ENREVISTA. Los datos históricos e iconográficos
La imagen del rostro de Jesús
Historia e iconografía demuestran que un modelo con las características de la Sábana Santa era conocido, especialmente en Oriente, mucho antes del siglo XIII. Habla Anna Benvenuti, profesora de Historia medieval de la Universidad de Florencia
Entrevista con Anna Benvenuti por Pina Baglioni

El Mandylion con la imago pietatis, icono del siglo XVI, Museo Kolomenskoe, Moscú
Anna Benvenuti, profesora de Historia medieval de la Universidad de Florencia, habla claro. Desde hace muchos años se ocupa de las actitudes religioso-devotas del mundo cristiano, del culto de los santos y de la circulación y veneración de las reliquias. Es miembro de unos treinta comités científicos y presidente de la Sociedad italiana de historiadores de la Edad Media. Hace diez años escribió Il misterio della Sindone (en Storia e Dossier, n. 131, octubre de 1998, 64 pp.), planteando una serie de dudas sobre la seriedad de los análisis realizados conjuntamente por los laboratorios de Oxford, Tucson y Zúrich. Dudas aún por resolver. Critica también a sus colegas: «La Síndone provoca siempre inexplicablemente una reacción de tipo preliminar por parte de los intelectuales y de muchos historiadores “ilustrados”. Sin saber nada ni haber estudiado nunca el tema, para ellos el objeto es una falsificación. Punto. Lo que hay que hacer, en cambio, es seguir planteándose preguntas ante un objeto cargado de misterio. Porque, no hay que olvidarlo, lo que vemos en Turín es un negativo fotográfico y nadie ha logrado nunca entender cómo se ha formado».
Por esta actitud suya, muchos han pensado colocar a Anna Benvenuti en ámbito católico. «Si soy o no soy católica es una cuestión mía. Las etiquetas se ponen a los tarros de mermelada y no en los ojos, si no, adiós conocimiento. En este sentido, me llamó la atención el documental de la BBC sobre la Síndone que fue retransmitido en Inglaterra el Sábado Santo. Aunque me pareció aburrido y totalmente carente de jerarquías narrativas útiles para comprender qué tenían de dudoso los análisis precedentes, es significativo el hecho de que el principal canal de televisión de un país antipapista abriera de nuevo el caso de la datación, dejando a un lado los resultados verdaderos o presuntos. Y además, los mismos científicos que entonces juzgaron la Síndone una falsificación, hoy estarían dispuestos a reconsiderar su postura. Y esto es por sí mismo un hecho importante».
En su ensayo de hace diez años expone muchas críticas contra el famoso veredicto de 1988. En aquella ocasión expresó su contrariedad porque los científicos no habían tenido en cuenta el patrimonio de conocimientos aportado por los historiadores, los iconólogos y los historiadores de arte sobre las vicisitudes de la Síndone. ¿Puede explicarnos los motivos?
ANNA BENVENUTI: La aportación de las disciplinas históricas habría planteado, por lo menos, elementos de duda, de relativización de esas certezas apodícticas impuestas por los científicos. Aportación que al final ha sido ampliamente valorada en el documental de la BBC. Pero el hecho más desconcertante de 1988 fue que los científicos dejaron bastante que desear en su ámbito de competencia: era ampliamente sabido que la acumulación de sustancias portadoras de carbono sobre una tela era superior al que se puede determinar sobre un cuerpo o sobre una piedra. Bastaba cotejar la casuística preexistente: se había dado, por ejemplo, el caso de la momia egipcia conservada en el Museo de Manchester, cuya datación con el radiocarbono había dado como resultado una grandísima divergencia cronológica entre la edad de los restos humanos y la de las vendas que los envolvían. Solamente después de limpiar estas últimas con tratamientos de enzimas los datos resultaron coherentes. Un procedimiento que fue ignorado durante las investigaciones de 1988. Algo que nos dejó estupefactos porque se hace ciencia sólo comparando varios testimonios anteriores.
