la vida, contaminación… Alcanzar la armonía es el objetivo de China. Nuestra finalidad principal es, por un lado, mejorar el tenor de vida de nuestro pueblo, por el otro, convivir en amistad y paz con el resto del mundo. Paz, desarrollo y colaboración: estas son nuestras directrices. Usando en política las negociaciones y no la fuerza. En fin, actualmente estamos trabajando con enormes recursos humanos y económicos en una política de ahorro energético: las energías alternativas, la protección ambiental… Quisiera citar como ejemplo las ayudas ofrecidas por el gobierno italiano, y los acuerdos tomados durante la última visita a Roma de nuestro ministro de Exteriores para la construcción en China de una ciudad ecológica “modelo” que se llamará Caofeidian. Le doy las gracias a su país.
Tras la caída de la URSS, Occidente saludó el final del comunismo. Hoy la China gobernada por el Partido Comunista es líder en los mercados mundiales. Y presumiblemente lo será también en el futuro.
SUN: La República Popular China, en esta fase preliminar del socialismo, está bajo la dirección del Partido Comunista Chino. Y en nuestras intenciones el país deberá continuar su desarrollo según sus características propias y su realidad. Nuestro gobierno presta atención al mismo tiempo tanto a la reforma de la democracia socialista como a la de la economía. Para nosotros la democracia significa que el dueño del país es el pueblo, a quien le corresponden todas las decisiones, por su propio interés. Y ello en todos los niveles: tanto en las provincias como en el centro cada año se celebran asambleas populares, fundamentales porque ofrecen los contenidos de lo que piensa y quiere el pueblo. Además, en China no existe solo el PCC, sino otras nueve formaciones políticas, que tienen un papel de colaboración con el Partido Comunista y que están representadas en las distintas asambleas. La Asamblea Nacional del Pueblo, además, tiene una función de control sobre el gobierno, como también el PCC, en donde existe un Comité de Vigilancia. Pero también en el gobierno existe un Ministerio de Vigilancia, a la que también contribuyen los centros de investigación y los medios de comunicación. China no es un régimen donde todo esté en manos de pocos. El pueblo es escuchado atentamente: los dirigentes del PCC son elegidos por 70 millones de militantes del Partido, el nombramiento de los ministros es aprobado por la Asamblea Nacional del Pueblo, los dirigentes de las aldeas pasan por una elección directa local… Este sistema político no conoce otros ejemplos pero corresponde a nuestras características y lo mantendremos, aunque promovamos su modernización. El secreto de China en el mundo globalizado es que nuestro gobierno consigue producir desarrollo porque sabe dirigir estos mecanismos…
¿Cómo consigue la China moderna mantener sus tradiciones y al mismo tiempo adherirse a la modernidad?
SUN: El sistema democrático chino es la garantía del desarrollo. El punto de partida es precisamente la tutela de los intereses fundamentales del pueblo, y en nuestra visión estos han de cuadrar y no entrar en conflicto con los grandes intereses de los demás, por ello ofrecemos al resto del mundo una colaboración total. Actuamos según un programa detallado. China sale de una situación de retraso y pobreza, por eso en una primera fase el objetivo –ya alcanzado a finales del siglo XX– fue garantizar al pueblo la posibilidad de comer y vestirse bien. Para antes del 2020 queremos crear una sociedad acomodada, y para el 2050 quisiéramos alcanzar el nivel de vida de países como Italia. El pueblo está avanzando bajo la justa guía del PCC: en los años ochenta había en el país 250 millones de pobres, ahora son 20 millones. Los chinos representan un quinto de la población mundial: si nuestra gente puede vivir con un poco más de dignidad, ¿no será también esto una aportación a la lucha contra la pobreza en todo el mundo?
El crecimiento de China se indica desde hace tiempo como la causa primera de la escasez de los recursos, especialmente en el campo energético. Últimamente, en cambio, por lo que se refiere al petróleo se acusa a la especulación.
nergías alternativas, porque además el aumento del precio del petróleo nos preocupa, y estamos tratando de estabilizarlo.
El pasado 7 de mayo se celebró en el Sala Pablo VI de la Ciudad del Vaticano un concierto de la Orquesta Filarmónica de Shangai, ante al papa Benedicto XVI. Un gesto simbólico, muy apreciado. La embajada dirigida por usted estuvo en primera fila a la hora de organizarlo.
SUN: La Filarmónica de Shangai había actuado ya en otras capitales europeas. Pero cuando la Santa Sede manifestó su interés y la invitó al Vaticano fue un comportamiento que mereció una respuesta afirmativa. Nosotros apreciamos que el papa Benedicto XVI presenciara el concierto. Estamos muy contentos especialmente porque durante el mismo el Papa pronunció un breve discurso y bendijo el desarrollo y el éxito de las Olimpiadas. Yo también asistí al concierto y soy el primer embajador chino en Italia que mantiene relaciones directas con el Papa… Entre las seis mil personas presentes en el concierto había altas personalidades vaticanas e italianas, y la reacción común fue realmente positiva. Muchos piensan que fue una buena iniciativa, que dará un impulso a la normalización de las relaciones sino-vaticanas. Como gesto de intercambio cultural a nivel popular, este impulso a la normalización entre China y Santa Sede ya lo ha dado. Repito, estamos muy contentos.
