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KAZAJSTÁN
Sacado del n. 10 - 2003

Entrevista con el presidente de Kazajstán, Nursultán Nazarbáev

Nursultán, el multilateral


Entrevista a Nursultán Nazarbáev


por Gianni Valente


El presidente kazajo durante una rueda de prensa

El presidente kazajo durante una rueda de prensa

El guiño más elogioso durante el Congreso de Astana se lo dirigió el rabino jefe askenazí Yona Metzger al definirlo «un hombre práctico». Si algo caracteriza la aventura de Nursultán Nazarbáev, de 63 años, líder político inoxidable del país de las estepas, es el realismo pragmático de quien tiene en cuenta y respeta varios factores del gran juego de la política. Fue secretario del Partido Comunista kazajo en tiempos de la Perestroika gorbachoviana, en los últimos años de la URSS, y desde el 91, como presidente de la República Independiente de Kazajstán, está llevando a su país a la modernización y la apertura al mercado global, tratando de capitalizar en lo posible los potenciales beneficios para Kazajstán por su característica de “Tierra de confín”, lugar de encuentro y amalgama de pueblos y civilizaciones.
En el plano geopolítico, este planteamiento se traduce en el intento de establecer relaciones constructivas y fructíferas en todos los órdenes. La salida de la órbita del imperio soviético fue más “blanda” aquí que en ningún otro sitio. La pérdida de poder de la minoría rusa no ha comprometido las relaciones con Moscú, y en los últimos años se han reforzado las relaciones económicas y culturales con China y, sobre todo, con los países del golfo árabe, con un aumento de las inversiones sauditas, que han llegado a mansalva a esta ex república soviética de mayoría islámica. Tras el derrumbe soviético, Kazajstán fue el primer país en liberarse del arsenal nuclear, el cuarto en el mundo en importancia, almacenado en su territorio. Nazarbáev manifiesta gran interés en intensificar las relaciones con países occidentales, y especialmente con la Unión Europea, sin caer en supeditaciones negativas para el país, como se vio en la gestión “distributiva” de los contratos estipulados con las compañías extranjeras para la explotación de los yacimientos energéticos y en la inteligente estrategia de evitar que su territorio y estructuras quedaran implicados en la campaña militar contra Irak.
También la originalidad con que Nazarbáev ha establecido su red de relaciones directas con los representantes de las religiones tiene que ver con su visión “multipolar” de las relaciones geopolíticas. «Estoy convencido», explica el presidente kazajo, «que ningún monosistema puede asegurar equilibrio, estabilidad y desarrollo a la humanidad, o ni siquiera a una pequeña parte de ésta. La única fórmula justa es la unidad en la diversidad, en la multinacionalidad, en la multiconfesionalidad. Porque la humanidad en este momento histórico, y esto también será así en el futuro, no posee un modelo único de civilización religioso y cultural que pueda imponerse en todo el mundo como base exclusiva de la convivencia».
Presidente Nazarbáev, ¿qué puede decir a propósito del Congreso interreligioso que usted mismo convocó en Astana?
NURSULTÁN NAZARBÁEV: Hemos sido testigos de un acontecimiento único. Es la primera vez que un encuentro de este tipo ocurre en un país de Asia como Kazajstán, donde el 70 por ciento de los habitantes son sunitas. En estos años en que en todo el mundo ha crecido el terrorismo, los conflictos de tipo religioso y el narcotráfico, aquí hemos visto a los más importantes líderes del islam y del judaísmo sentarse en la misma mesa y convivir en el mismo hotel. O a los jefes religiosos indios entrevistarse con los líderes pakistaníes.
¿Está contento del resultado?
NAZARBÁEV: El pueblo multinacional de Kazajstán, tras alcanzar la independencia, ha demostrado en poco tiempo a todo el mundo que un país puede prosperar y tener éxito si el Estado garantiza estabilidad en la tolerancia. Aquí conviven 120 nacionalidades y más de cuarenta denominaciones religiosas diferentes. Teníamos buenos motivos para organizar aquí una reunión de este tipo. Y me alegra que los delegados hayan decidido dejar en manos de Kazajstán la organización del segundo Congreso. Se creará un Secretariado permanente para el fórum de las religiones que funcionará siguiendo el modelo de las grandes organizaciones internacionales.
¿Por qué usted, que es un líder político, atribuye tanta importancia a la armonía entre las confesiones religiosas?
NAZARBÁEV: La tradición de mutua comprensión y respeto entre los pueblos, tan arraigada en Kazajstán, es el principal “capital” de que disponemos. Mientras otros hablan de enfrentamiento de civilizaciones, nosotros experimentamos que el diálogo interreligioso es uno de los factores clave para el desarrollo social y la promoción del bienestar de los pueblos. Todos los jefes de las confesiones religiosas registradas en Kazajstán pueden confirmar que sus respectivas comunidades están viviendo un momento de crecimiento espiritual. Nuestros antepasados y otros pueblos de esta área nunca fueron agresivos con las religiones de los demás. Esta lección de la historia debería tenerse en cuenta, en vez de dar juicios inapropiados sobre el “papel negativo del Islam en Asia central”.
En sus discursos, usted se refiere a menudo a Eurasia como un potencial sujeto geopolítico unitario. ¿A qué se refiere cuando habla de “Eurasianship”?
NAZARBÁEV: Cuando hablo en los debates sobre la globalización de Eurasia, me refiero a la posibilidad de una cada vez mayor integración del Continente europeo con el asiático. Esto como perspectiva futura. En el presente, nosotros como ex repúblicas soviéticas estamos interesados en aumentar la cooperación económica. El primer paso para favorecer la integración es abrir recíprocamente los mercados, y comerciar libremente entre los países. La Europa unida necesita los recursos del continente asiático. A partir de aquí se puede desarrollar entre Europa y Asia una política de recíproca ayuda y asistencia en el desarrollo futuro.
Usted, que es el líder de un país de mayoría islámica, ha lanzado numerosas señales de amistad a los cristianos.
NAZARBÁEV: El cristianismo, en sus diversas denominaciones, es la segunda religión del país. Escuchando las muchas intervenciones del Congreso, se ha visto bien que cada religión reza a un único Dios, que son caminos distintos para alcanzar al único Dios. En este sentido, yo seguiré demostrando respeto por toda realidad auténticamente religiosa presente en Kazajstán. Naturalmente, un país democrático no puede obligar a seguir un dogma u otro. Me preocupan sólo esos grupos seudorreligiosos, presentes en todo el mundo, que difunden ideas negativas y cuya acción representa un riesgo no sólo para la fe, sino también para la sociedad civil y los Estados.
G. V.


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