La cuestión que surgió entonces era si el fragmento de la Santa Sábana analizado respondía a las características útiles para una datación, dado que había sufrido una evolución histórica compleja. La Síndone es un objeto que ha viajado, se ha ensuciado, ha sufrido incendios y ha sido besado por los fieles, que, a su vez, han transferido sobre la tela otras cantidades de carbono. Estas acumulaciones prolongadas en el tiempo pueden haber falseado la datación. Pero en 1988 cayó como un mazazo la sentencia definitiva del falso medieval. Tuve la certeza de que se trataba de una operación tramada por círculos enemigos de la Iglesia. Lo cual me dio mucha rabia, vi que lo habían hecho de mala fe. Sustancialmente el nudo difícil era este: ante todo, se debía tener en cuenta la correspondencia entre lo que entonces definí, para simplificar, un modelo sindónico, que había existido, había influido en el arte y había dado lugar a comportamientos rituales ya en el siglo VI, y el objeto sindónico en sí. En fin, que en primer lugar había que considerar que había existido una tradición antigua y que esta tradición había producido consecuencias que se podían deducir iconográficamente.
¿Puede ponernos ejemplos concretos de la relación entre modelo sindónico y objeto sindónico?
BENVENUTI: Dicho con palabras sencillas: la observación reiterada de una imagen sindónica ha dado lugar a un modelo que se ha difundido.
Basta pensar en un detalle iconográfico aparentemente insignificante: el supedáneo inclinado de la cruz. La inclinación de dicho elemento, en la tradición bizantina, remite a la idea de un hombre cojo. Convicción que se había difundido evidentemente tras la observación de una tela sindónica. Análoga a la de Turín, o la misma de Turín, esto el historiador no lo puede saber. Lo cierto es que la huella imprimida en la Síndone de Turín corresponde a la de un hombre que tiene una pierna más larga que la otra. Una pierna que ha sido tirada para sobreponerla a la otra y clavar los pies durante la crucifixión. Y la observación reiterada de esa imagen ha dado lugar a la creencia errónea de que Jesús era cojo.
Podemos poner otro ejemplo: en los primeros siglos del cristianismo se representaba a Jesús como el Buen Pastor con la cara de niño. Luego, en un determinado momento, las cosas cambian, porque comienza a difundirse la idea de una imagen acheropita, milagrosa, que se ha producido espontáneamente. Quiere decir que a partir de cierto periodo el mundo de la representación asume ciertas características porque ha podido á presente en el lino. Aspectos y conocimientos ajenos a la cultura médica medieval. Y además, la Edad Media ignoraba los aspectos técnicos de la crucifixión romana. Así que es muy raro que el falsificador de la Síndone haya sido capaz de reproducir algo que no podía saber: por ejemplo, el uso de clavar los clavos no en la palma de la mano, como nos muestra toda la iconografía medieval, sino entre los huesos de la muñeca. Introducir el clavo entre los huesos del carpo, además de asegurar la estabilidad al cuerpo, que el metacarpo, más débil, no garantizaba, tenía como efecto el de dañar el nervio mediano, determinando la retroflexión de los pulgares. Si nos fijamos en las manos del hombre de la Sábana Santa de Turín, podemos ver que muestran sólo cuatro dedos en vez de cinco: no se ven los pulgares porque se han retraído.

El probable recorrido de la Síndone
BENVENUTI: Exactamente. Mire que entre los partidarios de la falsificación hay quien ha llegado a presentar la hipótesis de que la Síndone envolvió un cadáver y que para ello se utilizó una víctima crucificada expresamente para producir la falsificación. Pero también en este caso el hipotético falsificador habría tenido que conocer y reproducir elementos que iban más allá de sus conocimientos: los adelantos médicos medievales, que no tuvieron hasta los umbrales del Renacimiento la aportación de la observación anatómica, no podían llegar a tanto. Y tampoco podían reproducir hasta en los detalles más mínimos las heridas producidas por una flagelación romana, con las ulceraciones causadas por las puntas de hueso o de metal. Como también era difícil imaginar el palo horizontal de la cruz separado del vertical, y reproducir en el cuerpo martirizado de la víctima las señales impresas por un patibulum del que no se suponía ni siquiera la existencia en una época en que la cruz era representada con ambas partes, la vertical y la horizontal, acopladas y unidas en un único objeto. No se podía imaginar el flujo de sangre en los antebrazos con dos tipos distintos de inclinación, tal y como se halla perfectamente representado en las huellas sindónicas, que atestigua un cambio de postura del condenado durante la crucifixión. ¿Cómo imaginar la condensación de la sangre y el suero en la zona pélvica, consecuencia de la postura “a forma de cuna” que toma el cuerpo durante el traslado al sepulcro? ¿O cómo imaginar las tumefacciones en los pómulos o en la nariz, y esa realista desnudez que la Edad Media no habría incorporado nunca en su propia simbología, ni siquiera en la más naturalista? Como puede verse, no sólo la historia, la historia del arte y la iconología hubieran podido abrir los ojos a una datación más realista de la Síndone, sino también la historia de la medicina.
