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ORIENTE PRÓXIMO
Sacado del n. 12 - 2008

Una explosión de violencia inaudita



Benedicto XVI durante el Ángelus del domingo 28 de diciembre


Benedicto XVI al final del rezo del <I>Ángelus</I> del 28 de diciembre de 2008, el día siguiente de los primeros bombardeos israelíes sobre Gaza [© Afp/Grazia Neri]

Benedicto XVI al final del rezo del Ángelus del 28 de diciembre de 2008, el día siguiente de los primeros bombardeos israelíes sobre Gaza [© Afp/Grazia Neri]

Queridos hermanos y hermanas
La Tierra Santa, que en los días navideños ocupa el centro de los pensamientos y de los afectos de los fieles de todas las partes del mundo, se ve de nuevo azotada por una explosión de violencia inaudita. Me siento profundamente afligido por los muertos, los heridos, los daños materiales, los sufrimientos y las lágrimas de las poblaciones víctimas de esta trágica serie de ataques y represalias. La patria terrena de Jesús no puede seguir siendo testigo de tanto derramamiento de sangre, que se repite sin fin. Imploro el final de esa violencia, que es preciso condenar en todas sus manifestaciones, y el restablecimiento de la tregua en la franja de Gaza; pido gestos de humanidad y de sensatez en todos los que tienen responsabilidad en la situación; ruego a la comunidad internacional que haga todo lo posible para ayudar a israelíes y palestinos a escapar de este callejón sin salida y –como dije hace tres días en el mensaje Urbi et orbi– a no resignarse a la lógica perversa del enfrentamiento y de la violencia, sino a privilegiar el camino del diálogo y la negociación. Encomendemos a Jesús, Príncipe de la paz, nuestra ferviente oración por estas intenciones, y digámosle a él, a María y a José: “¡Oh familia de Nazaret, experta en sufrir, da al mundo la paz!”. Dala hoy sobre todo a Tierra Santa.


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