El cardenal Carlo Maria Martini recuerda al exégeta jesuita desaparecido el 11 de septiembre de 2003
Padre Ignace de la Potterie S.I.
por el cardenal Carlo Maria Martini
Con gusto pongo por escrito algunos de los recuerdos de un entrañable hermano y amigo, el padre Ignace de la Potterie S.I., a quien Dios llamó a su seno hace poco tiempo.
Nos conocimos en el Pontificio Instituto bíblico a comienzos de los años sesenta. Éramos colegas: él estudiaba y enseñaba sobre todo el Evangelio de Juan; yo me dedicaba a la crítica textual. Eran tiempos del Concilio Vaticano II, cuando se estaba elaborando la constitución dogmática Dei Verbum. Enseguida vimos que había gran sintonía entre nosotros sobre las esperanzas de los exégetas católicos a propósito de este documento. Recuerdo que el padre De la Potterie trabajó mucho para ayudar a los obispos del Concilio a comprender los problemas que esconden los grandes temas de la Palabra de Dios y de la Sagrada Escritura. Fue también de gran ayuda en la elaboración de algunas formulaciones significativas, que luego entraron en los textos conciliares. Nada más aprobarse el documento Dei Verbum defendió vigorosamente su carácter de novedad, incluso frente a casos de traducciones torpes de algunas frases que oscurecían el mensaje del documento.
Desde entonces profundizaba sobre todo en el tema de la verdad en san Juan, que luego se convirtió en su tesis de doctorado y en su libro más significativo. Pero se ocupó a fondo también de muchos otros temas relacionados con Juan, como el Prólogo, la narración de la pasión y su estructura, y de muchos otros temas de exégesis y teología bíblica. En todo ello se mostraba un investigador preciso, riguroso y exigente a la vez que muy atento a las necesidades de la comunidad cristiana y el contexto de fe en el que actuaba.
En su investigación fue desviando cada vez más su atención hacia los Padres de la Iglesia y a la exégesis patrística, incluso polémicamente, con respecto a la exégesis histórico-crítica demasiado encerrada en sí misma de los últimos años.
Era un religioso ejemplar, hombre de oración, humilde, servicial y a la vez ardiente investigador y defensor de la verdad. Ahora contempla aquella Verdad eterna a la que sirvió con todas sus energías, su inteligencia y su pasión.
Cardenal Carlo Maria Martini
Nos conocimos en el Pontificio Instituto bíblico a comienzos de los años sesenta. Éramos colegas: él estudiaba y enseñaba sobre todo el Evangelio de Juan; yo me dedicaba a la crítica textual. Eran tiempos del Concilio Vaticano II, cuando se estaba elaborando la constitución dogmática Dei Verbum. Enseguida vimos que había gran sintonía entre nosotros sobre las esperanzas de los exégetas católicos a propósito de este documento. Recuerdo que el padre De la Potterie trabajó mucho para ayudar a los obispos del Concilio a comprender los problemas que esconden los grandes temas de la Palabra de Dios y de la Sagrada Escritura. Fue también de gran ayuda en la elaboración de algunas formulaciones significativas, que luego entraron en los textos conciliares. Nada más aprobarse el documento Dei Verbum defendió vigorosamente su carácter de novedad, incluso frente a casos de traducciones torpes de algunas frases que oscurecían el mensaje del documento.
Desde entonces profundizaba sobre todo en el tema de la verdad en san Juan, que luego se convirtió en su tesis de doctorado y en su libro más significativo. Pero se ocupó a fondo también de muchos otros temas relacionados con Juan, como el Prólogo, la narración de la pasión y su estructura, y de muchos otros temas de exégesis y teología bíblica. En todo ello se mostraba un investigador preciso, riguroso y exigente a la vez que muy atento a las necesidades de la comunidad cristiana y el contexto de fe en el que actuaba.
En su investigación fue desviando cada vez más su atención hacia los Padres de la Iglesia y a la exégesis patrística, incluso polémicamente, con respecto a la exégesis histórico-crítica demasiado encerrada en sí misma de los últimos años.
Era un religioso ejemplar, hombre de oración, humilde, servicial y a la vez ardiente investigador y defensor de la verdad. Ahora contempla aquella Verdad eterna a la que sirvió con todas sus energías, su inteligencia y su pasión.
Cardenal Carlo Maria Martini