Virgen de la Colina de Lenola, Latina
De la violencia a la caridad
La Virgen se le aparece a un joven que estaba a punto de cometer un homicidio. Comienza de este modo la historia de fray Deogratias (Gabriele Mattei) y del santuario de Lenola. Corría el año de 1602
por Lorenzo Cappelletti

El santuario de la Virgen de la Colina de Lenola, Latina
Grabriele es un joven de poco más de veinte años, de quien no sabemos mucho, pero evidentemente no podemos decir que tuviera precisamente madera de santo pues había preparado junto a otros tres compañeros del pueblo un homicidio para vengar una afrenta. Es la noche entre el 14 y el 15 de septiembre de 1602, vigilia de la fiesta de la Virgen Dolorosa. Atormentado, trata de calmarse retirándose a la montaña en compañía de su guitarra; en fin, para la realización de su propósito, invoca al demonio, que se le aparece en una visión. Se persigna entonces y se encomienda a María, que aparece en la cima de la colina y le invita a cambiar de vida. Ante el susto de Gabriel, María le tranquiliza (como en su momento había hecho, pero a la inversa, el ángel con ella): «Detente, hijo, ¿a dónde vas? No te alejes. Confía en mi infinita bondad y te salvarás. Soy aquella a la que hace poco tú llamaste». Y le invita a buscar una imagen suya en un antiguo lugar de devoción, que entonces eran solo unas ruinas, desde donde «jamás alejé mi mirada de tu patria». Allí debía edificar luego un templo dedicado a ella.
La mañana después, Gabriele abandona su intención de cometer el delito acordado con sus compañeros. El hallazgo de la señal que le había indicado la Virgen se convierte ahora para él no sólo en la confirmación de la veracidad de la visión, sino también en la única posibilidad de salvar la piel frente a las amenazas de sus cómplices que le acusan de escudar en pretextos su cobardía.
Por suerte (o mejor por gracia) el hallazgo prodigioso tiene lugar y lleva al arrepentimiento también a los compañeros de Gabriele. Y, como cuenta con viveza el dominico Battista, va acompañado de otro prodigio: a aquella misma hora, «todos los muchachos de dicho pueblo, unidos por un instinto superior, iban en tropel por las calles gritando gozosos: “¡Se ha encontrado a María!, ¡se ha encontrado a María!”. Al escuchar estas tiernas voces todo el pueblo se conmovió y llenos de júbilo todos preguntaban qué significado tenían aquellos gritos y nadie sabía explicar lo ocurrido». Se comprende qué había ocurrido en cuanto se corre la noticia de la visión y del hallazgo de la imagen. Todos acuden a la colina y con ellos el obispo de Fondi, Comparini, que se encontraba en Lenola para la consagración de la iglesia de Santa María la Mayor: será precisamente él el primer testigo de lo ocurrido (tendrá a la María Santísima de la Colina hasta su lecho de muerte).
Gabriele viste ya el traje de ermitaño pocos días después. Se encamina a Nápoles primero, y luego a España y Francia, donde lleva consigo una copia de la imagen prodigiosa, obteniendo muchos milagros y los recursos que le permiten comenzar la construcción del santuario. Reconocimiento y caridad se convierten en el lema del santuario: “Charitas semper Deo gratias”. Y Gabriele se convierte en fray Deogratias.

Imagen de la Virgen de la Colina
Lo cierto es que pocos años después, la vigilia del primer domingo de Adviento de 1656 Gabriele es herido a muerte durante la noche en las puertas del santuario a manos de tres hombres. Las fuentes no dicen nada sobre los motivos de este gesto, presumiblemente debido al rencor hacia un hombre respetado y leal: quizá los mismos motivos que le habían llevado a él y a sus compañeros a planear un asesinato más de cincuenta años antes. Por lo demás el martirio, para serlo, debe arrancar de odio puro, hunde sus raíces en el misterio de Dios; y entonces habrá que recordar que precisamente entre Lenola y Fondi se extiende ese Valle de los mártires que según la tradición fue teatro en los primeros siglos del testimonio de numerosos mártires, para convertirse luego –Gregorio Magno fue testigo– en asentamiento de una comunidad monástica que durante siglos residiría aquí (el monasterio de San Magno que hace poco ha sido de nuevo devuelto a la vida –gracias a la previdencia de administradores capaces, al igual que fray Deogratias– no solo como bien arqueológico y paisajístico, sino como lugar de una nueva experiencia monástica).
En Lenola se respira un aire único, que es al mismo tiempo el aire salubre de colinas asomadas al mar y el aire saludable del deseo de colinas eternas.
las siguientes direcciones:
Postulador de la causa de beatificación del siervo de Dios Gabriele Mattei:
Profesor Sabatino De Simone, Piazzale del Colle n. 1, 04025 Lenola (Latina), Italia
www.gabrielemattei.it - www.madonnadelcolle.it
e.mail: info@gabrielemattei.it