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SANTUARIOS MARIANOS DE ROMA...
Sacado del n. 08 - 2008

Virgen de la Colina de Lenola, Latina

De la violencia a la caridad


La Virgen se le aparece a un joven que estaba a punto de cometer un homicidio. Comienza de este modo la historia de fray Deogratias (Gabriele Mattei) y del santuario de Lenola. Corría el año de 1602


por Lorenzo Cappelletti


El santuario de la Virgen de la Colina de Lenola, Latina

El santuario de la Virgen de la Colina de Lenola, Latina

En las estribaciones de los montes Ausoni, enfrente de la llanura de Fondi, favorecido por una posición y un clima encantadores, está situado un pequeño santuario mariano de historia plurisecular, aunque casi desconocida fuera del ámbito local: el santuario de la Virgen de la Colina de Lenola. La ocasión para darlo a conocer mejor ha sido el cuatrocientos aniversario de la aparición que dio lugar a la veneración mariana en aquel lugar (celebrado en 2002) y puede ser sobre todo la introducción (exactamente hace un año, el 29 de julio de 2007) y el desarrollo de la causa de beatificación del siervo de dios Gabriele Mattei, que fue el beneficiario de aquella aparición, cuya historia, especial en el ámbito de las apariciones marianas, vale la pena que recordemos. Lo hacemos siguiendo la primera historia de Mattei y del santuario, compuesta, «a petición de tantos devotos de María», por el dominico Antonio Maria Battista, en 1683, a pocos años de la muerte de Mattei. Tanto este texto como los otros citados son por fin objeto de una primera edición crítica preparada por la comisión histórico-archivística creada precisamente para la apertura de la causa de beatificación.
Grabriele es un joven de poco más de veinte años, de quien no sabemos mucho, pero evidentemente no podemos decir que tuviera precisamente madera de santo pues había preparado junto a otros tres compañeros del pueblo un homicidio para vengar una afrenta. Es la noche entre el 14 y el 15 de septiembre de 1602, vigilia de la fiesta de la Virgen Dolorosa. Atormentado, trata de calmarse retirándose a la montaña en compañía de su guitarra; en fin, para la realización de su propósito, invoca al demonio, que se le aparece en una visión. Se persigna entonces y se encomienda a María, que aparece en la cima de la colina y le invita a cambiar de vida. Ante el susto de Gabriel, María le tranquiliza (como en su momento había hecho, pero a la inversa, el ángel con ella): «Detente, hijo, ¿a dónde vas? No te alejes. Confía en mi infinita bondad y te salvarás. Soy aquella a la que hace poco tú llamaste». Y le invita a buscar una imagen suya en un antiguo lugar de devoción, que entonces eran solo unas ruinas, desde donde «jamás alejé mi mirada de tu patria». Allí debía edificar luego un templo dedicado a ella.
La mañana después, Gabriele abandona su intención de cometer el delito acordado con sus compañeros. El hallazgo de la señal que le había indicado la Virgen se convierte ahora para él no sólo en la confirmación de la veracidad de la visión, sino también en la única posibilidad de salvar la piel frente a las amenazas de sus cómplices que le acusan de escudar en pretextos su cobardía.
Por suerte (o mejor por gracia) el hallazgo prodigioso tiene lugar y lleva al arrepentimiento también a los compañeros de Gabriele. Y, como cuenta con viveza el dominico Battista, va acompañado de otro prodigio: a aquella misma hora, «todos los muchachos de dicho pueblo, unidos por un instinto superior, iban en tropel por las calles gritando gozosos: “¡Se ha encontrado a María!, ¡se ha encontrado a María!”. Al escuchar estas tiernas voces todo el pueblo se conmovió y llenos de júbilo todos preguntaban qué significado tenían aquellos gritos y nadie sabía explicar lo ocurrido». Se comprende qué había ocurrido en cuanto se corre la noticia de la visión y del hallazgo de la imagen. Todos acuden a la colina y con ellos el obispo de Fondi, Comparini, que se encontraba en Lenola para la consagración de la iglesia de Santa María la Mayor: será precisamente él el primer testigo de lo ocurrido (tendrá a la María Santísima de la Colina hasta su lecho de muerte).
Gabriele viste ya el traje de ermitaño pocos días después. Se encamina a Nápoles primero, y luego a España y Francia, donde lleva consigo una copia de la imagen prodigiosa, obteniendo muchos milagros y los recursos que le permiten comenzar la construcción del santuario. Reconocimiento y caridad se convierten en el lema del santuario: “Charitas semper Deo gratias”. Y Gabriele se convierte en fray Deogratias.
Imagen de la Virgen de la Colina