Hay que recordar siempre que toda la investigación se puso en marcha gracias a esos rasgos que aparecieron por primera vez en las fotografías de Secondo Pia en 1898. De ahí surge todo, de ese misterioso negativo fotográfico. Comenzando precisamente por las características filológicas de la crucifixión de las que hemos hablado hasta ahora y que la Edad Media ignoraba completamente.
¿Existe un documento de especial importancia en relación a todo lo que está diciendo?
BENVENUTI: Sin duda alguna el Manuscrito Pray, el documento más importante de la Biblioteca Nacional de Budapest, porque es el primer texto escrito en húngaro. En dicho manuscrito hay un dibujo de un Descendimiento: pues bien, la postura de Cristo es la misma que la del Hombre de la Síndone. Además se puede notar que las manos tienen cuatro dedos como el Hombre de la Síndone, a causa, como explicábamos antes, de la retracción del pulgar. Este dibujo demuestra que el autor pudo ver la Síndone o una copia de esta. Porque está claro que se hicieron muchas copias de la Síndone. Para comenzar, es muy importante el hecho de que el documento lleve la fecha de 1192, es decir, setenta años antes de la datación del C14. Además, en este dibujo se pueden ver cuatro signos en forma de L. Lo interesante es que esos signos se ven también en la Sábana Santa de Turín, causados o por un incendio evidentemente anterior al famoso del 4 de diciembre de 1532 en Chambéry, o por el hecho de haber doblado en cuatro la sábana repetidas veces, muchas veces.
En relación al documental retransmitido por la BBC, ¿cuáles fueron las novedades dignas de mención respecto a la disputa sobre la datación de la Síndone?
BENVENUTI: El espacio concedido por fin a la investigación histórica y a la iconografía. Mediante las aportaciones de historiadores importantes, se puso el acento en Robert de Clari, autor de uno de los testimonios más importantes del saqueo de Constantinopla de 1204. El cronista escribe en su memorial que en la iglesia de Santa María de Blanquerna, en Constantinopla, las autoridades religiosas exponían todos los viernes ante los fieles «la Síndone en la que fue envuelto nuestro Señor». De Clari escribe también que la Síndone «se exponía recta de modo que pudiera verse la figura de nuestro Señor».
Al respecto, el documental de la BBC nos mostró que algunos estudiosos americanos han conseguido reconstruir la máquina utilizada en Constantinopla para la ostensión. Y también, gracias a instrumentos muy sofisticados, cómo pudieron leer las señales determinadas por las varias dobleces de la tela al terminar la ceremonia. Dobladuras que se explicarían precisamente con la máquina utilizada para la exposición de la sábana santa ante los fieles. Desde el punto de vista de la historicidad, podemos deducir una continuidad de ostensión de un objeto que tenía características sindónicas. Y esto sucedía antes de su llegada a Europa. Es posible que, en un momento determinado, pudieran haber llegado contemporáneamente a Europa un objeto sindónico y sus copias. Podría explicarse así el hecho de que existiera una sábana santa en París, otra en Besançon. Una de estas llegó a Turín. Lo cierto es que la de Turín no tiene las características de una copia. Porque científicamente está comprobado que no es una pintura: un misterio.

Manuscrito Pray, miniatura de 1192-1195, Biblioteca Nacional de Budapest, Hungría
BENVENUTI: Robert de Clari escribe también que «no hay ningún griego ni francés que sepa lo que le ha pasado a esta Síndone después de que la ciudad fuera conquistada». Respecto al testimonio de Robert de Clari, hay que recordar que no puede considerarse como una prueba decisiva. La que él veía expuesta en la iglesia de Constantinopla podría haber sido una copia. Porque en aquel periodo se hacían muchas copias y según la espiritualidad bizantina se les atribuía un valor análogo al original.