Es usted el primer embajador chino en Roma que tiene estos contactos con la Santa Sede y el Santo Padre. ¿Puedo pedirle un comentario, incluso personal, sobre esto?
SUN: Le puedo decir que estoy muy contento.

Benedicto XVI saluda la Orquesta filarmónica china y el Coro de la Ópera de Shangai al final del concierto en la Sala Pablo VI la tarde del 7 de mayo de 2008
SUN: Este es un tema importante. China e Italia son dos grandes culturas. Según mi modo de ver existen en el mundo cuatro grandes civilizaciones: la china, que se ha desarrollado entre el río Amarillo y el río Azul; la de India, la europea y la africana. Considero a Italia la cuna de la civilización occidental; por eso los intercambios culturales entre la civilización china y la italiana –que a China le interesa mucho– pueden dar su aportación a la paz y la colaboración, no solo a nuestros países sino en un escenario global. Los intercambios culturales sino-italianos alimentan el conocimiento recíproco y la amistad entre la civilización occidental y la oriental. Inmediatamente después del establecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestros países se firmó un protocolo para los intercambios culturales, con programas actualizados cada tres años. Se han inaugurado fructíferas relaciones entre regiones italianas y provincias chinas y se han hecho muy frecuentes en los últimos años las iniciativas desde abajo, a nivel de pueblo. En 2006 se celebró en mi país “El año de Italia en China” y este año hemos organizado juntos en Roma el festival “China está cerca”. En el futuro seguiremos promoviendo iniciativas como estas, centraré mis esfuerzos en ello.
Quisiera subrayar, además, que el aumento de la cantidad de estudiantes chinos en Italia, y viceversa, es un modo muy eficaz de promover los intercambios culturales. Hoy estudian en su país cinco mil jóvenes chinos, y espero que este número pueda duplicarse cada año. Además, hemos creado en Italia dos “Institutos Confucio” y muchas universidades están pidiéndonos que creemos más, sabiendo que nuestra embajada está dispuesta a ofrecer su ayuda. En fin, los cursos de lengua china tienen más alumnos que antes.
¿Puedo añadir una cosa positiva sobre la misión diplomática italiana en Pekín?
Por supuesto.
SUN: Las relaciones entre China e Italia están viviendo quizá su mejor período. Con el embajador Sessa trabajamos provechosamente, en especial para facilitar los visados. Es de alabar que ahora la concesión de visados a los chinos, por motivos turísticos, comerciales o de estudio, requiera el tiempo estrictamente necesario.
En Italia se discute sobre federalismo… En China existen oficialmente cincuenta y seis etnias. ¿Cómo consigue Pekín seguir garantizando todavía hoy la coexistencia?
SUN: Porque son miembros iguales de la familia china, garantizados por la Constitución y las leyes, y cada etnia ha contribuido a erigir la China moderna, sabiendo al mismo tiempo mantener las tradiciones y las culturas propias. El gobierno chino siempre ha considerado la protección de todas las etnias un compromiso fundamental para salvaguardar la unidad y el desarrollo de China. En el gobierno y en la Asamblea Nacional del Pueblo las etnias tienen una representación porcentual, y en las zonas en que viven estas minorías se les garantiza un estatuto de región autónoma: existen ya cinco y el presidente de la región autónoma es expresión de la etnia local. Si además la minoría vive en una situación de atraso, el gobierno central interviene con fondos para favorecer su desarrollo. Además hemos creado escuelas, universidades y centros de investigación para garantizar las culturas de las etnias; y en clase se enseña tanto en chino mandarino como en el idioma local. Esta es la política, tradicional y firme, del gobierno chino, apoyada por todas las etnias.
¿Durante cuánto tiempo más seguirá siendo China, país que corre tan rápidamente, un país confuciano?
SUN: Confucio ha impregnado el modo de pensar de los chinos durante más de dos mil años. El concepto de armonía, como coordinación entre las distintas franjas y los factores sociales de la producción, de que ya hemos hablado, deriva de él. Y la armonía, explicaba Confucio, es como un tesoro. El propio Confucio aconsejaba evitar cualquier exceso y mantener equilibradas las relaciones con todos. Los mayores dirigentes chinos, desde Mao Zedong a Deng Xiaoping, hasta la última generación de Hu Jintao han estado influidos por Confucio y utilizan sus palabras y pensamiento. Él fue el primer maestro que abrió su escuela en China. Sencillamente digo que para comprender el modo de pensar de los chinos hay que leer los textos de dos personalidades: Confucio y Mao Zedong. Este último testimonia no solo las ideas del marxismo, sino también las del confucianismo. Y las dos están más que vivas.