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PALACIO DE CRISTAL
Sacado del n. 10 - 2003

Notas desde el Palacio de Cristal

El tiempo de las reformas y la Santa Sede




Octubre de 2003. Se mira a las reformas. De algunas declaraciones y tomas de postura de personalidades de la Santa Sede es posible diseñar la postura de la Santa Sede en las Naciones Unidas (organización de la que no es miembro pero en la que está presente con un observador permanente).
En una reciente declaración pública, el observador permanente recordó que cuando se emprenden soluciones fuera del consenso general es evidente que el sistema no funciona como debería. Y resulta igualmente claro que no conviene seguir así. En la ONU no hace falta un supergobierno, sino una línea de conducta concordada entre los países miembros. El secretario general, sea quien sea, mantiene el timón en la ruta que se le encomienda. Es sabido que estamos atravesando un momento de crisis profunda, pero se puede esperar que no todas las crisis vengan para perjudicar y que después del mal pueda venir el bien. De esta 58 sesión de la Asamblea general, pues, se esperan propuestas creativas de reforma, pero siempre basadas en el buen sentido político. Esto significa un Consejo de seguridad más democrático y representativo, un mayor peso político y deliberativo de la Asamblea y un Consejo económico y social realmente eficaz a la hora de hacer frente a la pobreza, la degradación de las condiciones de vida y las numerosas guerras entre Estados. Todos los problemas que los ciudadanos del mundo sienten diariamente en su carne, mucho más que la guerra contra el terrorismo o las armas de destrucción masivas. Hasta aquí las declaraciones públicas.
La gran cuestión es si se llegará a la reforma con un compromiso o si por desgracia es imposible salvar las distancias. Ya hemos dicho que se requiere urgentemente creatividad. ¿En qué sentido? Desde hace años se está discutiendo más o menos abiertamente de reforma. ¿Por qué los expertos tienen hoy un nuevo elemento de esperanza? Porque ha habido una crisis profunda que hace que los accionistas del Palacio de Cristal formulen propuestas serias (para una mayor democratización del gobierno central, por ejemplo).
Muchas delegaciones están determinadas a trabajar ante todo por el éxito de las reformas institucionales y, contemporáneamente, por la implementación sobre el terreno de los derechos humanos y de la justicia social. Resultado que puede alcanzarse, también según la Santa Sede, sólo si está claro para todos que el presupuesto es el multilateralismo y el sentido de la interdependencia.
Si esta es la perspectiva, lo que ha pasado en la conferencia de la OMC de Cancún, marcada por el nacimiento de un sujeto político nuevo respecto a los polos atlántico y europeo e identificado en el eje encabezado por Brasil, China, India, Suráfrica y otros países, parece una buena señal y crea un espacio donde no cuenta sólo quien reclama intereses mayores o dispone de mayores recursos.


El 7 de octubre, acogiendo la propuesta del observador permanente de la Santa Sede, tuvo lugar un simposio sobre la encíclica de Juan XXIII Pacem in terris, que se propone como manifiesto histórico en favor de una mayor representación en las Naciones Unidas, y estímulo, en este tiempo de reformas, para una mayor democracia, conservando siempre los principios comunes fundamentales.
En el simposio se celebró también –participaron entre otros Kofi Annan, Jean-Louis Tauran y Raffaele Martino– el XXV aniversario del pontificado: este Papa ha ido dos veces a la ONU, pronunciando en 1995 el famoso discurso sobre los derechos de los pueblos, y varias veces ha recibido al secretario general.
En este contexto se entregó el premio “Servitor pacis” al fallecido profesor Carlo Urbani, uno de los descubridores del virus del SARS (lo retiró su hijo Tommaso) y a las religiosas de la madre Teresa residentes en Bagdag. También durante los días de la guerra, como otras obras católicas, las religiosas siguieron acogiendo a quien más lo necesitaba y a los muchos huérfanos de los bombardeos.
La Iglesia pide paz, para sí y para el mundo.


En el Prayer service celebrado la tarde anterior a la apertura de esta última sesión de la Asamblea general, al leer el mensaje enviado por el Papa por medio del cardenal Sodano, el observador permanente rezó, entre otras cosas, para que «podamos estar asentados en la realidad, ser humildes… respetando la realidad de nuestro mundo. Pedimos ser liberados del miedo… y, en fin, rogamos que nos invada esa esperanza que nos ayuda a sorprender en este mundo presente algo que nos transciende, que por nosotros solos no seríamos capaces de ver ni captar».


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