Tenemos también el testimonio de un carta muy discutida de la que ha llegado hasta nosotros una transcripción tardía, que narra que el déspota de Epiro Teodoro Ángel informó al papa Inocencio III sobre cómo los cruzados se habían repartido el enorme botín de Constantinopla: mientras los venecianos robaron los tesoros de oro, plata y marfil, los franceses se llevaron las reliquias de los santos y sobre todo «la sábana con la que fue envuelto, después de la muerte y antes de la resurrección, nuestro Señor Jesucristo». Según esta carta, la sábana santa llegó a Atenas. Pocos años después, Oto de la Roche, duque de Atenas, donó a la Catedral de San Esteban de Besançon, en Francia, un sudario de Cristo que después de algún tiempo comenzó a ser definido “síndone”. En 1349 la Catedral de San Esteban sufrió un incendió devastador y a partir de este momento las opiniones de los historiadores empiezan a discrepar: unos dicen que en esa ocasión se perdió la reliquia, otros que fue sustituida por una copia antes de ser trasladada a la cercana Lirey, igualmente en Francia, por Jeanne de Vergy, viuda de Geoffroy de Charny que, muerto el año antes en la batalla de Poitiers, tenía el patronato de la iglesia de dicha ciudad. Durante más de un siglo la reliquia, aun en medio de mil polémicas entre las autoridades eclesiásticas compartió el destino de los señores de Charny. En 1453 pasó a pertenecer a la familia de los Saboyas y en 1502 Filiberto II la trasladó a Chambéry, y la colocó en una capilla construida expresamente y que se convirtió en la meta de peregrinaciones, no sólo populares. Pero también en Chambéry, el 4 de diciembre de 1532, estalló un incendio y mientras las llamas destruían la sacristía de la iglesia, dos franciscanos salvaron la caja de plata que custodiaba la Síndone. El calor provocó una fusión parcial del metal y la combustión de las partes de lino donde habían caído unas gotas hicieron unos agujeros que las monjas de Santa Clara zurcirán dos años después. La Síndone fue trasladada en 1576 de Chambéry a Turín por voluntad de Emanuel Filiberto de Saboya acomodándose a la piedad popular del cardenal Carlos Borromeo y a su voluntad de rendir homenaje a la reliquia con una peregrinación a pie como acción de gracias por el fin de la terrible epidemia de peste: es precisamente la legitimación del santo obispo milanés al culto de la Síndone lo que marcará el comienzo de un extraordinario periodo de devoción. No disminuyó su prestigio el encarnizamiento crítico de Calvino ni el de Voltaire más tarde, que, al contrario, tuvieron el efecto de acallar, en el mundo católico, todo tipo de incredulidad respecto a la Síndone. La fase científica comienza en 1898, cuando con motivo de la gran ostensión pública durante la exposición de Arte sagrado, Secondo Pia pudo sacar las famosas fotos que, de hecho, pusieron en marcha el gran debate sobre la misteriosa tela de Turín.
Después de diez años de la publicación de su ensayo y a la luz de la nueva apertura del caso, ¿piensa volver sobre el tema?
BENEVENUTI: Lo estoy pensando. Aunque sobre este tema hay muchos prejuicios y poco espíritu auténticamente científico, es decir, que se base en la confrontación y en la comparación de los varios conocimientos elaborados por las distintas disciplinas. Quienes en estos años no se han prestado a la teoría negacionista preliminar han sido marcados preventivamente como de parte católica y la Síndone ha sido arrojada en el montón de las supersticiones irracionales, generadas, según el partido de la falsificación, por la dictadura de la fe sobre la razón. La rica desinformación con que ha sido presentado el caso “Síndone” en estos años ha fijado, ¡qué casualidad!, la falsificación en la edad que por antonomasia es vista como la cuna de la mistificación religiosa. Ahora, sin embargo, gracias al documental de la BBC, se ha abierto una rendija para nuevas investigaciones en torno a lo que sustancialmente sigue siendo un misterio. Veremos.