Imagen de la Virgen de la Colina

Sigue un período de trabajo y oración, necesario para preparar por una parte un lugar que será amparo y refugio para el pueblo y el clero de aquella tierra en los futuros siglos (al amparo del santuario se establecerá, por ejemplo, desde 1620 hasta nuestros días, la residencia veraniega del seminario y del obispo) y por la otra el epílogo emblemático de las vicisitudes terrenales de su iniciador. Este, que no era ningún ingenuo (como dan a entender las fuentes), para llevar a cabo la obra emprendida tuvo que ingeniárselas no solo con la oración, pues con espíritu emprendedor había creado una “fábrica de hielo” excavando un pozo de recogida de nieve que daba buenos cuartos. Pero precisamente esta relativa prosperidad, como se deduce de una composición en octavas de 1625, había dado lugar a habladurías, y el obispo Pinto llegó incluso en los años siguientes a acusar públicamente a fray Deogratias de haberse enriquecido con el santuario, si bien en 1652 aquél había renunciado formalmente por escrito a las ganancias, exceptuando lo que necesitaba para pagar «lo poco que queda de la deuda que tiene este fray Deogratias debido a las necesidades de la iglesia, como a todos es notorio, […] porque no es conveniente que quien ha hecho el placer de prestar dinero sea luego engañado y pueda quejarse con razón contra mí, fray Deogratias, como fundador de dicha obra, porque deseo verme tranquilo y de acuerdo con todos antes que yo muera cuando a Dios le plazca, que poco tiempo me queda de vida. Semper Deo gratias». La lealtad no siempre es apreciada, antes bien, especialmente en ciertos ambientes se considera señal de debilidad, cuando no incluso confesión de culpa.
Lo cierto es que pocos años después, la vigilia del primer domingo de Adviento de 1656 Gabriele es herido a muerte durante la noche en las puertas del santuario a manos de tres hombres. Las fuentes no dicen nada sobre los motivos de este gesto, presumiblemente debido al rencor hacia un hombre respetado y leal: quizá los mismos motivos que le habían llevado a él y a sus compañeros a planear un asesinato más de cincuenta años antes. Por lo demás el martirio, para serlo, debe arrancar de odio puro, hunde sus raíces en el misterio de Dios; y entonces habrá que recordar que precisamente entre Lenola y Fondi se extiende ese Valle de los mártires que según la tradición fue teatro en los primeros siglos del testimonio de numerosos mártires, para convertirse luego –Gregorio Magno fue testigo– en asentamiento de una comunidad monástica que durante siglos residiría aquí (el monasterio de San Magno que hace poco ha sido de nuevo devuelto a la vida –gracias a la previdencia de administradores capaces, al igual que fray Deogratias– no solo como bien arqueológico y paisajístico, sino como lugar de una nueva experiencia monástica).
En Lenola se respira un aire único, que es al mismo tiempo el aire salubre de colinas asomadas al mar y el aire saludable del deseo de colinas eternas.


las siguientes direcciones:
Postulador de la causa de beatificación del siervo de Dios Gabriele Mattei:
Profesor Sabatino De Simone, Piazzale del Colle n. 1, 04025 Lenola (Latina), Italia
www.gabrielemattei.it - www.madonnadelcolle.it
e.mail: info@gabrielemattei.it


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