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REPORTAJE DESDE CINA
Sacado del n. 10 - 2008

Habla Aloysius Jin Luxian, obispo de Shangai

«Rezad por la Iglesia de China»



Entrevista con Aloysius Jin Luxian por Gianni Valente


Aloysius Jin Luxian habla en voz baja. El “Patriarca” de la Iglesia de Shangai –ha cumplido ya los 92 años– dice que es culpa de las cuerdas vocales, que están perdiendo elasticidad. Pero la mirada del anciano jesuita sigue estando viva y llena de astucia. Y la lucidez mental es la de siempre. Por eso es un gran alivio ir a verlo, pues él puede comprobar desde hace tiempo que la carrera china hacia el futuro tiene implicaciones también para la vida de los cristianos del ex Imperio Celeste.

Aloysius Jin Luxian

Aloysius Jin Luxian

¿Qué ha cambiado después de la Carta del Papa a los católicos chinos? ¿Qué indicaciones han resultado ser más útiles?
ALOYSIUS JIN LUXIAN: La Carta nos dio y sigue dándonos mucho consuelo y ánimo. El Papa ha demostrado su amor por nosotros, y nosotros estamos conmovidos. Las iglesias abiertas recibieron la Carta con entusiasmo, especialmente porque el Papa decía que en China existe una sola Iglesia, y no dos. Por parte de los componentes de las comunidades llamadas clandestinas no hubo reacciones. Algunos de ellos, si aceptan reconciliarse y asistir a las iglesias abiertas, salen perdiendo. El Papa, por ejemplo, en su Carta decía que todo sacerdote debe permanecer en su diócesis. En cambio, los sacerdotes de las comunidades no registradas van por toda China, sin vínculos. Pero hay también progresos: ahora, aquí en Shangai, el obispo no reconocido por el gobierno ha dicho a sus fieles que se puede ir a misa a las iglesias abiertas. Antes explicaban que quienes iban a las iglesias abiertas condenarían su alma. Este es un cambio muy positivo.
¿Ha cambiado algo con el gobierno?
JIN: Al principio la reacción del gobierno fue bastante moderada. No hubo ninguna reacción negativa. Ahora el gobierno busca el diálogo con el Vaticano por vías reservadas, pero no ha habido grandes progresos. Mamberti y Parolin son muy buenos. Espero que sigan siendo ellos los que traten con el gobierno chino.
Hu Jintao ha dicho que la religión puede serle útil a la sociedad. ¿Es un reconocimiento positivo o una alabanza peligrosa?
JIN: Las palabras de Hu Jintao no son desde luego un peligro. La Iglesia quiere contribuir a la armonía de la sociedad. Y esto está en sintonía con el pensamiento de Hu Jintao.
Hay muchos jóvenes que piden el bautismo. Muchos de ellos no saben nada del pasado de la Iglesia en China. Si los cristianos aumentaran en China, ¿se debe preocupar el gobierno?
JIN: Aquí, antes del bautismo, todos los catecúmenos han de seguir el catecismo por lo menos durante tres meses. Los protestantes no lo hacen. Se dan codazos por conseguir el mayor número de prosélitos posibles. Si existe un problema, tiene que ver con los protestantes, no con los católicos.
Pero ¿qué es lo que atrae a los jóvenes que se acercan a la Iglesia?
JIN: Son jóvenes sinceros, espontáneos, no oportunistas. Buscan la verdad que no encuentran en el confucianismo y en el marxismo. Quieren ser felices.
Los conflictos que perduran pueden llegar a ser un peso para la misión que la Iglesia está llamada a desempeñar.
JIN: Es realmente un escándalo. Qué pena. Si un joven se acerca a la Iglesia, siente el amor de Jesús en su corazón, y luego ve que los cristianos riñen por motivos fútiles, esto es realmente una pena.
China es inmensa. Y la Iglesia, dentro de esta inmensidad, es una cosa pequeña. ¿No da escalofríos verse tan pequeños e inermes?
JIN: El Señor dice que no tengamos miedo. También Juan Pablo II repetía siempre: «No tengáis miedo». Y nosotros no tenemos miedo.
Con esta gran realidad que tiene ante sí, ¿qué debe hacer la Iglesia? ¿Debe inventarse alguna estrategia particular?
JIN: Hemos de aprovechar las oportunidades que se nos presentan, y seguir adelante. Este año celebramos aquí los cuatrocientos años de la llegada del cristianismo a Shangai. He escrito una carta pastoral sobre este tema.
Dicen que el gobierno sigue sin respetar los derechos de la Iglesia.
JIN: En nuestra diócesis no tenemos esta impresión. Por el contrario, el gobierno ayuda. Por ejemplo, ahora la diócesis de Shangai puede vivir por sí misma, porque el gobierno le ha permitido recuperar las propiedades eclesiásticas. Y si comparamos con India, o con Irak, donde los cristianos son asesinados... se ve que existe más libertad en China que en otras partes del mundo. Nosotros podemos publicar revistas y tenemos un catálogo de más de cuatrocientos libros católicos, sin ningún problema.
En Occidente hay quienes sostienen la idea de cristianizar toda China mediante procesos de “invasión” cultural. ¿Qué piensa usted?
JIN: Es un método antiguo, el método de la colonización. Yo estudié hace ochenta años en un colegio de jesuitas. En la escuela secundaria todo se enseñaba en francés. Yo aprendí la geografía china de un profesor francés en un manual francés. Este es el sistema de la colonización. Y no funciona. China no puede ser invadida culturalmente. Yo espero que ahora Matteo Ricci sea canonizado. El método de inculturación de Matteo Ricci es un ejemplo para los misioneros y para todos nosotros. No solo en China, también en India, Vietnam, Pakistán. Y en 2010 se celebran los cuatrocientos
Usted, a los 92 años, ¿dónde ve la esperanza para la Iglesia en China?
JIN: Primero, espero que pueda manifestarse pronto, en plenitud de expresiones, la comunión que aquí en China nos une a la Santa Sede. Espero conseguir ver este día. Segundo, espero que entre el área clandestina de la Iglesia china y la reconocida por el gobierno llegue pronto la completa reconciliación. Tercero, espero que en China haya un testimonio cristiano cada vez más grande. Todo esto lo confío a la oración de los hombres. Les pido también a los lectores de 30Días que recen por la Iglesia en China.


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